miércoles, 24 de diciembre de 2008

Homófobo y católico

Mi mujer y yo estuvimos en proceso de adopción. Fue hace 7 años, antes de que naciera nuestra pequeña. Tomamos la decisión de iniciar una paternidad adoptiva, en paralelo con el deseo, la voluntad y la obligación moral, como católicos, de ser también padres biológicos. Fue en la comunidad de Madrid. El proceso fue largo, tedioso y lleno de contratiempos y dificultades. Obligó a exámenes psicológicos, a ruedas de una especie de terapia colectiva, a "desnudarse" moralmente ante una serie de profesionales, con la intención -según nos hicieron saber- de verificar nuestra capacidad de ofrecer al hijo adotivo, el entorno emocional y de seguridad que toda criatura requiere. Reconozco que entonces me sentí invadido hasta lo más profundo de mi ser, que yo, padre de tres hijas más entonces, y una pequeña después, no entendía que hubiera que capacitarse como padre adoptivo, cuando no había que hacerlo como padre biológico. Nadie expedía un carné de padre responsable y, de hecho, así nos va.

Me explicaron entonces dos cosas fundamentales que me hicieron, si no compartir la metodología y las maneras de expresarse de los profesionales, sí el trasfondo de la cuestión: Primero, no existe el derecho de adopción de los padres; existe el derecho de los niños a ser adoptados. Segundo: la adopción conlleva un entorno sobrevenido que alcanza mucho más allá de la pareja y que debe garantizar la estabilidad emocional de niños que, generalmente además, ya han sufrido bastente. La adopción convierte en padres a los padres adoptivos, pero también en abuelos, primos, hermanos, sobrinos, cuñados etc. al resto de la familia. Y lo deben asumir. Y se debe verificar la disposición del entorno - incluida la pareja -para garantizar la estabilidad emocional del niño. Porque no se está adoptando una mascota; se adopta un hijo y ello es irreversible, o debería serlo. No puede concederse a una pareja cuya estabilidad y la del entorno no haya sido al menos examinado a conciencia o cuyas "ganas de adopción" provengan de la incapacidad, no puntual, como puede ocurrir a las parejas biológicas, sino genérica e inexorable, como ocurre con la imposición de la naturaleza a las parejas de homosexuales: no pueden concebir. Y mucho menos puede ser el producto de una batalla política, bajo los auspicios de un lobby crecido ante las absurdas concesiones de un gobierno nefasto y la incapacidad de la oposición.

Porque de eso se trata, de poner las"pelotas" o lo que sea que tengan los y las homosexuales de toda condición, encima de la mesa e imponer a la sociedad una aberración tras otra, con el único objetivo de escenificar victorias políticas, cueste lo que cueste al resto de la humanidad, incluida la criatura en cuestión.

Y es que si no fuera por esto, no habría saltado el caso del juez Ferrín Calamita, porque la niña adoptiva, resulta que es hija biológica de una de las "miembras" del matrimonio y - aunque suponemos que debe haber un padre con algún que otro derecho en esto - ya tenían garantizada la custodia común, de facto. Es más, de haber sido una pareja heterosexual, llegada al matrimonio con hijos previos de uno de los dos, probablemente nunca se habrían planteado la adopción por parte del otro miembro de la pareja.

Aquí se trataba de hacer gala de los "derechos igualitarios" del matrimonio homosexual, pública y notoriamente, con escarnio y llevándose por delante a cualquiera, aunque para ello hubiera que inventar unos derechos que los matrimonios heterosexuales, o sea los únicos matrimonios posibles, diga lo que diga la injusta ley, no tenemos: el derecho de adopción.

Así, el valiente y católico juez Fernando Ferrín Calamita fue suspendido y apartado del caso, primero, acusado de prevaricación continuada, después y finalmente condenado a una inhabilitación de más de dos años y a una multa de 6.000 euros, porque, por lo visto, impuso sus criterios morales respecto al matrimonio homosexual y demostró cierta actitud homófoba en el proceso. ¡Tiene mandanga!.

Don Fernando, estoy con usted en esto. No le conozco más que a través de su actuación valiente y de sus declaraciones de hoy, diciendo que "será un honor abandonar la carrera por esta causa". Lo será. No descarto que en otras cosas seguro discrepemos pero en esto no hay duda: No hace falta ser homófobo para desear preservar los derechos de la niña. Y por supuesto que ha interpretado usted la legislacción vigente en virtud de sus propios criterios morales. ¡No faltaba más que tuviera usted que hacerlo con los criterios de Zapatero y Zerolo! Es una aberración; podrán obligarle usted a aceptar la validez de eso que han llamado matrimonio, pero de ahí a que eso conlleve la dejación de funciones en la custodia de los derechos de la niña, como ha hecho el equipo psico-social adscrito la juzgado, hay un trecho. Exactamente el que separa la decencia de la indecencia. Lo ético de lo criminal.

viernes, 19 de diciembre de 2008

¿Dónde están ustedes? (o pecunia non olet)

Sí, sí, usted, señor Rajoy, incluso doña Rosa Díez: ¿Dónde están ustedes? ¿Dónde, Cándido Méndez?, ¿y el disputado voto del Señor Cayo?, ¿Dónde carajo están el señor Fidalgo y los líderes socialistas decentes, si es que queda alguno que cumpla con las dos premisas: socialista y decente?
¿No se han enterado? ¿No saben lo que los nuevos y nuevas próceres y próceras patrios y patrias, los de la nueva esclavitud, los de las diversas leyes y leyos de igualdad están modificando la legislación vigente a golpe de calcetín? ¿No saben que además nos están tomando el pelo a todos, a ver si, como somos idiotas, no hay nadie que se de cuenta y aguantan el tirón un par de añitos más?
Sí , hombre sí. ¡Que nos están robando, señores, que nos están robando! Claro que a lo mejor es porque creen ustedes que se trata de medidas sociales para compensar el gran atraco, el gran desfalco, la gran ruina nacional de financiar – en opaco, como todo lo que hacen – a la gran banca y – sobre todo – a las nacioanalistísimas Cajas de Ahorro, con el dinero de nuestros tributos, de nuestras pensiones, de nuestras prestaciones sociales, mientras se las quitan al gran tejido industrial nacional que es el autónomo y la PYME españolas, bravas donde las haya.
¡Pues no señores, no se trata de eso! Se trata de recuperar la institución familiar en versión socialista-capitalista, que es la nueva fórmula de la socialdemocracia zapatera y, por extensión, del mundo. ¿Cómo?, muy fácil, perdonándole a los grandes ricos, contados con los dedos de la mano –podríamos hacer la lista con nombre y apellidos acudiendo a la revista Fortune o similares – un 25% por ciento de sus impuestos. ¡25% sí, exactamente la diferencia que va entre el 43% que les corresponde y el 18% en que se lo dejan, a precio de saldo.
Claro que para acogerse a esta medida se tiene que dar la condición inexcusable de poseer al menos el 1’1% del capital de un banco. No sé si con conscientes de lo que eso significa, pero para que se hagan una idea les pondré un ejemplo: Botín tiene alrededor del 3% del Santander. ¿Se enteran ahora? ¡Hay que ser muy, muy, muy rico, para que a uno le excusen de sus obligaciones tributarias, los nuevos señores feudales!. Muy rico y ¡banquero!
Si en un artículo anterior me referí a la nueva esclavitud, ahora lo complementan – es lógico – con la nueva nobleza, la nueva casta, loa nuevos hidalgos sin hidalguía alguna, pero con los mismos beneficios: ¡Oiga usted, que yo soy banquero, que soy nuevo hidalgo, que yo no pago mis impuestos! ¡Hasta ahí podríamos llegar! La diferencia es que los verdaderos hidalgos, los nobles, los señores feudales, tenían una razón para hacerlo: tenían encomendada la subsistencia, la seguridad, la protección y la vida de sus súbditos, y en ello debían dejarse la propia y la de sus vástagos, llegado el caso, amén de acudir siempre a la llamada del rey, en defensa de la patria – en el supuesto de que la mayoría de los reyes defendieran alguna patria y no sus coronas respectivas – con armas y bagajes a coste propio.
Estos en cambio, mientras se ciscan en todos los valores básicos, mientras destruyen todos los pilares de la sociedad occidental, de la familia cristiana, mientras profundizan en la mayor crisis de todos los tiempos, que no es la financiera sino de valores éticos, descubren un nuevo modo de hacer familia en torno al “pater familias”. Y es que no es que alcance a los banqueros más ricos del panorama nacional, mientras, por ejemplo, el crudo se desploma pero la gasolina sólo baja ligeramente porque su precio está construido con un 80% de impuestos; no, esta social medida feudal, alcanza a las familias en tres grados de los banqueros mencionados, vaya a ser que alguno de los nenes o nenas a los que les hayan puesto su pisito en Cayman se queden sin el reparto de beneficios fiscales. ¡Para que luego digan que no creen en la institución familiar, estos sociatas!
Tres medidas opacas como estas llevan en pocos días. Tres y se dice pronto. Han modificado a lo bestia, en apenas unas horas, la legislación que obliga a declarar en tres meses las pérdidas patrimoniales de las empresas, concediendo dos años para hacer este apunte. ¿Por qué? Porque hay tres citas electorales programadas el año que viene y hay que distanciar el fantasma de la quiebra masiva. ¿Soluciona el problema? ¡No!. Es un nuevo truco de magia, una nueva estructura piramidal, a lo Madoff, pero desde el Estado, permitiendo así que las inmobiliarias, fundamentalmente las tocadísimas inmobiliarias, no tengan que presentar concursos de acreedores, despidos, ERE'S y quiebras a mansalva. ¿Con qué esperanza? Con la misma que las hipotecas “subprime” o que las estructuras piramidales; con la esperanza de que en esos dos años – ya próximos a un nuevo proceso electoral general - el valor depreciado hoy de las viviendas e inmuebles, vuelva a valer lo que antaño. Y si no es así... bueno, mala suerte: el crack será de dimensiones épicas pero ya no tendrán que preocuparse de nada porque no volverán a gobernar y el “marrón” será de otro, tan golfo como ellos, pero de su oposición.
Y la tercera joya: se ha sabido de otro cambio legislativo en ciernes, del que se conoce el “espíritu”, pero no los detalles y que, en resumen, es esto: al resto de los ricos, los que no tienen bancos, los que tienen la pasta en los paraísos fiscales, como algunas ilustres ministros del actual gabinete, les han dicho que no se preocupen, que la traigan que nadie les va a preguntar nada. Que “pelillos a la mar”, pero que la traigan, porque esto tendrá que financiarlo alguien aunque apeste. De esta manera, ya no hará falta recurrir a los cárteles para el blanqueo de dinero; ya no tendrán los grandes delincuentes nacionales e internacionales que preocuparse del coste que tiene convertir euros o dólares sucios, obtenidos del trato de blancas, de la corrupción y el tráfico de menores, de la pornografía infantil, del tráfico de drogas o de armas, en dinero sano.
¿Apestar? “pecunia non olet”. Vespasiano "dixit". Y Zapatero “pixit”. Aunque para ello tenga que imponer la “vectigal urinae”, es decir el impuesto sobre letrinas, que es en lo que ha convertido este suelo nuestro antes llamado España. Quizá por eso necesita remodelar los retretes de la Moncloa con 200.000 euritos de nada.
¿Dónde estén ustedes, señores, políticos, pequeños empresarios varios, agentes sociales, opositores...?¿Dónde están ustedes y dónde sus denuncias y sus actuaciones de rebeldía?
¿Dónde están ustedes?

lunes, 8 de diciembre de 2008

¡Fuego, movimiento y choque! ¡In-fan-te-rí-a!

