miércoles, 28 de julio de 2010

Editorial y programa LGE nº 45: Estalinismo o la libertad de prohibir



En Libertad; así es cómo nos sentimos hace ahora un año. En Libertad para pensar, en libertad para decir, en libertad para trabajar y para pelear por un mundo nuevo, desde nuestra humilde tribuna. Han pasado ya 20 programas de La Gran Esperanza desde entonces y 45 desde el inicio; 20 sesiones de televisión y de radio en Libertad, con nuestros propios medios y sin apoyo ni espacio libre que no provenga de nuestros camaradas.

20 entrevistas, 20 “Verdades como Puños” y decenas de “Genios de España” que, en Libertad, decidieron acompañarnos durante todo este curso político que hoy terminamos, en total y absoluta Libertad e independencia.

Nada ha podido el silencio, el desánimo, el cerco de los poderosos, porque en nuestro proyecto había y sigue habiendo, un deseo incontenible de Libertad y un espíritu de lucha que no ha fallado en todo el año. Hoy nos hemos consolidado como un medio serio, comprometido, amplio, abierto; radical en los conceptos y en las ideas, pero educado, imparcial, atrevido y sobre todo Libre en los modos y en las formas.

Por eso hoy nos sentimos especialmente orgullosos de haber comenzado aquella andadura y haberla traído hasta aquí, entre el respeto de los más, la indiferencia de algunos, y los insultos de los menos.

Hoy, apenas a unas horas del Santo Patrón de España, seguimos fieles a nuestro estilo y hablaremos de ayer, de hoy y de mañana.

Hoy, una vez más, impediremos que la mentira y la falacia que algunos llaman Memoria Histórica, avance sin oposición entre las nuevas generaciones. Y que quienes se presentan ante el mundo como “verdaderos” demócratas, muestren sus aristas más ocultas, sus pecados más profundos, su inexistente arrepentimiento, su negación de la verdad.

Estos que se llenan la boca de “reparación”, de “reconciliación” y de “restitución”; estos que pasean sus nauseabundos huesos por emisoras de radio y televisión y que lucen sobre sus frentes los distintivos de la más alta magistratura universitaria, están podridos por dentro, llenos de rencor, quizá porque no pueden olvidar que no han sido decentes y fieles ni consigo mismos.

Y es que quien traiciona a su propio padre, vende a sus propios compañeros, hace asesinar a sus camaradas siguiendo las directrices soviéticas a las que prestó servidumbre, ¿qué impedimento puede encontrar en mandar asesinar a miles de víctimas inocentes? ¿Quién le puede impedir mentir, reinventar, negar y volver a escribir su vida y su obra?

Nosotros, de la mano de nuestro invitado, una vez más mostraremos a Santiago Carrillo como lo que es. Y una vez más retaremos a las instituciones de la Memoria Histórica a que se enfrenten, con nosotros, cada uno con nuestros fantasmas. Porque a nosotros ya no nos queda rencor, pero sí una inmensa sed de Justicia.

Pero si de hoy hemos de hablar, sin duda hablaremos, de nuevo, de Libertad con mayúsculas; hablaremos de ejemplo, de dignidad, de valentía, de constancia, de lucha, de exilio, de pasión, de prisión y de destierro.

Porque cuanto más adentro, más abajo, más lejos han sido encerrados, más libres han sido por dentro; más ejemplo para un mundo enajenado, tibio, cobarde, silencioso y de mirada esquiva.

Ellos son la resistencia, la libertad y la admiración del mundo. Hoy, ahora, en el siglo XXI, las mismas doctrinas, los mismos miserables que inspiraron el terror rojo en España, lo hacen hoy, con los mismos métodos, en otro lugar del mundo hispano.

Cuando ellos padecen prisión, cuando ellos durante décadas, generación tras generación se plantan, sus mujeres, sus damas se visten de blanco y luchan, luchan y luchan sin descanso por la dignidad de su patria, de sus hombres y por la Libertad de Cuba.

