martes, 31 de mayo de 2011

Audio 61: Genio de España; La reforma de la ley del menor


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Audio 61: Verdades como puños; Elecciones municipales y 15 de mayo


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Verdades como Puños (Programa 61): 15 de mayo y elecciones municipales


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Editorial y programa nº 61: Genio de España con los padres de Sandra Palo



Editorial al programa 61: La necesaria Reforma de la Ley del Menor

Tras el paréntesis necesario para participar en el festín de las elecciones, con tan poca ilusión como esperanza en el Sistema, volvemos de nuevo a colocarnos ante nuestros habituales espectadores y también - hemos de señalarlo - ante los espectadores de Hispanoamérica que cada martes y durante toda la semana repetirán para sus oyentes nuestra programación, a través de Radio Hispanoamérica, de la Agencia Nacional de Noticias Hispanoamérica, con sedes en Barcelona y Montevideo, en Uruguay.
Pero como quiera que a pesar del período transcurrido, persiste la prisión de Pero Varela, persiste también, como no puede ser de otro modo, nuestro compromiso de exigir su inmediata puesta en libertad, el archivo de las causas de los llamados “libreros” y la devolución, cuanto antes, de sus derechos elementales a la libre difusión de ideas, a la libertad de expresión, a la libertad de publicación y, en definitiva a la Libertad con mayúsculas.
Siempre se trata de eso, al fin y al cabo. Es nuestro sino hacer programas en los que reivindiquemos que los derechos fundamentales sean protegidos convenientemente, que los crímenes sean castigados con arreglo al mal que causan y a las posibilidades reales de rehabilitación – no las teóricas, sino las reales – y que la seguridad jurídica, la justicia, la libertad, y tantos otros grandes vocablos sean de verdad eso, y no meros ladrillos que lanzarse unos a otros a conveniencia.
El próximo día 9, más o menos, saldrán a la calle los conocidos como “Ramón” y “Ramoncín”, que no son otros que Ramón Santiago Jiménez y Ramón Manzano, dos de los menores que, junto al “Rafita” – ese delincuente juvenil que lleva un año en libertad y ha sido detenido y vuelto a liberar 10 veces más – asesinaron a la joven de 22 años, Sandra Palo, tras cometer todo tipo de crímenes que están en la mente de todos y que no requieren más análisis, sino, antes al contrario, todo el respeto y el pudor para su familia.
La razón no es otra que el hecho de ser menores. Ser menores, y tener en España una legislación relativamente moderna – año 2000 – pero “políticamente correcta”, que declara en el preámbulo de la ley que lo regula, que los menores de 14 años son irresponsables y, sobre todo, inimputables, porque – dice el texto – “las infracciones cometidas por los niños de esta edad son en general irrelevantes y en los escasos supuestos de alarma social son respondidos por los ámbitos asistenciales y familiares sin intervención judicial”.
Cuando asombrados leemos este texto, vienen a nuestra memoria algunos de esos casos irrelevantes y de fácil solución familiar, como el caso de la todavía desaparecida Marta del Castillo, y “el cuco”, del que hemos sabido recientemente,  el caso del “nano” y sus pedradas asesinas, el de Antonio Molina, asesinando a su pequeña hermana de 6 años por celos, la violación de Antonio Cornejo y Antonio Aguilar sobre su pequeño compañero de 11 años, el de José Rabadán, el asesino de la espada Samurai, el de Iria y Raquel, asesinando a clara con 18 machetazos, como “experiencia y para ser famosas”, el del pobre repartidor de bocadillos, Enrique Ruiz, a quien tres chicas menores en Ceuta segaron el cuello con un cable colocado de lado a lado de la carretera, para vengarse del novio de una de ellas, que había roto, el de Mª Dolores de 14 años, degollada por su compañero de la ESO, por haber grabado un beso entre ambos con un móvil, y muchos otros casos, menos conocidos, pero igualmente sangrantes, por cuanto al dolor de las familias, a la herida de las vejaciones vistas o imaginadas, hay que añadir la impunidad de quien no es procesable, siquiera; de quien cuando finalmente lo es, apenas cumple un par de años en una especie de internado colegial; que regresa sin pudor al lugar de origen donde viven las familias de las víctimas sin lograr, al menos, que sus antecedentes queden registrados en algún lugar, para advertencia futura y análisis posterior.
Algo está enfermo en nuestra sociedad si los menores de 14 años se saben impunes y cometen estas tropelías, sin que nada hagamos por evitarlo; si los menores de 16 a 18 no son condenados con arreglo a la barbaridad cometida – así lo excluye expresamente el Código – si las niñas y niños de esas mismas edades pueden mantener relaciones sexuales con todo tipo de información oficial, o ir a abortar sin permiso de nadie, pero son poco o nada responsables si de lo que se trata es de apuñalar con saña a otro ser humano, como si de un saco de patatas se tratase.
Es la cultura de la muerte en la que nos hemos instalado legalmente. La que pone todas las facilidades para matar en el vientre o fuera de él, pero se mantiene incapaz frente a los asesinos, lo mismo en los quirófanos aborteros, en las bombas lapa de los etarras, en las manos miserables de los asesinos de la violencia doméstica o en las pequeñas, pero desalmadas manos y ojos de los asesinos menores de edad.
Y cuando la democracia real - esa que pide a gritos las modificaciones necesarias, con un millón doscientas mil firmas de españoles indignados – quiere aparecer y forzar lo que es de lógica aplastante, resulta que esas iniciativas están blindadas al poder establecido, a los partidos políticos y a iniciativas que nunca – óiganlo bien - nunca, pueden salir del pueblo.
Como toda concesión, el Partido Popular incluyó la capacidad de personación de la víctima en la causa seguida contra sus agresores. ¡Como lo oyen! ¡Antes ni siquiera podían!
Urge cambiar las cosas. Urge cambiar las leyes y las formas de enfrentarnos a las tomas de decisión por parte del pueblo. Urge analizar los recovecos de la ley y ajustarlos a la realidad, porque lo cierto es que lo que hay no sirve.
Quizá la indignación que, por otras causas, hemos vivido intensamente estos días, relacionadas, entre otras cosas con la capacidad del ciudadano de influir en la sociedad que le rodea y con el hecho de participar en la toma de decisiones más allá de la papeleta depositada en una urna cada cuatro años sea una buena ocasión para reflexionar.
Hoy hablaremos de todo ello. De la necesaria reforma de la Ley del Menor, de las elecciones Municipales, del movimiento 15 de mayo, de los desalojos de Barcelona....
Acomódense y escúchennos
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jueves, 26 de mayo de 2011

Agencia de Noticias Nacionales Hispanoamérica me entrevista para Radio Hispanoamérica


Recientemente La Agencia de Noticias Nacionales Hispanoamérica ha empezado a emitir cíclicamente y en diferido los contenidos de La Gran Esperanza para los oyentes de ambos lados del Atlántico. Asimismo están recogiendo las grabaciones de conferencias y presentaciones de libros llevadas a cabo por distintas Asociaciones, Hermandades y Centros de Estudios, a los que La Gran Esperanza presta la cobertura técnica necesaeria para lograr conservar los audios y ponerlos a disposición de todo el público hispanoamericano.

