martes, 30 de junio de 2009

Enric Sopena, o la insoportable gravedad de ser un miserable

Que un ser despreciable como usted confunda la agradable sensación de pasear rodeado de banderas nacionales - aunque esto lo diga Blas Piñar - con ser camaradas, ultras o derechistas radicales no debería sorprenderme. Es una deducción lógica de quien no puede entender la españolidad - el deseo de pertenecer a una casa común histórica, ética, cultural y sobre todo, de proyecto universal - sino como un símbolo de fascismo, en la peor de sus modernas acepciones. Es, por qué no decirlo, el reconocimiento de que eso que su panfleto llama progresismo no es sino odio visceral a lo español y reconocimiento de que quienes amamos a España, aunque no nos guste, somos los demás y en especial los falangistas, a quien usted dedica sus peores insultos.

Que colocarse a la cabeza de la AVT y de las víctimas del terrorismo, frente a las maniobras del presidente que llegó a la Moncloa en cercanías y que pública y notoriamente negoció la rendición de España hasta la extenuación, vertiendo por las alcantarillas de nuestra patria la sangre de más de un millar de víctimas, con tal de pasar a la historia – aún no sabemos en calidad de qué - signifique para usted militar en la extrema derecha no es, de nuevo, sino certificar lo que usted mismo representa, ya que si oponerse a la traición es ser de extrema derecha, no hacerlo le coloca a usted y a sus progresistas seguidores del panfleto digital, en la más aberrante de las izquierdas radicales, por ende copartícipes de la entrega y la rendición. El toro pone a cada uno en su sitio.

Bueno, es eso y no tener ni pajolera idea de lo que significa ser de derechas, de extrema derecha, falangista, fascista o nazi, o peor aún – sabiéndolo - tratar de vender un “totum revolutum” a las siempre fieles bestias que colaboran con sus vómitos a comentar sus artículos y noticias, arrogándose el derecho de ciscarse en las víctimas del terror marxista, en función de las preferencias personales. Aunque ello sea un delito, por cierto.

Si Alcaraz siguió entonces las directrices del partido Popular lo sabe responder él solito muy bien y no seré yo quien le prive del placer de hacerlo, pero nuevamente el subconsciente le traiciona, señor Sopena, y cae usted en la grave acusación de aproximar la nueva dirección de la AVT a lo que usted representa, y por contraposición con lo anterior, acusarla de plegarse a los intereses del Partido Socialista, todavía en el gobierno, y actuar conforme a sus intereses. Estoy seguro de que el señor García Casquero y su junta se llevarán las manos a la cabeza con semejante insinuación y sabrán contestarle también en tiempo y forma.

Sin embargo, debería tener cuidado con lo que dice, so pena de caer en su propia trampa. Y es que si Alcaraz resucitó entre falangistas el pasado viernes, antes lo hizo - y por dos veces - la actual vicepresidenta de la AVT Ángeles Pedraza, con el apoyo institucional del propio señor García Casquero, que nos honró con su presencia en cabina, y que si no participó en la tertulia fue por ceder el protagonismo a las víctimas del 11 de marzo, a quienes dedicamos los dos programas. Nada más lejos de la intención de los falangistas que hacemos este programa, que azuzar, alimentar, encender o provocar enfrentamientos entre víctimas por las que sentimos un profundo respeto y admiración, en tanto que víctimas comprometidas con la causa que las convirtió en lo que son, y que no es otra que la de ser españoles orgullosos de serlo.

Pero además, señor Sopena, algunos de nosotros somos víctimas de atentado también y miembros de la AVT, aunque usted parezca ignorarlo y aunque seamos falangistas. Es más, no lo somos ni por la democracia, ni por la Constitución, ni por tal o cual autonomía o gobierno, pues nadie nos preguntó la filiación. Lo somos porque somos profundamente españoles, amamos a España y lucharemos por mantenerla unida, grande y sobre todo libre. Muy libre. Justo la causa por la que mataron a los nuestros.