Hoy viviremos y beberemos su ejemplo. Y quizá oyéndoles, podamos entender mejor porqué el proyecto de ingeniería social que, lenta pero inexorablemente, lleva adelante Zapatero, es tan perverso y tan peligroso. Porque Zapatero, que inocula su plan desde la Educación para la Ciudadanía, que dinamitó la familia tradicional con las leyes de matrimonio homosexual, que acaba de aprobar la ley de asesinato infantil más perversa de la historia de España aún no se ha dado por satisfecho y viene ahora a por la libertad religiosa.

Parafraseando a Albert Leo Schlageter en su célebre frase “Cuando oigo hablar de cultura quito el seguro a mi Browning”, cabrá decir aquí, “Cuando oigo a Zapatero hablar de Libertad, otro cerrojo se cierra sobre nuestras celdas”.

Ni los Carrillo de ayer, ni los Castro de hoy, ni los Zapatero de mañana, doblegarán nunca nuestra enorme sed de justicia y nuestra lucha en libertad y por la libertad. Acomódense y escúchennos.


Wikio

viernes, 23 de julio de 2010

Editorial y programa 43 de La Gran Esperanza: El Estatuto de Cataluña



El Estatuto de Cataluña ha sido refrendado por el Tribunal Constitucional. O no. No ha sido refrendado por el Tribunal Constitucional. Todo depende de a quién le escuchemos la versión. Porque lo cierto y verdad es que del Estatuto como tal, de su constitucionalidad o inconstitucionalidad, los Magistrados no han discutido ni cinco minutos. Todos saben que es una aberración del preámbulo a la coda.

De lo que han discutido cuatro años es de cómo salvaguardar su cuota de poder, su maltrecha imagen y su propia subsistencia. Porque de lo que se trataba no era de hacer un análisis jurídico - que eso en cuatro años lo han podido traducir a 20 idiomas y escribirlo en redondilla a mano alzada – sino de justificar ante los respectivos partidos del aparato de poder, PP y PSOE, la función que les ha sido encomendada por ellos, por la famosa separación de poderes de Alfonso Guerra.

Y los políticos tampoco estaban interesados en resolver las graves consecuencias de la aprobación del Estatuto. Su problema, era simplemente saber quién se apuntaba la victoria política y electoralista de uno u otro fallo. Y como en toda campaña electoral, han ganado todos.

Como no podía ser de otra manera, el fallo - y suponemos que la sentencia entera - ni ha servido para establecer la paz institucional, ni para calmar los ánimos independentistas, ni para acabar con la imposición catalanista al resto de la sociedad – catalana y no catalana - ni para zanjar el asunto.

Muy astutamente, para lo único que le ha servido a Zapatero, una vez más y tras cursar los oportunos avisos e instrucciones durante todo el fin de semana, es para desviar la insoportable presión que está recibiendo, como consecuencia de su nefasta política, desde todos los ámbitos de la vida pública y privada.

De esta manera, ahora es Montilla quien tiene que faenar. Y con él o contra él, los Roviras, los Mases, los Duranes, los Pujoles desenterrados y los Maragalles reconstruidos. De esta manera, las huelgas previstas, la subida del IVA, la crisis galopante, la subida de precios de las energéticas, el aumento del paro y tantas otras cosas, pasan a segundo plano, debatiéndose entre los triunfos de la selección – que él bautizó como roja y por cuyas victorias debe rezar cada noche al dios pagano al que rece el inquilino de la Moncloa, con tal de mantener la atención en Sudáfrica y el ánimo popular positivo – y las consecuencias de la aprobación parcial del criminal estatuto. De paso, las elecciones que Montilla parecía tener perdidas, reciben un nuevo impulso y, a la llamada de “a mi Catalunya”, todos, como un solo hombre, se ponen a sus órdenes para luchar por la “dignidad perdida”, dicen ellos, y quizá pueda liderar en octubre un tercer mandato con el Estatuto adulterado por bandera.