En el contexto de esta colaboración. tuve el placer de ser entrevistado a dos voces, desde Montevideo y Barcelona simultánemamente, por Juan Pedro Louro y Julio Martino, respectivamente. Este fue el resultado

jueves, 19 de mayo de 2011

Quince de mayo

Cualquiera que haya visto ayer la cobertura dada por el medio de derechas por excelencia - según dice de sí mismo – a las manifestaciones de las plataformas de la Puerta del Sol de Madrid – y otras análogas en el resto de España – no habrá podido dormir.

No, no me refiero al hecho de que algunos se hayan ido a la cama cerrando puertas y ventanas, cargando escopetas y mandando a los niños al sótano – tal pudiera parecer el necesario y correcto proceder de los “ciudadanos de bien”, según la clasificación de la emisora, que distinguía entre “gente vestida como anti sistemas, gente con pinta de izquierdas y gente normal (apuesten)” – sino al resto. A los que no podíamos salir de nuestro asombro viendo vomitar memeces, calumnias y planteamientos reaccionarios varios, que le habrían dado vergüenza al mismísimo Ronald Reagan.

A mí, desde luego, me ha costado muchísimo conciliar el sueño, entre arcada y arcada, debatiéndome entre la posibilidad de ir a acampar junto a ellos a la Puerta del Sol, sin esperar más tiempo, o esperar a poder hacerlo con el resto de mis camaradas falangistas una vez termine mañana la campaña electoral que, por cierto, está siendo agotadora para la mayoría de ellos.

De lo que no tengo ninguna duda es de dónde deben posicionarse los falangistas en esta movilización, especialmente después de leer el manifiesto, al que me he esforzado por encontrarle algún “pero” sin éxito.

Lo único que siento es que nos haya cogido a todos en otros menesteres, en lugar de haber liderado nosotros la iniciativa. Siento eso, y siento envidia por no ser capaces nosotros de lograr una movilización de tal magnitud, con planteamientos tan claros como los que, al menos en teoría, inspiran el movimiento “15 de mayo” como se le empieza a conocer ya, más que como “¡Democracia real Ya!”

Debe ser ese contrapié el que, al amparo de la reacción más repugnante, por parte de los medios de derecha que tenemos la mala costumbre de leer y escuchar con demasiada frecuencia – mea culpa también - ha provocado decenas de comentarios inoportunos en las redes sociales por buena parte de nuestros despistados camaradas y simpatizantes, que han debido creer que, efectivamente, se trata del marxismo irredento a la conquista del poder, por las armas. Yo mismo no sabía qué pasaba hasta anoche.

Y lo terminará siendo si, como siempre, les cedemos el terreno de las reivindicaciones justas mientras nos entretenemos en averiguar si la web es de “Paquito el chocolatero” o de Julio Anguita.

Pero ¿es que somos tontos, o qué? ¿Es que cada vez que alguien reivindica un causa justa nos ponemos todos, manos a la obra, para desprestigiarla, destruirla y entregársela atada de pies y manos a la derecha reaccionaria de siempre?

Creí que esto sólo lo hacíamos entre falangistas de las distintas falanges, incapaces habitualmente de ir juntos a la esquina, por mucho que la esquina nos pille de camino obligatorio a casa, pero ¿de plataformas ciudadanas desconocidas también?

¿Es que no es cierto que estamos hasta el colodrillo del “PPSOE”? ¿Es que no es cierto que el modelo de participación democrática es una filfa bipolar? ¿Es que no es cierto que estamos al amparo de los intereses bastardos del gran capital, al que le hemos llegado a dar nuestro dinero para que le compre la deuda pública al Estado “socialista” y todos tan contentos?

¿Es que no es verdad que deseemos mantener el control de los servicios esenciales en manos del Estado – transporte, seguridad nacional, crédito, sanidad, infraestructuras, educación, comunicaciones, energía – y que la realidad es que los cuarteles y aeropuertos los custodian vigilantes jurados, la energía está en manos privadas extranjeras, la sanidad o no existe en el paraíso socialista o es privada en el paraíso popular? ¿es que no estamos hasta las narices por las mismas razones que dicen los del manifiesto del 15 de mayo?

¡Entonces qué carajo nos pasa! ¡Claro que es la izquierda la que está detrás de las movilizaciones! ¡Claro que las movilizaciones, las pancartas, las tiendas de campaña, la organización, no nacen por generación espontánea! ¡Pero es por pura deserción nuestra! ¡Por acomplejamiento endémico! ¡Por no habernos creído de verdad que nosotros no somos de derechas! Y sobre todo, por no haber entendido que la política contra la que están estos y otros ciudadanos hartos ¡es esencialmente una política económica de derecha pura, burda y reaccionaria! ¡Ese es el mayor delito para quienes abandonan el barco psoero!

El PSOE, la izquierda en general, tiene muchos delitos que purgar. Los más de ellos son de carácter intrínsecamente socialistas: rencor, falsificación histórica, enfrentamiento ciudadano, carencia de conciencia patriótica y nacional, anticlericalismo irracional, legislación destructiva de la vida y la dignidad – con el irrenunciable apoyo del PP – traición a España en los procesos de rendición, destrucción, en definitiva de los pilares básicos de nuestro ordenamiento occidental, tanto jurídico, como moral y cultural...

Podría seguir una hora, pero ninguna de las causas que yo mencione aquí son las causantes del descrédito moral de la izquierda frente a sus propios votantes y simpatizantes. Ninguna les cuesta votos y ninguna le hubiera movilizado a tomar las calles.

La gente está harta por las consecuencias de su política económica: desempleo, falta de infraestructuras públicas de calidad, falta de participación ciudadana, destrucción de tejido empresarial y laboral, desaparición del consumo como motor económico, convertido en consumo irracional y especulativo,  inestabilidad, especulación, corrupción...

Estas son las causas de la movilización y ¿saben mis queridos lectores una cosa? ¡Que son todas consecuencia de una política de derechas, manejada, encima, por una panda de rufianes, golfos e incompetentes de izquierdas, que pretenden convencernos a todos de lo progresistas que resultan los recortes sociales, la subvención y el desempleo!

¡Cómo no van a ser de izquierdas los manifestantes!

El problema es que nosotros aún no nos hemos dado cuenta de que todas esas reivindicaciones, las que son de carácter social y económico ¡son también las nuestras y es por ellas por las que se produce la movilización!