Hubo un tiempo en que la Inmaculada Concepción, la Reina entre las reinas, la Señora entre las señoras, la Madre entre las madres, era el día en que se celebraba el día de la madre. No le debió venir bien a El Corte Inglés, que es el que planifica los calendarios de festejos, quizá por la acumulación de fiestas consecutivas con derecho a regalo y la fiesta se trasladó al primer domingo de mayo – el mes de las flores, eso sí – aunque nunca he sabido muy bien por qué, excepto para regular un poco mejor las tendencias comerciales de los españolitos y repartir durante todo el año el afán de consumo que tanto – no obstante – va a sufrir este año con lo de haber tenido que cerrar el cinturón hasta el último agujero.

Hubo un tiempo en que la Purísima se celebraba por todo lo alto pues, no en vano, era la Virgen Madre la elegida por la Infantería Española para convertirla en su patrona. Claro que en aquellos tiempos y en otros que no son hoy, todo tenía sentido, pues eran las madres las que entregaban a sus hijos, a los hijos de España, con el deber primordial de convertirse en infantes, en soldados, en ejército de verdad, que no era otra cosa que el pueblo en armas. Y para aquello había que estar preparados, prevenidos y siempre alerta. Entonces los hombres se enfadaban si no eran seleccionados para las misiones de mayor riesgo y el servicio de armas, en tiempos de paz o en tiempos de guerra, era una de las cosas de las que se podían sentir verdaderamente orgullosos.
Claro que entonces había una España por la que estar siempre alerta, y un coraje innato en el pueblo para impedir que nada ni nadie nos pisara un callo. Eran las horas en que las madres mataban su amor y, cuando calmadas estaban, decían a los hijos que se iban: “¡Vete, pues que la patria lo quiere, lánzate al combate y muere, tu madre te vengará!”.

Eran los tiempos en que un Borbón cualquiera podía ser “deseado” hasta la muerte de todo un bravo pueblo, con tal de no ser ofendidos en nuestra independencia, en nuestra integridad, en nuestra razón de ser, por los más despreciables enemigos de España. ¡Ya resolveríamos nosotros después lo de tener que aguantar - o no - y de qué manera a nuestro repugnante Borbón! En todo caso, nunca le permitíamos a nadie insultarnos - insultar a España - sin responder, aunque nos fuera la vida en ello. Y es que entonces republicanos no había y monárquicos… tampoco.

Había hombres y había mujeres, había madres y había pueblo, había ejército de verdad - el que se construye con el pueblo – había una advocación de la Virgen para cada arma, para cada cuerpo, para cada día de nuestra existencia y si había que ajustarle las tuercas a un Borbón o dos, se las ajustábamos nosotros, desde dentro, desde casa, desde la unidad, la independencia y grandeza de España. Claro que entonces y más tarde, el puente era el de la Purísima, el de la Inmaculada y no el de la Constitución.

¡Avispa! ¡Alcornoque! ¡Fuego, movimiento y choque! ¡in-fan-te-rí-a!

Felicidades madres, felicidades Conchas, Conchitas y Concepciones. Felicidades infantes, donde quiera que estéis. Y felicidades, padre, allá en los cielos.

martes, 2 de diciembre de 2008

Ramírez y sus inclinaciones

Desde hace un par de años soy motero. Urbano, pero motero. Los de las motos rápidas y estilizadas, los de las "turing", los de las de "trial", los de las "custom" y todos los demás se ríen de nosotros, nos señalan con el dedo, dicen que nuestras motos son automáticas y que... ¡vamos que no son motos! Somos los de las "maxi-scooters". Pero yo sólo le encuentro ventajas. Cierto es que soporto las inclemencias del tiempo y empeoro en carrocería, pero he ganado tiempo, he mejorado mi humor y bajado mis costes. Pero lo más importante: con el casco puesto, ¡me ahorro las tertulias radiofónicas de esa panda de pedantes derechoides entre los que destacan Losantos y, cómo no, Ramírez y "nuestro periódico".

Ayer, sin embargo, el frío me pudo y decidí volver a casa, desde mi despacho - ya tarde - en coche, dejándo la moto en el garaje. El primer aviso no se hizo esperar: la desesperante tertulia de los economistas, con César Vidal, seguía tan certera en el diagnóstico como infumable en la solución: libre mercado, libre competencia, subidas de precio de las energías y bajadas de impuestos, despido bartato y liberalismo capitalista a ultranza como únicas fórmulas para el rearme económico. No es mi intención hacer aquí un tratado de todos estos aspectos, que sin embargo abordaré sosegadamente en ocasiones ulteriores, pero vaya por delante que, desde luego, la fórmula, desde la óptica liberal, puede funcionar, pero desde la óptica racional de justicia, equidad y garantías para todos, ¡años luz!.

Pero como decía esto sólo fue un aviso. Esta mañana ya se me había olvidado que debía volver a la oficina en coche y que llevo puesta la Cope, por eso de llegar a la oficina con la adrenalina en máximos; y cuando quise reaccionar... ya era tarde. Reconozco que me engancho, que les insulto desde mi soledad, que me enfado con unos y con otros, pero que mientras estoy en el coche, les escucho. ¡Lo confieso! ¡Oigo a Losantos y a Ramírez aunque no les soporto!

En el castigo vendría la penitencia. El máximo representante de la pedantería, la conocida pareja de Exuperancia Rapú, el del corsé rojo y la lluvia dorada que Vera y los suyos nos mostraran a precio de cárcel, en su día, el marido de la modista excéntrica estaba... ¿dictando una conferencia?

Al menos su tono distaba de querer ser de debate y discusión y se parecía más al que asevera, mientras se escucha, y espera el aplauso unánime de la aburrida concurrencia, diga lo que diga.

Y lo que ha dicho hoy no tiene desperdicio: se ha permitido establecer una escala de valores entre los terroristas miembros del mismo grupúsculo asesino - me niego a llamarlo comando - De Juana Chaos y Soares Gamboa. ¿En virtud de qué? Del supuesto arrepentimiento y reintegración del segundo, "tras la reflexión propiciada por su tiempo en prisión".

Pero ¿este sujeto es anormal? ¿De qué período habla? Soares Gamboa vivió su retiro dorado, trasladado en aviones militares españoles en centroamérica, tras el fracaso de uno de los procesos más vergonzantes de negociación emprendidos hasta entonces por gobierno alguno - las conversaciones de Argel - hasta que Zapatero se encargó de batir el record. Tras nueve años en semejante situación de "penuria", utilizó a Atutxa - encantado por cierto - a la Cope, a Pedro J., a Garzón y al ínclito Marías Antolín, junto al ya fallecido Antonio Herrero para exigir su regreso pactado a España y ...¡empezar su proceso de reinserción!

Su carta decía así:

"Necesito que me ayude a hacer mi transición particular de militante de ETA a ciudadano normal de la sociedad a la que pertenezco". "Los argumentos por los que antes luchaba ya no existen, se desvanecieron". "Nuestra particular forma de entender la liberación nacional no tiene sentido, y menos matando".

¿Alguien en su sano juicio entiende en esto alguna muestra de arrepentimiento? ¿Hemos de entender que antes sí y ahora "no se dan las razones"; que ser un "ciudadano normal" de la sociedad "a la que pertenezco" es un estatus que le puede dar Atuxa al asesino de 25 personas? ¿Qué criminal, convicto, incluso colaborador y confeso, en este país o en cualquier otro, se libraría de una larga condena, de una cadena perpetua o de la muerte en la silla eléctrica, incluso si de verdad hubiera pedido perdón? Y lo más grave ¿donde está la renuncia expresa a "la liberación nacional", particular o no, de esta rata miserable. ¿De quién se tiene que "liberar", excepto de las prisiones del resto de los españoles? ¿Es que no es acaso esa la causa primera y última de todas sus muertes, sus aberraciones, sus torturas, su propia existencia: la maldita "liberación nacional"?

Yo mismo, de regreso a España este canalla, le escribí una dura carta a la prisión de Soto del Real. No tengo que explicar en qué términos le exigía al asesino de mi padre una muestra de arrepentimiento y una petición de perdón. Me contestó. Aún conservo aquella carta; soberbia, orgullo, indecencia moral; ni una sola línea denotaba arrepentimiento alguno. No escribió una sóla vez la palabra perdón. Se autojustificaba permanentemente y ... me amenazó con no mantener correspondencia conmigo si se producía en quellos términos, los de un hijo al que aquel miserable le quitó la vida de su padre. ¡Como si yo tuviera el menor interés en establecer una relación epistolar con aquella escoria asesina!

El mismo Pedro J. patrocinó un libelo escrito en comandita por el asesino Gamboa con la inestimable ayuda de Matías Antolín. Un libro - "Agur Eta" - que destilaba desprecio hacia sus compañeros de banda, hacia el resto de los asesinos, hacia la sociedad en su conjunto, pero en el que no se incluía un sólo dato que la policía ya no tuviera y por el cual no hubieran sido ya condenados los por él señalados. Un libro en el que el desprecio no era por su condición de asesinos etarras, no, ¡era porque ya no le respetaban! ¡a él que según decía de sí mismo era el mejor, el más despiadado asesino que ETA tenía! Eran disputas de burdel entre zorras viejas.

