lunes, 24 de mayo de 2010

Editorial y programa 41 de La Gran Esperanza: El Zapaterazo



Si hoy empezáramos este programa por otro sitio distinto que el “zapaterazo”, flaco favor le estaríamos haciendo a la causa nacional-sindicalista y a la razón de ser de este programa.


Nos hemos marcado objetivos, sí, y la defensa de la verdadera Memoria Histórica es uno de ellos, como venimos evidenciando edición tras edición, pero no existimos sólo para la reivindicación del pasado, sino para prometer un futuro distinto.


Estas pasadas semanas se ha destapado la caja de los truenos y todos los plumeros han quedado al aire. Rodríguez Zapatero, el enorme embustero, el peor presidente de la historia de España desde Godoy, ha asestado su último machetazo a los más débiles, como siempre, cuando menos falta le hacen: entre períodos electorales. Su obsesión es ganar las próximas elecciones, pero para eso quedan dos años y ahora sus subvencionados votantes con todo tipo de cheques ya no le hacen tanta falta. Ya se sacará un conejo de la chistera cuando corresponda.


Ahora ha llegado el momento de las vacas flacas – de cumplir las instrucciones que nos mandan los gobiernos mundiales del entorno capitalista – y no le duelen prendas en congelar pensiones, rebajar sueldos a los funcionarios y retirar cheques y subsidios que sirvieron para comprar los votos que hoy le soportan en el Gobierno.


España marcha ya camino de convertirse en una economía típicamente soviética. Sí he dicho típicamente soviética y lo explicaré: más de la mitad de la población española depende económicamente del Estado. El 20% de parados, el 20% de funcionarios, el 14% de jubilados y subsidiados y un porcentaje indeterminado de los que están en formación y en otras clasificaciones eufemísticas para no decir que son parados. Más de la mitad de la población, como en los regímenes soviéticos, pero con una diferencia: La ineptitud de quienes nos gobiernan. Porque de ese 54% largo de dependientes del estado son todos sin excepción, de los llamados improductivos en términos empresariales y económicos, es decir, en términos de creación de riqueza.


Al menos en Cuba, en China, o en la antigua URSS, los medios de producción estaban en manos estatales. Practicaban capitalismo de estado, sí, y adolecían de una terrible falta de libertad, pero al menos controlaban los bienes y los servicios.


Este analfabeto funcional, siguiendo la estela de los gobiernos liberal capitalistas de izquierda y derecha anteriores, ha hecho todo lo contrario: los transportes, las comunicaciones, las telecomunicaciones, la banca y los operadores energéticos son todos privados. Todos han ganado dinero a espuertas en los peores momentos de la crisis y no han dudado en ponerse en manos extranjeras si ha sido preciso. Nosotros nos hemos quedado con los planes de rescate de la banca, con las quiebras de las Cajas de Ahorro - verdaderos cementerios de políticos defenestrados - con las cadenas de televisión públicas a mayor gloria del político de turno, y ahora con las restricciones al débil y el silencio culpable de los sindicatos de clase.


Ha llegado el momento de cambiar. No nos cansaremos de repetirlo. Este modelo está caduco, muerto, desarticulado y sin solución. No caben modelos de subsidio, ni modelos de competencia globalizada y capitalista. No cabe la fuga de fortunas y capitales y que los impuestos los paguen siempre los mismos. No cabe más destrucción de PYMES y autónomos mientras la corrupta clase política se hace los trajes en “gürtel” e “invierte” en hípicas de terreno recalificado. No cabe poner dinero para que la gente no se muera de hambre y esperar mejores tiempos, sin más, porque eso no funciona.


Hace falta un gran pacto. No un pacto de Estado ni de fuerzas políticas. Hace falta un gran pacto entre todos los miembros de la cadena productiva, entre trabajadores y empresarios, para participar de un mismo proyecto; no sirve ya nacionalizar las deudas, las miserias y los subsidios y privatizar el crédito, los servicios y la producción.


Sólo sirve cambiar el modelo; pedirnos a todos un gran ajuste a cambio de ese nuevo modelo en que los trabajadores y los empresarios compartamos eficazmente el producto de nuestro esfuerzo, de nuestro sacrificio y de nuestro trabajo. No cabe pedir esfuerzos para subsidiar Memoria Histórica, titiriteros de la ceja y traducción simultánea en el Congreso y no cambiar nada en el modelo de participación, en el reparto del crédito y en el acceso a la propiedad por la que cada uno se deja la piel.


Y desde luego no cabe seguir lanzando cortinas de humo y mantener a todos pendientes de un hilo en el hogar, mientras seguimos perpetrando barbaridades a cuenta de la Memoria, como en el Valle de los Caídos, o asistiendo a ceremonias indecentes entorno a un juez corrupto, sectario, prevaricador y amigo siempre de sí mismo, del poder y de la banca.