¡Al carajo si nace de una escisión de IU – hartos ya de manipulación pesebrera – o de un obrero de la construcción! ¿De dónde esperabais que saliera la protesta?, ¿del PP? ¿Pero es que no nos damos cuenta de que lo mejor que le ha pasado al PP en su vida es haber tenido siete años de legislaturas socialistas haciendo el trabajo sucio en lo económico mientras ellos toleran el resto? ¡El PP no va a cambiar ni un ápice la política económica del PSOE, como no sea en agravar aún más las medidas conservadoras alemanas medio aplicadas por el inútil de la Moncloa!

¿Vamos a permitir, una vez más, que la izquierda conquiste las justas reivindicaciones del pueblo español, en materia de justicia social, de economía, de respeto al medio ambiente, de libertad, como hemos hecho siempre, para acabar entregando la plaza al marxismo que, inevitablemente aparecerá si nosotros desertamos?

¿Vamos a permitir que, en la confusión y la deserción, aparezcan esos radicales de izquierda real y trasnochada, que ya ayer gritaban aquello de “menos crucifijos y más empleo fijo”?

¿Vamos a entregar la lucha del pueblo cansado, informe, harto, anónimo, que se acerca a la Puerta del Sol por lo que ve en los medios y porque está de acuerdo con lo que oye, a la dictadura del proletariado, o vamos, por una vez, a romper con nuestros complejos y estar donde, cuando, como y con quien tenemos que estar, le guste o no a la derecha y a la izquierda reaccionarias de siempre?

¿Porque son antisistema? ¡Nosotros también!

Es una oportunidad histórica única para reivindicar Justicia y Democracia de verdad. Y los falangistas no nos podemos dejar meter la mano en la cartera.

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miércoles, 18 de mayo de 2011

Cierre de campaña La Falange (FE)

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martes, 17 de mayo de 2011

A propósito de la concentración contra Bildu, el TC y el gobierno que los parió

He dejado pasar unos días, consciente de que la efervescencia del momento podría haberme llevado por derroteros indeseados, de los que quizá hubiera tenido que arrepentirme; ahora, con la temperatura corporal y anímica en valores corrientes, puedo emitir un juicio de valor que quiero compartir con el resto de las víctimas del terrorismo individuales, como yo, y también con las colectivas, que son el resto del pueblo español, como tantas veces he declarado ya, donde quiera que se me ha preguntado. No mucho la verdad, porque resulto incómodo, pero cierto es que, especialmente con ocasión de los atentados específicos del comando Madrid y de los diversos movimientos de presos negociados – léase aceptación social de supuestos etarras arrepentidos, excarcelación de miserables o acercamiento de alimañas con ojos de víbora – alguna vez se me pregunta y hasta ahí llega el conocimiento de nuestras opiniones al respecto.
El sábado, como no podía ser de otra manera, acudí a la decepcionante manifestación convocada por Voces contra el Terrorismo junto a mi organización política. Lo hice bajo la bandera Roja y Negra de la Falange, y tras la pancarta que, firmada por Fe-La Falange y por la Asociación Comandante Ynestrillas, reza “Eta, ni olvido ni perdón”. Eso es todo.
Faltó tiempo para que los selectos miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, bajo el uniforme azul de la policía nacional, se apresuraran colectivamente a impedir nuestro paso, bajo la especie jurídica de nuevo cuño policial de que “no se puede asistir a título colectivo sino a título individual”.
Y se quedaron tan frescos. Bueno no. Primero intimidaron a los asistentes, luego un policía calvo y con cara de mala leche ofreció a un fotógrafo de la organización, que daba cuenta del acto, “patearle y romperle la cabeza” a un centímetro de su cara, “si le sacaba alguna foto” para, al instante, aparecer el que parecía el jefe de la jauría – más parecían eso que una unidad policial – al que me hubiera gustado ponerle número y empleo, pero al que tras solicitárselo amablemente, se unió al coro del calvo en lo que a argumentos convincentes se refiere. En cuanto al empleo, reconozco que cuando no eran civiles y se comportaban como unidades militares, me costaba poco trabajo saber si eran policías, cabos, suboficiales u oficiales, pero ahora, lo único que reconozco son un indeterminado número de hojitas de lechuga o similar, que soy incapaz de relacionar con su empleo.
El caso es que allí, entre las banderas de organizaciones tan peculiares como “COLEGAS” que para los poco duchos son las siglas de un colectivo de lesbianas y gays , pero, según dicen, conservadores, o las de otras organizaciones como los tradicionalistas de las cruces de San Andrés, amén de varios medios de comunicación, organizaciones de víctimas diversas, sindicatos, y otras organizaciones mínimamente representadas, eso sí, se plantó el que más hojas de lechuga llevaba en las hombreras para requerir, y filiar, a los jefes de las organizaciones sindical y política y algún otro que también estaba por allí tras nuestra pancarta, los carnés de identidad, mientras observaban la bandera enhiesta de la pólvora y la sangre.
Es verdad que delante de la nuestra llevaban los COLEGAS una pancarta contra el terrorismo y dos banderas arcoíris – una de ellas con una extraña estrella de David en el centro – que, al menos por los colorines y la extraña asociación de conceptos que habían logrado, debió llamarles la atención, pero no. Era la nuestra la que les preocupaba. Tanto, que durante unos largos veinte minutos y tras radiar los datos de los carnés por los comunicadores, todo se les iba en preguntar a voz en grito “pero entonces, ¿Qué hacemos con los de La Falange?”.
Tuve que explicarles de nuevo lo de los diversos colectivos e individuos, en tanto que víctimas y lo de que el monopolio colectivo no lo tiene, ni harto de vino, el Partido Popular, pero como estamos en campaña y por ello, esta vez, el PP se había descolgado de la convocatoria, pues, por lo visto, esta vez, no cabía dar visibilidad a las organizaciones que siempre estamos y hemos estado desde antes del advenimiento de la democracia, con las víctimas, contra el terror y contra los intereses bastardos que alientan sus organizaciones, sin importarnos nunca ni el convocante - mientras no sea un bastardo asesino - ni el momento político, ni la oportunidad electoralista.
Por eso esta vez la manifestación fue mucho menos numerosa que otras veces: porque sólo estábamos los que jamás hemos buscado réditos electorales.
Como quiera que debieron quitarles la ilusión de detenernos, a través de la radio, los de las hojitas de lechuga, el calvo de la cara de mala leche y el resto de la jauría se retiraron discretamente y nos dejaron en paz para poder escuchar a los oradores.
Y ahí empezó mi desazón, mi pena, mi decepción. Porque que la cantidad de gente que apoye a las víctimas dependa del cansancio por la reiteración, del enfrentamiento entre las organizaciones de víctimas, de la lluvia o del apoyo institucional de los partidos mayoritarios, a nosotros, que siempre hemos luchado entre las minorías, no sólo no nos afecta, sino que nos reafirma en la coherencia y bondad de nuestros postulados.
Pero que gentes a las que admiro, que han pasado tanto y con tanta gallardía, que se han mostrado siempre firmes en los planteamientos básicos, caigan en las mismas trampas, en los mismos errores y en las mismas perversiones lingüísticas y de fondo que los asesinos y sus defensores de todo pelo, me entristece y me desazona.
Que los representantes de alcaldías gobernadas por el Partido Popular tengan que aclarar públicamente y a toda prisa que no están allí en nombre del partido sino en nombre propio, para no perjudicar la cobarde estrategia del PP, con la excusa del lema de la traición a España, ni me sorprende, ni me inquieta. Es más, me trae sin cuidado.
Pero que tenga que oír a mi admirado Salvador Ulayar, a José Antonio Ortega Lara o al propio José Alcaraz, entre otros, repetir una y otra vez que la razón por la que mataron a los nuestros es la defensa de la democracia y del Orden Constitucional, para rendir un tributo a lo políticamente correcto, me entristece, me enfada, me apena... me turba.
No camaradas de condición particular y colectiva. No amigos de la rebelión cívica y de la infatigable lucha sin cuartel contra el terror: A nuestros muertos, a nuestros heridos, a nuestros mutilados, a sus familias y, en definitiva, al conjunto del pueblo español, nos mataron, hirieron, mutilaron y agredieron únicamente por una condición: la de ser españoles.

