martes 3 de noviembre de 2009
sábado 31 de octubre de 2009
Editorial de La Gran Esperanza, Programa 27

Hemos asistido a la concatenación de actuaciones policiales, jurídicas, políticas y mediáticas, destinadas todas a mostrar que los falangistas, los disconformes, los disidentes con el régimen y con el sistema, somos eso que los políticamente correctos llaman “fascistas”, en la acepción más “democrática” del término, que es aquella que nos convierte en execrables, en intolerantes, en odiosos, en peligrosos ultraderechistas fanáticos dignos del mayor de los desprecios, de las más duras condenas y de la persecución sin fin.
Hemos visto cómo se establecían equivalencias insostenibles entre grupos afines a nuestra concepción de España y bandas terroristas con miles de muertos a sus espaldas. Cómo se detenía a cinco “fachas” - supuestos autores de pintadas y amenazas - y se publicaban sin piedad todos sus datos personales poniéndolos en peligro; cómo se penaba con años de cárcel a libreros y editores discrepantes, por esta causa, precisamente: por la de discrepar y hacer uso del irrenunciable derecho constitucional y humano a la libre expresión y difusión de ideas; cómo se aplicaba por primera vez en la historia de los Tribunales de Madrid, donde entre otros reside La Audiencia Nacional, el agravante de odio ideológico, a un supuesto ultra.
Y es que se trata en todos los casos de esto: de Odio ideológico y de persecución. Pero no somos los autores de ese odio, sino sus víctimas. No entraremos, en este programa, a valorar en sí mismos los hechos imputados en cada uno de los casos anteriores, porque poco importan. Poco nos importan a nosotros, pero sobre todo, poco les importan al Sistema. No es eso lo que están juzgando. No son los hechos concretos y su punibilidad. Juzgan una actitud, una ideología, una manera de mantenerse de pie en la vida política. Juzgan, en sí mismo, el hecho de ser falangista, fascista o ultraderechista, que a ellos tanto les da.
Es un paso más en la persecución ideológica sin fin. Quieren que perdamos nuestra memoria. Sí, que no podamos recordar a nuestros muertos; a esos que, como Ramiro Ledesma, celebramos en estos días y que un 29 de octubre de 1936, fueron asesinados en las tapias del cementerio de Aravaca, por el odio y el rencor de los mismos que hoy imponen su ley de Memoria Histórica. Quieren arrancar de calles, plazas y libros, todos los recuerdos, todas las referencias a su derrota y a su sinrazón. Y si alguien discrepa y escribe sobre ello, se le encierra, se le persigue, se le silencia y se incinera el cuerpo del delito: el libro.
Quieren, en definitiva, encerrar en profundas mazmorras cuerpos y almas. Odio ideológico, dicen. Han encontrado odio ideológico con sólo rascar en la cámara de vídeo de un vagón de metro. No lo encontraron en todos y cada uno de nuestros muertos a manos de ETA. No los han encontrado en los sabotajes de que somos víctimas allá donde nos manifestamos bajo los cascotes. Tampoco en las declaraciones del difunto Rubianes, o en las banderas nacionales quemadas en Cataluña y Vascongadas. No encuentran odio ideológico en el asesino de Paracuellos, en Santiago Carrillo, que pasea su calavera viviente por parlamentos, tertulias y conferencias.
No hay, por supuesto, odio ideológico en esa farsa viviente que es el “intolerante” Esteban Ibarra, ni en quienes al grito de “Patada en la cabeza” y “Nacidos del odio, 100% antifascistas” acudían entonces y acuden hoy, cada vez que tienen oportunidad, a reventar cualquier manifestación o expresión libre de ideas, de esos que ellos llaman fascistas y a los cuales, por lo visto, ni odian ni han odiado nunca.
Hoy hablaremos de odio ideológico. De ese odio ideológico hacia todo lo que nació otro 29 de octubre de 1933, en el Teatro de la Comedia, y que sustenta buena parte de nuestro cuerpo doctrinal e ideológico: Falange Española. El odio por el que desde entonces, no pueden perdonarnos. No perdonan nuestra integridad, nuestra valentía de ser fieles a una idea, a unos valores, a un tiempo pasado y a un futuro prometedor. No perdonan que nuestras manos abiertas y extendidas al cielo fueran siempre un canto de amor, frente a sus gritos de odio.