Todo ello bien aderezado con otro cántico nocturno a la negociación con ETA y al denominado fin de la violencia que - estima el susodicho - serán suficientes para paliar los efectos de su devastadora política económica, social, nacional e internacional.

El Estatuto es, de un lado, la consagración de la ruptura de España; La ruptura física, ideológica y social, y la consagración, igualmente, de que pueblo soberano y poder político caminan por diferentes vías creyendo inocentemente, que estamos en una democracia en la que es el pueblo el que decide. Incluso han llegado a creer que cualquier cosa es válida si es decidida por mayoría.

De otro lado, el Estatuto es la garantía de continuidad del bucle melancólico que con tanto acierto describiera hace ya años nada menos que Jon Juaristi: La permanente y supuesta idea de luchar por recuperar algo que nunca existió pero que consideran perdido. Porque recuperar algo que nunca existió es, sencillamente, imposible. Es, de hecho, el combustible necesario para cualquier nacionalismo disgregador: mantener siempre vivo el anhelo; tener algo más que pedir, para sostener la cara compungida, el gesto agrio y sus huestes enfadadas en torno al falso ideal de la libertad perdida.

Entretanto, una comunidad que históricamente destacó por su cristianismo, que se levantó siempre que fue preciso en defensa de los valores tradicionales y en defensa de nuestra civilización, ha colado al resto de España, con la anuencia de Zapatero y la colaboración necesaria del Tribunal Constitucional, de infausto nombre, un Estatuto que nos entretiene discutiendo si el preámbulo es o no vinculante – como si no bastase verles y oírles predicar la independencia - pero que en su contenido ha consagrado el triunfo de la cultura de la muerte, tanto al inicio como al final de la vida; que impone su política lingüística disgregadora y aberrante, que promueve la escuela laica y diferenciada del resto de España, las familias de distinta composición, el fin del sistema de redistribución económica para con el resto de España, la independencia “nacional” como objetivo y la persecución, por tierra mar y aire de todo aquel que discrepe.

Y lo hace, naturalmente, en nombre de un supuesto pueblo catalán atormentado que, como el resto de España por lo único que está atormentado es por su casta política de corrupción, mentira y poder y que disfruta tanto como el resto de los españoles con los triunfos de la selección.

Hablaremos de todo ello hoy, y de cómo los incautos españoles nos hemos llegado a creer que esto que nosotros hacemos y tenemos, se llama Democracia. Acomódense y escúchennos.

martes, 13 de julio de 2010

Patriotas.es me entrevista

"Continuamos con nuestra serie de entrevistas y en esta ocasión entrevistamos a Martín Ynestrillas, director del programa de radio y televisión La Gran Esperanza, sobre el que le realizamos las siguientes preguntas:


¿Cómo surgió La Gran Esperanza?