Se ha permitido usted, a un tiempo, babear sobre los contertulios del programa, entre los que nos encontrábamos el señor Alcaraz y yo - que somos víctimas directas de atentado – mientras proclamaba el reconocimiento y el respeto que la sociedad española debe a la víctimas en su conjunto. Tampoco me extraña; ustedes son maestros en afirmar una cosa y su contraria sin temblarles ni el pulso ni los dedos del gatillo.

Tratar de hacerle comprender la diferencia entre ser víctima de un atentado y ser víctima del terrorismo, es tan dificil que no lo intentaré siquiera. Para los demás lectores, solo les aclararé que las víctimas del terrorismo somos todos aquellos que creemos en un proyecto político llamado España, contra el que ETA impone su terror. Casi dos millones de españoles lo entendieron estupendamente con Alcaraz al frente. 17.000 personas además somos víctimas de un atentado. Ignoro si todas estamos en los dos conceptos.

Sin embargo lo que más me molesta no es nada de lo anterior. Lo que más me desagrada es la mentira, el uso desvergonzado y miserable de la mentira, para alcanzar sus objetivos putrefactos. Su artículo se ha permitido cuestionar, con apelativos que no tendría el valor de espetarnos en vivo y en directo, nuestras afirmaciones en relación con las declaraciones de la valiente viuda de Puelles y de su hijo - que así reconocimos en antena todos los presentes - como se puede averiguar tan sólo con escuchar el programa que está disponible en internet.

Pero ni nos amedrentan ni nos despistan sus coces. La viuda de Puelles, gracias a descerebrados como usted y sus progresistas seguidores, identificó - sin ser consciente de ello - el principal mal del terror con la propia muerte – que es una consecuencia terrible, pero sólo una consecuencia – y no con la causa, que es la bastarda intención de segregarse de España a cualquier precio. Eso es lo que los mueve a matar: lograr sojuzgar las voluntades de los españoles a través del miedo. La valiente viuda de Puelles no necesitó sentir miedo - no lo sintió - pero reconocía – implícitamente - que si en lugar de matar por la espalda hubieran venido a hablar de la independencia en los sillones de Ajuria Enea, la cosa hubiera sido distinta. La valiente viuda de Puelles pedía, sin darse cuenta, que las cosas se discutan en paz y no a tiros, evidenciando el hastío propio del que soporta casi cinco décadas de terror. Habló de la voluntad de España y de sus policías de acabar con los asesinos, pero entreabrió, acuciada por el típico lenguaje "peneuvista" ya usado por todos, la puerta al diálogo. El mismo diálogo que tras el asesinato, en directo, de Miguel Ángel Blanco, terminó con los pactos de Estella.

Y su valiente hermano - quizá en un intento de arrebatarles sus propios vocablos independentistas - también cayó en el error de identificar a los valientes con los gudaris. Porque gudari es el término que se usa para denominar a los miembros de los batallones del PNV (Euzko Gudarostea) que se escondieron de unos y de otros durante la guerra española – nada menos valiente desde luego – y significa soldado (de guda, guerra) referido a los “soldados vascos”.

Nada más lejos de un policía nacional español, especializado en capturar asesinos etarras. Para decir héroe, hubiera bastado decir “gizuren”.

Pero el señor Sopena sabe de sobra todo esto y a que nos referíamos, pero no le importa. No hay principios en sus acciones, en sus frases, en sus diatribas. Hay venganza, hay poder, hay revancha. Contra los que sí tenemos principios y sabemos defenderlos. Contra los que te ganan los juicios por miserable, y le devuelven cada vómito con un gesto alegre y decidido. El que da la razón con todas sus fuerzas.

Tenga cuidado, señor Sopena; nunca se sabe lo que puede costar “la vileza de estos fachas”.

jueves, 25 de junio de 2009

Pedro Rizo | Sagrado Corazón en Madrid: 44 años y no 90

Redacción de MINUTO DIGITAL Publicado el 21 Junio, 2009

Es realmente enfermiza la amnesia histórica de los convocantes a este agradable acto. Nos referimos a la concentración de este domingo ante el monumento al Sagrado Corazón de Jesús, por cumplirse el nonagésimo aniversario de su inauguración por el rey don Alfonso XIII. Un monumento que fue destruido por los socialistas un día de agosto de 1936. Pero esta convocatoria está envenenada de cobardía y de entreguismo como si la historia no hubiera registrado, y con qué generosidad, la existencia del erigido en 1965, glorioso y grandioso, por el anterior Jefe del Estado, el Generalísimo Francisco Franco.