Pero hagamos un aviso a navegantes. A aquellos que creen que son diferentes, que no va con ellos, que sólo hace falta acatar alguna que otra regla para ser tolerados: esto no es contra Josué, ni contra Ramón, Carlos, Oscar o Juan Antonio, ni sólo contra Javier, Ignacio, Borja, Fermín o David. Esto es contra todos ellos y contra cada uno de nosotros. Los que pensamos diferente. Los que siendo odiados hasta el infinito, no odiamos nunca, pero seremos condenados por ello. Parafraseando a Martin Niemöller, cabrá decir aquí:
“Primero vinieron a buscar a los nacionalsocialistas, y no dije nada, porque yo no era nacionalsocialista; luego vinieron por los franquistas, y no dije nada, porque yo no era franquista; luego vinieron por los tradicionalistas y no dije nada, porque yo era falangista; luego vinieron por mí pero, para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada".
Al menos nosotros creemos que hoy, como entonces, “no acabaran con nosotros donde ellos quieran sino donde nosotros queramos”. Acomódense y escúchennos.
martes 27 de octubre de 2009
Eran ustedes

El patriótico discurso del embajador en Bosnia a las tropas españolas desplegadas en el país balcánico
“Eran ustedes”
Me piden que les dedique a ustedes unas palabras en el día de hoy, fecha adelantada de la celebración de nuestro día nacional. Lo clásico sería iniciarlo con aquello de "es un honor para mí”.... Se trata de una frase más o menos protocolaria, que en el fondo no quiere decir nada si quien la pronuncia no tiene voluntad de que así sea... Les adelanto que este no es el caso.
Discurso del embajador Alejandro Alvargònzález, el 11 de Octubre de 2009, en Bosnia, a las tropas españolas allí destacadas, recogidas en el Confidencial Digital. Seguir el vículo pinchando en el título del artículo
viernes 23 de octubre de 2009
Nada que añadir
Publicado en el Núm. 196 (ÉPOCA II) de "La Gaceta Escurialense". Por Ignacio ToledanoHablábamos el otro día de ella -un grupo de amigos- en una de esas comidas agradables que te hacen creer que -pese a todo- España sigue siendo un lugar de buenas y arraigadas costumbres. No todo está perdido siempre que sigamos pudiendo comer con los amigos y hablar -de forma distendida y reposada- de los acontecimientos políticos más recientes. Hablábamos de Montserrat Nebrera con afecto y admiración. Y nos gustaba su independencia dentro del aburridísimo color gris del Partido Popular. Admirábanos su modo peculiar de expresarse y de entender la vida política activa. Curiosamente, coincidíamos en el hecho indiscutible de no resultar su perfil político demasiado acorde con el requerido en la Calle Génova.
Montserrat Nebrera había saltado a la actualidad pública durante el Congreso del Partido Popular de Cataluña, representando una alternativa viable y fuertemente asentada entre la militancia. Una alternativa -se entiende- frente al oficialismo versión Génova representado por la aburridísima Alicia Sánchez-Camacho. Algún día alguien hará una historia -pequeña o grande, pero historia en definitiva- del daño que están haciendo a España los diversos y múltiples oficialismos que pueblan nuestra vieja piel de toro. Montserrat Nebrera representaba entonces -como hoy- la corriente interna imaginativa y moderna opuesta a los monolíticos y antipáticos modos de gobierno del partido, esgrimidos por Rajoy y por nuestra incomparable Soraya. Aquella victoria de Alicia Sánchez-Camacho -respaldada con un prietas las filas desde la misma cúpula derechista- tenía un cierto regusto amargo... al final, la línea dura de Génova se había hecho con el control del partido en Cataluña pero, pese a ello, aquel no dejaba de ser el Congreso de Montserrat Nebrera. Había triunfado moralmente.
Ha pasado un año en la oposición interna. Haciéndonos disfrutar con sus brillantísimos artículos, y haciendo gala de una espléndida batería de ideas sobre la profundización democrática que exige -en estos momentos de absoluto desplome del sistema- la vida política española. Desde fuera, veíamos que estas posiciones sinceramente originales y rabiosamente independientes casaban muy mal con la dura realidad del Partido Popular... con esa estructura pesada y burocrática que, al día de hoy, se encuentra saltando en pedazos víctima de sus propias contradicciones.