Sin apellidos, sin edulcorantes, sin necesidad de justificarse ante nadie. Únicamente porque representaban, desde sus diversos estamentos – el Ejército, la Policía, la Guardia Civil, la Política, la Judicatura o los civiles rebeldes, colaterales y/o valientes – la España unida, grande y libre que se niega a ser sojuzgada por nadie, ni de dentro ni de fuera, a lo largo de su historia.
A los asesinos les importó una higa su condición política, su respeto al orden establecido o cuál sea este y, desde luego, jamás los eligieron con estos condicionantes.
Decir lo contrario - camaradas de fatiga - es admitir que la muerte de Carrero, o la de Melitón Manzanas o la del Presidente del Fuerza Nueva en Navarra o la de mi padre – militar y falangista hasta la médula - o las de los del Corona de Aragón o la de tantos y tantos otros, estaba justificada porque entonces, el orden Constitucional no era tal y había otro Ordenamiento Jurídico distinto y hasta opuesto al actual.
Sería tanto como reconocer que el régimen actual ya "no da excusas pero el anterior sí" – vieja aspiración de esa otra falacia a la que ya nos hemos acostumbrado, de llamar a los asesinos abertxales – por su condición democrática aparentemente deficiente.
Sería tanto como obligar a morir, a quienes se entregaron a una causa política distinta a una Constitución que puede ser cambiada, a un régimen que de hecho cambia con la historia, por causas contra las que incluso lucharon y estuvieron en su derecho de hacerlo.
La Constitución Española se votó y las formaciones pidieron voto favorable o desfavorable según sus propias convicciones. Se aprobó y es obligatorio acatarla y vivir conforme a sus postulados hasta que por la vía del Derecho – aunque ya nos han demostrado que no siempre es así – se cambie, se derogue, se sustituya o se destierre al olvido. Pero eso no hará peores o mejores las vidas y las muertes de las víctimas.
No fue por eso por lo que cayeron. Lo fue por una causa que no depende de los hombres, ni de los tiempos, ni de los regímenes, ni del respeto de sus gobernantes o de sus sociedades a tales o cuales postulados políticos. Lo fueron por la España eterna, por la que seguirá ahí cuando esta casta política putrefacta haya desaparecido, cuando esos miserables asesinos hayan sido derrotados por esta, o por la siguiente, o por la siguiente generación de españoles de todo cuño, pero españoles al fin.
Mi padre, Salvador, José Antonio, José, se revolvería en la tumba si alguien le dijera que murió por el Orden Constitucional vigente. Mi padre – y con él unos cuantos – mora en la Guardia Azul de los luceros, la guardia sin relevo. Murió por España y por su concepción de la misma, que nadie le preguntó.
Por ninguna otra causa, como el resto, tuvieran o no respeto y consideración por la democracia y la Constitución.