Estúpido se nos hace rehabilitar ahora, en su 90º aniversario - ¿Por qué no el siglo? ¿Por qué no los 75 años? - la memoria de Alfonso XIII. Precisamente, como homenaje de monarquismo redivivo en nuestros obispos. Raya el sectarismo más indecente porque aquel Borbón abandonó España a las hordas socialistas pronto volcadas en incendiar iglesias, matar obispos, violar religiosas y aterrorizar a toda la grey católica, y escamotear una mínima mención al soldado que defendió la religión, salvó a la Iglesia, adoptó sus principios, gobernó con su consejo y le devolvió un patrimonio que ya tenían perdido. Un caudillo, no se olvide esta condición pues fue casi idolatrado por su pueblo, que respetó al estamento eclesial en sus libertades de proselitismo y pública expresión de la fe, a más de otorgarles los campos de acción educativa y hospitalaria en papel relevante y duradero. La conmemoración que nos ocupa hoy, antes que a ninguna otra cosa debe aplicarse a que Jesús, el Cristo, aquél por el que los obispos son obispos, fue desagraviado por Franco con mayor monumento, con triplicada Basílica e inmensa explanada capaz para acoger docenas de autocares y cientos de peregrinos. Desde 1965, este monumento, en contraste con el de 1919, es el símbolo del triunfo del Bien sobre el Mal, memoria de los que arriesgaron la vida por Dios y por la Patria frente a los enemigos de ambos. Ese magnífico monumento erigido en el centro de España y visible en un radio de 10 kilómetros proclama nuestra raíz espiritual por deseo del entonces Jefe del Estado español que a diferencia de algunos obispos y algún papa sí era hombre de acendrada fe. El otro monumento, no. El otro es un recuerdo triste, sobrecogedor, del odio de unos y de la cobardía de otros, como lo fue en aquel rey que huyó sin abortar la barbarie, pues que pudo y debió hacerlo pero prefirió dejar España al borde de un mar de sangre. En todo caso, y dado que en él se quieren significar los obispos, también es certera insignia de tan extraños pastores de ovejas, que no de almas.

Para terminar con estas amnesias, antes de que el lobo vuelva despedazar al ingenuo que le da de comer ayudemos a las neuronas perezosas.

Cuando acabó la Segunda Guerra Mundial el comunismo parecía extenderse como encarnación ideológica del Anticristo. Un telón de acero cubrió enseguida un territorio que incluía desde los Urales a Finlandia, media Alemania y Austria, y amenazaba Italia y Francia. (Austria y Finlandia fueron en pocos años declaradas neutrales.) En 1949, Mao tomaba impune la inmensa China y su ambición apuntaba a la India y el Tíbet; Corea del Norte desafiaba a la ONU; la subversión en todo Occidente se juntaba al estupor de descubrir que Rusia y China disponían del arma atómica como quien recoge un pastel colado por la ventana. Simultáneamente aparecía Fidel Castro, en Cuba y las guerrillas liberacionistas de Hispanoamérica. Se entregaba a los comunistas los pueblos católicos de Indochina, por negarse los USA al apoyo logístico solicitado por los ejércitos franceses, algo que los americanos pagaron en Vietnam con increíble ignominia. De la inmensa Argelia ni hablemos. La la injerencia de Juan XXIII en extravagante apoyo a las tesis del General De Gaulle - telegrama de 1963 -, empujó al Islam a toda la población argelina… Y no nos olvidaremos de la frenética subversión marxista en el África negra financiada por la URSS, consentida por la ONU y aplaudida secretamente por los ‘liberacionistas’ del Vaticano.

