martes, 20 de octubre de 2015

Grabación en "Canal Resistencia"de la presentación de Malditos entre los olvidados



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Malditos entre los olvidados.

Mi intervención durante la presentación del libro en "Reconquista"

El día en que conmemorábamos el aniversario del asesinato de Matías Montero, en 2011, tuve la fortuna de participar activamente en la presentación de un libro, precursor de este - y del mismo autor - que lleva por título “De cada cuatro cayeron tres”, de Editorial Barbarroja.
Andaba entonces yo comprometido con un proyecto al que dedicamos cientos de horas, y que no fue otro que la realización semanal de un programa de Radio Televisión por internet que llevó por título "La Gran Esperanza, la Voz de la Falange".

Había caído en desgracia - por las mismas cosas de siempre - desde la antigua Radio Inter - donde nació - a la triple "W" de la internet: la incomodidad que causábamos a los medios de derechas, recién llegados al grupo de la mano de La Gaceta, la triste apatía que caracteriza a los que frecuentemente agrupamos bajo el adjetivo “camaradas”, en sentido amplio, la falta de medios para sostenerlo en horarios y frecuencias más decentes y, desde luego, el cansancio de los mismos hombros soportando esfuerzos permanentes, premiados con el silencio general de aquellos a quienes iba dirigido.

Pero aún quedaron ganas para volver a levantar 70 ediciones más de aquel proyecto que se convirtió, durante unos años, en una realidad semanal que, pese al razonable éxito de audiencia (para nuestras magnitudes) y, sobre todo, de invitados, entrevistas, autores y debates, terminó por sucumbir por las mismas causas de la primera vez.

Fue al amparo de aquel proyecto que empecé a entender la trascendencia de nuestra labor, pequeña y semi-ahogada, en la difusión de ideas, en la recuperación de la verdadera Memoria Histórica, en la extracción del olvido de tantos y tantos camaradas que, de diversas formas, se dejan hasta el último aliento, al servicio de una causa común de tintes más bien azules.

Y así, tomé un contacto más directo con nuestros habituales editores a los que nunca podremos agradecer suficientemente su labor permanente y discreta; con nuestros autores, que existen, bajo esa losa de silencios oficiales y con el esfuerzo de muchos por no dejar en el abandono, el trabajo puro de tanta gente.

Andaba entonces yo, además, empeñado en un ciclo de conferencias que llevó por título "La Transición de Plomo" y que me tuvo rodando por algunas ciudades españolas y que, con la misma idea primigenia, sólo tenía una misión: tratar de recuperar para la memoria colectiva la suerte de los nuestros y de nuestras acciones y devolvernos la dignidad arrebatada, el reconocimiento a lo realizado, el ejemplo a seguir para futuras generaciones que, de otro modo, se perderían para siempre.

Si entonces yo centraba mis esfuerzos en una corta memoria de los costes humanos de la transición – mi propia memoria de combatiente político de la época -  aparecía a llenar un hueco sonoramente vacío aquel primer estudio de Córdoba, que rescataba, íntegramente en azul, buena parte de la sangre derramada y desconocida por muchos, en la que bebían nuestros ideales, antes de nuestra Cruzada.

Aquel libro, cuya misión me resultaba imprescindible, miraba sin embargo, en la misma dirección en que solemos mirar demasiadas veces los falangistas: hacia atrás.

Y si bien es cierto que es sobre la sangre de aquellos, sobre la que hirvió no pocas veces la nuestra, no es menos cierto que ya hemos derramado sangre nueva tantas veces, en todas las épocas y con todos los enemigos posibles, como para registrar un nuevo martirologio que nos devuelva la mirada hacia adelante, hacia lo contemporáneo y que nos haga entender que aquello por lo que se moría entonces, es también aquello por lo que se muere hoy, pero que permanece las más de las veces todavía más enterrado que entonces en el olvido. Incluso en nuestro propio olvido.

Cristóbal tomó el compromiso entonces de seguir hacia adelante y le honra una afirmación propia a la que tendremos que acostumbrarnos, tristemente: este nuevo libro, hoy de Ediciones Esparta, no está terminado. No puede estarlo.

Ha sido tanta la vergüenza con la que a veces manifestamos nuestras propias convicciones cotidianas, nuestra verdadera naturaleza, nuestra ideología, que resulta difícil creer que vayamos a ser más locuaces, más estrictos, más beligerantes, con aquellos que se dejaron la vida en nombre de esas mismas convicciones. Y así, se esfuman entre los dedos, en el silencio, en el abandono histórico y en la renuncia a la defensa de lo nuestro, los ríos de sangre, de acción y de pensamiento, que las diversas falanges se han dejado en la tierra a lo largo de su existencia y hasta nuestros días.

Córdoba afirma con verdadera pena, la losa que ha tenido que levantar, cada vez, contra el silencio, contra la falta de información, contra la falta de fuentes. Ha recurrido, curiosamente, a las afirmaciones de nuestros enemigos en internet, a aquellos que por mor de la Memoria Histérica, han ofrecido a veces datos que han permitido seguir la pista de los nuestros hasta construir una biografía verosímil.

Pero no está terminado. Él lo sabe y se compromete a seguir trabajando en ello. Aún falta mucho por hacer.

Lo primero, romper con los complejos y las viejas clasificaciones. Entender que no es liberal el que milita en el Partido Liberal, sino el que tiene convicciones liberales. No es comunista el que milita en el partido comunista, sino el que sigue postulados marxistas leninistas y está convencido de su fe. Que no es socialista o socialdemócrata o democratacristiano el que milita en uno u otro partidos concretos, sino el que respira por los poros la ideología que los ampara.