Ya no hay espacio para todo esto. La olla está a punto de estallar y sólo cabe otro modelo. Un modelo nacional, que suprima el gasto superfluo, que elimine la organización autonómica de faraones y la convierta, de verdad, en una organización administrativa de cercanía al ciudadano, que devuelva propiedad a cambio de trabajo, de compromiso, de apretarse el cinturón, pero que convierta a los hombres y mujeres de España en protagonistas de su destino y no en meros actores secundarios de un nuevo “Plan Marshall”.

Que acabe con las miserables organizaciones sindicales dependientes y subsidiadas y las sustituya por una única organización sindical fuerte, con un único objetivo común.


No sabemos si esto es una utopía o un deseo, pero seguro que es una urgente necesidad.


Pero para no abandonar nuestro compromiso con la historia, con la memoria, con la verdad y con el pasado, no sea que nos veamos obligados a repetirla por olvidadizos, también hoy daremos un vistazo atrás, a ver que podemos aprender. Lo haremos con un testigo único, con un notario de la realidad, con un documentalista de excepción. Acomódense y escúchennos.


Wikio


lunes, 17 de mayo de 2010




Wikio

miércoles, 12 de mayo de 2010

Memoria y Lealtad



Para los que me han solicitado este vídeo, del pasado fin de semana, he aquí mi intervención grabada.

Wikio

martes, 11 de mayo de 2010

No entraré al trapo



Me marqué hace algún tiempo la obligación moral de no criticar en público las acciones, actitudes, frases o envites enviados por los diversos líderes del nacionalismo español y de los diversos líderes azules de las falanges en particular.

Por ello, no lo haré ahora con Jorge Garrido, como no lo hice en el programa trampa de la Noria al que yo, personalmente, creo que no hubiera ido; porque lo crea o no el Garrido real - el del vídeo - o los "Garridos virtuales", los muchos que pululan por la diáspora azul, algún día será imprescindible elegir una trinchera, de esas que sólo tienen dos lados y el otro lado siempre es el de enfrente.

Y ese día, mucho me temo que será imprescindible estar límpio de equipajes descalificatorios, de enfrentamientos cainitas, de los modos y maneras que nos han condenado y nos condenan al ostracismo y la marginalidad por los siglos de los siglos.

Porque es esto lo que nos mantiene en dique seco, crean lo que crean; es nuestra incapacidad para buscar causas comunes y nuestra facilidad para encontrar pústulas y granos en los demás, lo que nos separa de la realidad. No es el mensaje, no es la costra de la que a toda costa queremos desprendernos sin alcanzar a comprender que, de costra en costra, llegarán a tallarnos los huesos; es, símplemente, nuestra obsesión por ser más puros, más límpios, más auténticos y más "mases" que los demás, lo que nos convierte en un circo permanente donde los que se divierten, como en todos los circos, son los espectadores, a los cuales, por supuesto, ni les va ni les viene la función, y cuando termina se van a casa sin volver a acordarse ni de los saltinbanquis ni de los payasos.

Y si públicamente he discutido hasta la saciedad con el abogado innombrable - Ignacio Toledano, que aquí si le nombramos y compartimos con él foros y trabajos, camaradería y amistad, tanto como discutimos y "peleamos" en otros asuntos - porque no me parece acertado el enfoque de sus artículos y acciones en relación con FE-JONS, públicamente diré también que la Falange en la que milito, en la que trabajo cada día, es tan heredera, tan falangista, tan azul y, por supuesto tan legítima y tan legal como cualquier otra.

Lo que ocurre es que en ésta estamos menos a quitarnos costras y más a cultivar nuestro pasado como una pieza común - con todo su contenido, con sus defectos y sus virtudes - sin tratar de hacer disquisiciones filosóficas que sólo benefician a los espectadores malintencionados. Y ello, porque, una vez más lo tengo que repetir, es con nuestro pasado intacto, asumido e indiscutible, con lo que de una vez por todas podremos ponernos a hablar del presente y, sobre todo, del futuro.

Personalmente, me siento tan heredero de Hedilla, como de Girón, de Sanz-Orrio y de Fernández Cuesta, como de Narciso Perales, de una parte de Dionisio Ridruejo o de Utrera Molina, de Arrese, de Rafael Sánchez Mazas y, por supuesto, de José Antonio, de Ramiro, De Julio Ruiz de Alda, de Onésimo Redondo; de tantos y tantos falangistas de una y otra época, que las diferencias se me antojan para una investigación histórica y sosegada y no para una batalla política actual de descubrimeinto de una nueva identidad falangista.