A nadie extrañará, por tanto, que el comunismo se atreviera a componendas hasta entonces impensables… Una carta de Nikita Kruschev, que su yerno entregaba a Juan XXIII - , papa al que muchos estudiosos acreditan masón y rosacruz -, aseguraba a la Iglesia que “un entendimiento entre marxismo y cristianismo sería muy conveniente para ambas partes”. Se daba el pistoletazo al gran cambio estratégico. La persecución violenta se sustituía por la contaminación sistemática. Y el aislamiento de los poderes hasta entonces leales, que el mismo papa Pío IX despreció no invitándoles al Concilio Vaticano I, daba cumplimiento a aquella predicción de Bismark: «Si el papa perdiera el apoyo de los poderes de este mundo podría echarse en brazos del socialismo hasta fundirse en un todo con él.» Aquella carta de Kruschev trajo la consigna de dulcificar el socialismo casi como si se tratara de un fruto natural de la Iglesia. En España destacaron los funcionarios de esa monstruosidad. Gente como el joven Alfonso Carlos Comín y, tras la muerte de Franco, los “acreditados intelectuales” Enrique Tierno y Peces Barba, o los desenmascarados obispos Bueno Monreal o Enrique y Tarancón. Una rara tropa de dementes por quienes los católicos a la usanza de siempre dejaríamos de ser carcundia despreciable. El nuevo catolicismo se enfocaba así: « […] la Iglesia debe desnudarse de sí misma […] para enrolarse con todas sus fuerzas en el proceso revolucionario y asumir la lucha histórica del proletariado, reencontrando así su propio ser. Los fieles de esta Iglesia intermedia (atención a la palabra “intermedia” que anuncia nuevas metas) deberán renunciar a […] cualquier intento apostólico de anunciar la fe.» (GER, entrada “Progresismo”)

La Iglesia jerárquica se esmeró en hacer buena la profecía de Bismark. Buscó fórmulas de supervivencia, de lo que en pocos años fue rico muestrario la “ostpolitik” del masón Casaroli. El planeta eclesial parecía rotar sobre un único eje revolucionario y el Concilio, con audaces iniciativas de nombres como Karl Rhaner y Hans Küng, éste con su auxiliar Joseph Ratzinger, admitía como bueno lo que siempre se tuvo por malo. La nueva Roma fundaba foros y escuelas que hicieran digerible el comunismo. De allí surgieron conocidas consignas como “cristianos por el socialismo” o “Cristo fue el primer comunista”. El credo de moda en multitud de parroquias de España, y de América, era el de Ipalacagüina, con un «Cristo que no quiere ser carpintero sino empuñar el arma del guerrillero.» El progresismo proletarista, quiero decir al comunismo, gustó la miel de ser predicado en las misas dominicales para que «de los altares vacíos hicieran su morada los demonios.» (Ernst Jünger).

En los seminarios y comunidades religiosas los comunistas triunfaban con el método más eficaz de recluta de idiotas: la ridiculización, la burla. Método infalible para minar voluntades. Voltaire era un artista en su utilización: «El ridículo es mi arma más poderosa pues todo lo corrompe.» Quién se extrañará de que según avanzaban las sesiones del CVII el Partido Comunista de Italia exultara de expectativas. Así lo confesaba el XI Congreso dedicado al “Nuevo horizonte de diálogo con los católicos”.

«El hecho extraordinario de la apertura del Concilio que con toda razón puede compararse con los Estados Generales de 1789, ha venido a mostrar a todo el mundo que la vieja Bastilla político-religiosa está siendo conmovida en sus cimientos. Ha surgido una nueva situación a la que hay que hacer frente con los medios adecuados. Se presenta una posibilidad insospechada de acercarnos a nuestro triunfo final. […] El Concilio nos pone de este modo en las manos, y gratis, los mejores instrumentos con que poder llegar al público católico. […] Jamás hemos estado en una situación tan favorable.» (PROPAGANDA, órgano oficial del Partido.)