Y que por supuesto, no es falangista el que milita en una u otra organización de las que contemplan en su interior las siglas fundacionales, aunque como los peronistas y montoneros eso no signifique gran cosa, sino el que bebe en la fuentes del nacional sindicalismo como doctrina política, como estilo de vida, como principio de acción. El que cada día se define como tal y actúa en consecuencia. El que es capaz de entregarse una y otra vez, sin grandes reflexiones, a la acción pronta; una y otra vez, con grandes reflexiones, a la construcción lenta y eficaz de una Nueva España de hoy.

Que es falangista quien se declara, vive y piensa en falangista, milite o no en una organización de las que acumulan las siglas. Y que como tal merecen el recuerdo, el respeto, el reconocimiento de todos nosotros.

Esos complejos a los que me refiero han hecho caducar, en la misma línea de salida, trabajos anteriores o contemporáneos a los de Córdoba.

“Víctimas del Silencio, el acoso de ETA a la Falange”, es un buen ejemplo de ello. Seguro que bien intencionado. Quizá por falta de método o de rigor científico. Quizá por desconocimiento, un trabajo que estaba llamado a rescatar nuestra memoria, no pasó de un pequeño resumen.

Pero me inclino a pensar que fue más por esos complejos a los que me refiero: de un lado, la aplicación del "falangistómetro" que tan bien manejamos continuamente.

Esas separaciones entre los Camisas Viejas y los Camisas Nuevas, entre los del Régimen y los auténticos, entre los hedillistas y los de Sigfredo, los raimundistas y los…. Decenas de Feis, FEAS, FA'S, MFS… FE, JONS, etc. que han hecho que nos pasemos media vida acreditando nuestra propia condición de falangista y dejando caer en el olvido a quienes, como tales, sembraron de dolor nuestras filas, con sus ausencias, hasta que los olvidamos, incapaces de reconocerlos.

Pero aún hay un complejo mayor y más peligros aún: el de la patente de corso.

Ser falangista implica, por lo visto, ser puro, inquebrantable, cuasi etéreo. Si no eres así, no eres falangista. Y si incuestionablemente eres falangista, entonces las versiones que han puesto en duda tu halo de virtudes son necesariamente falsas. Añagazas del enemigo para tu descrédito y de la Falange.

¡Cuánto daño hacen estos complejos dando patente de Corso a algunos que quizá no debieron estar en nuestras filas, y restando memoria, recuerdo y condición a quienes siendo falangistas hasta el tuétano desde la cuna, pasan desapercibidos para evitar el contagio!

Por eso el trabajo de Córdoba viene a rellenar muchos huecos y por eso está inconcluso. Con cierto rigor ha presentado los casos más sonoros de caídos durante el régimen que desarticuló la Falange Primigenia convirtiéndola en otra cosa. Pero con ese mismo razonable rigor ha recuperado para el martirologio, fuera de complejos, a quienes en otras obras habían sido sonoramente expulsados, quizá sin querer, o quizá porque no convenía “preñar de espadones” el halo purísimo de la falange acomplejada.

Fue una de esas expulsiones sonoras la que seguramente me ha traído hoy aquí, pues de una modestísima forma, colaboro en este libro recuperando a un falangista íntegro, nieto de asesinado en Paracuellos, hijo de jonsista primigenio combatiente en mil frentes, adepto al régimen anterior, militante falangista desde la más tierna infancia y caído asesinado en acto de servicio, sin renunciar jamás a sus convicciones, y más que probablemente, precisamente por ello, a manos de ETA: mi padre.

Fue con esa terrible ausencia del trabajo de Iván García Vázquez, que antes he mencionado, que tomé definitiva conciencia de que no sólo es histórico, bueno y recomendable, sino que es imprescindible el trabajo de recopilación y homenaje, de enseñanza y reconocimiento, de todos aquellos que, movidos por un ideal y dispuestos siempre a entregarse en cuerpo y alma a la causa, regaron nuestras almas con su sangre.

Y por eso es un trabajo inconcluso y permanente. Porque estoy convencido que semilla tan fértil como la de las cinco rosas, ha tenido sin duda que dejar más siembra, aún desconocida, no recuperada y, en palabras del prologuista Salvador Ceprián, doblemente víctimas, no ya de sus asesinos, sino de la sociedad y de la historia.

Hoy tenemos la suerte – aunque no faltarán opiniones que cuestionen el falangismo de algunos de ellos – de volver a recuperar para nuestra verdadera memoria, algunos de esos olvidados. Muchos, sin duda, no cayeron POR ser falangistas, pero seguro que todos cayeron COMO falangistas.

Y es que la condición de falangista es o debe ser inherente a la conducta diaria. Y si uno es falangista es que ha asumido compromisos consigo mismo, con la sociedad y con la patria, que le impiden vivir de otro modo. Que le impiden morir de otro modo.

Así, para los que muchas veces nos jugamos el tipo en la trinchera urbana, nos agrada recuperar para la memoria a los caídos de la Transición que tanto hemos reivindicado.

Para los que alguna vez formamos parte de un comando que arrió la bandera inglesa del Castillo del Moro e izó la española, siquiera durante unos minutos antes de caer presos o ser expulsados del Peñón, nos agrada recuperar a nuestros héroes anteriores que más allá de la prisión, dejaron la vida., en una puerca soga inglesa.

Para los que hemos tenido la triste ocasión de sufrir el zarpazo del terrorismo en carne propia, nos agrada ver cómo un autor recupera la condición de falangistas de nuestros camaradas caídos a manos de ETA, si no POR, sí, COMO falangistas.