El voto eufemístico


Hay, en estos días, quienes me están pidiendo una orientación de voto de cara a las próximas elecciones municipales. Agradezco la confianza. Es lógico, yo también querría que alguien me ayudara a dilucidar mi propio voto – si es que se produce – en estos comicios.
Y digo que es lógico porque, una vez más – ya lo he dicho con frecuencia – hemos contribuido a la ceremonia de la confusión, al festín de los supuestos demócratas mayoritarios, para dar color a un proceso que es en blanco y negro se mire por donde se mire.
Nosotros, sí, las autodenominadas fuerzas patrióticas, o nacionales, o del área, o azules, o no sé qué otra colección de eufemismos disponibles, demostramos, una vez más, que no hay manera de presentar una cara seria ante un electorado cada vez más escéptico con las opciones habituales, pero todavía aún más con la amalgama de siglas alternativas; y somos los culpables directos de la duda, la desorientación y el descrédito.
Quienes me preguntan saben que milito en la Falange, y que ésta presenta candidatura en unos cuantos sitios; entre otras, la única de carácter marcadamente falangista a la Comunidad de Madrid, de manera que, aunque no sea más que por disciplina y coherencia, tengo que recomendar las candidaturas propias.
Sé que presentamos en León, en Cartagena, en Ceuta y Melilla, en Pozuelo de Alarcón... en varios pueblos de la comunidad de Madrid y de Murcia... Y también que apoyamos otras que, sin ser presentadas por organizaciones políticas falangistas, sí cuentan con miembros destacados de la organización o de la fe política, e incluso proponen un plan municipal acorde con nuestros valores y principios; es el caso de la candidatura de Carlos Zarco en el Escorial o la del Partido Independiente de Becerril de la Sierra. Vaya mi respeto especialmente para estas últimas, porque claramente pretenden tener un papel relevante en los consistorios, que ya me gustaría tuvieran las organizaciones del eufemismo a nivel nacional – con carácter general - y bajo sus propias siglas.
Pero créanme todos que lo hago con una resignación y una falta de fe, de dimensiones ciclópeas. No nos hemos presentado para ganar, ni para obtener concejalías; no contamos con oportunidad alguna y no creo que seamos capaces siquiera de aunar el voto falangista disperso, aprovechando la unicidad de candidaturas, en algunos casos. Nuestra diáspora está demasiado enferma para esto.
Son demasiados los estacazos – virtuales y reales – que nos hemos dado las organizaciones y miembros “del eufemismo” como para aspirar a un borrón y cuenta nueva, a un apoyo ideológico o técnico, por encima de diferencias históricas – personales, fundamentalmente – repentino y sin previo acuerdo.
Por otro lado, la gente normal, la que espera alternativas reales a la podredumbre de las alternativas del Sistema – léase PP-PSOE – ni siquiera sabe que existimos y si lo sabe, no nos considera opción válida y se debatirá entre quedarse en casa  – que podría ser una opción si no fuera porque éstas son, o deberían ser, unas elecciones de proximidad en las que nuestras organizaciones, por definición y por principios, se dejaran la vida – y votar UPyD, el partido de Rosa Díez, o alguna opción análoga y, territorialmente, alternativa, como en el caso de Cataluña pueda ser la Plataforma.
Personalmente – no creo defraudar a mi organización con esto, porque lo he dicho antes, durante y lo seguiré diciendo después del  proceso electoral, dentro de los foros adecuados para ello – creo que nuestras organizaciones adolecen, con carácter general, de una falta de interés manifiesto por la participación política, en general, y por las urnas, a las que, sin embargo, prestan la debida pleitesía llegado cada proceso, presentando interminables listas inútiles, con candidatos repetidos allí donde la ley lo permite, por incapacidad o desinterés de presentar listas como Dios manda. Las más de las veces, los candidatos ni viven ni aspiran a participar en las circunscripciones por las que se presentan y, de lograrlo hipotéticamente, tendríamos un problema serio de dedicación. Hay excepciones estupendas, por supuesto, especialmente fuera de las grandes capitales, pero he dicho que hablo en términos generales.
Por otro lado, la falta de vocación política, de militancia activa de verdad es tal, que nuestras organizaciones no disponen de suficientes personas para configurar las complejas e injustas listas a que la ley obliga – ya saben las paritarias – de manera que si en determinado lugar, un enérgico y aguerrido grupo de mujeres luchadoras, pongamos por caso, quisiera plantar cara al Sistema y tuviera capacidad, ganas y  medios para ello, no podría hacerlo y tendría que elegir a un número prácticamente igual de hombres, aunque no sean tan aguerridos, ni tan políticamente perfectos como ellas, para cumplir con la ley y poder presentar listas. Es más, tendrán que intercalar a la mitad de los candidatos varones, por muy cretinos que estos pudieran ser, para cumplir con la ley electoral.
Me viene a la memoria aquel pueblecito de la caravana de mujeres del pirineo aragonés, creo que era. Se llamaba Plan y tuvo que ingeniárselas para repoblar la zona de mujeres para garantizar la subsistencia, pero, de no haberlo conseguido o de no tener sus recién llegadas vocación política se habrían visto condenados a no tener ayuntamiento, con la actual ley electoral en la mano.
Repetimos con frecuencia dos axiomas que son verdad:
·         Nosotros no creemos en este Sistema, estamos fuera de él; no nos sirve y no alcanzaremos nada en su interior. Y con ser cierto, resulta que al final no desaprovechamos ni una sola oportunidad de estar dentro de él, de jugar con sus normas, de intentar - mal, tarde y poco - alcanzar éxitos y, una vez que no los logramos, nos volvemos a repetir la frase inicial para auto convencernos de que la causa es que residimos fuera.
·         El nacionalsindicalismo es un sistema total que no puede ser implantado parcialmente para ser llevado a término. También es cierto. Pero una y otra frases tienen una derivada que yo no voy a repetir aquí, porque puede resultar ilegal. Lo que seguro que no sirve, en todo caso, es llenarse la boca con la alternativa total, mientras, incapaces, esperamos sin hacer nada o jugando a demócratas al uso, pero sin interés ni intención reales; sólo como justificación de una militancia política de cara al balance de fin de año.
Es compleja la orientación que se me pide. En realidad, creo que mientras generamos una organización fuerte y militante de una vez por todas – lo cual no creo que ocurra en muchas generaciones – capaz de llevar a término un Sistema Total, revolucionario y verdaderamente nacionalsindicalista, nuestro trabajo está a pie de calle; precisamente en los ayuntamientos, en los comités de empresa, en los claustros escolares y hasta en las asociaciones vecinales, las APA (ahora AMPA, por aquello de lo políticamente correcto), los colectivos verdes, ecologistas y deportivos, etc. etc.
Pero no como una medida de solapamiento, disimulo o metástasis - que genera siempre desconfianza en quienes nos rodean y terminan viendo intenciones ocultas en la falta de transparencia – sino con voluntad firme de llevar adelante nuestro mensaje parcial, sí, pero claro y contundente.
Lo he dicho antes: olvidemos el asalto al poder porque no se producirá de manera espontánea. Empecemos la Conquista del Estado por sus estructuras actuales pero con nuestro mensaje abierto y tendido, como nuestras palmas.
Y hagámoslo todo el año, todo el tiempo, en nuestra vida cotidiana.
¿A qué sindicatos están afiliados nuestros camaradas del diverso eufemismo? La mayoría a ninguno. ¿Qué forma de participación y trabajo ha elegido cada uno? La mayoría ninguno. ¿Cuáles son las aspiraciones inmediatas, a medio y largo plazo de nuestras respectivas organizaciones? Eso es lo que hay que responderse. Pero si las respuestas van en la línea de lo qua apunto ¿Por qué nuestros vecinos o nuestros compañeros van a votar nuestras listas para hacernos concejales o representantes sindicales?
Pensemos en esto fríamente cuando votemos en las elecciones del domingo, pero sobre todo, pensemos en esto tras las elecciones del domingo. Tendremos todo un año para elaborar nuestras propuestas e intenciones de verdad, antes de las Generales y cuatro, antes de las próximas Municipales. Y eso es lo que debe importarnos. Pensemos que nuestra campaña electoral empieza el 23 de mayo.
Por lo demás, elegid aquella formación eufemísticamente nuestra, allá donde exista, y dadle una oportunidad. Me da igual cual. El sistema no va a echar de menos vuestros votos. El PP y el PSOE no requieren del voto sociológicamente nuestro para seguir gobernando alternativamente entre corruptelas y prevaricaciones. Nosotros sí. La Falange, y el resto del eufemismo, sí necesita ese pequeño impulso para que sus militantes se crean – nos creamos – que podemos hacer el esfuerzo durante cuatro años más. Aunque sólo sirviera para contar efectivos disponibles.
Yo votaré a La Falange en la Comunidad de Madrid y a cualquiera menos a los caciques del PP y del PSOE y sus acólitos de IU en Villanueva de la Cañada, donde vivo.
Desgraciadamente no hicimos los deberes los eufemísticos y La Falange y yo no hemos querido hacer el paripé, así que no hay candidatura eufemística en mi pueblo. UPyD sí los ha hecho y sí tiene candidatura, y mi debate interior está ahora en contribuir a dinamitar el poder de los corruptos de siempre, con cualquier aliado circunstancial (UPyD puede serlo) tapándome la nariz, o ser fiel a mis principios y convicciones íntimas e ideológicas y no votar a una organización que lleva en sus postulados cuestiones turbias aparcadas deliberadamente, como lo son el aborto, la Educación para la Ciudadanía, o la eutanasia, entre otras.
Y el debate interior está en que no es eso lo que se vota ahora, sino el desalojo o debilitación, en las instituciones locales, de los corruptos oficiales actuales y casi perpetuos. Lo demás ahora, que sabemos que ni pueden ni quieren influir en esas cuestiones, es intrascendente en este momento. No lo es quedarse en casa, porque ello contribuirá a afianzar al corrupto mayoritario actual, fuere cual fuere, y todos están muy lejos de ser aceptables en las mismas materias en que ponemos falta a UPyD, por ejemplo.
Votad pues, eufemismo, con un claro mensaje a nuestros dirigentes: somos todos estos y queremos influir en la vida pública española la próxima vez.
Votad a La Falange, allá donde se presente, para que ese mensaje quede clavado en todos nosotros – sus militantes y actores principales - como un mandato y suponga un compromiso con el patriotismo nacional español por parte de la organización de ineludible cumplimiento.
Votad a las organizaciones falangistas o compuestas por falangistas, allá donde su mensaje sea claro, como Carlos Zarco en El Escorial o el Partido Independiente de Becerril de la Sierra.
Votad a las demás Falanges, al Frente Nacional o a cualquier otra organización falangista allá donde no estemos nosotros y ellos sí, a modo de censo, de apoyo futuro, de mandato a nuestros líderes.
Votad cualquier organización eufemísticamente nuestra cuando ninguna de las anteriores esté presente, con tal de debilitar a los corruptos, de disminuir su poder real y tratar de medir el nuestro, ya se llamen AES, MSR, AN, o cualquier otra que se me olvide o desconozca, de las que no nos cuesta demasiado trabajo identificar como próximas.
Votad a los aliados circunstanciales cuando todo lo anterior no sea posible por falta de alternativas y ello contribuya al mismo fin, a acabar con el monopolio del poder local por parte de quienes entienden la política como una profesión lucrativa y libre de normas e impuestos.
Votad incluso en blanco, si el asco no os permite votar otra cosa, pero sobre todo no dejéis de votar, para evidenciar ese asco y complicarles la vida a los corruptos profesionales.
Y si este orden no te sirve, no lo compartes, no te entusiasma, como a veces me ocurre a mí mismo, haz lo que te venga en gana, pero sobre todo no caigas en la trampa. No votes PP, No votes PSOE, no votes IU y, no tengo que decírtelo, no votes separatista, por muy moderados que te los vendan.
Es todo cuanto puedo decirte. Y espero haber ayudado.
Wikio