Sería injusto si de toda esta historia no reconociéramos el mérito de la masonería. Fijémonos con atención en las previsiones del Gran Oriente de Francia y su descaro para fijar objetivos:

«Entre los pilares que se están derrumbando [se refiere en el CVII] podemos enumerar: la potestaddel Magisterio; la infalibilidad que el Concilio Vaticano I quiso dejar sentada y que ahora sufre nuevos embates […]; la presencia real eucarística, que, si pudo ser impuesta por la Iglesia [ahora] gracias a los progresos de la intercomunión (ecumenismo), y a la concelebración entre sacerdotes católicos y pastores protestantes, se dispersará sin duda; el carácter sagrado de los sacerdotes […] habrá de sustituirse por una elección de marco temporal; [desaparecerá] la distinción entre la jerarquía superior y el bajo clero, pues éste en adelante será la catapulta del principio elector como en toda democracia; la extinción paulatina del carácter ontológico y metafísico de los sacramentos, y por tanto el ocaso de la confesión, dado que en nuestro tiempo el concepto de pecado es un total anacronismo…» (L’HUMANISME, 1968, pág. 74 y ss.)

Está claro. En 1968 el Gran Oriente ya sustituía al pecado por el relativismo moral que hoy impera, y este cambio hervía en los cenáculos Vaticanos. Y puesto que los jesuitas se dejaron arrastrar por su vanidad de ir a la cabeza de la procesión aun sin saber hacia dónde caminan (perdónenme la ironía) se constituyeron en vanguardia para la conversión de la Iglesia… ¡al marxismo! Lo más fácil y menos glorioso puesto que lo difícil es convertir a los marxistas a la Iglesia.

Nada menos que ante el Senado de los USA, el 30.09.1981, un jesuita —uno entre cientos—, el P. Luis Eduardo Pellecer, declaraba sobre la implicación de padres de la Compañía en las actividades terroristas en Centroamérica, y de España. En ésta referido a las provincias vascongadas. (Informe del “SUBCOMMITTEE OF SECURITY AND TERRORISM”, Washington, DC.) En dicho documento nos enteramos de que en gran medida la guerrilla se había financiado con fondos de los donativos a conocidas ONGs originadas o controladas por ellos en Europa y en EE.UU. En mucho, esos carteles humanitarios colocados a las puertas de los templos, que atraían dinero de los fieles para luchar contra el hambre pero que más se usaba para que los pueblos se alimentaran de odio.

La extraña amnesia que la jerarquía eclesial dedica al 44º aniversario del monumento restituido al Sagrado Corazón de Jesús nos ha traído, como el lector ve, muchos recuerdos. Aún así, nos asociamos al acto y confiamos sea de buen augurio para la Iglesia.

lunes, 22 de junio de 2009

Manifiesto de Mujeres contra el Aborto

Las abajo firmantes, integradas en la Plataforma de Mujeres contra el Aborto, levantamos la voz en nombre propio y en el de millones de mujeres silenciadas por la presión del “pensamiento único”, que prevalece actualmente en nuestra sociedad respecto de todo lo concerniente a nuestro sexo y que vincula obligatoriamente los conceptos “mujer”y “aborto”.

Estamos contentas de vivir y de que nuestros hijos vivan. Consideramos que la vida humana es un derecho y un bien que hay que preservar desde la concepción y que cualquier ser humano, independientemente de su edad, ha de gozar de la plena protección del Estado y las leyes.

Reivindicamos la maternidad como uno de nuestros derechos fundamentales.

El aborto es ética y legalmente inaceptable, no sólo porque aniquila a un ser humano indefenso, sino porque supone una violencia infligida a la dignidad de la mujer. Con este manifiesto renunciamos expresamente al pretendido “derecho de aborto” que otros y otras se empeñan en adjudicarnos.

Nos declaramos feministas porque defendemos, no sólo de palabra, sino con nuestro trabajo y nuestra vida, la igualdad de derechos y deberes entre hombres y mujeres.

Los hombres son nuestros compañeros y padres de nuestros hijos. No entendemos que se les reclame la manutención de la familia a la vez que se les niega cualquier derecho y responsabilidad respecto del nacimiento de esos hijos que son suyos y a quienes tienen el derecho y el deber de cuidar. Son corresponsables del embarazo y víctimas también del aborto, como las criaturas eliminadas y las mujeres.

Estamos convencidas de que todas las consideraciones anteriores son válidas al margen de las creencias (o no creencias) religiosas y de las ideas políticas, puesto que se refieren a la salvaguarda de los más elementales derechos humanos.

