miércoles, 24 de diciembre de 2008

Homófobo y católico

Mi mujer y yo estuvimos en proceso de adopción. Fue hace 7 años, antes de que naciera nuestra pequeña. Tomamos la decisión de iniciar una paternidad adoptiva, en paralelo con el deseo, la voluntad y la obligación moral, como católicos, de ser también padres biológicos. Fue en la comunidad de Madrid. El proceso fue largo, tedioso y lleno de contratiempos y dificultades. Obligó a exámenes psicológicos, a ruedas de una especie de terapia colectiva, a "desnudarse" moralmente ante una serie de profesionales, con la intención -según nos hicieron saber- de verificar nuestra capacidad de ofrecer al hijo adotivo, el entorno emocional y de seguridad que toda criatura requiere. Reconozco que entonces me sentí invadido hasta lo más profundo de mi ser, que yo, padre de tres hijas más entonces, y una pequeña después, no entendía que hubiera que capacitarse como padre adoptivo, cuando no había que hacerlo como padre biológico. Nadie expedía un carné de padre responsable y, de hecho, así nos va.

Me explicaron entonces dos cosas fundamentales que me hicieron, si no compartir la metodología y las maneras de expresarse de los profesionales, sí el trasfondo de la cuestión: Primero, no existe el derecho de adopción de los padres; existe el derecho de los niños a ser adoptados. Segundo: la adopción conlleva un entorno sobrevenido que alcanza mucho más allá de la pareja y que debe garantizar la estabilidad emocional de niños que, generalmente además, ya han sufrido bastente. La adopción convierte en padres a los padres adoptivos, pero también en abuelos, primos, hermanos, sobrinos, cuñados etc. al resto de la familia. Y lo deben asumir. Y se debe verificar la disposición del entorno - incluida la pareja -para garantizar la estabilidad emocional del niño. Porque no se está adoptando una mascota; se adopta un hijo y ello es irreversible, o debería serlo. No puede concederse a una pareja cuya estabilidad y la del entorno no haya sido al menos examinado a conciencia o cuyas "ganas de adopción" provengan de la incapacidad, no puntual, como puede ocurrir a las parejas biológicas, sino genérica e inexorable, como ocurre con la imposición de la naturaleza a las parejas de homosexuales: no pueden concebir. Y mucho menos puede ser el producto de una batalla política, bajo los auspicios de un lobby crecido ante las absurdas concesiones de un gobierno nefasto y la incapacidad de la oposición.

Porque de eso se trata, de poner las"pelotas" o lo que sea que tengan los y las homosexuales de toda condición, encima de la mesa e imponer a la sociedad una aberración tras otra, con el único objetivo de escenificar victorias políticas, cueste lo que cueste al resto de la humanidad, incluida la criatura en cuestión.

Y es que si no fuera por esto, no habría saltado el caso del juez Ferrín Calamita, porque la niña adoptiva, resulta que es hija biológica de una de las "miembras" del matrimonio y - aunque suponemos que debe haber un padre con algún que otro derecho en esto - ya tenían garantizada la custodia común, de facto. Es más, de haber sido una pareja heterosexual, llegada al matrimonio con hijos previos de uno de los dos, probablemente nunca se habrían planteado la adopción por parte del otro miembro de la pareja.

Aquí se trataba de hacer gala de los "derechos igualitarios" del matrimonio homosexual, pública y notoriamente, con escarnio y llevándose por delante a cualquiera, aunque para ello hubiera que inventar unos derechos que los matrimonios heterosexuales, o sea los únicos matrimonios posibles, diga lo que diga la injusta ley, no tenemos: el derecho de adopción.

Así, el valiente y católico juez Fernando Ferrín Calamita fue suspendido y apartado del caso, primero, acusado de prevaricación continuada, después y finalmente condenado a una inhabilitación de más de dos años y a una multa de 6.000 euros, porque, por lo visto, impuso sus criterios morales respecto al matrimonio homosexual y demostró cierta actitud homófoba en el proceso. ¡Tiene mandanga!.