Para los que a la condición de falangistas de nuestros deudos, tenemos que añadir la tan frecuente condición de “africanistas” de muchos de ellos, por su condición militar y su pasado de servicio en los protectorados, nos agrada recuperar de un plumazo dos cosas a la vez: las milicias universitarias plagadas de caídos falangistas en defensa de la patria y la guerra de Ifni que, al parecer, nunca existió.

¡Maldita sociedad y maldita historia criminal!

Y para todos, falangistas y no falangistas, este libro propone además dos blocaos a favor de la verdadera memoria y desarma una de las posiciones más fuertes del actual adversario: Por un lado, la verdadera heroicidad de los nuestros frente al maquis y la verdadera estulticia y criminalidad de aquellas bandas, partidas de criminales, que diezmaban nuestras filas en tiempos de paz.

De otro lado, un pilar no menos importante, al que probablemente debe el subtítulo este libro: “historia de los falangistas muertos…” en vez de asesinados. Sí, muertos, porque junto a los ejecutados y asesinados, aparecen en este libro otros que llegaron hasta el final de sus vidas, a veces muy pronto, simplemente cumpliendo con el deber encomendado o que se habían dado a sí mismos.

Esa actitud no dispara tan fácilmente las emociones de heroísmo y valor, pero estoy convencido de que no les van a la zaga y de que forman parte de la esencia falangista.

Esa esencia que permite hoy seguir existiendo pese a todo, pese a todos, por ese heroísmo silencioso e innato de seguir haciendo cada día lo correcto por la causa.

A Cristóbal solo le puedo pedir que, fiel a su declaración de intenciones, no termine este libro nunca. Que no le tiemble el pulso para subir o bajar de él a quienes la historia verdadera y no el odio, la cobardía o la miseria moral, acredite el puesto.

Porque “Dulce et decorum est pro patria mori”

Quiero terminar con un texto de Rafael Sánchez Mazas, en el Teatro Padilla que, muy acertadamente, recoge al autor en su introducción, casi a modo de colofón:

“nos pusieron primero, cerco del silencio, nos pusieron después cerco de hambre; pensaron que la Falange se rendiría, pero entre el cerco del silencio y el cerco de pobreza, nosotros íbamos construyendo nuestro castillo fuerte para España. No sabían que con el dinero se hace algo; que con la pobreza puede hacerse todo; no sabían que nos habían puesto en la gran escuela clásica, estoica, combatiente, de profunda raíz española. No sabían la libertad, la dignidad, la fortaleza que dan la pobreza y el silencio”.

Y yo me permito añadir: tan silenciosos y tan pobres, pero tan dignos y libres, que una sola palabra lo encierra todo: ¡PRESENTES!


Muchas gracias

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lunes, 21 de septiembre de 2015

LA HORA DE LOS BELLACOS, LA HORA DE LOS VALIENTES


Que la época que nos ha tocado vivir se caracteriza fundamentalmente por la miseria moral de su clase dirigente, ya sea política, intelectual, social o empresarial, es un hecho que ofrece pocas dudas y, por tanto poca discusión.

Que como consecuencia de ello, la mentira, la falsedad, el invento, la tergiversación, la manipulación, la corrupción y el engaño son la moneda de cambio habitual y el mecanismo de conquista de voluntades es también un hecho, aunque éste - en el país del relativismo moral perpetuo, que lidera el ranquin de zafiedades y ediciones de “Gran Hermano”, y que supera en índice de audiencia, en la principal franja horaria, cualquier otro programa por goleada – siendo indiscutible,  no será fácilmente reconocido por sus víctimas, entre otras cosas porque son las mismas que disfrutan de ese y otros vertederos intelectuales y que, de cuando en cuando, deciden con su sopesado, sesudo y democrático voto, quiénes han de gobernarnos, de qué manera han de hacerlo y a quién corresponde el derecho temporal de seguir tomándonos el pelo, robarnos a manos llenas y, eso sí, darnos permanentes lecciones de ética, moralidad, equidad y justicia democráticas, a lo cual llaman – maldito sarcasmo – solidaridad y/o libertad, según se trate de unas u otras miserables falacias.

Estos días asistimos al dantesco espectáculo y a la macabra manipulación de la realidad catalana, antes, durante y por supuesto después – anticipando ya lo que sí y lo que no ocurrirá – de las elecciones al Parlamento Autonómico catalán de este mes de septiembre.

Espectáculo que cabría esperar de Mas, de Junqueras y de toda esa patulea de embusteros estructurales que constituyen la “realidad catalana”, porque siendo ellos los máximos responsables del latrocinio al que han sometido a Cataluña – y por extensión al resto de España- desde que llegaron al poder, allá en el pleistoceno, no les queda más remedio que seguir alimentando la falacia y la falsa ilusión de los “juguetes rotos” que han fabricado tras décadas de control educativo, como el jugador de máquina tragaperras o de casino sigue jugando compulsivamente, alimentando máquinas y mesas, con la esperanza – que conocen perfectamente falsa – de que un golpe de suerte, que jamás se produce, les devuelva lo ya perdido o al menos parte de ello. Es la razón del ludópata.

Claro que en el casino nadie espera que el crupier, ni el dueño del casino, ni el vigilante de seguridad que sigue las evoluciones a través de los monitores, te aseguren, te sugieran, te inviten a pensar que, si la cosa no sale bien, si pierdes todo, no tengas por qué preocuparte, porque enseguida habrá alguien que renegocie tu deuda, reconozca tu singularidad y termine dándote buena parte de lo que ya te jugaste, con el delito añadido de que lo que te jugabas no era tuyo, sino de aquellos a los que engañaste para que te auparan al poder.