Exigimos a las Administraciones Públicas, cualquiera que sea su color político, que dediquen las partidas presupuestarias actualmente destinadas al aborto a promover redes de asistencia a embarazadas en situación desfavorable.

Es preciso velar para que el hecho de ser madre no aboque a la mujer, como ocurre en la actualidad, a ver mermadas sus posibilidades de ascenso laboral, de estudios, de trabajo, sus ingresos y su derecho a disfrutar del ocio y del tiempo libre en condiciones de plena igualdad con los varones.

Basta de silencio sobre las consecuencias del aborto: cuadros de ansiedad, insomnio, depresión y trastornos de la alimentación y la vida sexual, que se perpetúan en el tiempo. El aborto no es inocuo. Exigimos un Plan Nacional de ayuda para sus víctimas.

Exigimos a las Administraciones Públicas, cualquiera que sea su color político, que agilicen y potencien las políticas de adopción de los hijos cuyas madres no puedan o no quieran hacerse cargo de ellos. Así mismo, que pongan en marcha campañas de información sexual que eduquen en la responsabilidad e impidan que las mujeres carguen en soledad con las medidas anticonceptivas o de regulación de la natalidad.

Lectura del manifiesto de mujeres en contra del aborto: Isabel San Sebastián, Cristina López Schlichting, María Pelayo, Isabel Durán, María López.
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El presente manifiesto se encuentra publicado desde el 4 de junio pasado, en la página homónima www.mujerescontraelaborto.com y canaliza una iniciativa llevada a cabo por mujeres, como su propio nombre indica, para acabar con esa especie asentada en la sociedad actual y votada en Europa por parlamentarios del Partido Popular y PSOE - entre otros - que afirma que la "intererupción involuntaria del embarazo", ese eufemismo macabro con el que se encubre el asesinato sistemático de niños inocentes, es un derecho de la mujer que ha de ser protegido. Nos hemos referido con anterioridad a aquella votación en este mismo blog en el pasado, por lo que no volveré a ensuciarme teniendo que teclear la lista de notables miserables que se permitieron semejante afirmación, traicionando así los más elementales sentimientos de la mayoría de los españoles que se afirman católicos y contrarios al asesinato de niños, pero no quiero dejar pasar la ocasión sin felicitar la iniciativa, por más que venga precedida de firmas de mujeres que, en algunos casos, tienen sus simpatías políticas, su intención de voto explícito y sus declaraciones públicas, del lado de qienes propician, permiten, amparan o símplemente miran para otro lado como auténticos canallas, ante la actual tramitación de la reforma de la Ley del Aborto que va a permitir asesinar a los no nacidos de cualquier edad, en el vientre materno, basándose en un supuesto derecho que estas mujeres rechazan como propio y repudian como un insulto a la inteligencia y a la dignidad de la mujer.
Vaya desde aquí mi apoyo y consideración a la inicitaiva, pues ante las afirmaciones de la Ministro Aido, comparando el asesinato de inocentes con la operación estética de tetas (Aído dixit); ante la explicación posterior del portavoz del Gobierno y ex ministro del Interior, Alonso, aclarando que a lo que la Ministro se refería era a que la potestad de someterse a una operación para salvar la vida corresponde a los adolescentes de 16 años, comparándolo con el permiso explícito de esta ley para que las menores aborten a escondidas, sin permiso paterno, bien mediante la aplicación de la píldora abortiva del día después (suministrada sin receta a cualquier edad, por cierto también en las comunidades gobernadas por el PP, ya en la actualidad), bien mediante la intervención quirúrgica de triturado del inocente, como si cualquiera de las dos cosas fueran, efectivamente, equivalentes a "salvar la vida" y no jústamente lo contrario, es decir a quitarla con ferocidad ante quien no puede impedirlo, causándo graves daños psiquicos a la madre; ante la atrocidad que supone considerar al no nato una nueva especie "viva pero no humana"; ante la verdadera intención de este atajo de analfabetos inmisericordes y asesinos de niños que, en palabras de Leire Pajín, paladín socialista de las libertades de las mujeres, "con esta ley se da un paso muy importante para garantizar una sexualidad más libre"; ante, como digo, la evidencia de que no se trata ya de discutir si hay o no hay vida en el seno materno, sino de decidir quitar una vida, a sabiendas de que lo es, por la mera voluntad de una madre aterrada, engañada, manipulada y convencida artificialmente de que no pasa nada, éstas iniciativas serán las únicas que contribuyan a lograr encender en la sociedad real - la que vive lejos del cobarde Rajoy, evitando comprometerse con sus respuestas, lejos de De la Vega, Pajín, Aído, Alonso, Zapatero, Villalobos, Bono, Vidal Cuadras y tantos otros colaboradores necesarios de toda condición, por acción u omisión - el deseo y la voluntad de construir un mundo donde la mujer y su hijo, a un tiempo, alcancen la verdadera dignidad y el único y real derecho innato: La vida