Así que yo seguiré a lo mío, sin señalar ni escribir de o sobre ningún otro camarada con responsabilidades en otras organizaciones, en público y en tono crítico, sin permitir que sean otros los que nos juzguen por lo que decimos nosotros de nosotros mismos y no por lo que dicen los demás y apoyando las iniciativas que, como la de FE-JONS, de procesar a Garzón, ha encontrado nuestra colaboración pública - no siempre bien entendida ni considerada - y nuestra pequeña aportación para poderla llevar a cabo. No se nos ocurre en qué otro lado de la trinchera política podríamos estar.

Wikio




Lazos y Corbatas



Hoy nace al público en general esta criatura. Lazos y Corbatas, cuya recaudación, al 100%, ha sido donada por su autora a Mensajeros de la Paz. Hoy sale a la venta este hijo literario de Amaya Morera y, porque no decirlo, en lo que les toca a los consortes, de su marido Carlos Testor y compañero mío de promoción en la Escuela de Negocio.


Le deseo mucho éxito a Amaya, por ella misma, por la ilusión que se pone en cada "alumbramiento", por el esfuerzo y las horas de dedicación a cuidar del embarazo literario, pero sobre todo porque contribuye a una buena causa.


Bienvenido al mundo un libro romántico, escrito con el corazón y con un fin tan maravilloso como paliar los daños sobre una infancia destrozada por los conflictos de los padres. Me refiero a las consecuencias de la Guerra sobre los críos. Carlos me mandó un correo y me sorprendió su franqueza: Compra 1 y regala 5, me dijo. Es por una buena causa. Eso mismo os sugiero yo. Junto con la solicitud de que difundáis su existencia

Wikio

lunes, 10 de mayo de 2010

Editorial y programa nº 40: Por El Valle somos MYL



Este ha sido un fin de semana intenso para quienes no queremos desaparecer bajo el manto de la ignominia , para esa media España que no se quiere dejar... en esta ocasión no matar – al menos por ahora - sino enterrar en el fango de la mentira, de la calumnia, de la culpa, de la responsabilidad....

El Valle de los Caídos es todo un símbolo. Un símbolo de la reconstrucción; de la capacidad de España de reponerse ante la adversidad, ante el horror de la guerra entre hermanos; de vencer los bloqueos internacionales que trataban de ahogarnos para asegurarse que no intervendríamos en la segunda Guerra Mundial. Fue el gesto que demostraba lo que años más tarde, respecto de la ONU, gritaba en las calles una España creciente, peleona, orgullosa de sí misma: "Si América tiene ONU, España tiene dos..."

Es el símbolo eterno de la Cruz sobre todo y sobre todos, extendiendo sus brazos desde lo más alto para traernos la Paz. El símbolo de la Civilización por la que generación tras generación, siglo tras siglo, han muerto nuestros mejores hombres y mujeres de España.

Es el ejemplo de la sencillez grandiosa en el arte y en la arquitectur. La Esparta griega en forma de Basílica, no por sencilla menos impresionante. Es el lugar donde se yerguen los Evangelistas y las Virtudes y la maravillosa Piedad que hicieran para el mundo Ávalos y su gente.

Pero es sobre todo, por encima de todo, pese a todos, y nos guste o no a propios y a extraños, el gran símbolo de la Reconciliación Nacional, del perdón, del olvido, del final de la guerra. El Campo Santo donde reposan 40.000 muertos de ambos bandos contendientes, que por decisión de los vencedores, duermen el Sueño Eterno en sus criptas y columbarios, hermanados otra vez en un solo suelo, bajo una sola bandera y con el único manto definitivo que los arropara por siempre, el de su pequeña cruz de madera y la enorme de granito.

Bajo todo tipo de venenos, se ha querido convertir el Valle en el campo de Trabajos Forzados de 20.000 angelitos esclavos del régimen. Con todo tipo de excusas, saltándose a la torera toda legislación, autoridad, capacidad legal y normativa, han empezado a derribar a mazazos los símbolos religiosos que lo coronan, han bordeado su propia ley de mentiras históricas y han “panelado” con recortes de madera - de manera burda e infantil – las zonas de la cúpula que contienen las banderas de España, de Falange y del Requeté. Han cerrado El Valle, han cortado el grifo de su subsistencia como museo – uno de los más visitados – y han amenazado con desacralizarlo y convertirlo en un centro de Interpretación de la Memoria Histórica – de su peculiar interpretación de la memoria histórica – verdadero trasfondo de todo este asunto.

Porque esta es la realidad. Es el rencor, una supuesta venganza travestida por la ignorancia, la cobardía y – dicho sea de paso – la deserción y la dejación de muchos, la que gobierna todas estas acciones encaminadas a destruir el Valle.