¿Puede japón volver a levantarse?, Por Patrick J. Buchanan

Artículo publicado en la Web del autor, Patrick J. Buchanan, traducido al español por los servicios de apoyo de la Agencia Nacional de Noticias Hisponaomérica y por el autor de este blog
"Demos gracias a la Providencia de que el terremoto no ocurriera 150 millas más cerca de Tokio, o los muertos, en Japón, podrían sumar millones.
El Primer Ministro Naoto Kan lo llama la peor crisis desde la segunda guerra mundial. Sin embargo, aunque horrenda, esta crisis por ahora no se compara con aquella. Los muertos en el terremoto no llegan al 1% de los que perecieron en aquella guerra.
Entre 1942 y 1945 Japón fue despojado de un imperio que abarcaba Formosa, Corea, Manchuria, toda la costa de la China, toda la Indochina francesa (Vietnam, Laos, Camboya), Tailandia, Birmania, Malasia, Singapur, las Indias Orientales Holandesas (Indonesia), Filipinas y la región occidental del Pacífico hasta Guam y por al Sur hasta Guadalcanal.
Sus fuerzas armadas sufrieron 2 millones de muertos y entre 500.000 y un millón de muertos civiles por los bombardeos en alfombra norteamericanos que convirtieron sus grandes ciudades en escombros humeantes, y a Hiroshima y Nagasaki en cenizas atómicas.
Sin embargo, 25 años después de la más devastadora derrota en la historia moderna, Japón pudo ufanarse de ser la segunda en magnitud y la más dinámica economía del mundo.
Bajo el proconsulado del general MacArthur, Japón se levantó, renunció a la Guerra, y alcanzó una tasa anual de crecimiento del 10% en los años sesenta, 5% en los setenta, 4% en los ochenta. Con menos territorio y menos recursos que el estado norteamericano de Montana, Japón creó una economía equivalente a la mitad de la de EE.UU. y en muchos sentidos tecnológicamente superior.
Un logro extraordinario de un pueblo extraordinario.
A fines de los años ochenta, Japón parecía aprestarse para superar a Estados Unidos.
Pero no fue así.  Las dos últimas décadas fueron décadas perdidas, y la economía japonesa se redujo a un tercio de la de Estados Unidos. El año pasado, China lo dejó atrás como la segunda economía del Asia. Beijing produce ahora más automóviles y tiene un superávit comercial que deja muy atrás al de Japón.
En 1988, ocho de las 10 compañías más grandes del mundo eran japonesas. Hoy, ninguna de las 20 mayores compañías es japonesa, y sólo seis figuran entre las 100 mayores. La deuda nacional del país equivale al 200% de su producto bruto interno.
¿Podrá Japón recuperarse de este terremoto y de 20 años de estancamiento económico y decadencia política, y recuperar el dinamismo de que dio muestras en las décadas que siguieron a la segunda guerra mundial?
Lograrlo requerirá un milagro mucho más portentoso. La razón de ese pesimismo puede resumirse en una sola palabra: Demografía.
Japón tiene 127 millones de habitantes, la población más numerosa en su historia. Sin embargo, las proyecciones de la ONU indican que de aquí a 2050 habrá 25 millones de japoneses menos. ¿Por qué? Japón es el país más viejo del mundo, con un promedio de edad de 45 años y una tasa de fertilidad por debajo del nivel de crecimiento demográfico cero desde hace 40 años.
Para que el número de habitantes de un país se mantenga, la tasa de fertilidad de la mujer debe ser de 2,1 hijos. La tasa de Japón, 1,27 hijos, no llega a los 2/3 de la necesaria para sustituir a la población actual.
En 1960, cuando Japón daba grandes pasos hacia la superación de Alemania Occidental como segunda economía mundial, el 49% de su población tenía menos de 25 años de edad. Menos del 8% superaba los 60 años de edad.
Hoy, sólo el 23% de la población del Japón tiene menos de 25 años de edad; más del 30% tiene más de 60, y el promedio de edad de los japoneses saltó a 45 años. Según las proyecciones, en esta década la población del país disminuirá en 3 millones de personas y en casi seis millones en los años 2020s.
Para decirlo duramente: Japón está envejeciendo, reduciéndose y muriendo.
En 2050, menos del 19% de los japoneses tendrán menos de 25 años de edad, y el 44% tendrán más de 60. El promedio de edades será de 55 años. Y esas cifras se basan en que mejoren las proyecciones de la ONU sobre la tasa de fertilidad, lo que no se ve por ninguna parte.
Escribiendo acerca de la disminución de los estudiantes japoneses en universidades americanas, The Washington Post informa: (…) “El número de estudiantes menores de 15 años [en Japón] ha venido disminuyendo durante 28 años consecutivos. La cifra de bachilleres graduados en las escuelas de secundaria del país se redujo un 35% en las últimas dos décadas”… (Blaine Harden, 11 de abril de 2010)
¿Adónde se han ido todos esos jóvenes? Y lo que está pasando en Japón no es exclusivo de ese país.