miércoles, 17 de junio de 2009

COMANDANTE YNESTRILLAS: EN EL 23 ANIVERSARIO DE SU ASESINATO

miércoles 17 de junio de 2009

No quiero que pase desapercibida la fecha del 17 de Junio. Para mí es relevante. Tanto que, ese mismo día, hace hoy veinte años, nos robaron a un hombre enamorado de España, un romántico en el sentido más puro y noble del vocablo. A un militar que formó de verdad en la escuadra de aquella “religión de hombres honrados” que nos describiera Calderón de la Barca. Y digo nos lo robaron, porque hoy, tantos años después, sigo creyendo que el Comandante Ricardo Sáenz de Ynestrillas formó parte de mi patrimonio.Existen familias que traspasan el vínculo de la sangre estableciendo lazos aún más perdurables que el mismo hogar. Si la Fe nos hace partícipes de una comunión espiritual, las Ideas entrelazan los corazones formando una hermandad inquebrantable. La Fe y las Ideas, compartidas, convierten el quehacer de dos hombres en una trinchera, donde se vive y se muere de forma constante por un pensamiento sagrado. Un pensamiento que jamás fue fugaz, inestable o frágil. Es el pensamiento sagrado, sublime, de los grandes hombres, héroes de una Causa, paladines de una Patria, centinelas augustos de valores eternos e inmortales. El comandante Ynestrillas fue un elemento inmovible y perseverante de aquella trinchera que es cruzada y reconquista. Y allí se posicionó junto con otros españoles que querían seguir siendo herederos del 18 de Julio, amigos y camaradas, militares aislados y marginados por resistirse al abandono de su juramento en defensa de la Fe y de la Patria. Ahí estaban el Capitán de Navío Camilo Menéndez Vives y el Comandante Ricardo Sáenz de Ynestrillas. Carlista el primero. De los de verdad. De aquellos que como él, con quince años, empuñaron las armas para defender España en aquel memorable Alzamiento Nacional. Falangista el segundo. De mente y corazón azul hasta caer asesinado por la metralla marxista como ocurrió en Alicante un veinte de noviembre de 1936. Hicieron de la boina roja y la camisa azul el símbolo inmortal de una lucha hasta el umbral de la muerte. Dos hombres que han dejado testimonio de una hermandad ejemplar pues jamás encontraron barrera alguna en el amor a la Patria. Conjugaron, con su amistad, el tradicionalismo de Vazquez de Mella y el Nacional Sindicalismo de José Antonio.Desde antaño, él y su familia, estuvieron unida a la mía. Cuántas veces en mi casa recibimos al Comandante para festejar el 18 de Julio, conmemoración onomástica también de San Camilo. Tal es así, que escritores sobre el 23 F (Pilar Urbano) llegaron a afirmar que la casa de mi abuelo Camilo era un auténtico nido de golpistas. Llámelo como se prefiera. Golpistas, ultras o fascistas. Pero aquellos hombres (los Tejero, Ynestrillas o Menéndez) hicieron de su Fe una milicia y de la milicia un acto de servicio a la Fe. Hipotecaron sus vidas en aras de la grandeza de la España auténtica, forjando, ellos sí, una camaradería inquebrantable. Esa es la única camaradería que es posible. La única en la que creo, alejada de la palabrería fácil y abrazada al sacrificio, a la austeridad, al compromiso.La convulsión de los años del consenso entre los enemigos de España, para derribar, primero y aniquilar después, la obra nacida de la Cruzada, cimentada sobre la sangre aún caliente de los mártires y los héroes que vencieron bajo una misma bandera, roja y gualda, y al lado de la espada más limpia de Europa, que representó el invicto Caudillo, hizo de este pelotón de soldados una espina clavada en este sistema democrático y