lunes, 4 de julio de 2011

Editorial y Programa nº 63: al final, regresar a los principios


Que este sea el último programa de este proyecto político de comunicación, no nos va a hacer olvidar que los compromisos están vigentes y lo seguirán estando, aun cuando apaguemos la luz y cerremos la puerta al recoger los trastos.
Nos prometimos a nosotros mismos, y por supuesto a nuestra fiel audiencia, que empezaríamos todos los programas e intervenciones públicas con la exigencia de devolución los derechos y libertades de quienes los han perdido por integridad política personal y moral, y así empezaremos una vez más este programa.
No nos hemos olvidado: Pedro Varela sigue en prisión. Injustamente, cobardemente y contra natura. Por ejercer su derecho a discrepar, a cuestionar la verdad oficial, a comunicar y difundir opiniones, a establecer debates y a facilitar información que enriquezca los mismos.
En definitiva, sigue preso por lo de siempre: por ser un hombre Libre, para el que volvemos a exigir su inmediata Libertad. Un abrazo Pedro Varela.
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Efectivamente hoy apagamos la luz. Tras 63 programas, más de un centenar de colaboraciones, 38 programas de televisión y 25 de radio, ponemos fin a esta larga travesía con la satisfacción de haber dado todo lo que teníamos y la pena de no haber podido dar más.
Desde aquel San Ricardo de 2009 en que los micrófonos de la Voz de la Falange se abrieron por primera vez, en la tristemente fallecida Radio Intercontinental (hoy grupo intereconomía y por ello fallecida) hasta hoy han pasado 29 meses.
29 meses de lucha titánica y desesperada contra el silencio, contra la mentira, contra la mendacidad, contra la injusticia, contra la cobardía. 29 meses de selección de temas, de preparación de programas, de incorporación de invitados; más de 30 libros extensamente analizados con sus autores, sus recopiladores, sus editores.
La causa de la vida, la de la justicia social, la de la indignación, la de la unidad e integridad nacionales; la de la inmigración ilegal o la discriminación positiva, la causa de los hermanos cubanos de la hispanidad en lucha por sus derechos; la lucha contra el terror; la recuperación de la verdadera memoria histórica: La división azul, el valle de los Caídos, la Legión y su fundador, nuestra guerra incivil pero real, Juan Ignacio González; la causa de las víctimas frente a la impunidad de los menores, tornados en auténticas bestias; las excarcelaciones de etarras, el análisis del 11-M, las voces de las víctimas; el 23 de febrero, la Operación Galaxia y la Tansición, la Traición del Sáhara y el asesinato de Carrero; La tutela americana... el deporte, de la mano de campeones de primera línea que se baten en el ring como sólo los falangistas saben batirse a lo largo de sus vidas; La historia de España y de Europa a lo largo de los siglos XX y XXI que tanto influyen en nuestra configuración nacional actual; decenas de temas y opiniones de actualidad rabiosa que abarcaron desde los secuestros de españoles, hasta la piratería marítima; desde las elecciones municipales, hasta la legalización de Bildu o la toma de la Puerta del Sol...
Verdaderamente es para sentirse satisfechos.
Periodistas de otros medios, que jamás habrían puesto sus pies antes, en nuestros estudios, han debatido con nosotros en auténtica libertad. Liberales, identitarios, falangistas de todas las familias azules, carlistas,
apolíticos, patriotas de toda sensibilidad; moderados izquierdistas que encontraron en nuestra casa ideas, argumentos, debates, posiciones defendidas con pasión, con lógica, con indignación, con radicalidad y siempre con respeto.
Con mucho respeto a nuestros interlocutores y no necesariamente a lo que defendían.
No quiero olvidarme de nadie, pero por esta casa han pasado Enrique de Diego, Jesús Palacios, Gonzalo Altozano, Luis Fernández-Villamea, Antonio Gibello, Alfonso Arteseros, José Javier Esparza, Gustavo Morales, José Semprún, Guillermo Rocafort, José Luis Jerez, José Luis Orella, Francisco José Alcaraz, José Utrera Molina, José María Manrique, José Sanz-Jarque, Luis Eugenio Togores, Angeles Pedraza, Manuela Lancharro, Consuelo Martínez-Sicluna, José Mª de Pablo, los padres de Sandra Palo, Carlos Vesteiro, Ernesto Gutierrez Tamargo, Santiago Milans del Bosch, Peregrina Millán Astray, Ignacio y Miguel Menéndez, Francisco Pilo, Miguel Ángel Vázquez, Luis Antequera, Esperanza Puente, Josep Anglada, Elena Sanz-Orrio, Salvador Ceprián, José María Blanco Corredoria, Ceferino Maestú, Ramón Tejero Díaz, Rafel Nieto, Casilda Primo de Rivera, Juan Antonio Llopart, Fernando Oriente Coromina, Carlos García Soler, Juan Blanco, Tomás Martín, Carlos Zarco, el coronel Navarro, Pilar Muñoz, Pilar Gutiérrez, Antonio Iglesias, Luis López Novelle, José Manuel Ezpeleta, Fernando Anaya, José Antonio Martín "Petón", Oscar Sánchez Sandoval "Rayito", Ramiro Ribas Narváez; Pedro Pablo Peña. Mª Cruz Jara, Fernando Santos, Jesús Landa, Pablo Segarra, Fernando Stampa, Juan Serrano Mannara, Ernst-Christoph Schkopp, Pablo Fernández Blanco, los cubanos Manuel Ubals y José Luis González Tanquero, Fernando Martínez, Fernando Trujillo, Santiago Casero, Carlos Batres, Miguel Valenciano, Jesús Muñoz, Javier Marcos, Manuel Galiana, Abelardo Pons, Manuel Andrino, Carlos Rodríguez, Marisa López Alonso, Ricardo Ynestrillas, Eduardo García Serrano, nuestro primer mentor - al que desde aquí mando un fuerte abrazo con todo nuestro agradecimiento, pese a los rumbos ideológicos que cada uno adoptamos –; ...decenas de escritores, historiadores y amigos que han hecho de nuestro programa un reto cada semana, por lograr llegar a esos dificilísimos espectadores que aporta el medio – internet – peleando con las todopoderosas cadenas de difusión al uso. Me perdonaran los no mencionados, pues escribo de memoria Y también los que, como Manuel Galiana, se quedaron sin programa porque siempre nos sirvieron de comodín para ajustar la programación. Nunca se lo hemos agradecido bastante.