Don Fernando, estoy con usted en esto. No le conozco más que a través de su actuación valiente y de sus declaraciones de hoy, diciendo que "será un honor abandonar la carrera por esta causa". Lo será. No descarto que en otras cosas seguro discrepemos pero en esto no hay duda: No hace falta ser homófobo para desear preservar los derechos de la niña. Y por supuesto que ha interpretado usted la legislacción vigente en virtud de sus propios criterios morales. ¡No faltaba más que tuviera usted que hacerlo con los criterios de Zapatero y Zerolo! Es una aberración; podrán obligarle usted a aceptar la validez de eso que han llamado matrimonio, pero de ahí a que eso conlleve la dejación de funciones en la custodia de los derechos de la niña, como ha hecho el equipo psico-social adscrito la juzgado, hay un trecho. Exactamente el que separa la decencia de la indecencia. Lo ético de lo criminal.

viernes, 19 de diciembre de 2008

¿Dónde están ustedes? (o pecunia non olet)

Sí, sí, usted, señor Rajoy, incluso doña Rosa Díez: ¿Dónde están ustedes? ¿Dónde, Cándido Méndez?, ¿y el disputado voto del Señor Cayo?, ¿Dónde carajo están el señor Fidalgo y los líderes socialistas decentes, si es que queda alguno que cumpla con las dos premisas: socialista y decente?
¿No se han enterado? ¿No saben lo que los nuevos y nuevas próceres y próceras patrios y patrias, los de la nueva esclavitud, los de las diversas leyes y leyos de igualdad están modificando la legislación vigente a golpe de calcetín? ¿No saben que además nos están tomando el pelo a todos, a ver si, como somos idiotas, no hay nadie que se de cuenta y aguantan el tirón un par de añitos más?
Sí , hombre sí. ¡Que nos están robando, señores, que nos están robando! Claro que a lo mejor es porque creen ustedes que se trata de medidas sociales para compensar el gran atraco, el gran desfalco, la gran ruina nacional de financiar – en opaco, como todo lo que hacen – a la gran banca y – sobre todo – a las nacioanalistísimas Cajas de Ahorro, con el dinero de nuestros tributos, de nuestras pensiones, de nuestras prestaciones sociales, mientras se las quitan al gran tejido industrial nacional que es el autónomo y la PYME españolas, bravas donde las haya.
¡Pues no señores, no se trata de eso! Se trata de recuperar la institución familiar en versión socialista-capitalista, que es la nueva fórmula de la socialdemocracia zapatera y, por extensión, del mundo. ¿Cómo?, muy fácil, perdonándole a los grandes ricos, contados con los dedos de la mano –podríamos hacer la lista con nombre y apellidos acudiendo a la revista Fortune o similares – un 25% por ciento de sus impuestos. ¡25% sí, exactamente la diferencia que va entre el 43% que les corresponde y el 18% en que se lo dejan, a precio de saldo.
Claro que para acogerse a esta medida se tiene que dar la condición inexcusable de poseer al menos el 1’1% del capital de un banco. No sé si con conscientes de lo que eso significa, pero para que se hagan una idea les pondré un ejemplo: Botín tiene alrededor del 3% del Santander. ¿Se enteran ahora? ¡Hay que ser muy, muy, muy rico, para que a uno le excusen de sus obligaciones tributarias, los nuevos señores feudales!. Muy rico y ¡banquero!
Si en un artículo anterior me referí a la nueva esclavitud, ahora lo complementan – es lógico – con la nueva nobleza, la nueva casta, loa nuevos hidalgos sin hidalguía alguna, pero con los mismos beneficios: ¡Oiga usted, que yo soy banquero, que soy nuevo hidalgo, que yo no pago mis impuestos! ¡Hasta ahí podríamos llegar! La diferencia es que los verdaderos hidalgos, los nobles, los señores feudales, tenían una razón para hacerlo: tenían encomendada la subsistencia, la seguridad, la protección y la vida de sus súbditos, y en ello debían dejarse la propia y la de sus vástagos, llegado el caso, amén de acudir siempre a la llamada del rey, en defensa de la patria – en el supuesto de que la mayoría de los reyes defendieran alguna patria y no sus coronas respectivas – con armas y bagajes a coste propio.