Y eso es lo que hacen todos estos cretinos de la derecha y de la izquierda democrática y parlamentaria de toda clase y condición: Mentir, engañar, volver a mentir, volver a engañar y terminado eso, desempolvar del cementerio a los elefantes causantes de las anteriores oleadas de indignidad, para que le pidan al jugador que siga apostando, que no hay riesgo de perder y que siempre hay un premio de consolación, más grande cuanto más apuestas.

Y de estos, a diferencia de la casta convergente y republicana a la que no le queda más remedio, como ya hemos dicho, cabría esperar justo lo contrario de lo que hacen cada día: Obviar la falacia y actuar en consecuencia con todas las de la ley. Pero no.

Estos días oímos hasta la saciedad que nos enfrentamos a un proceso secesionista, que se dilucidará en unas elecciones plebiscitarias a finales de mes: ¡MENTIRA!

No hay elecciones plebiscitarias, sencillamente porque no está ni el ánimo, ni en el espíritu, ni en la letra, ni en las atribuciones de la convocatoria electoral. No puede estarlo, porque la institución y la convocatoria sólo tienen un carácter, que es el que le otorga la legislación, para elegir un nuevo Parlamento. Es decir, para lo de siempre, para decidir quién se lo sigue llevando crudo ante la estupidez congénita del votante engañado voluntariamente.

Razón por la cual el sistema de conteo de votos sigue manteniendo distribuciones peculiares en función de la provincia y la población y haciendo posible que menos votos arrojen más escaños, torciendo el sentido de cualquier referéndum que sí tuviera el carácter de plebiscitario, si ello fuera posible, sea sobre esto o sobre la caída de la hoja.

Las coaliciones podrán vestirse de lagarterana, los políticos afirmarlo a diestro y siniestro y los imbéciles entrar al juego de aceptarlo y discutir cada día, hasta la saciedad, lo que ocurrirá si gana el Sí en el “plebiscito” o si gana el No, como si alguien, de verdad, les hubiera formulado esta u otra cualquier pregunta parecida. Pero la realidad no cambia: NO HAY PLEBISCITO. NO HAY PREGUNTA ACERCA DE LA INDENPENDENDIA; NO HAY RESPUESTA, POR TANTO, y MIENTE QUIEN LO DIGA Y QUIEN LO ACEPTE COMO  INEVITABLE.

Es como si el Barça decidiera el próximo domingo saltar a la cancha, a jugar cualquier partido, afirmando que el vencedor de ese encuentro deberá ser proclamado campeón de liga, porque así lo ha decido el Barça y se proclamará unilateralmente, piense lo que piense el rival, y el resto de rivales de la Liga. Podrán jurar en arameo, pero seguirá siendo tan mentira como que en las próximas elecciones se vote la independencia de Cataluña.

Pero lo grave de esto, insisto, no es lo que digan el ladrón, sucesor del delincuente confeso, y el repugnante de su socio republicano, sino lo que se empeñan en explicar todos los demás anticipando lo que suponen, tendría graves consecuencias.

Así, oímos a empresarios, a Jefes de Estado y de Gobierno, a Confederaciones de Cajas, a Entidades Bancarias, a Instituciones Europeas e Internacionales en general e incluso a locutores y periodistas de medios extranjeros – los de aquí ya ni lo explico – discutir acerca de si los catalanes serían o no expulsados de la Comunidad, de la Península Ibérica, de la Zona Euro… De si sus economías se resentirían o de si sería posible “exportar” sus productos a “España” o tener moneda común.

¿Es que ya hemos aceptado que eso es lo que se pregunta y que, como consecuencia, eso es lo que pasaría “si ganara el Sí”, por el cual nadie ha preguntado? ¿Es que somos tontos de baba? ¿Es que no nos damos cuenta de la trampa saducea, incluso mejor tramada, con mejores expectativas (escaños frente a votos) y con mejor acogida que el famoso referéndum ilegal, que supone entrar en este juego?

¿Qué forma ha tenido que adoptar la coalición JUNTOS POR EL SÍ? ¡La de Partido Político!, ¡La de agrupación política conforme a la legislación vigente, para participar en unos comicios para la elección de una Cámara de Representación!

Pero es que además vuelven a mentir, todavía más torpemente que los miserables secesionistas, afirmando cual sería el caótico escenario: “Si vence el sí, si se produce la secesión, si se declara la independencia entonces Europa…. La moneda…, las siete plagas…”: ¡MENTIRA!

Si se produce la secesión no será por lo que digan las urnas al Parlamento Catalán – y desde luego no ocurrirá lo que dicen los banqueros - sino porque una serie de delincuentes, de  traidores a España, atribuyéndose unas facultades que no tendrán, en contra de la voluntad del pueblo Español – no por mayoritaria o minoritaria sino por Constitucional, por ordenamiento jurídico – la declaren de una de dos maneras posibles: o unilateralmente o consensuada con el Estado español del que pretenden separarse. No hay otra forma y miente quien diga lo contrario.

Y ante estos dos únicos escenarios posibles, digan lo que digan los mojigatos, periolistos, peperos, prurisociatas y populistas de toda clase y cuño, no hay más que dos opciones por parte del Gobierno de la Nación:

Ante la declaración unilateral, la suspensión del órgano legal; la detención, proceso, juicio, condena y encarcelamiento posterior, conforme a derecho, del o de los que formulen la declaración; la intervención de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado para mantener el orden y la ley ante el previsible altercado, e incluso del Ejército en caso necesario; y la convocatoria de nuevas elecciones para reponer en la cámara nuevos ciudadanos españoles, catalanes por supuesto que, en el uso de sus atribuciones, sigan gobernado Cataluña como les plazca, pero cumpliendo con la ley que hasta ahora siempre han ignorado, y al amparo de la legislación vigente o de otra que se modifique por los cauces correctos, algo que, personalmente anhelo, para acabar con un Régimen Jurídico del que, precisamente, parten buena parte de nuestros males.