Acudí a la presentación que ambos - Pedro J. y Antolín - junto a Antonio Herrero, hicieron en la Sociedad General de Autores, si no recuerdo mal. Tras oir sus mentiras llegó la hora de preguntar. Y lo hice. Pregunté algo tan sencillo como si el autor Gamboa recibía sus correpondientes beneficios por la venta del libro. Ante los titubeos y la falta de respuestas pregunté si serían embargados los ingresos en beneficio de las víctimas a las que esa rata debía tantas indemnizaciones. Tampoco obtuve respuesta. Entonces espeté a Antolín si donaría lo recaudado a la AVT, para que de alguna forma llegara a las víctimas. Antolín, histérico, llegó a comprometerse en público, pero fue Ramírez - sí, tú, Pedro J.- el que le indicaste que "no tenía por qué hacerlo". Quizá el sí sabía que eso era imposible, en funcion de los compromisos tomados ¿con el etarra asesino?. Lo cierto es que nunca llegó un duro de aquel libro que sí cumplió su cometido: apalancar el supuesto arrepentimiento de Soares Gamboa.

En la presentación del libro, en San Sebastián fueron los presentadores Atutxa y Baltasar Garzón, el de la desmemoria histórica, para según quienes. Habían pasado dos años desde su ingreso en prisión, y once desde sus asesinatos. Había pasado tan sólo dos años en prisión y ya escribía libros, gozaba del favor de todos los mencionados y concedía entrevistas a la COPE. ¡Y se permitió el lujo de exigir el régimena abierto, que por cierto no tardaría en conseguir, mediante una huelga de hambre que, por supuesto, abandonó en tres días, pero que fue el detonante de su puesta en libertad! Era el 6 de noviembre de 1997.

¿Y ese mamarracho que dirige El Mundo, le otorga su perdón y su distinción? ¿Pero quién c.... eres tú, para otorgar perdones y reinserciones? ¿Con quién has empatado tú, Pedro J.? ¿Desde cuándo te atribuyes la balanza ciega de la justicia? ¡Vete a hacer puñetas, Pedro J.!

miércoles, 26 de noviembre de 2008

¡Demócratas!

Ya lo vaticiné en mis primeros artículos: No siempre podré acudir con puntualidad a la cita, porque no siempre dispongo del tiempo y la disposición de ánimo para escribir lo que me viene a la cabeza de una forma cabal y sosegada. Está la cosa muy malita – y peor que se va a poner todavía – y eso hace que los negocios y los asuntos personales acaparen toda la atención. Al fin y al cabo los días duran lo que duran y a las noches ya les robo lo bastante para sobrevivir la mañana siguiente.

Hubiera querido escribir en caliente sobre un montón de asuntos. Hubiera querido referirme a la bochornosa Sarkosilla – tal y como la denomina Losantos en un alarde de ingenio compatible con su repugnante liberalismo derechoide – y especialmente a la actuación del memo de la Moncloa en semejante escenario.

Hemos tenido que acudir a la cumbre del G-20’01 disfrazados; bajo la bandera europea y en el taburete que nos cedió el francés. ¿Para qué?, para continuar con la ceremonia de la imbecilidad pública y de la desvergüenza política. Nos llevó allí el paladín de las causas vacuas – el cambio del clima climático, la alianza de civilizaciones, el hambre del mundo – y no porque no merezcan la debida atención, cada una en su justa medida, sino porque no son sino las cortinas de humo que el personaje usa para ocultar su absoluta incompetencia y falta de ideas, nos llevó, digo, primero para conseguir, in extremis, la foto que hasta ahora no había logrado con Busch, que lo despreció a él y con él a todos los españoles. Y después para mendigar veinte segundos en los que decir su acostumbrado y falso discurso de que esto se resolverá con más socialismo y con menos capitalismo.

De no ser porque ya le conocemos, hasta podría habernos engañado y, por una vez, creerle. Pero para ello él tendría que ser socialista. De verdad, no de pacotilla. No socialista para ser desenterrador de muertos, abortista y anticlerical. Socialista para impedir que la riqueza se concentre en manos de unos pocos, para asegurar el control de los recursos energéticos en manos estatales, para nacionalizar el crédito y los servicios públicos, y no la deuda y la basura secesionista de la que luego hablaré. Pero como no es socialista – que es tan liberal y capitalista como todos los demás – y además es un títere analfabeto, habló de refundar el capitalismo.... con más capitalismo y habló de no olvidar a los más desfavorecidos en el mundo, como si fuera la recién elegida Miss Universo, mientras de forma canallesca y bajo fraude de ley, sufragaba la cúpula de no sé qué organismo de la ONU en Suiza – uno de los países más ricos y menos comprometidos del mundo – con veinte millones de euros de las arcas españolas, de los cuales seis fueron a parar al socialista bolsillo de su autor – de esos que acompañaron su campaña con el gesto de los sordomudos, el de la ceja – y 500.000 euros salían de la partida presupuestaria de cooperación que España dota para, precisamente, paliar el hambre en el mundo y pagar vacunas.

Lo explicó el ínclito ministro Moratinos: “Es legal usar una partida presupuestaria de cooperación, para colaborar con organismos internacionales que tengan entre sus funciones la cooperación”. Legal sí, porque vuestra legalidad es un cubo de basura en esto y en todo lo demás, pero lícito no. No puede ser lícito pagar a un arquitecto de la cuerda, sus diseños estrambóticos en Suiza con pasta para vacunas. Lo cuente como lo cuente el ministro, se llama fraude de ley. Suyo y de la oposición del PP que pregunta, recibe respuestas estúpidas y delictuosas y... otorga.

Pero no es nuevo. Al fin y al cabo todo obedece al mismo proyecto, con distintos frentes abiertos. Volvamos, si no, al plan de rescate de la gran banca socialista (por lo visto) del refundador sociata: Ha tenido que forzar – casi a punta de pistola telefónica – que las entidades bancarias acudieran a la gran subasta de dinero público para poder hacer lo que realmente está detrás de todo este oscuro barullo: la refinanciación de las Cajas de Ahorro. Y es que los grandes bancos son muchas cosas; todas menos idiotas. Y esos grandes bancos no van a dejar que ningún socialista reconvertido meta mano en sus cocinas, con el riesgo de que mañana pudieran hacer lo que realmente deberían hacer, que es nacionalizar el crédito y no la deuda.

Pero si no acudían a la subasta pasaban dos cosas: que Zapatero, una vez más, fracasaba con sus planes de bombo y platillo y – y esto es lo importante – que se haría muy evidente su plan secesionista. Y es que al mismo tiempo que se lanzaron a “rescatar a la banca” se nos introdujo por salva sea la parte, la idea de que el gobierno vería con buenos ojos las fusiones entre cajas de ahorros regionales y autonómicas que, como todo el mundo sabe, son de carácter público y están dirigidas y manejadas por los mismos que desean a toda costa la desmembración nacional: los llamados nacionalistas y realmente independentistas.

Este es el verdadero plan: No puede ser casual que la ofensiva territorial, la ofensiva cultural - incluido el desastre que supone el plan Bolonia para las humanidades (ya saben, la desaparición de las asignaturas que requieren pensar y forjarse una opinión propia y que incluyen dos pilares básicos de la cultura occidental: el derecho romano y la cultura griega) – la ofensiva anticlerical – enfocada a acabar con el tercer pilar, el cristianismo – la ofensiva idiomática de erradicación del castellano, el español por antonomasia, de Vascongadas, Galicia, Aragón, Baleares, Valencia, Cataluña ... la ofensiva energética y de recursos, poniendo en manos de gobiernos secesionistas, primero y, ante el fracaso, en manos extranjeras, después, la electricidad, el petróleo .... la ofensiva económica que permite la creación de esa suerte de nuevos bancos centrales nacionales a las cajas de ahorro reconstruidas en manos del poder, etc. etc. etc.... y que hayan coincidido todas en el tiempo. Definitivamente no puede ser casual.

Pero como dije, debería haber escrito de muchas cosas. Cómo no acordarme de coincidir, por una vez, con la sabandija con puñetas: él, ha dicho de sí mismo lo que el resto de la humanidad ya sabía y yo le recordé en un artículo anterior: que es un incompetente. Y un hijo de mala madre, añado yo, que certifico cómo se lanzó a la campaña de difamación, distracción propia y de terceros y desenterramientos para hacer lo de siempre: captar la atención y delinquir. Delinquir, sí, prevaricando hasta la carótida con sus actuaciones, sin que nadie haga nada. Han tenido que ser tipos como Joaquín Leguina, los que lo hayan tenido que definir como lo que realmente es: un cáncer putrefacto de la judicatura. Sólo que esta vez no lo he tenido que decir yo. Me congratulo.

Y también me quedó pendiente – este ya más reciente – el escándalo de la financiación, por parte del ICO, de la operación de Luis de Rivero, amparada nuevamente por el ejecutivo de ZP, para la adquisición de las acciones de Repsol. Se me amontonan las palabras para definir a toda esta gentuza, mientras vivo en carne propia y en carne inmediatamente próxima, los efectos de la falta de liquidez, de la falta de confianza y de la falta de financiación, en definitiva, de las pequeñas y medianas empresas que no han tenido la suerte de que le presten, como han hecho el ICO - y con él y con su aval, el resto de los bancos – cinco mil millones de euros, con la única garantía de las acciones adquiridas en la propia operación. Mucho menos necesitan las familias para hacer frente a sus hipotecas. Mucho menos necesitan las PYMES para salir del bache y lo que encuentran es justamente lo contrario: restricción en el riesgo, disminución en el índice tolerable de endeudamiento, garantías infinitas para operaciones más que lógicas y.... el maldito plan de rescate de la banca. Es para echarse a llorar.

Y también me quedó recoger una buena noticia que no quería dejar pasar sin comentar, porque, en primer lugar ya casi no quedan y, en segundo lugar, me llena de satisfacción que aún quede gente decente dispuesta a pensar en solucionar problemas y luchar por la vida, cuando lo que impera es la cultura de la muerte del nonato o del demasiado viejo y molesto. Bien sabe Dios que no es santo de mi devoción la presidenta de la Comunidad de Madrid, fundamentalmente por ser el mayor exponente político de liberalismo en estado puro, pero cuando acierta, acierta y de buena gente es reconocerlo: la iniciativa de poner en marcha una unidad especial de asistencia a la natalidad, con carácter inmediato y anónimo, desplazando la unidad móvil a donde sea necesario, con el equipo más avanzado para la asistencia al parto, sin preguntas para la madre, sin información comprometida y garantizando la confidencialidad es, sin duda, una grandísima noticia que salvará vidas - de madres y de hijos – evitará el contrabando de neonatos y proporcionará oportunidades a esas criaturitas que son, sin duda alguna, una verdadera bendición de Dios, que vendrán también a cambiar la existencia de potenciales padres adoptivos que puedan y quieran ejercer la paternidad. Felicidades por ello.

Sin duda me quedaron muchas más cosas que debieron llamar mi atención y provocar mi comentario, pero hubo una serie de acontecimientos que me llenaron de tanta indignación, de tanta tristeza, de tanta derrota interior, de tanta rabia, que he necesitado deglutirlos pausadamente antes de sentarme frente al ordenador a expulsar mis sentimientos en oleadas.