Fue tras la llegada a la Secretaría Nacional de Acción Política de La Falange de Ricardo Ynestrillas, mi hermano, que traía debajo del brazo unos cuantos proyectos de trabajo para la organización. Entre otros, tenía una vieja relación –la tenemos todos – con Eduardo García Serrano, de la Inter, con el que solíamos mantener contactos más o menos esporádicos desde antiguo, pues no en vano coincidimos muchos años atrás en El Alcázar y nuestra familia fue buena amiga de su padre y de la suya. Con ocasión de una entrevista realizada por Eduardo a Ricardo en uno de sus programas, el proyecto se activó. Se propuso a la organización y empezaron las gestiones para lograr los imprescindibles apoyos económicos que, para nuestra organización, siempre ha sido un escollo importante, pero se lograron. Nacimos un 7 de febrero de 2009, precisamente San Ricardo. No siempre se confió en la apuesta, pero bastaron pocas jornadas para convencer a todos y asumir el éxito de la iniciativa.
¿Cuáles fueron los motivos por los que no continuasteis en Radio Intercontinental?
Básicamente la llegada del grupo Intereconomía, que como todo el mundo sabe y ellos se hartan de decir, son los máximos representantes mediáticos de la derecha en España. Compraron la cadena un poco antes del verano de 2009 y nuestro contrato acababa el día de Santiago, de manera que resultó fácil. Bastó con no renovarnos el espacio aduciendo una nueva estructura, una nueva filosofía y una nueva parrilla en la que ya no teníamos cabida. Cualquiera que haya seguido las evoluciones de la emisora puede comprender las verdaderas causas: Somos falangistas, hablamos claro, y con todo respeto somos polémicos, pero jamás renunciamos a nuestros principios. Nuestros invitados hablan con claridad, discuten con nosotros o comparten tesis y eso, de ninguna manera, conviene a una derecha que no se puede permitir alternativas.
Una radio que se emite a través de Internet sin apenas medios económicos, sin publicidad y sin subvenciones. ¿Cómo logra no solo mantener sino aumentar el número de oyentes?
Con muchísimo trabajo, muchísima ilusión, y una convicción férrea en que no sólo resulta una necesidad política imperiosa, sino en que la recompensa del trabajo bien hecho es únicamente el éxito. Es el plazo de ese éxito el que no podemos medir, pero que nos haremos con un espacio vital en los medios de comunicación, más temprano que tarde y que seremos la plataforma de comunicación falangista de amplio espectro, más importante de nuestra historia reciente es una convicción de la que ningún miembro del equipo duda un ápice. Afortunadamente, internet es una fuente inagotable de canales de comunicación y tratamos de explotarlos todos. La tecnología futura también ayudará, pero de momento, hay que acostumbrar a las audiencias a querer escucharnos.
¿Cuándo y por qué decidís empezar a realizar vuestros programas en video?
Fue tras la salida de la Inter. Casi inmediatamente después del parón veraniego, quienes más nos habíamos involucrado en el proyecto precedente estábamos inquietos. Queríamos arrancar de nuevo como fuera y lo cierto es que el esfuerzo en internet no es mucho mayor para la radio que para la televisión. Los recursos y los conocimientos sí; el equipo técnico y humano también, asdí comola edición y el montaje posterior, pero las plataformas básicas están ahí, al alcance de cualquiera con ganas de trabajar. Ya he dicho que la comunicación no es un entretenimiento, sino una obligación política, de manera que la imagen es, sin duda, un recurso adicional que tenemos que ofrecer. El tiempo del que dispone cualquiera de nosotros es de veinticuatro horas y siete días a la semana. Ese es, exactamente, el tiempo que se disputan las innumerables cadenas de radio y televisión; cuando más tarde empezáramos e disputar ese espacio a los poderosos medios convencionales, más difícil sería abrir brecha. La tecnología está cambiando a pasos agigantados y no tardaremos mucho en ver canales de internet directamente en nuestro televisor pulsando pocas teclas. Para entonces nosotros tenemos que ser un referente. Así que en octubre de 2009 dábamos los primeros pasos.
¿Cuántas personas forman parte del equipo de La Gran Esperanza?

Miles. Yo diría que aparte de los operadores de cámara y sonido, que son dos, el coordinador, Carlos Chinchilla, viejo conocido de estas páginas y yo mismo, están por supuesto, los miembros de la redacción y contertulios habituales, Manuel Andrino, Ignacio Batres, Marisa López Alonso, Carlos Rodríguez…. Pero la gran Esperanza no es eso. La Gran Esperanza es un proyecto político colectivo, que me atrevo a decir que supera, y desborda incluso, los márgenes de la propia Falange que la produce, y que habla, interactúa y genera expectación y controversia entre nuestros habituales video-oyentes. Son ellos los que, de manera espontánea y “viral”, amplían nuestras fronteras y aumentan nuestro alcance y difusión. Estoy seguro de tanto ellos, como muchos de nuestros invitados se sienten parte de este equipo. Nosotros, al menos, lo sentimos así.