NO HAY MÁS SALIDA LEGAL, LÍCITA NI POSIBLE, por mucho que al cagón del Presidente del Gobierno le aterrorice tener que tomar esta decisión, de cuya función, por cierto, debería quedar relevado civil o militarmente y mediante detención, si no la tomara, incumpliendo la ley, y si en España quedara, para entonces, alguien con pelotas para hacer lo que legalmente correspondiera, que esa es otra.

Ni salidas del Euro, ni desconexión, ni caída de las “exportaciones”, ni cierre de fronteras, ni nada de todo eso con lo que se atiza, no solo el deseo de “votar independencia” aunque no sea eso lo que toque votar, sino el miedo de los catalanes y de los no catalanes, ante el caos.

No es un deseo mío, no es una película de ficción o una propuesta mía. Es la única salida que incluso en épocas anteriores, se ha utilizado al amparo de la ley, para sofocar la maldita, anacrónica, artificial, ficticia y miserable secesión de los que, hoy subidos en el euro suizo y andorrano, se han atrevido a proclamarla. La Segunda República, que tanto inspira a todo el arco parlamentario, fue la última que no tuvo otro remedio que hacerlo, con alto coste, por cierto, en vidas y haciendas, de muchos españoles, nacidos o residentes en Cataluña.

Pero la mentira es aún más burda en este segundo escenario - el más probable y más próximo a todos esos “intelectuales” de PSOE Y PP que señalan la necesidad de recoger la “singularidad catalana” como si en el resto de España e incluso del mundo, no fuéramos conscientes de tal singularidad y como si ésta no estuviera ya recogida en usos, costumbres y textos legales singulares.

Los catalanes tienen lengua propia, impuesta a sangre, fuego y multas, por sus atracadores gubernamentales que, por supuesto, hablan mucho y cuando les place y en muchas ocasiones cuando sus centinelas obligan. Tienen un derecho particular que hace que, por ejemplo, los herederos o los regímenes matrimoniales sean distintos al resto de España. Tienen un régimen fiscal y recaudatorio distinto al resto de España. Tienen tantas manifestaciones culturales propias, como conjuntas con el resto de España. Y tienen, sí, una lengua común – aunque persigan a sus hablantes, como bien ha recordado recientemente Norberto Picó - con el resto de España y una historia común – la real, no la inventada – y una Religión – el catolicismo – común al resto de España, a buena parte del resto de Europa y a todo el mundo hispanoamericano, que los hace a la vez singulares y muy hispanos. No hay gesta catalana que no se corresponda con una gesta española. No hay gesta española que no esté trufada de valientes procedentes de esa noble, peculiar y rara tierra española. ¿Qué significa reconocer la singularidad, merluzos?

¡Cobardes! Es lo que son. Creen que cualquier salida es buena aunque suponga un terrible agravio para el resto de españoles, con tal de no tener que enfrentarse a sus obligaciones y sus monstruos. No quieren ni oír hablar de la Constitución y el Ejército y para ello están dispuestos a mandar continuos mensajes de falso crupier, invitando a seguir jugando. No se les pasa por la cabeza, siquiera, la posibilidad de acabar para siempre con tanta mentira tomando el control allí donde lo abandonaron tan pronto con concesiones parecidas a las que ahora pretenden: la educación y las finanzas, aprovechando la oportunidad que brindarán, probablemente, los independentistas de la estelada.

Y fieles a su mentira, mienten también – y se les ve el plumero – con todas esas declaraciones institucionales acerca del futuro de Cataluña y su encaje en el mundo posterior. ¡MENTIRA, una vez más! Nadie los expulsará de ningún sitio ni le negará nada. Dichas declaraciones predicen su actitud ante lo que se viene encima.

Una actitud en la que, dado que no reaccionarán ante la declaración unilateral, como hemos descrito, aceptarán, de facto, una situación consentida (no hay otra: o intervención o consentimiento) y en tal caso…. ¿de verdad alguien se cree que en la Europa de los mercaderes, de los atribulados liberales y socialdemócratas, habría nadie con narices suficientes para, ante la inacción y reconocimiento de facto por parte de España, negara su legitimidad a una Cataluña independiente y con ella el regreso a las instituciones internacionales?

¿Alguien cree de verdad que no se sucederían, ante la dejación española, los reconocimientos internacionales, por parte de nuestros enemigos, primero y por todos después, de la nueva nación? ¿No vemos ya a los gorilas rojos de medio mundo nombrando embajadores? ¿A los irlandeses, bálticos, balcánicos, etc. haciendo reconocimientos más o menos ambiguos pero igualmente válidos? ¿NO vemos a la Sociedad de Naciones, a la ONU, golpeándonos en el bajo vientre por esta causa?

Lo que nos jugamos próximamente no es la declaración unilateral de independencia, sino su consentimiento de facto. Lo que nos jugamos es que la cobardía institucional, la dejación de funciones, la tolerancia democrática, las mentiras piadosas y el cansancio de la gente terminen por afianzar una situación irreversible, ante la mirada atontada de quienes no deseándolo, estarán demasiado entretenidos viendo “Gran Hermano”.

No se vota eso, pero puede ocurrir y probablemente ocurra, incluso aunque no se vote. Y entonces sólo quedará apelar, otra vez, a un puñado de valientes.
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miércoles, 19 de febrero de 2014

Desde Venezuela marchando por LA PAZ

Hoy, una muy buena amiga desde hace muchos años, me remite información de primera mano de lo que está pasando de verdad en Venezuela. No lo que dice el gorila Maduro, heredero del anterior primate.
 