La población de Rusia disminuye a un ritmo dos a tres veces más rápido que la de Japón. El país pierde medio millón de personas por año. Alemania y Ucrania vienen siguiendo de cerca a Japón. Sólo la inmigración de África, Asia meridional y el Medio Oriente permite a Gran Bretaña prever un crecimiento demográfico. Los británicos de nacimiento se están yendo del país y se están muriendo.
De hecho, todas las naciones de Asia Oriental y Europa que obtuvieron más altas puntuaciones en las pruebas internacionales de Matemáticas y Ciencias tienen tasas de fertilidad que garantizan el envejecimiento y la reducción de la población.

¿De dónde provendrá el crecimiento mundial de la población?

De aquí a 2050, la población de África se duplicará y llegará a 2.000 millones de personas. La de América Latina y Asia aumentará en más de 1.000 millones.
Se prevé que la población de tan sólo seis naciones –mahometanas y pobres --Bangladesh, Egipto, Indonesia, Nigeria, Pakistán y Turquía—aumente, en conjunto, en casi 500 millones de personas de aquí a 2050.

Si la demografía es el destino, el sol no sólo se está poniendo en el País del Sol Naciente. Se está poniendo en el Oeste."

domingo, 8 de mayo de 2011

Los zapadores en la División Azul (Rusia 1941-1942)


En un salón de actos con más de 200 asistentes, entre los que pudimos distinguir escritores, como José María Blanco Corredoira o José Luis Jerez; militares, como el General Blas Piñar o profesoras universitarias como Consuelo Martínez Sicluna, entre otros muchos, se presentó, de la mano de la Editorial Actas y su director, Luis Valiente, y con la compañía de los historiadores Luis Eugenio Togores y Carlos Caballero Jurado, y el Teniente General Agustín Muñoz-Grandes, el libro biográfico "Los zapadores en la División Azul", que cuenta las peripecias en Rusia de esta unidad, de la mano de su oficial, el hoy general e Ingeniero de caminos nonagenario - casi centenario - Guillermo Díaz del Río, a quien también acompañaron sus hijos. Las dificultades para acceder al repleto salón han hecho que no hayamos capturado la introducción de don Luis Eeugenio Togores ni los primeros instantes de la del Teniente General, pero aún así es este un interesantísimo documento que aportará todas las claves sobre esta obra.

En palabras del editor Luis Valiente, el acto fue como sigue:

"Con gran éxito de público, se celebró ayer viernes 6 de mayo la esperada presentación pública del libro del General Guillermo Díaz del Río, "LOS ZAPADORES DE LA DIVISIÓN AZUL : Rusia 1941-1942". ... Muchas gracias a todos los amigos que nos arropasteis con vuestra presencia. Espero que lo pasarais estupendamente.
Fue un acto entrañable y un éxito en todos sus aspectos.
 
Magníficas las intervenciones de todos los participantes, cada uno con un estilo diferente: el Tte. General Agustín Muñoz-Grandes, minucioso, elegante y cercano, no escatimó elogios para el autor y el libro y desgranó los hechos de armas más relevantes que se narran en él; el historiador Carlos Caballero, erudito y académico, acreditó su bien ganado prestigio como uno de los mayores conocedores de la historia de la División Azul, con un discurso sobre el valor historiográfico de las memorias y obras testimoniales de los divisionarios y especialmente las de aquellos que sirvieron como oficiales en el Frente del Este; y Luis Togores, con su gran capacidad de comunicación y su naturalidad, hizo una breve semblanza de la plena actualidad de que goza todo lo que se relaciona con la gloriosa unidad española. Guillermo Díaz del Río Durán, como ya se ha dicho, tomó la palabra en nombre de su padre para hacer un capítulo de agradecimientos que nos honra a todos los que hemos participado en el proyecto y en la presentación, así como a la Universidad CEU San Pablo, anfitriona del acto.

Pero la verdad es que el gran protagonista de la tarde no fue otro que el General Guillermo Díaz del Río, autor de esta obra, [i]Los Zapadores de la División Azul[/i], que se presentaba. Su callada presencia, entrañable, con sus 97 años, impregnaba el ambiente del espíritu de la División Azul y del honor de los héroes. Espero que nadie se quedara sin poder estrechar su mano. Yo puedo deciros que cada vez que lo hago siento la emoción de estar ante un hombre superior, un hombre de otro tiempo, aquel en que todavía se pensaba en una empresa trascendental e imperecedera, España, y ser español era una de las cosas más importantes que se podían ser.

Gracias, de nuevo, a todos. LV"

Wikio

lunes, 2 de mayo de 2011

Editorial y programa nº 60: Memoria y Reflexión, con Alfonso Arteseros



Cuando, tras iniciarse el 7 de febrero de 2009, la andadura de este programa en Radio Intercontinental, la veíamos abruptamente interrumpida un 25 de julio de aquel mismo año, pocos podíamos pensar, dentro y fuera del programa, y de la organización que lo sustenta, que alcanzaríamos los 60 programas.

60 programas ya, en los que nos han acompañado personajes de la cultura, la historia, el arte, el deporte, la política, el sindicalismo, la lucha por la vida, la lucha contra el terror...

60 programas en precario, con nuestros propios medios, sin apoyo ni financiación de nadie, sin espacio público donde emitir o trabajar... Y sin embargo, día a día, nos sorprendemos con el alcance y la difusión de lo que hacemos. Cada día hay alguien, incluso desde el otro extremo del mundo, que termina de descubrirnos, que nos ve, que nos escucha, que nos apoya y nos insta a continuar porque nos considera "un soplo de aire fresco".

Sólo podemos decir desde aquí, gracias, escuetamente gracias, por hacernos sentir que nuestro trabajo, nuestro esfuerzo y los innumerables sacrificios que conlleva este humilde espacio de resistencia, es importante para vosotros, para los que nos seguís cada programa en internet, ya sea en audio, en video, o leyendo nuestros escritos. Porque si es importante para vosotros, también lo es para nosotros.

Sin embargo, todo proyecto tiene una vida en el que nace, se desarrolla, quizá se reproduce y, desde luego, termina por morir. La Gran Esperanza avanza inexorable hacia el final de su tercera temporada, habiendo hablado de terrorismo, de Iglesia, de aborto, de Inmigración, de memoria histórica, de transición, de persecución religiosa, de reforma laboral, de empleo y desempleo, de guerras y de piratas, de grandezas y de miserias humanas. De nuestro pasado, de nuestro presente y de nuestro futuro.