Los últimos nueve o diez días han supuesto la representación de la victoria roja sobre el resto de los españoles. Al amparo de la Memoria Histórica y de su miserable y fraudulenta ley, los falangistas - y con nosotros otros muchos españoles y extranjeros - hemos sido humillados, maltratados, cacheados, insultados y despreciados, utilizando para ello a la Benemérita, que de esta manera recupera el papel que históricamente le ha correspondido y que sólo personalmente algunos hombres de bien han roto para verdadera gloria de la Guardia Civil: la de doblegarse al poder y actuar como su brazo ejecutor sin atender a la naturaleza de las vilezas que se le pidan. Hubo entre los números hasta quien, evidentemente, disfrutaba.

Desde que hace dos fines de semana, las delegaciones extranjeras empezaran a llegar a Madrid, con motivo de la celebración del aniversario de la muerte – asesinado el primero, en la cama el segundo – de José Antonio Primo de Rivera y de Francisco Franco, con la intención de rendirles homenaje, se han sucedido las vejaciones. Obligados a guardar sus banderas, sus estandartes, sus insignias, sus colores; obligados a quitarse abrigos y jerséis para verificar lo que había debajo, sobre sus camisas, los italianos, por ejemplo (he podido constatar la presencia en Madrid de italianos, franceses, flamencos, balones, rumanos, alemanes ...) que no aceptaron plegarlas, guardarlas o desnudarse, simplemente no pudieron acceder al recinto donde reposan los restos de muchos combatientes que acudieron en defensa de la cristiandad a luchar con el lado nacional. ¡Qué contraste con el recibimiento en la Moncloa de los Brigadistas, en su día, o con la concesión de la nacionalidad española a ellos y sus descendientes!

En días sucesivos he vivido, sabido y/o conocido, cómo eran retirados los lazos con los colores nacionales, de la Virgen del Pilar, tan típicos de los automovilistas que visitan a la patrona (la de España y de toda la hispanidad y la de la Guardia Civil, que ya tiene delito); he sufrido cómo me impedían el paso al recinto porque el llavero de mi vehículo es un águila de San Juan, o cómo se referían a “las putas rosas”, los guardias encargados de impedir que pasaran ramos de 5 rosas con los colores rojinegros de la Falange. He sabido cómo un adhesivo con la palabra CAFE (que significa Camaradas Arriba Falange Española, pero no lo dice en ningún sitio) era motivo suficiente para impedir el acceso, o cómo se retiraban insignias de ojal con el yugo y las flechas, o con el laurel de la casa militar del Caudillo. He visto registros minuciosos de coches y autobuses y verdadera saña en lograr los objetivos.

He conocido cómo a la salida de la Santa Misa en la Basílica, y en la propia explanada de Armas del templo, se desplegaban las unidades antidisturbios de la Guardia Civil, calzadas con sus cascos y sus porras, en previsión de que se intentara homenajear a los camaradas fallecidos. ¡Dios los confunda y nosotros podamos juzgarlos alguna vez por esto!

La madrugada del sábado al domingo, La Falange, como siempre, recorrió las calles de Madrid, desde Génova hasta el Arco de la Victoria, con ocasión de acompañar en su salida la corona de laurel que tradicionalmente portan los falangistas a pie, hasta el Valle. Lo hicieron, por supuesto. Con sus uniformidades, sus banderines y sus estandartes. Pero el precio fue la imposibilidad de hacer la ofrenda en el lugar correspondiente: la sepultura de José Antonio, asesinado por los correligionarios de los autores de la Ley de desmemoria.

Se celebró a cambio una misa en El Escorial, donde aún permanece un pequeño monumento a los caídos que – lo sabemos – la democracia se encargará de eliminar inmediatamente. Y allí se hizo la ofrenda. No me cabe la menor duda de que será casi imposible repetir.

Me vino entonces a la cabeza una escena de una película, de esas americanas, de negros, que vi hace algunos años, en la que el actor blanco, tras despreciar e insultar al actor negro esperaba a que éste encontrara las palabras con las que pensaba contestar su agresión. Antes de que lo hiciera, el blanco le espetó de nuevo: “ ¿qué vas a hacer, vas a llamarme negro?”, le dijo con sorna. El hombre negro, recubierto de una enorme dignidad, arrojó sobre el blanco, y con él, probablemente, sobre todos los blancos por aquél individuo representados, una frase que entonces me pareció feroz: “No. Voy a llamarte blanco”. Y deletreó con tanto asco las seis letras, traspasó tanto desprecio la pantalla del televisor, que no pude por menos que sobresaltarme. Aquel hombre le había llamado lo que él creía que podía despreciarlo más: su propia condición.

Pues bien, yo hoy, desde aquí, con la misma actitud y el mismo sentido en el que él lo hizo mirando a su oponente, quiero dar las gracias a todos los miserables responsables de la funesta ley, de su aplicación y de todos los acontecimientos que he descrito. Quiero darles las gracias por recordarme cada día, cuando a veces uno se siente imbuido por el deseo de participar de sus instituciones, de sus formas, de sus intereses, por qué soy falangista, por qué desprecio sus leyes, por qué desprecio su sistema y por qué lucharé por destruirlo. Y quiero, en definitiva, como aquél negro, decirles una sola cosa: ¡Demócratas!

lunes, 3 de noviembre de 2008

Carta abierta a Gonzalo Sichar (SEPHA)

Estimado Gonzalo:

Dirás que soy un despistado, pero hasta hoy, que lo he visto en la prensa, no he sabido cuál es tu intención para la presentación del libro “Morir en Paracuellos” de pasado mañana.

Te tengo por un hombre íntegro, libre, de principios y con el valor suficiente para tomar las decisiones que consideras justas especialmente en lo relativo a la libertad de expresión, a la capacidad de expresarse libremente por la palabra y a no ser perseguido por ello, sea quien sea el que utilice esa palabra. Y por ello has sufrido - y quizá en algún momento sigas sufriendo aún – dificultades en tu negocio, en relación con la distribución de tu joven y activa editorial.

Te lo he expresado en público y en privado cuantas veces he tenido oportunidad y si he tenido que presentarte a alguien o referirme a ti no me han faltado elogios hacia tu persona, máxime cuando eres, en lo político, más que antagónico con nosotros. He felicitado tu decisión política de participar del proyecto de Rosa Díez, del que además, te confesé, he sido parcialmente partícipe, colaborando, mediante mi voto, a la elección de su candidatura por Madrid, a pesar de que, como bien sabes, soy falangista y estoy, en muchos asuntos, a años luz de los postulados de tu partido.

Pero hoy he descubierto con horror que has elegido, para presentar el citado libro, al asesino de Paracuellos. Al asesino de 12.000 hombres y mujeres inocentes, en las tapias de decenas de cementerios y de múltiples sacas y cunetas en los años horrorosos de dominio del Frente Popular en Madrid. Has elegido que el asesino de mi abuelo Ricardo hable de cómo fueron, en su opinión, aquellos hechos por los que no ha podido ser juzgado, merced a la Ley de Amnistía del 77.

Es como si eligieras, para presentar una hipotética biografía de mi padre, al miserable, al cobarde, a la sabandija de Ignacio de Juana Chaos.

¿Comprendes cómo me siento? ¿Comprendes que no es posible aceptar semejante atrocidad? ¿Te das cuenta de que ese canalla de Carrillo no ha pagado jamás por sus crímenes, no ha sido juzgado por ello, no se ha arrepentido nunca de su nefasta responsabilidad en aquel genocidio y todo lo ha despejado tildando los acontecimientos de “errores de juventud”? ¡No ha pasado ni un solo día de su vida en la cárcel, siquiera, por todo aquél horror!. Eso no es libertad de expresión, Gonzalo, eso es escarnio y humillación.

¿No te das cuenta de que es una ofensa, para sus víctimas y los descendientes de sus víctimas, intolerable?

Puedo llegar a entender que permitas publicar en tu editorial a quien te parezca conveniente, incluido este canalla. Podría llegar a entender que, de haberse atrevido, él mismo fuera autor de un libro relativo a Paracuellos y, como autor, tuviera que presentarlo entre las arcadas de cualquier persona decente, pero ¿por qué él, Gonzalo, en este libro? ¿Por qué el De Juana de nuestro pasado inmediato hablando de sus víctimas con desparpajo y mentira? ¿Por qué el asesino de Alcácer, hablando de las niñas muertas? ¿No entiendes la analogía de todos estos casos?

Te pido, por Dios, por lo que tú más quieras; por la grande o pequeña amistad que puedas sentir por mí, por mi familia o por tus autores; por respeto a la memoria de mi abuelo Ricardo y de todos los demás abuelos Ricardo que fueron vilmente asesinados en pijama y enterrados en fosas comunes de Paracuellos del Jarama, te lo pido como amigo: no permitas que Santiago Carrillo mancille nuestra sangre. No permitas que Santiago Carrillo acuda a presentar ese libro bajo ningún pretexto. No permitas que la excusa de aquella famosa carta entre el autor y el asesino se convierta en carta de naturaleza para que ese asesino defeque sobre mis muertos.

No me obligues, en definitiva, a ser uno de los muchos españoles indignados con su sola existencia, que tengamos que acudir el miércoles a impedir o dificultar la tropelía. Te lo pido con el corazón en la mano, Gonzalo. Por favor, no lo hagas.

sábado, 1 de noviembre de 2008

La Hemeroteca de La Vanguardia


Un buen amigo – de hecho mi compadre, pues soy padrino de su hijo menor – me ha hecho un curioso regalo hoy. Un periódico de tirada nacional ha tenido la buena idea de digitalizar todos sus fondos y crear una hemeroteca virtual, en la que se pueden consultar y reproducir los ejemplares del diario, publicados desde febrero de 1881. Me consta que otros periódicos están trabajando en ello y hay que felicitarse, pues disponer, de forma sencilla, de estas fuentes, agiliza las búsquedas de información y enriquece los estudios y ensayos. No cabe duda de que, como periódicos que son, estarán evidentemente influenciados por sus correspondientes líneas editoriales, pero con sesgo y todo, recuperar estas páginas de la historia de España, consultar opiniones de columnistas y analizar sus discursos o los acontecimientos más relevantes, dejará en evidencia a más de uno.