A mi me alegra oír a esa bestia llamando fascistas a todos cuantos se oponen a sus modos y maneras. Lo ha aprendido en Europa. Es lo que siempre ocurrió aquí. Cada vez que alguien quiere señalar la maldad, la perfidia, la bestialidad humana, no necesita justificar nada: lo califica de fascista y todo el mundo entiende que debe ser verdad.
 
Después, identificar a esos fascistas con determinadas posturas políticas transversales es facilísimo. Y así - ya lo he dicho muchas veces antes - fascista es Artur Mas, fascista es Nicolás Maduro, fascista es Arnaldo Otegui, fascista es el ministro del Interior y la Guardia Civil de Ceuta y Melilla y, por supuesto, por encima de todos ellos, fascistas merecedores de fusilamiento sin juicio previo, somos todos lo que, como yo, no pensamos al amparo del pensamiento único y creemos que hay otra manera de hacer las cosas más justa: los falangistas.
 
Lo curioso es que estas analogías hacen que terminen encontrándose en el mismo saco fascista, ambos lados antagonistas de cualquier conflicto.
 
Maduro es un fascista, a ojos del mundo occidental, tan acostumbrado al descalificativo. La oposición perseguida, encarcelada, maltratada y expoliada es fascista - con tintes imperialistas americanos y por tanto doblemente fascistas, pese al actual inquilino demócrata de la Casa Blanca, que tanto da - según dice el fascista Maduro y lo cierto es que ninguno de los dos lo son.
 
El primero porque es un marxista y probablemente, un criminal. Los segundos porque son un conglomerado tal, que distinguir entre ellos a un fascista auténtico, incluso en su verdadero sentido político, sería una tarea titánica, en la que la mayoría de los acusados no se reconocerían a sí mismos ni de broma, ente otras cosas porque efectivamente, no lo son.
 
Pero a todos sigue yéndoles de maravilla el término descalificativo.
 
A todos, menos a los que sufren las consecuencias de tanta elocuencia democrática de corte occidental.
 
Cristina Fernández-Shaw comparte conmigo la amistad a la que me refería al principio. Ambos, sin conocernos entre nosotros, tenemos una amiga común que nos ha hecho llegar la poca información libre que llega estos días desde Venezuela, a pie de calle. Desde cada rincón del país. Y es que Cristina Fernández-Shaw tiene, viviendo en Caracas, a su prima Paola Fernández-Shaw y ha tenido a bien jugársela escribiendo unas líneas estremecedoras que nos traen a la realidad de lo que de verdad está pasando.
 
Me limito a reproducir su correo electrónico, porque la reflexión posterior os corresponde a cada uno de vosotros:
 
"Marchando en PAZ,  siguen las muertes, arrestos, allanamientos sin orden judicial, desaparecidos, torturas y violacionescensura de todos los medios de información, la guardia nos quita las cámaras y teléfonos para que no queden registradas las imágenes de lo que realmente sucede, las calles y autopistas con barricadas, la oposición es super pacifica para lo que se esta viviendo...
 
No hay ley y el gobierno no respeta ni la constitución  y además se jactan de ello. Transito caótico, simplemente te metes donde puedes si es que lo logras, hoy acabamos de llegar a casa luego de la espeluznante experiencia de tener que dar vuelta en u y emprender la ruta en la autopista en contrasentido y salir por donde podías...muy similar a los laberintos de las revistas de pasatiempos -casi dos horas para llegar a casa a pesar de las calles casi desiertas-.  
 
En las marchas aun hay una mezcla de sentimientos de esperanza, felicidad, energía, rabia, desesperanza, tristeza,  nunca pensé que era posible tener tantas emociones juntas. Participando en ellas pierdes miedo y a pesar del riesgo real de una represión violenta sabes que tu obligación es participar.
 
Lastima la falta de moral del pueblo, ante la ineficiencia e irrespeto a las leyes seguro que TODOS seriamos de la oposición... ante la destrucción de las empresas privadas por parte del gobierno al final este será el único empleador y el pueblo acostumbrado por tantos años a comer de la mano del gobierno simplemente se hará mas dependiente....
 
Seguimos esperanzados aunque agotados....
 
Hoy fue un día triste, se llevaron a uno de los líderes de la oposición preso, mientras, sacan a  presos de las cárceles para amedrentar a la oposición, protegen grupos armados violentos y les dan mas armas de las que disponen los policías y su discurso de paz viene acompañado siempre de amenazas.
 
Seguimos sin encontrar leche, harina, aceite, harina de maíz, mantequilla, jabón de lavar ropa o platos, pasta dental, jabón, papel de baño, etc, etc. Tres horas o mas de cola cuando llega algo.
 
Precios increíbles....inflación del 56% el año pasado, devaluación continua de la moneda. Escasez de MEDICINAS, no hay reactivos para hacer exámenes de laboratorio, no hay radiografías, escasez de papel de periódico pero hay una clara diferencia en la cantidad de paginas de los periódicos de la oposición vs periódicos pro gobierno.
 
Sólo les pido que afuera difundan lo que estamos viviendo, que la gente se entere de la realidad, que nos manden noticias porque aquí nos bloquean el acceso a la información. Aun tenemos internet aunque lo quitan de vez en cuando, nos bloquean paginas y Twitter,  aun colgar links en Facebook nos esta ayudando pues es la única forma de acceder a ciertas paginas.
 
Constantemente tienen que cambiar los links porque en cuando los descubren los bloquean. Por primera vez en años me meto en Facebook para intentar informarme,....ojála fuese por otro motivo
 
Un abrazo a todos, Paola"

Wikio

miércoles, 29 de enero de 2014

Por fin alguien desde la habitualmente timorata y pacata iglesia, que lo explica. Lo ha dicho el Vicario General de la Diócesis de Osma-Soria, un hombre joven, por cierto, de nombre Gabriel-Ángel Rodríguez.