Estos en cambio, mientras se ciscan en todos los valores básicos, mientras destruyen todos los pilares de la sociedad occidental, de la familia cristiana, mientras profundizan en la mayor crisis de todos los tiempos, que no es la financiera sino de valores éticos, descubren un nuevo modo de hacer familia en torno al “pater familias”. Y es que no es que alcance a los banqueros más ricos del panorama nacional, mientras, por ejemplo, el crudo se desploma pero la gasolina sólo baja ligeramente porque su precio está construido con un 80% de impuestos; no, esta social medida feudal, alcanza a las familias en tres grados de los banqueros mencionados, vaya a ser que alguno de los nenes o nenas a los que les hayan puesto su pisito en Cayman se queden sin el reparto de beneficios fiscales. ¡Para que luego digan que no creen en la institución familiar, estos sociatas!
Tres medidas opacas como estas llevan en pocos días. Tres y se dice pronto. Han modificado a lo bestia, en apenas unas horas, la legislación que obliga a declarar en tres meses las pérdidas patrimoniales de las empresas, concediendo dos años para hacer este apunte. ¿Por qué? Porque hay tres citas electorales programadas el año que viene y hay que distanciar el fantasma de la quiebra masiva. ¿Soluciona el problema? ¡No!. Es un nuevo truco de magia, una nueva estructura piramidal, a lo Madoff, pero desde el Estado, permitiendo así que las inmobiliarias, fundamentalmente las tocadísimas inmobiliarias, no tengan que presentar concursos de acreedores, despidos, ERE'S y quiebras a mansalva. ¿Con qué esperanza? Con la misma que las hipotecas “subprime” o que las estructuras piramidales; con la esperanza de que en esos dos años – ya próximos a un nuevo proceso electoral general - el valor depreciado hoy de las viviendas e inmuebles, vuelva a valer lo que antaño. Y si no es así... bueno, mala suerte: el crack será de dimensiones épicas pero ya no tendrán que preocuparse de nada porque no volverán a gobernar y el “marrón” será de otro, tan golfo como ellos, pero de su oposición.
Y la tercera joya: se ha sabido de otro cambio legislativo en ciernes, del que se conoce el “espíritu”, pero no los detalles y que, en resumen, es esto: al resto de los ricos, los que no tienen bancos, los que tienen la pasta en los paraísos fiscales, como algunas ilustres ministros del actual gabinete, les han dicho que no se preocupen, que la traigan que nadie les va a preguntar nada. Que “pelillos a la mar”, pero que la traigan, porque esto tendrá que financiarlo alguien aunque apeste. De esta manera, ya no hará falta recurrir a los cárteles para el blanqueo de dinero; ya no tendrán los grandes delincuentes nacionales e internacionales que preocuparse del coste que tiene convertir euros o dólares sucios, obtenidos del trato de blancas, de la corrupción y el tráfico de menores, de la pornografía infantil, del tráfico de drogas o de armas, en dinero sano.
¿Apestar? “pecunia non olet”. Vespasiano "dixit". Y Zapatero “pixit”. Aunque para ello tenga que imponer la “vectigal urinae”, es decir el impuesto sobre letrinas, que es en lo que ha convertido este suelo nuestro antes llamado España. Quizá por eso necesita remodelar los retretes de la Moncloa con 200.000 euritos de nada.
¿Dónde estén ustedes, señores, políticos, pequeños empresarios varios, agentes sociales, opositores...?¿Dónde están ustedes y dónde sus denuncias y sus actuaciones de rebeldía?
¿Dónde están ustedes?

lunes, 8 de diciembre de 2008

¡Fuego, movimiento y choque! ¡In-fan-te-rí-a!