Sin ir más lejos, el regalo consistió en obsequiarme con la portada del diario del 30 de octubre de 1964; el día en que yo nací. Me lo entregó con sorna, pues añadió la siguiente frase: “como no podía ser de otra manera”. Cuando abrí el documento me llevé la agradable sorpresa de que la portada de La Vanguardia – pues de éste diario es la hemeroteca virtual – titulaba: “Inauguración en Barcelona del monumento a José Antonio”, y lo documentaba con un amplio reportaje fotográfico en el que podían verse aspectos del monumento, así como planos de los oradores: el alcalde, José María de Porcioles, el secretario General del Movimiento, José Solís, El Gobernador Civil, Ibáñez Freire y la hermana del fundador, Pilar Primo de Rivera.

En el artículo central, que reproduzco por su curiosidad, se decía lo siguiente:
“Ayer vivió nuestra ciudad unas horas de sincera emoción y auténtica solemnidad durante la celebración de la ceremonia inaugural del monumento a José Antonio. El pueblo de Barcelona se sumó a esta efemérides, con la que nace el homenaje permanente a este español excepcional que legó a las generaciones de hoy una de las más altas lecciones de nobleza y de sacrificio que registra la historia contemporánea de España. Como decíamos en nuestro editorial de ayer: «José Antonio quiso ante todo y sobre todo, y por esa causa murió en olor de heroísmo a los treinta y tres años de edad, la conciliación de España, la reconciliación de los españoles, empobrecidos y trágicamente desangrados en la fanática pugna de las discordias civiles, en la tenaz e irracional entrega a la causa de las mutuas intolerancias. Que nadie olvide que la única forma viva y actual de fidelidad al gran ejemplo de su vida y de su muerte, es la de recordar que, por encima de todo lo pasajero, circunstancial y anecdótico, que en la política es siempre mucho, lo que define esta personalidad impar es esa su profunda y nobilísima voluntad conciliadora.

»Se ha recordado en estos días, por ilustres oradores que fueron sus amigos y sus compañeros en la ambición y en la empresa de salvar a España, el profundo y clarividente amor de José Antonio Primo de Rivera a Cataluña. Es demasiado conocida, sincera y verdadera, tal predilección, para que necesite nuevas puntualizaciones. Es, por otra parte, la actitud lógica y natural de un español de una sola pieza, de un español inteligente y sensibilísimo como él era. Pues amor con amor sé paga. Y el testimonió perpetuo, para siempre, de esa gratitud, es el monumento a su memoria que ha erigido, y hoy inaugura, Barcelona. Que tal monumento sea el primero que con tal rango y dimensión se alza sobre las tierras de España es, para satisfacción de todos, orgullo de la ciudad y honor de Cataluña.»”

Lo dicho, en estos tiempos de desmemoria histórica, en los que se obliga a arrancar placas y borrar nombres de calles; en los que unos y otros expiden carnés virtuales de demócratas y de luchadores por las libertades y contra el franquismo; en los que los periódicos se rasgan las vestiduras y se alinean con los postulados del nacionalismo rancio de derecha o de izquierda, disponer de estas informaciones sirve, entre otras cosas, para poner a cada uno en su sitio.

Vaya, vaya con los periódicos de CiU; Vaya, vaya con las autoridades barcelonesa y catalanas. Amor con amor se paga, decían los tíos. Ni que decir tiene, que el monumento ya no existe. Al fin y al cabo, José Antonio, que fue apresado cuatro meses antes del Alzamiento y asesinado cuatro después, es otro de esos nombres a desterrar de la historia de España.

jueves, 30 de octubre de 2008

En el Infanta Isabel



Quizá fue porque no hubo sentimentalismos, sino sentimientos y emociones; quizá porque no hubo protagonismos, sino protagonistas; porque no hubo falangismos, sino falangistas o porque no se pretendió enseñar a los demás, sino aprender de otros. Quizá porque “aquí no puede haber aplausos ni vivas para Fulano o para Mengano. Aquí nadie es nadie, sino una pieza, un soldado en esta obra nuestra y de España”. Lo cierto es que la noche pasada, en un pequeño teatro de la calle Barquillo, de Madrid, asistí a uno de los encuentros políticos más entrañables y hermosos de cuantos he vivido en los 44 años de vida que cumpliré mañana.

Hace 75 años, tres cuartos de siglo, un 29 de octubre de 1933, en el Teatro de la Comedia, se ponían los primeros cimientos del Nacional-Sindicalismo. Nacía la Falange, de la mano de García Valdecasas, Ruíz de Alda y José Antonio Primo de Rivera y se pronunciaba el conocido discurso de la fundación, que anoche tuvimos la oportunidad única e histórica de revivir, de saborear, de paladear palabra por palabra, expresión por expresión, merced a la extraordinaria lectura compartida de los periodistas Alfredo Amestoy y Eduardo García. Y, pese a las diversas advertencias de que la lectura debía ser puesta en contexto temporal e histórico, ni una sola palabra, ni una sola de las ideas emanadas de aquel discurso han perdido, 75 años después, la menor vigencia en la actualidad. Nos sentimos transportados, elevados a la Comedia, integrados en aquel momento histórico que quizá uno o dos de los presentes en el teatro tuvieron la oportunidad de vivir y los demás tuvimos que soñar, cuando lo bebíamos de las Obras Completas. Por momentos hervía la sangre, se comprometía el gesto y se alzaba el vello sobre la piel, al transfigurarse los periodistas en aquel José Antonio de la fundación. Nos hablaba del liberalismo, de la falsa representación del sufragio universal, de la pérdida de valores, de la falsa libertad. Nos habló de la justificación histórica de un socialismo solidario, obrero, necesario ante la esclavitud y pervertido, en su mismo nacimiento, por la lucha de clases, por su concepción materialista de la vida y de la historia, por su dictadura económica y material, por ser constructor de odios, de represalias, de enfrentamientos insalvables. Y sobre todo nos habló de esperanza, del nacimiento de un Movimiento desalineado con todo lo anterior, enfrentado a las concepciones de izquierda y derecha. Habló de principios, de patria, de espíritu, de servicio, de unidad indiscutible, permanente e irrevocable de destino. Nos habló de poesía y de luceros. Con todas sus fuerzas. Nos habló de compromiso y de misión, de sacrificio y sentido ascético y militar de la vida, de señoritos y de señores; abandonando falsas correcciones políticas y llamando a las cosas por su nombre; sin complejos. Y nos habló de amaneceres, de primaveras, de noches de vigilia y de alegría en las entrañas.

Por momentos todo nos pareció posible. En el auditorio gente de todo tipo, clase y condición; Respeto, mucho respeto flotaba en el aire.

Y qué decir de la primera intervención. Desapasionado, ideológicamente distante, preciso, riguroso, erudito, exacto y cabal, Arnaud Imatz desgranó punto por punto, la vida, la obra y el pensamiento joseantonianos. Quizá su pronunciado acento francés, su dictado docente o su ensayo, otorgaban aún más, si hubiera cabido, la nota de pulcritud académica, para acercarse a la enorme figura de José Antonio no sólo con el mayor de los respetos, sino con la más absoluta de las certezas. Y nuevamente tuvo el historiador en su mano traernos la figura humana actual, imperecedera del fundador. Punto por punto estableció el paralelismo de sus ideas de entonces con las discusiones actuales más habituales. Otra vez la actualidad nos arroyó de golpe, como un mercancías sin frenos, ante cada tema, ante cada postulado.

Y si desapasionado resultó ser el ensayo de Imatz, el contrapunto lo puso el joven abogado Fernando Anaya, copromotor de la preciosa iniciativa, no adscrita a organización alguna. Vaya desde aquí mi más cordial enhorabuena y mi más rendida admiración por haberse propuesto y logrado la tarea de congregarnos a todos. Poeta, dijo de él Imatz que era, y poesía fue su breve intervención. Con elegidas palabras, ordenadas, precisas, no quiso que el espejismo fuera malinterpretado, pero sin quererlo - o quizá queriéndolo - nos recordó a todos que el nacionalsindicalismo es posible, hoy, ahora, con todos.

Hacía tiempo que las estrofas de un Cara al Sol no me brotaban desde tan profundo. Que no sonaban en el auditorio, no como una canción, sino como un himno de amor y guerra. Como un solo cuerpo con una sola alma. Con tanto pasado, tanto presente y tanto futuro. Con tanto orgullo de ser y sentirme falangista.

lunes, 27 de octubre de 2008

Dos tardes de economía: la nueva esclavitud

Las dos tardes de economía que le iban a dar a Zapatero al principio de la primera legislatura se debieron quedar en nada. Es lógico: si a este presidente de coeficiente intelectual nulo le cuesta levantar las nalgas del asiento ante las enseñas de las naciones invitadas a nuestros desfiles, precisamente para conmemorar la hispanidad -por muy americanos que éstos sean - o si la cantante de opereta con la que convive le tiene prohibido dormir fuera de casa, aunque para ello haya que dar plantón a otros líderes europeos, parece razonable pensar que las clases de economía se las fumó del todo y así nos luce el pelo.

La consecuencia de los primeros ejemplos, unidos a alguna que otra chirigota más que “los primeros ministros se gastan entren sí”, según este mequetrefe, es que el mundo entero - el de los cuatro, el de los ocho, el de los veinte y el de los trescientos veinte mil, si los hubiere - se están desternillando de risa al ver como este “clown” se desgañita meneando la manita de marioneta, pidiendo a unos y a otros que nos sienten junto a Bali, a Trinidad y Tobago y a Sierra Leona, en el concierto internacional de las Naciones que pretende reunirse el mes que viene en Washington.

El problema es que la patada en la boca que le han pretendido propinar a él en lo alto del cielo del paladar por bocazas, se la han terminado dando, en el lugar donde la espalda pierde su casto nombre, a todos los españoles. Por su culpa. Por su culpa, por su idiotez, por su majadería y por su permanente sensación de temporalidad que siempre le ha acompañado porque, en realidad, él jamás se creyó que llegase a gobernar, ni mucho menos que pudiese repetir. Claro que no sabía que el autodenominado jefe de la oposición iba a ser el mejor remedo de Chaplin de los últimos 100 años y que se lo iba a poner tan fácil. Es grotesco.

Cuando, en la “férrea dictadura genocida” que acabamos de descubrir - merced a las “rigurosas investigaciones” del Juez de la farándula y de la ley de memoria histórica propugnada por su jefe de filas en el circo – hubo también otro intento de participación activa de España en el concierto de las naciones sin renunciar ni a su esencia, ni a su ser ni a su dignidad e independencia, que se saldó con un desplante menos escandaloso pero igual de desagradable que fue el rechazo de España en la ONU, ese pueblo sometido al “tirano”, seguramente a punta de pistola, bajo amenazas de exterminio colectivo, se lanzó a la calle como un solo hombre - de muchos colores, razas, sexos e ideologías, pero como un solo hombre – para decirle al mundo en general y a los americanos, en particular, que si América tenía ONU, España tenía dos.