Es la vida lo que está en juego.... No valen las excepciones, los recortes o las rebajas. No sirve limitar "un poco", porque no se puede vivir o morir "un poco". Ni se puede tampoco matar "un poco".

Quizá ahora las eufemísticamente llamadas "organizaciones provida" lo comprendan, no "un poco", sino del todo.

En todo caso, poco importa lo que piensen. Este es un gobierno débil, cobarde, torpe, manipulado y manipulador, incapaz de cumplir las promesas de los suyos ni de llevar adelante las componendas fabricadas al efecto para permanecer en el poder.

Obviamente, lo único que les preocupa son los asuntos de carácter macroeconómico, aquellos por los que todos los poderosos de la pasta les felicitan porque les afecta directamente: grandes inversiones, rentabilidades-estado, marca España, primas y hasta sobrinas de riesgo... que son las que aseguran las rentabilidades de las bolsas, de los capitales fugados, ocultos o defraudados, de las SICAV, etc... pero sin efecto alguno sobre la vida de los ciudadanos, sobre los trabajadores, sobre el empleo... Bueno, sí, sobre el empleo sí: menos empleo, más "productivo" (más horas por menos dinero) y más precario.

Lo demás son globos sonda de entretenimiento que les traen sin cuidado. Lo mismo da que sea aparcar un bulevar en Gamonal, que paralizar la externalización de hospitales; lo mismo les da hacer el ridículo en las olimpiadas que en Eurovegas. Lo mismo les da aparcar Educación para la Ciudadanía "hasta la próxima legislatura", o su vaselina supuestamente antiaborto, que su amnistía y excarcelación masiva de etarras por supuesta imposición europea...

Carecen de valor para hacer lo que se proponen, porque no tienen más plan que perpetuarse en el poder. Nada importa que la victoria del pueblo en Gamonal o la Sanidad sean positivas o negativas para ese mismo pueblo, o que Eurovegas y las Olimpiadas se les hayan escapado por memos (al margen de si habrían sido positivas o negativas, que ya no lo sabremos y por tanto sólo nos hemos quedado con lo negativo, que es palmar la pasta de la preparación de ambos asuntos). Lo importante es su falta de fe, de coraje, de determinación en nada de lo que se plantean, excepto en los recortes económicos de tan terrible efecto social generan y tantas ventajas para sus intereses poderosos acumulan.

Si tuvieran principios se habrían ido. Si sus proyectos eran tan vitales e imprescindibles y, con mayoría absoluta pero con la calle en contra, no han sido capaces de llevarlos adelante, una vez reventados toca marcharse con las orejas gachas y en silencio, y no quedarse como Groucho, preparando otra serie de "principios nuevos".

Pero no lo harán y lo grave, lo importante es que con la misma cobardía y falta de determinación, con el mismo abandono moral y con la única intención de perpetuarse - lo digo una vez más - fabrican proyectos y leyecitas de contención, de perfil bajo, de nulo nivel moral y académico, que además abandonarán en cuanto sientan el aumento de la temperatura en la nuca, procedente del aliento de sus adversarios.

Eso es lo que espera a los dos asuntos mencionados, pese a los voceros que han instalado en las instituciones "próvida" y "cristianas" en general, tratando de vender como buenas las componendas que no contentan ni a los propios ni, mucho menos, a los contrarios.

Eso es lo que espera al "medio aborto" y a la "educación", que ya se preparan a aparcar sine die, con no pocas voces miserables dentro de sus propias filas como artífices del aparcamiento (al menos - pensarán - salvar los muebles electorales de los díscolos propios) preocupados como están, con el impacto electoral.... entre sus detractores y olvidando el propio daño, merced a las cortinas desquiciantes de tipejos como el extremeño, que les hacen dudar hasta de las convicciones más elementales.

Sus componendas, por cobardes, no hubieran servido jamás, en caso de haber tenido valor para llevarlas a cabo y, desde luego, tendrán un efecto aún peor cuando las aparquen definitivamente. ¡Que manera de perder el control y la dignidad!

Es lo que tiene ser unos "mierdas", perdónenme la expresión popular que, sin embargo, tan bien se entiende.

http://www.infovaticana.com/blog/firmainvitada/no-vale-el-mal-menor-en-el-tema-del-aborto/
Wikio

lunes, 21 de octubre de 2013



Siempre supe que vendrían a cobrarnos el penúltimo plazo de nuestra hipoteca. El primero fue el compromiso con una España - o unos españoles - que quizá no lo merecían; el segundo fue la sangre derramada y el dolor. Después vino la ignominia, la vergüenza, el insulto y la soledad de las víctimas; Y ahora el desprecio, la entrega, la inmolación en el falso altar de la paz y de la libertad de España. Una paz y una libertad que los políticos europeos en general y los españoles particularmente, nos han entregado como si fuera de nuestra responsabilidad conservarlos.... con silencio, compresión, renuncia y perdón. Cosas que ni debemos, ni podemos, ni queremos entregar las víctimas directas y espero que tampoco la mayor víctima de todo esto: España y el pueblo español.

Hoy se ha consumado un acto más de traición a quienes más dieron, pero a quienes tanto cuesta reconocérselo, desde la estúpida poltrona de un falso tribunal de Derechos Humanos, que nos ha condenado a la risa perpetua que ya anunciara De Juana Chaos y hoy continuará la del Río.