Grabamos en la librería Europa de Barcelona, en Guadalajara, en Santiago de Compostela; nos acompañaron los plantados cubanos, los voluntarios de la División azul...
Sí, sinceramente creo que es como para sentirse muy orgullosos y sin embargo... no lo estamos del todo.
Nacimos para ofrecer a España, a través de nuestros programas, una clara visión de los planteamientos y posiciones que La Falange tiene hoy, respecto del pasado, del presente y del futuro. Con intención de ofrecer normalidad a los demás; que se entendiera que ser falangista es perfectamente compatible con los seres humanos normales y corrientes; si acaso con una sensibilidad, una preocupación social y un compromiso mayor que la mayoría de los mortales, razón por la cual militamos, con mayor o menor éxito. Y eso también creemos haberlo logrado.
Pero dábamos muestras de agotamiento. De haber alcanzado el techo en el modelo, en el formato, en el medio, o en la transmisión de ideas y planteamientos. Somos conscientes de que son muchos los que nos escuchan en España y lejos de ella también, gracias a la conexión con la Agencia de Noticias Hispanoamérica, pero nuestro crecimiento ya se hacía lento, pesado.
Y nada peor para un proyecto exitoso, que dejarlo envejecer hasta la extenuación y perder con ello el rédito y el prestigio de lo logrado hasta entonces.
España y Europa, en los próximos meses, se enfrentará a un cambio de gobierno – y quién sabe si de Sistema - dónde los falangistas tenemos que tener posición y visibilidad. Los indignados, los desfavorecidos, los hartos, los descontentos, los parados... los hambrientos, y también los enemigos de España - ahora en las instituciones, acompañando al resto de enemigos que ya les aguardaban allí – pueden - remotamente, pero pueden - cambiar la fisonomía de los acontecimientos patrios; y tenemos dos opciones: estar preparados y dar la batalla... o morir. Desaparecer. Dejar sitio a otros que sí tengan esa capacidad e intención.
Nuestra opción es la primera. Dar la batalla. Pero una batalla acorde con estos acontecimientos cruciales.
Por eso es fundamental tomar distancia. Retirarse levemente a pensar; recapacitar, organizarse. Ver el tablero de ajedrez desde arriba; contar las piezas, ordenar la estrategia. Y desde luego, no entregar la dama.
Nuestra dama, nuestra Voz de La Falange, no puede desperdiciar ni lo logrado fuera, ni lo logrado dentro, pero tampoco podíamos dejar que se agotara.
La Gran Esperanza, estoy seguro, será vista en el futuro como hoy estudiaremos “Jerarquía”, o cualquiera de las publicaciones que conservamos como oro en paño. La nómina de invitados y testimonios vertidos ante nuestros
micrófonos serán la causa, no nosotros. Y ello merece cerrar la puerta sin dar portazos, para conservar todo dentro, intacto.
Pero que nadie dude que nos ponemos – ya – a trabajar en más proyectos, en más comunicación, en más participación. En recuperar el fuelle para volver a la carga y dejar pequeña a La Gran Esperanza, por lo que seamos
capaces de hacer después. La lucha continúa y si bien la puerta se cierra, en la habitación de al lado habrá luz hasta altas horas de la madrugada. Y dentro estaremos algunos de nosotros, trabajando.
Por eso hoy, hemos querido cerrar con un colofón de lujo. La Falange primigenia. La del sentimiento heroico de la vida, la del valor. La de aquellos sacerdotes bravos que, como Fermín Yzurdiaga, supieron ponerle la pluma a la Cruz, como los Aznar le ponían la espada.
Porque - siempre lo hemos dicho - nosotros estamos orgullosos de nuestra historia. Es allí donde aprendemos las lecciones y apoyamos nuestros talones para coger impulso y actuar en el presente y en el futuro. Y porque conviene no olvidar dónde están nuestros referentes de ayer, para construir la España de hoy y de mañana. Por última vez les pido: acomódense y escúchennos.
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