Y es que no se trataba de que el “férreo dictador” fuera o no el culpable de tales desatinos; se trataba de que nuestro pueblo tenía a flor de piel y muy presente un concepto, hoy olvidado, porque ni figura en la Educación para la Ciudadanía ni en la Ley de Memoria Histórica: La dignidad nacional. España, roja, azul, verde o amarilla, era, ante todo, España, y ningún norteamericano, venezolano, francés o británico podía venir a orinar sobre nuestro suelo sin respuesta.

Hoy, se despepitan de nosotros, nos burlan, nos ofenden y además, cuentan con la satisfacción interna y la risa, entre bobalicona y estúpida, de todos los opositores y separatistas de España que creen que con esto perjudican a Zapatero.

La consecuencia de lo segundo, lo de fumarse las clases de economía que le prometió Jordi Sevilla (si no recuerdo mal), es todo este disparate al que nos está sometiendo estos días sin que ni oposición, ni empresarios, ni sindicatos, ni ciudadanos, ni inmigrantes legales se hayan enterado aún.

Así que - a ver si lo he entendido bien - la gente que como yo, por ejemplo, llevamos cotizando a la Seguridad Social desde el año 1982 ininterrumpidamente y aún nos quedan otros 21 años más, antes de jubilarnos; que hace once años hemos montado una pequeña empresa que da trabajo a más de 150 empleados , con sus correspondientes familias ; que estamos sufriendo lo que no está en los escritos porque las entidades bancarias, presas del pánico que ellas mismas han provocado con sus especulaciones de alto riesgo, están retirando el crédito del mercado en lo que los analistas llaman “crisis de confianza”, primero y “crisis de solvencia” dentro de un cuarto de hora; que tenemos, en definitiva, menos de 50 años, no vamos a poder disfrutar de nuestra jubilación, en el futuro, aunque por ley tengamos que seguir alimentando ese sistema durante más de 20 años.

Tampoco vamos a poder sostener nuestras empresas hoy, porque el crédito y el riesgo destinado al fomento del tejido empresarial, por parte de la Banca, se retira, como gato que huye del agua, mientras con nuestros ahorros, otra vez, se les garantiza el 15% del PIB de todos los españoles, para asegurar sus pérdidas.

Y ello, gracias a que Zapatero ha descubierto una nueva forma de esclavitud, que se llama inmigración y que consiste en dar papeles para todos, para que todos coticen y sostengan el actual sistema de pensiones, a sabiendas de que en 2020 ni ellos, ni nosotros, podremos recuperar nuestras ansiadas cotizaciones por la vía de la prestación. De hecho, si no fuera por la llegada masiva de inmigrantes, el caos en la Tesorería alcanzaría ya a los jubilados actuales. ¡Y veremos a ver qué hace ahora que sus cotizantes esclavos se quedan sin trabajo y con derecho a paro!

Y mientras tanto, ¿en qué ha empleado su poder y nuestros recursos Zapatero el neoesclavista?: ¡En dárselo a la banca que cierra sus grifos, aprieta las hipotecas, retira el riesgo y el crédito y huye a Bermudas con los pingües beneficios! No se le ha ocurrido hacer una medida de prevención con las familias, con sus hipotecas, con sus subsidios de desempleo o con el sistema de pensiones. ¡No! Prefirió arruinar el sistema en forma de compra de votos por 400 euros, llenarnos de pobres almas desesperadas llegadas en patera, jugándose la vida para competir por un pedazo de pan a precio de tercer mundo con los españoles, hacerlos cotizar a latigazos para sostener el sistema otro ratito y ¡darle la pasta a los bancos!

Como decía el chiste, debidamente parodiado: ¿es para fusilarlo, o no es para fusilarlo?

jueves, 23 de octubre de 2008

Me declaro competente

Esto de pasarse 15 días por esos mundos de Dios tiene sus ventajas – no cabe duda – pero también sus inconvenientes. Entre las ventajas está la nada despreciable oportunidad de mirar más allá del ombligo propio, de comparar cómo son las cosas en otros lugares, en otras culturas, bajo otros credos y con éstas o aquellas formas de gobernarse. Cómo discurre la vida en países de cultura musulmana o hinduista; cómo se genera riqueza o pobreza en tales o cuales lugares y cómo la corrupción – esta sí, internacional, globalizada, estándar – traspasa todo credo para instalarse siempre en los mismos mecanismos de poder y ejercitarse siempre sobre los menos favorecidos. Sirve para ver cómo algunos pueblos, aún en tales circunstancias, son capaces de sonreír continuamente, de mostrar su cara amable y de compartir con el visitante algunos de sus momentos espontáneos más hermosos: sus canciones, sus bailoteos, sus desgarrados y vetustos instrumentos musicales dejando discurrir, por entre los minutos de descanso de una tripulación, sus notas melodiosas mejor o peor interpretadas.

Entre los inconvenientes –menores, comparados con las ventajas – está el hecho de que se te acumula el trabajo a tu regreso, que no te da el tiempo para ponerte al día y que lo cotidiano, además, acude a martirizarte cuando aún no has logrado resolver lo atrasado. Por ello, llevaba yo días dándole vueltas a un asunto que mereció mi más severa reflexión, pero que aún no había podido escribir. Pero como estos asuntos no prescriben y sobre todo, se perpetúan cada día, merced a la canallesca acción de quienes los protagonizan, me puedo permitir el lujo de estar un año desconectado y seguir de actualidad al regreso. Es lo que tiene esa cucaracha con puñetas que, según parece, cursó la carrera de derecho y logró después una oposición, aunque no por ello haya practicado jamás la Justicia. Da igual el tiempo que dejes transcurrir que ahí está él para proporcionarte motivos para vomitarle encima sin sentimiento de culpa alguno.

Me refiero a esa sabandija con voz de pito que se oculta bajo una toga para, por una lado, lograr el protagonismo propio de las estrellas de Hollywood pero sin rodaje, por otro, ocultar sus manifiestas incompetencias profesionales que a cualquier otro costarían la pérdida de la carrera, cuando no el procesamiento y condena por prevaricación – continuada además – y finalmente, en tercer lugar, tratar de forrarse indecentemente impartiendo y dictando conferencias de todo tipo, clase y condición, previa campaña de difusión de sus “heroicos actos”, a través de la escandalizada opinión pública y sus medios de difusión.

Me refiero a ese escarabajo con mangas ribeteadas de blanco, que acaba de decidir ciscarse en mis muertos y acusarlos de criminales contra la humanidad.

Si, sí, a mis muertos. Resulta que mi abuelo Alfredo – como tantos otros, por otro lado – era un joven y prometedor Perito Agrónomo que en los primeros años de la siniestra República se dejó cautivar hasta el tuétano por Ramiro Ledesma y Onésimo Redondo. Se alistó a las JONS en la primerísima hora y desde allí a la Falange de José Antonio, con el cual, según mi propio abuelo contaba, tuvo el privilegio de compartir persecución y celda en los años previos al Alzamiento. Tanto, que la anécdota que nos refería siempre era que afilió a su recién nacido hijo Ricardo – mi padre – a la Falange, en una de aquellas celdas. No sé si es cierta, pero desde luego es verosímil y en todo caso, acorde con los tiempos y los caracteres de ambos.

Incluido por tanto en las vanguardias falangistas, fue nombrado enlace con el norte de España – Asturias, para más señas – para explorar las posibilidades y predisposición de los falangistas de allí, ante un más que inminente Alzamiento. Tan inminente era, que le sorprendió en aquellas tierras con su mujer y mi padre – de un año de edad – en lo que enseguida fue Zona Roja – que no republicana, que esas lo eran las dos merced al abandono de la cobarde casa de los Borbones unos años antes – y por tanto, en territorio enemigo. Decidió entonces alistarse a la FAI, pedir destino en el frente y en la primera patrulla, pasarse con su compañero a la Zona Nacional, a la que llegaría pronto en Burgos. Tras las distintas vicisitudes propias de estas situaciones, aún tuvo tiempo de combatir en prácticamente todos los frentes hasta el final de la guerra, en la que se fue dejando pedacitos de pierna, ojo, brazo etc. Zaragoza, Ebro, Brunete, Belchite, Madrid y tantos otros lugares míticos y heroicos tuvieron como combatiente voluntario a Alfredo Ynestrillas que acabaría la guerra como Comandante de Caballería y Caballero Mutilado de Guerra.

En los primeros meses, además, se había tenido que dejar en Zona Roja a mi abuela y a mi padre, que finalmente lograron también pasarse, y al resto de su familia en Madrid, donde su padre – el primer Ricardo Ynestrillas - sería asesinado en las tapias del cementerio de Aravaca, y trasladado después a las fosas de Paracuellos del Jarama – por orden del asesino Santiago Carrillo - hasta su definitivo descanso en el Valle de los Caídos, en tanto que la turba capitaneada por grajos como el del que hablo, no decidan derribar el santuario y esparcir sus restos por el Valle de Cuelgamuros.

Es uno de esos miles de casos de hombres y mujeres de fe, de honor, de principios y de convicciones, con el valor suficiente para llevarlos a término o dejarse la piel en el intento, que protagonizaron el glorioso Alzamiento Nacional. Otros, voluntarios siempre, se dejaron la vida en el Cuartel de la Montaña, en el Alcázar de Toledo, en el Santuario de Santa María de la Cabeza, en Oviedo, en los barcos prisión, en la Sierra del Guadarrama y el Alto de los Leones de Castilla, en miles de cunetas, de altares, de conventos, de frentes, de sitios o de checas.

Todos convencidos de pelear por su fe y contra la barbarie, compartieran o no un único ideal político, que de hecho la historia demostró que de único no tuvo nada. Pelearon por cambiar, por sobrevivir, por acabar con la injusticia, por la revolución, por la fe cristiana, hasta por determinados modelos de República y por determinados modelos de restauración monárquica. De todo hubo y todos ganaron una guerra que luego algunos creyeron haber perdido hasta que la víbora de negro les ha venido a explicar lo que es perder una guerra de verdad, aunque sea 70 años después de terminada.

Y ahora llega ese repugnante personaje, ese excremento del socialismo militante y resentido y declara que esos hombres y mujeres, voluntarios y por tanto cómplices y partícipes, fueron, en realidad, criminales y genocidas.

Poco importa que, el muy animal, se salte a la torera la Historia, los principios básicos de Justicia, las distintas legislaciones, incluida la presente y que prevarique de forma manifiesta cada vez que respira. Poco importa que invente e impute situaciones y delitos que fueron además construidos – por cierto igual de vergonzantemente que ahora pretende la sabandija negra – concluida la segunda guerra mundial mediante la ley del vencedor.