Europa, que se construyó sobre los cimientos de Nüremberg, erigido únicamente con el interés de castigar al culpable, con el sencillo argumento de que  a ojos de los vencedores era evidente que lo era, pese a que no hubiera leyes contra los que juzgar los hechos; Europa, que condenó a Rudolf Hess a la cadena perpetua y lo dejó morir en Spandau, sin importarle si su autoría -real o ficticia- era intelectual o directa; Europa, que ejecutó a 13 oficiales alemanes por los crímenes de Katin, pese a saber que los causante de estos crímenes fueron los aliados rusos, con el argumento de que si no era por estos crímenes, sería por cualesquiera otros…

Esa Europa, sobre la que se edificaron Bruselas, La Haya y Estrasburgo,  no ha tenido sin embargo el valor de entregar, si quiera una pírrica victoria a España y a sus víctimas, para que no quede ninguna duda de que ETA, su terror, su ponzoña, sus bastardos intereses, han sido derrotados jamás. Y que si han dejado de asesinarnos, es porque maldita la falta que les hace, obviamente.

Porque sólo los vencedores juzgan y condenan a sus enemigos, a los enemigos de la libertad, de la civilización toda, sin más autoridad que la de saberse vencedores y de poseer la razón y la autoridad física y moral para hacerlo, al margen de lo que digan o dejen de decir tales o cuales normas pensadas para otra cosa y para otros casos.

Desprecio profundamente a la clase política española que ha permitido esta cobarde entrega de soberanía; que ha debido desear hasta el paroxismo, que fuera Estrasburgo la que cargara con la culpa de la ignominia, para no aparecer ella como culpable de sus pactos y sus concesiones, que ya todos anunciábamos; que ha permitido que ni entonces ni ahora se haya modificado el código penal; que mantiene abierto un mandato de las Cortes para negociar con ETA; que permite su presencia en las instituciones y a la que ha entregado todo el poder que quisieron quitarnos con las balas, sin tener que hacer nada más que soplarnos en la nuca; que ha permitido que un miserable gabinete inglés, con el soporte económico de Sortu, partido legal con presencia institucional, haya sufragado los gastos de defensa de la basura humana que asesinó a mi padre, mientras jamás ha hecho frente a ninguna de sus obligaciones económicas. Una vez más nuestras lágrimas serán sus risas, y nuestros lutos serán sus botellas de champagne.

Desprecio y un profundo asco, que sin duda retuerce a nuestros muertos en sus sepulturas y cubre de estulticia a nuestros vivos.

Wikio

lunes, 17 de junio de 2013

Cinco rosas rojas

He querido madrugar, padre, para irte a ver a la Almudena. Sabía que estarías incómodo, bajo tu lápida de granito donde todo debería ser paz y descanso. Te suponía removiéndote inquieto, hoy,  que precisamente se cumple el vigesimoséptimo aniversario de tu entrega total, de tu muerte de soldado, a las miserables y cobardes manos de ETA.

Sé que en los luceros preocupan ya poco las cosas de la tierra, pero también sé que aquellos que entregasteis la vida, conscientes de que ese riesgo era parte del precio aceptado por amar, no os termináis nunca de desligar de lo terreno, y con el rabillo del ojo procuráis vigilar nuestros pasos, guiar nuestros esfuerzos y servir de luz a los que vivimos y bebemos de las mismas heces.

Y en esa vigilancia, padre, no habrás podido evitar asistir con asombro, con asco, con pena inmensa, a los acontecimientos de este fin de semana en Biarritz, donde una vez más se ha consumado la felonía que el gobierno socialista dejó en manos del popular, y que el popular aceptó con la misma frialdad, la misma cobardía, la misma miseria moral y falta de escrúpulos, de los que ha hecho gala la derecha española durante toda su existencia.

En Biarritz, en una ciudad de un país supuestamente democrático, perteneciente al ámbito único de decisión de la Unión Europea, alineado - también supuestamente - con España en lo que a la persecución del terror se refiere, una suerte de inmundicia humana, buscada en todas las cloacas (¿o no tan buscada?) del planeta, por sus crímenes infectos contra España, en las vidas y las haciendas de los españoles, se ha reunido una vez más entre cánticos románticos, bucles melancólicos y consignas perversas, para reclamar su “regreso heroico, su reconocimiento público y el fin de la persecución política de la que siguen siendo objeto por parte de países como España y Francia”.

Antes, otros varios países de la misma alcantarilla europea a la que pertenecemos - Noruega entre otros - ha recibido a distintos representantes de la banda criminal, y les ha otorgado premios y subvenciones de hasta un millón de euros, para reconocer y premiar los esfuerzos de la escoria terrorista en su afán de “aplaudir con una mano” en clara referencia a que los esfuerzos de paz, por lo visto, corren de su cuenta.

Necesariamente tenías que estar incómodo, padre. Te recuerdo perfectamente en vida, clamar por los rincones, debatirte entre la serenidad militar y el deber patriótico, cada vez que una noticia injusta golpeaba en los televisores o en las emisoras de radio. Te recuerdo bramando justicia incapaz de permanecer quieto mientras se consumaban las traiciones sucesivas que ya entonces vivimos y que todavía hoy se siguen consumando, como claramente anticipabas entonces, pese a que nadie te lo haya querido reconocer.

Te entiendo bien, padre, pese a que tú aguardas ya donde los demás aún ponemos los ojos, siempre arriba.

Y porque te entiendo, he querido hoy, una vez más, poner sobre tu lápida esas cinco rosas que reclaman siempre una primavera para España, donde los cobardes politicastros de izquierda y derecha, los mezquinos asesinos y toda la escoria que les ampara y protege no tengan cabida, y donde la justicia, la dignidad, la verdad, la memoria y la victoria sean los valores con los que reconstruir una patria que, desgraciadamente, ha desaparecido.

Y porque siempre es mejor entretener esa otra mano que les falta en seguir poniendo cinco rosas rojas.