Y el número 60 de nuestro programa es un buen momento para la reflexión. Aún nos quedan, sin duda, muchas batallas que dar antes de terminar; aún nos acompañará la madre de Sandra Palo y hablaremos de la ley del menor; y vendrán todavía autores falangistas como José Luis Jerez, con su “Falange del Valor”. Aún hablaremos con prestigiosos profesores, como José Luis Orella, y su trabajo introductorio a la Revista “Jerarquía”, recientemente recopilada.

Hablaremos de acontecimientos que marcaron nuestra historia reciente, como el asesinato de Carrero o el abandono del Sáhara, con militares-historiadores como el Coronel Manrique. Pero es hora de ir pensando en el siguiente proyecto.

Los que hacemos LGE no somos periodistas; no esperamos fichar por una cadena de gran difusión ni ganarnos la vida como comunicadores. Antes, al contrario, casi todos tenemos nuestras vidas bastante lejos de los medios de difusión. Los que hacemos LGE lo hacemos como vehículo de comunicación de una organización política, con un proyecto político para transformar la sociedad.

Lo hacemos como vehículo de relación, abierto a otras organizaciones de carácter similar, que sirva para superar las múltiples fronteras que los denominados patriotas, en general, y los falangistas, en particular, nos hemos empeñado en crear a lo largo del tiempo. Lo hacemos para exponer nuestros puntos de vista sin ser manipulados por terceros; para que otros entiendan cuáles son nuestras posturas ante los asuntos que preocupan a la sociedad española y por tanto a nosotros mismos. Lo hacemos, en definitiva, como parte de nuestra lucha política, voluntariamente elegida.

Y a ese fin debe servir, por tanto. Antes de tropezar en la rutina, La Gran Esperanza necesita mirar hacia atrás, y comprobar si ha servido a los fines para los que fue creada. Necesita mirar hacia delante y comprobar si sirve todavía para el proyecto político que la alberga. Y actuar en consecuencia sin más nostalgia que la satisfacción de haber cumplido con una misión, ni más recompensa que sabernos miembros de un proyecto político en evolución.

Se abre pues un período de reflexión en el que, mientras terminamos lo que empezamos, analizamos cómo seremos mañana. Y toda colaboración y sugerencia será bienvenida. 60 programas ya. Escuetamente gracias.

Pero este alto en el camino no debe torcer nuestra voluntad presente, ni nuestros compromisos tomados. Este editorialista y este programa han comprometido recordar en cada ocasión, la vergonzante, injusta, aberrante situación jurídica de Pedro Varela - en prisión desde diciembre – y la de los denominados genéricamente “libreros” (Juan Antonio, Carlos, Oscar y Ramon), todos ellos perseguidos por publicar, editar, prologar, vender y muy ocasionalmente escribir, libros proscritos, que son quemados en piras públicas, al supuesto amparo de una legislación que se llena, sin embargo, la boca, y las páginas de sus textos legales, con ideas sagradas de Libertad de Expresión, de opinión, de difusión de ideas y pensamientos, de publicación...

Pues mientras persista su situación, seguiremos en lo nuestro: reivindicando su libertad y el archivo de sus causas. LIBERTAD, pues, PARA PEDRO VARELA.

Por lo demás, abril se cierra hoy, y da paso al mes de la hipocresía por excelencia, en lo que queda de año: el mes de las elecciones municipales y autonómicas, en su caso.

Se iniciará, no obstante, con la marcha farisea de los sindicatos putrefactos del sistema, que con la boquita pequeña reivindicarán mañana el cese de los recortes sociales, mientras siguen viviendo de prebendas, subvenciones y erarios públicos; mientras su ministro - el de trabajo, sí, el de sus filas – acaba con lo poco que queda de empleo en España, supera cifras astronómicas que no hubieran tolerado jamás a régimen alguno que no fuera el suyo y nos hunde en la más espantosas de las crisis económicas y de valores que haya vivido España en varios siglos.

Y lo harán con miles de acólitos - muchos de ellos parados; otros, por supuesto, liberados - a los que no se les caerá la cara de vergüenza por participar en el festín, sin arrastrar por las calles a sus líderes a patadas en el culo, para ver si recuperan la dignidad que suponemos debieron tener alguna vez.

Y después vendrá la fiesta de la democracia; esa en la que todos tenemos el derecho a meter un papel en una urna y creer que con ello manejamos nuestros destinos.

Esa en la que la corrupción local, galopante, contagiosa a todos los niveles de los partidos al uso, pasa por encima del ciudadano, del vecino, con una especie de “pelillos a la mar”, porque se nos vende la idea de que con esto hay que quitar al que está, para poner a otro, que, por lo visto, es el fin de las municipales.

Deber ser que como ya lo entrenaron en la proclamación de la Segunda República, deben pensar que los demás somos idiotas y es realmente eso lo que votamos.

Pero la triste realidad es que nada cambiará en estas elecciones, las gane quien las gane; en primer lugar porque solo las pueden ganar dos – ya se ocupa el sistema de ello – y en segundo lugar porque las dificultades de participación y difusión de ideas son tantas, que las oportunidades reales son mínimas para quienes no bebemos en las fuentes del sistema.

Pero la tercera razón es propia: nuestras organizaciones – la mayor parte de ellas – seguimos viviendo en la marginalidad política, en la falta de un proyecto trabajado y convincente durante todos los años que transcurren entre dos elecciones; y seguimos presentando múltiples candidaturas para el mismo espacio político, o candidaturas que no aspiran en absoluto a ganar concejales.

Esta es otra reflexión pendiente de la que no estamos exentos ninguno de nosotros. La Falange tampoco. Ni sus militantes, afiliados, simpatizantes o simples votantes. No hay proyecto político sin base social que lo sustente – con trabajo diario - en cada lugar.

Todo lo demás que hagamos será clamar en el desierto, tratar de aprovechar espacios que en realidad no existen y mostrar nuestra incapacidad. Pero cuidado, nuestra incapacidad como organizaciones es el reflejo de nuestra incapacidad como militantes.

Mientras tanto, este programa, por supuesto, apoyará las candidaturas e intenciones de nuestra organización, pero una vez más lo tendrá que hacer como José Antonio y la historia nos enseñaron. Tristemente.

Quizá podamos encontrar algo de consuelo hoy en la charla con nuestro invitado. Un hombre que nunca pensó en escribir; apasionado por la música y la imagen; de memoria providencial y documentación envidiable. Alguien que ha hecho el sano esfuerzo de recordar y que se ha sentido muy reconfortado por ello.

Él invita a hacer ese mismo ejercicio a cada uno de nosotros. De esos ejercicios de memoria se obtienen enseñanzas irremplazables. Ojalá que asi sea para nosotros también. Acomódense y escúchennos.
Wikio