¿Por qué tenéis tanto interés en los temas de Memoria Histórica?
En realidad no tenemos el más mínimo interés en la Memoria Histórica tal y como se la ha designado. Tenemos un proyecto actual que pretende hablar de asuntos actuales y soluciones y propuestas falangistas actuales, a los múltiples problemas propiciados por este Sistema y esta sociedad capitalista que ha olvidado que está compuesta de hombres y mujeres con cuerpo y con alma. Pero entre los valores que defendemos están el de la verdad, la fidelidad, la justicia… La memoria y la historia, de hecho, son términos contrapuestos toda vez que la primera es individual y subjetiva y la segunda es colectiva y objetiva. El sistema, desde sus primeras horas de la transición, y en especial con la llegada del analfabeto funcional de Rodríguez Zapatero y su gobierno de descerebrados, ha pretendido borrar nuestra historia, cambiarla, destrozarla, alterarla hasta que sea irreconocible. Nosotros no dejaremos que ocurra sin nuestra más firme oposición documentada. Ante la destrucción de las gestas, las gestas mismas y sus protagonistas, ante la destrucción de las conquistas sociales, los creadores del Estado del Bienestar; ante el hedonismo de una sociedad caduca y sonada, el estrépito de los héroes y ante la falsificación, la mentira, la manipulación, el odio, el rencor, tan sólo la verdad, aunque terminemos siendo los únicos que lo hagamos. Cuestión de principios.
En todos vuestros programas hay un espacio dedicado a la actualidad en el que ofrecéis una perspectiva política independiente, distinta y distante de lo que se ofrece en los medios de propaganda masiva. ¿Se puede hablar de actualidad y hacer política bajo el símbolo del Yugo y las Flechas?

Sin ninguna duda. Si se puede hacer política en la actualidad bajo los símbolos y los legados de los sistemas y organizaciones más catastróficos de la historia, con miles de muertos a sus espaldas, con la responsabilidad de haber construido un sistema económico y político, no sólo injusto sino caducado, agotado, miserable e incapaz, y todo ello se hace en nombre del comunismo marxista, del socialismo del PSOE, del socialcristianismo, de la socialdemocracia, del liberalismo económico, del conservadurismo y las derechas más rancias y desde el neoconservadurismo, y todos ellos desde una perspectiva capitalista en sus distintas versiones ¿va a estar lastrado el yugo y las flechas por nadie? ¿tenemos algo que ocultar o de lo que arrepentirnos y, en su caso, es ello más grave que las atrocidades que emponzoñan y son seña de identidad de todas las corrientes que he mencionado? De ninguna manera. Lo que no podemos hacer es ser incoherentes o no responder a patrones de dignidad personal que pueden ser referencia y espejo de los demás. Tenemos que ser lo que decimos que somos y esto es lo que ha de convencer a los demás de nuestra alternativa. Es, por tanto un camino largo y lleno de dificultades, en el que hay que seguir, pero desde luego sin renunciar a nada. Y desde luego, tenemos que dejar de pretender soltar continuamente un supuesto lastre en pos de una homologación democrática, porque ni se va a producir ni la necesitamos para nada.