Poco importa la sangre derramada de mi abuelo, de los abuelos de todos los españoles que con mayor o menor éxito hemos llegado hasta hoy, dejando que grandísimos asesinos como Santiago Carrillo se encamen impunemente con él, con tal de cerrar un capítulo de la historia que fue muy doloroso. Él se ha declarado competente para llamar genocida a mis abuelos y tratar de juzgaros por ello; para ciscarse en mis muertos.
Pues bien, letrina con patas y voz desafinada, yo me declaro tan competente como tú, para ciscarme en los tuyos, en tu estirpe y en tu mismísima calavera - el día en que, afortunadamente para la humanidad, Dios decida que dejes de contaminar el mundo con tu presencia - tanto como tú te declaras competente para hacerlo con los míos.

Pero a diferencia de lo que tú haces, yo no necesito asegurarme que están muertos. Tú sí, porque eres incapaz de juzgar a un solo vivo sin que se te escape entre los dedos por incompetente. Tu sí, porque quieres estar seguro de que ninguno de ellos pueda removerse en la tumba, siquiera por un temblor de tierra, y a ti te tengan que ir a buscar al fondo de cualquier alcantarilla cubierto de excrementos hasta los ojos.

Yo no lo necesito. Yo puedo esperar a que me proceses o a que tus escoltas me persigan por los comercios del barrio para pedirme la filiación, mientras gritas como una mesosoprano que tú haces lo que te da la gana. Puedo hacerlo porque para eso sólo hace falta valor y convicciones; justo lo que tú no tienes. ¡Ay, perdón! He dicho que podrías procesarme por esto y no es verdad. En esto, como en todo lo demás eres incompetente, aunque siempre encontrarás algún amiguete de partido, oculto bajo alguna de esas togas impregnadas del polvo del camino, dispuesto a hacerlo por ti. Es lo que hacen los cobardes.

jueves, 16 de octubre de 2008

Toska y los animales sin alma

Solo quien ha tenido la fortuna de compartir su vida con uno de esos bichejos llamados "animales de compañía", o más extensamente, "domésticos", saben a que me refiero. Da igual que se trate de un enorme y tozudo caballo o de un diminuto perrito. Yo siempre he tenido perro. He vivido otras veces la pérdida del fiel compañero, del animal que si no está dotado de alma es porque cabe que el alma se eche a perder. Se me marchó Zar - zaruco, en casa - el enorme Dogo azul por el que mi hermano y yo éramos reconocidos a cualquier distancia en el barrio de nuestra infancia. La foto de su enorme cabeza, llena de bondad, de cariño, de amistad, de lealtad, con una medio sonrisa permanente que sólo nosotros sabíamos interpretar aún cuelga en la pared de casa, en memoria de todo lo que nos dio sin pedir jamás nada. Decidió irse cuando me encontraba asistiendo a mi hermano y a otros dos camaradas durante una de sus innumerables fugas, hace ya muchos años, en el corazón de los Montes de Toledo. Era como si no desease turbar la paz, como si ni siquiera cuando se estaba muriendo hubiera querido desviarnos de nuestras obligaciones. Lo encontré en casa, tumbado, aún caliente y con aquella sonrisa perenne en sus enormes maxilares. Entonces supe cómo se quiere a un animal y cuánto se le echa de menos cuando falta.

También se fue el pequeño Golfo, aquella pelota de pelo meona que se ganaba el cariño de cuantos le conocieron en los primeros diez minutos. Lo elegimos de entre su camada, precisamente por golfo, porque se hizo notar desde el primer momento. Ni mi mujer ni yo dudamos un instante a la hora de decir al propietario cual de los cachorros nos llevábamos: tenía que ser el que colgaba de mi pierna desde que llegamos. Un verano aciago, cuando nuestra pequeña era aún muy pequeña, decidimos dejarlo unos días en una magnífica residencia canina, para no tener que viajar como los argelinos en agosto. Era la primera vez que lo hacíamos y también sería la última. Aquel revoltillo vivaracho de inquietud, de dinamismo, de alegría que todo lo revolucionaba dejó de existir en apenas unos días. Nunca supimos porqué, pero también aprovechó cuando no estábamos, como si no quisiera hacer ruido.

Y ahora se nos ha marchado Toska. La viejita, como la llamábamos en casa desde hacía algún tiempo ya - pues era muy mayor - tuvo que marchar cuando yo me encontraba en los antípodas. Sin darme la oportunidad de abrazarla una vez más. Quizá para no verme llorar, quizá para no hacerme sufrir, quizá porque estos animales sin alma no la necesitan, porque la suplen con un enorme corazón.

Toska llegó a casa hace 15 años. Por fea, decía el dueño de la tienda, no la vendía. Por rebeldía, dijo mi mujer, se vino a casa. Y acompañó todas las cosas buenas y pocas malas que han pasado en nuestra vida juntos. Como testigo silencioso y fiel. Como son ellos, con amor, con calor, con el gesto adecuado en el momento adecuado; retirándose cuando el horno no estaba para bollos; reapareciendo cuando su presencia podía cambiar el humor de los demás. Le salvamos la vida muchas veces. Era delicada y las enfermedades de distinta índole la fueron persiguiendo media vida, pero era rebelde, como su ama, y se negó a dejarse vencer. Al final ya no le quedaron fuerzas y se nos escapó entre los dedos. En realidad fue ella la que, si no nos salvó la vida, nos la hizo siempre mucho más bonita. Sé que Dios tiene que tener reservado un lugar muy hermoso para estos bichitos sin alma. Un fuerte abrazo, Toskita; siempre en mi corazón.

Se que después de tantos días sin escribir y con la que está cayendo, hay mucho a lo que dedicar un artículo, pero no me hubiera perdonado no escribir éste. Perdonadme la debilidad. Mañana será otro día.

martes, 30 de septiembre de 2008

El Diluvio Universal

Estaba yo preparando un artículo para ésta, mi humilde página bloguera, en la que el actor secundario iba a ser un amigo mío - emprendedor, el hombre, de los que se ganan la vida con su propio dinero, creando microempresas que dan trabajo y sustento a media docena de familias – y en el que el papel de protagonista se lo tenía reservado – no podía ser de otro modo – al superjuez de la farándula, a ese negligente juez que ostenta la titularidad de uno de los juzgados de instrucción de la Audiencia Nacional, cuando la actualidad ha caído sobre mi teclado como un chorro de agua helada, para darme noticias frescas de tan ilustre personaje.

Éste amigo mío fundó una empresita de fabricación de ordenadores que, básicamente, funciona importando componentes de todos los lugares posibles de oriente y alguno que otro de occidente, para montarlos aquí con marca propia. No les fue nada mal durante años, pero se le olvidó que la legislación española, incapaz de exigir al Estado el cumplimiento de su deber en materia de impuestos, seguridad social y recientemente, el canon digital, nos convierte a los empresarios, no sólo en recaudadores de tributos, cánones – éste, encima, para una sociedad privada como la Sociedad General de Autores – y seguros sociales, sino que nos hace responsables de vigilar que aquellas empresas con las que nosotros trabajamos, cumplan con la legislación vigente en estas materias. Es decir, que lo que no es capaz de hacer el propio Estado, pretende que lo hagamos los empresarios bajo penas y calamidades de dimensiones ciclópeas para ser soportadas por las empresas.

Lo cierto es que mi amigo vigilaba sus operaciones, pagaba con factura, importaba legalmente y adelantaba dinero al Estado por la vía de la liquidación de IVA. No podía suponer que alguno de sus proveedores, no hacía a su vez su correspondiente declaración y se quedaba con el IVA que mi amigo les había pagado. Un día intervino un juez y, preventivamente, bloqueo varias decenas de millones de las antiguas pesetas de mi amigo, hasta que se aclarase la situación. Empezó un calvario judicial en que jueces y fiscales, al tomarle declaración, le decían que no se preocupara, que era evidente que él era una víctima y que todo se arreglaría. Pero se cruzó en su camino Baltasar Garzón. Al ser una investigación internacional, recayó en su juzgado hace años y nunca más se supo. Por eso ha perdido la esperanza. Garzón está a otra cosa; el está desenterrando muertos, dictando conferencias, haciéndose fotos, dictando más conferencias, desenterrando más muertos – ora en Chile, ora en Colombia, ora en España – siempre que se trate de muertos tirando a coloraos, como el corazón y el cerebro de su jefe, y acorde a su filiación política y sobre todo, siempre que no tenga que ocuparse de sus asuntos.

Por eso mi amigo se desesperó arruinado. Por eso hoy hemos sabido que por su negligencia han sido puestos en libertad dos peligrosísimos traficantes – Vardar y Eren – como en el pasado supimos de sus intervenciones en el caso Nécora, por el que el Estado español fue condenado por el tribunal de Derechos Humanos, El caso Abu Dahdah, donde procesó a Bin Laden, el caso Telecinco, donde procesó a Silvio Berlusconi, el caso Pinochet, donde procesó al difunto general, el caso del Lino, donde los 18 imputados fueron exculpados, el caso del Bórico, donde procesó a los peritos y no a los policías corruptos y, cómo no, el caso Ynestrillas, mi hermano, por el que lo mantuvo en prisión durante tres años, a pesar de sus reiteradas huelgas de hambre y por el que - como todo el mundo sabe - jamás logró proponer una sola prueba condenatoria hasta el punto de que finalmente fue absuelto.
De los que no logramos saber nada fue de los casos “Privilege”, donde desmontó un buque sin encontrar ni polvos de talco, de las traducciones de las cintas del 11-M que se le olvidó hacer, del chivatazo que permitió la fuga de varios etarras, cuya investigación ni tan siquiera ha empezado, o de las anotaciones preventivas en los registros de la propiedad, relativas a las Herriko tabernas, de las que también se olvidó. Y por supuesto del caso de mi amigo.

Y es que no se puede estar en todo, dirá el ínclito juez. Si estoy escribiendo, dictando, desenterrando, persiguiendo babuinos y jugando partidos por la paz, la alianza de civilizaciones o “el proyecto hombre”, ¿cómo voy a ocuparme de mi terrenal juzgado? ¡Pero si estoy a punto de procesar a Dios, por los desaparecidos en el Diluvio Universal!, dirá indignado.