Hubo un tiempo en que la Inmaculada Concepción, la Reina entre las reinas, la Señora entre las señoras, la Madre entre las madres, era el día en que se celebraba el día de la madre. No le debió venir bien a El Corte Inglés, que es el que planifica los calendarios de festejos, quizá por la acumulación de fiestas consecutivas con derecho a regalo y la fiesta se trasladó al primer domingo de mayo – el mes de las flores, eso sí – aunque nunca he sabido muy bien por qué, excepto para regular un poco mejor las tendencias comerciales de los españolitos y repartir durante todo el año el afán de consumo que tanto – no obstante – va a sufrir este año con lo de haber tenido que cerrar el cinturón hasta el último agujero.

Hubo un tiempo en que la Purísima se celebraba por todo lo alto pues, no en vano, era la Virgen Madre la elegida por la Infantería Española para convertirla en su patrona. Claro que en aquellos tiempos y en otros que no son hoy, todo tenía sentido, pues eran las madres las que entregaban a sus hijos, a los hijos de España, con el deber primordial de convertirse en infantes, en soldados, en ejército de verdad, que no era otra cosa que el pueblo en armas. Y para aquello había que estar preparados, prevenidos y siempre alerta. Entonces los hombres se enfadaban si no eran seleccionados para las misiones de mayor riesgo y el servicio de armas, en tiempos de paz o en tiempos de guerra, era una de las cosas de las que se podían sentir verdaderamente orgullosos.
Claro que entonces había una España por la que estar siempre alerta, y un coraje innato en el pueblo para impedir que nada ni nadie nos pisara un callo. Eran las horas en que las madres mataban su amor y, cuando calmadas estaban, decían a los hijos que se iban: “¡Vete, pues que la patria lo quiere, lánzate al combate y muere, tu madre te vengará!”.

Eran los tiempos en que un Borbón cualquiera podía ser “deseado” hasta la muerte de todo un bravo pueblo, con tal de no ser ofendidos en nuestra independencia, en nuestra integridad, en nuestra razón de ser, por los más despreciables enemigos de España. ¡Ya resolveríamos nosotros después lo de tener que aguantar - o no - y de qué manera a nuestro repugnante Borbón! En todo caso, nunca le permitíamos a nadie insultarnos - insultar a España - sin responder, aunque nos fuera la vida en ello. Y es que entonces republicanos no había y monárquicos… tampoco.

Había hombres y había mujeres, había madres y había pueblo, había ejército de verdad - el que se construye con el pueblo – había una advocación de la Virgen para cada arma, para cada cuerpo, para cada día de nuestra existencia y si había que ajustarle las tuercas a un Borbón o dos, se las ajustábamos nosotros, desde dentro, desde casa, desde la unidad, la independencia y grandeza de España. Claro que entonces y más tarde, el puente era el de la Purísima, el de la Inmaculada y no el de la Constitución.

¡Avispa! ¡Alcornoque! ¡Fuego, movimiento y choque! ¡in-fan-te-rí-a!

Felicidades madres, felicidades Conchas, Conchitas y Concepciones. Felicidades infantes, donde quiera que estéis. Y felicidades, padre, allá en los cielos.

martes, 2 de diciembre de 2008

Ramírez y sus inclinaciones

Desde hace un par de años soy motero. Urbano, pero motero. Los de las motos rápidas y estilizadas, los de las "turing", los de las de "trial", los de las "custom" y todos los demás se ríen de nosotros, nos señalan con el dedo, dicen que nuestras motos son automáticas y que... ¡vamos que no son motos! Somos los de las "maxi-scooters". Pero yo sólo le encuentro ventajas. Cierto es que soporto las inclemencias del tiempo y empeoro en carrocería, pero he ganado tiempo, he mejorado mi humor y bajado mis costes. Pero lo más importante: con el casco puesto, ¡me ahorro las tertulias radiofónicas de esa panda de pedantes derechoides entre los que destacan Losantos y, cómo no, Ramírez y "nuestro periódico".