El Partido Popular es el partido de las mil contradicciones, y sus votantes se encuentran afectados -en mayor o menor medida- por una dolencia esquizofrénica de muy difícil curación. Unos ejemplos. El votante popular dice pretender una moralización de la vida pública, pero se debe desayunar con la trama Gürtel y con los trajes de Camps. El votante popular dice defender públicamente posiciones morales católicas, pero desde las Comunidades Autónomas donde gobierna el PP se financian calendarios gays furiosamente anticatólicos. Los votantes populares se manifiestan contra el aborto, pero sus responsables ni abolieron -cuando gobernaron- ni abolirán -cuando gobiernen- la legislación permisiva del mismo... uno apenas puede entender como una gran masa de españoles sigue votando cuando toca a un conjunto de personas -a un aparato- que trabaja activamente en la consecución de líneas políticas en las que sus propios votantes no creen. Allá cada uno y la utilidad de su voto. Yo duermo muy tranquilo por las noches votando a la opción que defiende plenamente mi concepción del mundo y de la vida, y no tengo que tragarme ningún sapo cada cuatro años.
Los falangistas creemos que, por encima de las férreas estructuras partidarias, se encuentran las personas. Nosotros creemos que este sistema político -tal y como esta organizado y desde su misma base- genera corrupción y prácticas viciadas de gobierno. Nosotros creemos que el desmontaje de todo este entramado político-económico es la primera fase -indispensable- de nuestra empresa de liberación nacional. Porque es imposible la transformación social que España necesita si no nos atrevemos -como primera medida esencial- a prescindir de estas fuentes de financiación poco claras y de estos gürtels diversos... de estas estructuras corruptas que están lastrando el desarrollo pleno de nuestras libertades ciudadanas.
Montserrat Nebrera se ha ido del Partido Popular por una sencilla razón. La razón que consiste en saber que el ambiente de una estructura partidaria es irrespirable para todo aquel que, luchando por una moralización efectiva de la vida pública, mantenga un proyecto independiente y renovador. De antología la carta abierta que le envía a Mariano Rajoy al despedirse. Dice que -nada más y nada menos- me voy con la tristeza de saber que me equivoqué al pensar que era posible la reforma del sistema desde un partido político, por más que comparta gran parte de sus ideas primigenias; ahora comprendo que son demasiados los intereses que gravitan sobre las estructuras para impedirlo. Ignoro si ésos son también tus intereses; en todo caso, no son los míos. Y para colmo, ha devuelto su escaño en el Parlamento de Cataluña al marcharse. Gestos nobles en medio de tanta miseria moral."
lunes 19 de octubre de 2009
La Gran Esperanza vuelve al aire
Tras unos meses de obligada parada técnica, La Gran Esperanza ha comenzado sus emisiones en pruebas. El pasado viernes 16 de octubre se grabó el primer programa que, a diferencia de los anteriores, será emitido únicamente a través de los canales disponibles en internet: Youtube (vídeo), Megavídeo (vídeo), Poderato (podcast, radio 2.0), Facebook (enlaces directos a todo lo anterior) y por supuesto a través del blog.
La compra de la tradicional emisora Radio Intercontinental, por parte del poderoso grupo mediático Intereconomía (El Gato al Agua, La Nación, Semanario Alba, Canal Intereconomía, La Gaceta, Revista Época, etc., entre otros), de marcado carácter conservador y neoliberal, con tintes democristianos, ha considerado que las voces discrepantes de la tercera posición - los que no comulgamos con una organización social en torno a las izquierdas y las derechas, los partidos políticos y su partitocracia corrupta - no tenemos espacio en la nueva cadena ni siquiera pagando, como era, de hecho, nuestro espacio. La nueva parrilla salvó algunos nombres de la vieja emisora, como Eduardo García (que ahora conduce la tertulia matutina "Buenos días España) o Gustavo Morales, que fuera Jefe Nacional de la Falange hace unos años y que participa activamente en algunos programas del grupo, pero dejó fuera programas como "La Quinta Columna", sufragado por Alternativa Española y, por supuesto, a La Gran Esperanza, la Voz de la Falange. Y es que una vez más se demuestra, para aquellos que aún no se han enterado, que no existen amigos en la derecha española, sino más bien todo lo contrario.
Sin embargo el ciberespacio es grande y las ganas y la decisión aún mayores. Correremos riesgos; no todo saldrá técnicamente como deseamos, pues no somos profesionales y tenemos nuestras ocupaciones de las cuales sobrevivir; Pero con el tiempo mejoraremos y haremos un programa de calidad que tendrá, como principal característica, la independencia y la claridad. Y es que a nosotros se nos entiende todo. Bienvenidos a la nueva Gran Esperanza.