¿Qué opinas de los que piensan que partidos como La Falange deberían retirarse de la batalla política y dedicarse exclusivamente al testimonialismo y el homenaje?
Que no saben lo que dicen. Que ignoran la esencia del nacionalsindicalismo. Que el testimonialismo y el homenaje tienen su lugar en el recuerdo, en la memoria, en la lealtad y en el aprendizaje, pero que junto a ellos – que en mi opinión deben ser los menos posibles y de mayor significación – las organizaciones políticas – y La Falange desde luego – tenemos una misión actual que cumplir, un mensaje de alternativa a todo un sistema, una trabajo municipal, sindical y nacional que la gente tiene que conocer de nosotros. Que lo que tenemos que mostrar es que somos normales, se esté o no de acuerdo con nosotros. Por esto es tan importante La Gran Esperanza.
¿Qué recuerdas con especial afecto de estos 42 programas?
Difícil pregunta. Desde el principio, incluso antes de dirigir el programa, me involucré enormemente en el programa, en la organización y planificación de los siguientes, en la búsqueda de invitados. Eso te produce enormes sinsabores y enormes alegrías. El que no quiere venir porque no se atreve o no le compensa el daño que podamos hacer a su muy tolerante y democrática imagen, el que no duda lo más mínimo ante la sorpresa de todo el equipo, el que con su cariño y su exposición te hacen sentirte bien. El imponderable, el cambio de última hora. No sabría decirte. De la primera etapa, seguramente el día en que grabamos el especial del 23 de febrero desde una perspectiva que jamás se había tocado en medio alguno y con invitados descendientes directos de algunas de las figuras más relevantes del “ejército levantisco”: Ramón Tejero, Ignacio Menéndez, Santiago Milans del Bosch, mi hermano y yo…. Lo recuerdo tremendamente emotivo. Sabíamos que habíamos hecho algo grande.
Más tarde nuestra consagración: habíamos dedicado varios programas a las víctimas del terrorismo, tanto del 11-M como de ETA, con invitados de excepción, pero fue con Alcaraz cuando nos hicimos grandes: Público, El País, Minuto Digital, el de Sopena … ¡nos pusieron a caer de un caballo! Pero lejos de enfadarnos nos satisfizo mucho: ¡nos escuchaban, éramos grandes!

¿Con qué invitado de los muchos y de calidad que han pasado con vuestro programa te quedarías y por qué motivo?
Esta sí que es tremenda. Uno de los últimos programas de la inter lo cerramos con Utrera Molina, que fue muy entrañable. De la nueva etapa, ya en televisión me quedo con Ernesto Gutiérrez Tamargo y la disidencia cubana: nos puso la carne de gallina con la historia de los plantados, pero sería injusto si me olvidara de Peregrina Millán Astray, de Guillermo Rocafort, de Alfonso Arteseros, de Elena Sanz-Orrio, de Sanz Jarque y la División Azul, de Blanco y el Valle de los Caídos…. de tantos y tantos que no puedo elegir. Han sido todos maravillosos. ¡Hasta Ceferino Maestú, estuvo en nuestro programa!
¿Qué le pedirías a la próxima temporada?

Le pido la consagración definitiva. Queremos pasar al directo – por internet, pero directo – volver a la frecuencia semanal, interactuar con nuestros fieles espectadores por teléfono o SMS. Y le pido poner los cimientos de un grupo de comunicación que alcance la prensa digital, la radio generalista, un sello editorial… Es una carta a los Reyes Magos, pero es que una vez más tengo que repetir que esto no es un juego, sino una obligación política. Y le pido que la Providencia me otorgue más camaradas dispuestos a trabajar hasta la extenuación, una vez que ya lo hacen en sus respectivos trabajos, pues a nadie se le puede olvidar que ninguno vivimos de esto. Tenemos nuestras propias profesiones, trabajos, vidas… En definitiva, recursos para seguir haciendo algo grande que afiance un movimiento político de amplio espectro, también grande. Y dinero, el imprescindible dinero para poder llevar todo a cabo.
Y finalmente, si pudieras pedir a vuestros oyentes un regalo por estos más de 40 programas ¿Qué les pedirías?
Ellos mismos son ya un regalo. Les pediría fidelidad, compromiso, difusión, colaboración. Nuestro programa necesita alimentarse de la difusión viral, del boca a boca, de las colaboraciones económicas individuales y colectivas, pero también de la noticia, del corresponsal responsable, espontáneo y avispado que pone a nuestra disposición información veraz de la que escapa a los grandes medios. Esa foto que no se podría conseguir de ninguna manera, ese documento histórico que alguien tiene. En definitiva, que sigan considerando como propio esta Gran Esperanza que es LGE.

Muchas gracias Martín."

Puedes ver y escuchar los programas de La Gran Esperanza pinchando aquí:
http://lagranesperanza.espacioblog.com/

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