Ayer, sin embargo, el frío me pudo y decidí volver a casa, desde mi despacho - ya tarde - en coche, dejándo la moto en el garaje. El primer aviso no se hizo esperar: la desesperante tertulia de los economistas, con César Vidal, seguía tan certera en el diagnóstico como infumable en la solución: libre mercado, libre competencia, subidas de precio de las energías y bajadas de impuestos, despido bartato y liberalismo capitalista a ultranza como únicas fórmulas para el rearme económico. No es mi intención hacer aquí un tratado de todos estos aspectos, que sin embargo abordaré sosegadamente en ocasiones ulteriores, pero vaya por delante que, desde luego, la fórmula, desde la óptica liberal, puede funcionar, pero desde la óptica racional de justicia, equidad y garantías para todos, ¡años luz!.

Pero como decía esto sólo fue un aviso. Esta mañana ya se me había olvidado que debía volver a la oficina en coche y que llevo puesta la Cope, por eso de llegar a la oficina con la adrenalina en máximos; y cuando quise reaccionar... ya era tarde. Reconozco que me engancho, que les insulto desde mi soledad, que me enfado con unos y con otros, pero que mientras estoy en el coche, les escucho. ¡Lo confieso! ¡Oigo a Losantos y a Ramírez aunque no les soporto!

En el castigo vendría la penitencia. El máximo representante de la pedantería, la conocida pareja de Exuperancia Rapú, el del corsé rojo y la lluvia dorada que Vera y los suyos nos mostraran a precio de cárcel, en su día, el marido de la modista excéntrica estaba... ¿dictando una conferencia?

Al menos su tono distaba de querer ser de debate y discusión y se parecía más al que asevera, mientras se escucha, y espera el aplauso unánime de la aburrida concurrencia, diga lo que diga.

Y lo que ha dicho hoy no tiene desperdicio: se ha permitido establecer una escala de valores entre los terroristas miembros del mismo grupúsculo asesino - me niego a llamarlo comando - De Juana Chaos y Soares Gamboa. ¿En virtud de qué? Del supuesto arrepentimiento y reintegración del segundo, "tras la reflexión propiciada por su tiempo en prisión".

Pero ¿este sujeto es anormal? ¿De qué período habla? Soares Gamboa vivió su retiro dorado, trasladado en aviones militares españoles en centroamérica, tras el fracaso de uno de los procesos más vergonzantes de negociación emprendidos hasta entonces por gobierno alguno - las conversaciones de Argel - hasta que Zapatero se encargó de batir el record. Tras nueve años en semejante situación de "penuria", utilizó a Atutxa - encantado por cierto - a la Cope, a Pedro J., a Garzón y al ínclito Marías Antolín, junto al ya fallecido Antonio Herrero para exigir su regreso pactado a España y ...¡empezar su proceso de reinserción!

Su carta decía así:

"Necesito que me ayude a hacer mi transición particular de militante de ETA a ciudadano normal de la sociedad a la que pertenezco". "Los argumentos por los que antes luchaba ya no existen, se desvanecieron". "Nuestra particular forma de entender la liberación nacional no tiene sentido, y menos matando".

¿Alguien en su sano juicio entiende en esto alguna muestra de arrepentimiento? ¿Hemos de entender que antes sí y ahora "no se dan las razones"; que ser un "ciudadano normal" de la sociedad "a la que pertenezco" es un estatus que le puede dar Atuxa al asesino de 25 personas? ¿Qué criminal, convicto, incluso colaborador y confeso, en este país o en cualquier otro, se libraría de una larga condena, de una cadena perpetua o de la muerte en la silla eléctrica, incluso si de verdad hubiera pedido perdón? Y lo más grave ¿donde está la renuncia expresa a "la liberación nacional", particular o no, de esta rata miserable. ¿De quién se tiene que "liberar", excepto de las prisiones del resto de los españoles? ¿Es que no es acaso esa la causa primera y última de todas sus muertes, sus aberraciones, sus torturas, su propia existencia: la maldita "liberación nacional"?