Sólo espero que, al igual que le pasó a Guillermo Ruiz Polanco, esta vez no le salve ni la Santísima Trinidad; Ya está bien de Jueces estrella, auténticos miserables del poder absoluto.

domingo, 28 de septiembre de 2008

En defensa de nuestro idioma común

No deja de ser verdaderamente esperpéntico que, en un país cualquiera, las asociaciones cívicas, los partidos políticos de la oposición (¿?), los grupos de ciudadanos de diversa índole y, sobre todo, los padres, los alumnos, los comerciantes y los individuos en general tengan que convocar una manifestación en defensa de la lengua común que se habla en su territorio. En España el esperpento alcanza cotas inigualables cuando el idioma en peligro, a pesar de estar consagrado en la Carta Magna, no sólo es el hablado de forma habitual y natural por todos los españoles, sino que es el que hablan 400 millones de personas a las cuales se lo enseñamos nosotros, precisamente para poder entendernos. Pero en el Club de la Comedia al que ya me he referido en otra ocasión, todo es posible. Es más, todo obedece a un plan preestablecido de destrucción de valores, por parte de quienes gobiernan, no con el objeto de enseñar esta o aquella lengua, este o aquel idioma, en lugar del común - que ocurre, pero es la anécdota, como ocurre cuando ETA asesina: que no deja de ser la sangrienta y triste huella de su perversión independentista, falsa y bastarda, donde lo circunstancial es la muerte y lo fundamental es la independencia - sino con el de destruir, desde la base, todo el conglomerado de sólidos pilares que sustentan una nación poderosa y unida y entre los cuales - y en lugar destacado - figuran la lengua, la fe y el derecho.

Y es que si saben - porque quienes inspiran este ataque frontal y permanente a los valores hispanos en galicia, vascongadas, cataluña, baleares etc. son malos, son perversos, pero no son idiotas y por lo tanto lo saben - que las naves cuajadas de extremeños, castellanos, murcianos, gallegos y guiadas por capitanes vascos y almirantes aragoneses y catalanes, dieron al mundo una fe común y un idioma, y propagaron un modelo de civilización de este a oeste y de norte a sur, no se les puede escapar que son precisamente esos, los pilares que hay que derruir cuanto antes para acabar con esa nación poderosa, unida y fuerte, antes de sustituirla por el montón de escombros pueblerinos de los reinos de Taifas.

Tampoco deja de ser esperpéntico el hecho de que salte a los medios como noticia, el posicionamiento claro de un actor a favor de este sentimiento - y su correspondiente manifestación - comparándolo casi, en el aspecto "noticiable", con el hecho de que haya jugadores de fútbol "borrokas" o - mucho peor incluso - fascistas. Y ya si el actor se refiere a la tradición del colectivo al que pertenece en términos de pesebre económico y de politización de encargo (los términos son míos, pero es lo que interpreto de sus declaraciones) la sorpresa está garantizada.

Pero lo cierto es que sí, que sorprende ver a uno de ellos saliendo del redil y afirmando sin rodeos ni ambigüedad posible que "en este país hay lugares donde la gente no puede educar a sus hijos en la lengua que quiere". Y me congratulo de ello. Felicidades Toni Cantó, porque, pienses como pienses, has sido valiente, te has jugado una parte de tus habichuelas y estarás dando la cara en defensa de nuestra lengua común. Gestos como el tuyo me devuelven a veces la ilusión ¿óptica?de que quizá algo pueda estar cambiando. Quizá se ha terminado de llenar el vaso. Veremos

viernes, 26 de septiembre de 2008

Pánico escénico

Bien, pues ha llegado el momento. Lo fácil ha sido, como ya dije, crear el espacio, diseñar la página y "subir" algunas imágenes que den razón de lo que la misma contendrá. Lo dificil empieza ahora, cuando te enfrentas al espacio en blanco, a la ventanita donde se crean los nuevos textos y esperas que afloren las ideas. Imagino esa sensación del folio en blanco de los escritores en general y de los novelistas en particular. Sí, porque son estos los que han de aportar, además de un saber hacer, una historia propia, probablemente irreal, pero con principio, desarrollo y desenlace. Debe ser eso que los actores de treatro denominan pánico escénico. Los columnistas y los periodistas, al fin y al cabo sólo tienen que mirar alrededor y comentar lo que encuentran. Y he de decir que en tales circunstancias, es muy facil escribir. Y si no presten atención a los periódicos. Sí, a cualquiera de ellos. ¡Ah, perdón! Que tengo que especificar también la edición, claro, pues esta noche pasada los americanos – siempre los americanos, hay que fastidiarse – han decidido tomarle el pelo a El Mundo sin piedad. Sí, lo he escrito con mayúscula y con el artículo a propósito. La intención de los americanos era tomarle el pelo al mundo entero con minúsculas, pero Pedro J., el de El Mundo, con mayúsculas, ha decidido hacer el ridículo él solito de manera destacada. Y es que si leen ustedes la editorial histórica de la primera edición, cuando republicanos y demócratas acababan de consumar uno de los atracos intelectuales y económicos más importantes del siglo – la nacionalización de la deuda bancaria estadounidense – y el segundo editorial, una vez que el candidato republicano se presentó con 40 firmas a llamar mentecato a todo el mundo e impedir el acuerdo, se da uno cuenta de la memez que alumbra al editorialista. Lo mismo da ocho que ochenta. Sirve para un roto y para un descosido; tanto si lo hacen como si no, si nacionalizan como si tampoco, lo cierto es que el acuerdo es histórico y la decisión estupenda. ¡Cómo no va ser fácil escribir una columna!

Así que, vencido el pánico y cubiertas las primeras etapas de este artículo, déjenme que opine al respecto y, de paso, que siga mirando en derredor, en busca de más caricaturas de políticos sin vergüenza – junto o separado, que tanto da – que permitan terminar sin demasiada extensión esta entrada. Y es que el Club de la Comedia, ya no necesita guionistas para sus monólogos de payasadas.

Así que la decisión histórica, la lección inapelable, la conducta a seguir ahora es, precisamente, la nacionalización de la deuda putrefacta de las entidades bancarias más capitalistas del mundo, de la economía putrefacta de la nación más capitalista del globo, para paliar los desastres que, por un lado el putrefacto imperialismo económico americano desplegó en medio mundo – en formato de invasión de países petrolíferos – y por otro consumó a base de crear las fortunas personales más inmensas de la tierra (salvando, quizá, las de Fidel Castro y Juan Carlos I), mientras construía el sistema de desigualdades sociales más injusto del planeta (salvando, quizá, el de José Luis Rodríguez Zapatero, aquí, en nuestro país y en la actualidad).

Pero cuando los locos del yugo y las flechas hablamos de la nacionalización del crédito, cuando hablamos del necesario cumplimiento de la función social de los capitales y de la propiedad privada; cuando exigimos el acceso a la financiación estatal por parte de los emprendedores que conforman el tejido básico de cualquier sociedad - y desde luego de la nuestra - en condiciones que permitan no sólo la subsistencia de los negocios sino la creación de empleo, siempre aparece algún ignorante que, mirándose en el espejo americano – el de ayer, claro, no el de anoche – te mira por encima del hombro con aires de liberal mientras exclama – bajito, por supuesto, y en tono displicente - : ¡estos fascistas ignorantes….!

Claro que hay una diferencia y es que nosotros pretendemos hacer beneficiarios de los rendimientos del capital y de las propiedades a los emprendedores, y a los trabajadores partícipes de los medios de producción y ellos – los nuevos socialistas, los nuevos liberales de pacotilla como Pedro J., Rajoy, Zapatero, Miguel qué? o el mismísimo presidente de la CEOE – pretenden seguir siendo capitalistas en las Caimán (Losantos dixit), con los rendimientos personales ya obtenidos, mientras socializan y nacionalizan la deuda y acuden en socorro de los bancos privados, con los dineros de los bancos públicos – los nuestros - que debieron poner a nuestra disposición, para seguir creando tejido real y no imaginario.

Y mientras tanto nos invitan a comprar juguetes españoles (proteccionismo fascista), nos recuerdan que los españoles primero (¿dónde habré oído esto yo antes?), nos alertan de la quiebra de los sistemas públicos de protección, merced a la avalancha de inmigrantes desocupados que “gastan seguridad social y cobran el paro” (Rajoy dixit) o nos plantean la “suspensión temporal del sistema de libre mercado”.

¿No es para desternillarse de risa?. Histérica, por supuesto; risa boba, pero risa al fin y al cabo. Cierto es que tras la reunión del “Primer Ministro” español con el presidente de Malawi, y la interesantísima charla acerca de la instalación de los pilotos verde, naranja y extraordinariamente rojo (Zapatero dixit), como su corazón y su cerebro, en las tribunas de oradores, amén de la saneadísima situación del sistema financiero español (que por lo visto es independiente del resto del planeta) que supera ya al de Berlusconi y, próximamente, al francés, yo me he quedado mucho más tranquilo. Por lo de mi blog, digo; porque me voy a hartar a temas de opinión.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

De natural comunicativo...

Parece que hoy, si no tienes un blog por lo menos, no eres nadie. No es que comparta la idea, pero como soy de natural comunicativo, opino sobre todo lo que se me pone al alcance, hablar y escribir son dos de mis habilidades y aficiones favoritas, soy polémico y polemista por naturaleza y la tecnología e internet han hecho que construir un blog sea extremadamente sencillo, ¿por qué voy a renunciar a iniciar uno y, de paso, evito eso de que, en opinión de algunos, si no tienes un blog no eres nadie?
No dispongo de mucho tiempo, así que no puedo ofrecer una periodicidad exacta y rigurosa. Son muchos temas los que me apasionan y sobre los que me siento obligado a opinar, a reflexionar y a expresarme en voz alta, por lo tanto tampoco será esto un blog monotemático, en el que se puedan encontrar opiniones fijas sobre determinados temas concretos. Todo lo contrario. Un día será lo oido en una emisora de radio, otro lo comentado por este o aquel político en el periódico o en televisión, al siguiente será la crisis y mi estado de ánimo respecto a ella y algo más tarde será la captura periódica de cetáceos en Dinamarca y Feroes la que llame mi atención.
Ya dije que soy polemista. Pero también soy polémico. No es fácil ser como soy, pensar como pienso, actuar como actuo - y además pretender escribirlo - y no reunir en torno a mi persona todo tipo de opiniones favorables o desfavorables sobre los temas más variados. No lo deseo, pero lo espero; estoy acostumbrado, de hecho y, en realidad, me trae sin cuidado lo que los demás opinen de mi por mala fe. Sólo acepto las opiniones y consejos de quienes los dan con el afán de ayudar, aunque no comparta con ellos ni el diagnóstico ni, por supuesto, me sienta obligado a tener en cuenta el contenido de los consejos. Es lo que tienen los consejos: que se dan gratis, siempre son para otro y, sobre todo, se tiene la oportunidad de tenerlos o no en cuenta sin que ni el que los dio se pueda molestar por ello, ni el que los recibe se sienta atosigado.
Así pues, bienhallado en el cibernético mundo de la comunicación internáutica. Bienvenidos a mis opiniones y ¡hasta la próxima vez!