liberal. Se hacía urgente su eliminación. La represión, la cárcel y los arrestos eran cotidianos, mientras el terrorismo antiespañol de ETA era amnistiado en virtud de la reconciliación nacional mientras seguían asesinando por la espalda a militares, guardias civiles o policías armados, cuando no eran españoles llanos y sencillos. Unos eran escogidos al azar por el simple hecho de ser españoles. Otros eran objetivos señalados ya que, aparte de ser españoles, defendían públicamente y casi en solitario la españolidad propia, con orgullo, y la de Vascongadas y Navarra. El gobierno, en colaboración con la banda marxista ETA eligió al Comandante Ynestrillas para que éste fuera su próxima víctima.Le asesinaron. Más de treinta balas atravesaron su cuerpo sin que pudiera él defenderse. Lo acribillaron en la puerta de su casa. Karina, su mujer; Martín, Ricardo y Fernandito, sus hijos, estaban allí. Escucharon la descarga de muerte. La desgarradora descarga que dejó, desde aquel instante, una viuda y tres huérfanos y dos nietas que nunca pudieron conocerle. Y más que eso. Cientos de españoles que compartimos, años más tarde, la trinchera que siempre ocupó. Trinchera, además, regada con su sangre, siendo un imperativo más para la lucha, la que él mismo sostuvo hasta la muerte. Una vez más, los cobardes matan por la espalda. Pero si alguien era capaz de sufrir tal descarga de plomo y pólvora, ese era el Comandante Ynestrillas. Pudieron acabar con su cuerpo. Destrozarlo incluso. Pero su alma, prendida del fuego por España, incesantemente ardiendo y fervientemente combativa, voló al Cielo, para encuadrarse, arma al brazo, con el Dios de los Ejércitos.Hoy, habiendo pasado dos decenios de su asesinato, intento imaginar sus últimos pensamientos. No hay duda. Murió pensando en España. Murió por España. Hizo suya aquella consigna viril, recia y enérgica, antagónica a las voces pacifistas, de Patria o muerte. Ese fue su destino, que él abrazó. Y subió al Cielo con las únicas condecoraciones válidas para un militar en guerra: las cicatrices que dan fe de las heridas.Allí, en los luceros, monta guardia. Junto con tantos camaradas del ayer glorioso esperando completar las escuadras con nuevos combatientes que mueran por la Patria. Y vendrán. Y se alzarán, pues el ejemplo de la sangre derramada es acicate para las voluntades juveniles que sueñan, como él, en la nueva primavera de la España eterna. Desde hace veinte años, el apellido Ynestrillas está irrevocablemente unido a la Patria cautiva esperando ser reconquistada, otra vez, por un puñados de hombres dispuestos al sacrificio supremo.A mi querida Karina, su viuda, mi enhorabuena por el ejemplo de su marido, sabiendo, que detrás de un gran hombre siempre se esconde una gran mujer. A sus hijos, Martín y Ricardo, la exhortación de ser fieles, no ya a su padre, sino a lo que su padre ha representado. A Fernandito, que siendo niño se fue con su padre al cielo, que ruegue por España. Y a toda su familia, mi abrazo más fuerte, estrecho y sincero, con renovada fidelidad a la sangre vertida por el Comandante Ynestrillas.


Déjeme mi Comandante, que invocando su nombre grite, palma al cielo: ¡PRESENTE!

Miguel Menéndez Piñar


17 de Junio de 2006
Misa funeral hoy miércoles, día 17 de Junio, a las 19,30 horas en la Capilla Arzobispal Castrense, junto a Capitanía General, en el número 3 de la Calle Sacramento de Madrid.


Entrada extraída del blog "Las cruces de las espadas" y que recoge un artículo de Miguel Menémndez Piñar de hace tres años, con idéntico motivo al de hoy. No tengo palabras para comentarlo.