Yo mismo, de regreso a España este canalla, le escribí una dura carta a la prisión de Soto del Real. No tengo que explicar en qué términos le exigía al asesino de mi padre una muestra de arrepentimiento y una petición de perdón. Me contestó. Aún conservo aquella carta; soberbia, orgullo, indecencia moral; ni una sola línea denotaba arrepentimiento alguno. No escribió una sóla vez la palabra perdón. Se autojustificaba permanentemente y ... me amenazó con no mantener correspondencia conmigo si se producía en quellos términos, los de un hijo al que aquel miserable le quitó la vida de su padre. ¡Como si yo tuviera el menor interés en establecer una relación epistolar con aquella escoria asesina!

El mismo Pedro J. patrocinó un libelo escrito en comandita por el asesino Gamboa con la inestimable ayuda de Matías Antolín. Un libro - "Agur Eta" - que destilaba desprecio hacia sus compañeros de banda, hacia el resto de los asesinos, hacia la sociedad en su conjunto, pero en el que no se incluía un sólo dato que la policía ya no tuviera y por el cual no hubieran sido ya condenados los por él señalados. Un libro en el que el desprecio no era por su condición de asesinos etarras, no, ¡era porque ya no le respetaban! ¡a él que según decía de sí mismo era el mejor, el más despiadado asesino que ETA tenía! Eran disputas de burdel entre zorras viejas.

Acudí a la presentación que ambos - Pedro J. y Antolín - junto a Antonio Herrero, hicieron en la Sociedad General de Autores, si no recuerdo mal. Tras oir sus mentiras llegó la hora de preguntar. Y lo hice. Pregunté algo tan sencillo como si el autor Gamboa recibía sus correpondientes beneficios por la venta del libro. Ante los titubeos y la falta de respuestas pregunté si serían embargados los ingresos en beneficio de las víctimas a las que esa rata debía tantas indemnizaciones. Tampoco obtuve respuesta. Entonces espeté a Antolín si donaría lo recaudado a la AVT, para que de alguna forma llegara a las víctimas. Antolín, histérico, llegó a comprometerse en público, pero fue Ramírez - sí, tú, Pedro J.- el que le indicaste que "no tenía por qué hacerlo". Quizá el sí sabía que eso era imposible, en funcion de los compromisos tomados ¿con el etarra asesino?. Lo cierto es que nunca llegó un duro de aquel libro que sí cumplió su cometido: apalancar el supuesto arrepentimiento de Soares Gamboa.

En la presentación del libro, en San Sebastián fueron los presentadores Atutxa y Baltasar Garzón, el de la desmemoria histórica, para según quienes. Habían pasado dos años desde su ingreso en prisión, y once desde sus asesinatos. Había pasado tan sólo dos años en prisión y ya escribía libros, gozaba del favor de todos los mencionados y concedía entrevistas a la COPE. ¡Y se permitió el lujo de exigir el régimena abierto, que por cierto no tardaría en conseguir, mediante una huelga de hambre que, por supuesto, abandonó en tres días, pero que fue el detonante de su puesta en libertad! Era el 6 de noviembre de 1997.

¿Y ese mamarracho que dirige El Mundo, le otorga su perdón y su distinción? ¿Pero quién c.... eres tú, para otorgar perdones y reinserciones? ¿Con quién has empatado tú, Pedro J.? ¿Desde cuándo te atribuyes la balanza ciega de la justicia? ¡Vete a hacer puñetas, Pedro J.!