Durante años muchos pedían a gritos el abandono de los homenajes a uno, otro o ambos políticos enterrados en la nave principal, según se tratara de unas u otras organizaciones. Se manejó el recurso fácil que era mejor bajar los brazos, abandonar las camisas, banderas, emblemas y otras liturgias, porque si no, “nos lo cerrarían”, decían los bien pensantes. El Abad, en un intento conciliador y timorato, fue más allá y redujo el derecho de los deudos a la famosa frase de la “Misa Conventual genérica y despolitizada”. Unos y otros, inocentes, pensaron que sería suficiente para calmar el apetito de "la zorra". Pero la zorra no se calma nunca, siempre quiere más y más, sobre todo cuando se cobra las piezas gratis y sin esfuerzo.

Y así hemos llegado hasta aquí, con el desconocimiento más absoluto de la verdad sobre la enorme obra – en todos los sentidos – que supuso y supone el Valle de los Caídos. Hueso duro, el que nos toca roer para cambiarlo, pero no por ello renunciaremos a hacerlo.

Hoy, escritores historiadores, escultores, funcionarios, periodistas, activistas católicos y miembros de las diversas plataformas de defensa del Valle de los Caídos van a abrir, una vez más, la Caja de Pandora conteniendo la verdad, por poco que les guste. Y se la mostraremos aquí, en La Gran Esperanza, con toda su crudeza.

Pero no dejaremos de recordar también que, en todo caso, El Valle de los Caídos es el lugar donde reposan los huesos de nuestros asesinados, torturados, paseados, violados y masacrados por el régimen de terror que afortunadamente perdió la guerra y al que la Victoria devolvió, poco a poco, la paz, como si la hubieran ganado también ellos. Y algunos – seguramente MYL - no estaremos dispuestos a que se juegue con nuestros muertos. No mientras nos quede Memoria y Lealtad. Acomódense y escúchennos.

Wikio


domingo, 9 de mayo de 2010

Mi intervención en la presentación de MYL


Bienvenidos, amigos y camaradas. Mirad a vuestro alrededor. Fijaos en los oradores que hemos intervenido hoy. En muchos de los que ocupáis esta sala un domingo de mayo, que bien podríamos estar pasando con nuestras familias y pensad en lo que veis.

La inmensa mayoría de nosotros nació en la década de los 60, de los 70… incluso de los 80 del pasado siglo. Yo nací en 1964, el año en que España celebraba los 25 años de paz, por cierto la primera vez que lo hacía en mucho tiempo, gobernase quien gobernase.

La madrugada en que Franco murió, dormíamos plácidamente hasta que llegara la hora de levantarnos para ir al colegio mi hermano y yo. Un excitado capitán de Policía Armada nos despertó mientras se ajustaba la corbata y nos decía “hijos, arriba, que ha muerto ZAR.” Eso le entendimos los dos. El capitán era mi padre y nosotros teníamos 10 y 11 años de edad. Y Zar era nuestro enorme Gran Danés. Me levanté como una bala hacia el lugar en donde solía dormir Zar y lo toqué. Levantó su cabezón y me miró extrañado por la visita.

Volví hacia el lugar donde mi padre seguía preparándose. Me fijé que el uniforme que se ponía no era el habitual, el de diario y le señalé: papá, a Zar no le pasa nada. ¿Por qué dices que se ha muerto?.

Mi padre me miró incrédulo y me espetó: Franco, hijo, Franco. Se ha muerto Franco, el Jefe del Estado.

No lo creerán pero me quedé mucho más tranquilo. No era mi perro. Era Franco y era la primera vez que oía su nombre con algún tipo de interés extraño sobre él. Fuera de alguna discusión familiar entre mi abuelo falangista de la primera hora y mi padre falangista de los que nació en 1935, a mí, Franco no me decía absolutamente nada.

¿Por qué os cuento todo esto? Es sencillo, porque mi caso no puede ser muy distinto de la inmensa mayoría de los que hoy estáis aquí y a los que me he referido al principio.

Nuestra generación, nacida en plena expansión económica, en pleno desarrollo, en pleno crecimiento, no había necesitado hablar de ello nunca, y nuestros padres, al menos los míos no, no consideraron necesario explicarnos entonces quienes éramos, de dónde veníamos y cuan terrible había sido nuestros pasado inmediato, lleno de odios, de rencores, de cadáveres y de muertos entre hermanos.

Y sin embargo, no ha pasado prácticamente un solo día desde entonces -35 años ya - en que no hayamos oído, vivido, discutido y peleado acerca de Franco, de la guerra, de todo lo que aquello supuso y de lo muy malas que eran las gentes como mi padre, vosotros y muchos de vuestros padres, herederos de un régimen de supuesto terror y de falta de libertades que nos hacía insufrible una vida que yo, hasta aquel momento, había percibido tan placentera como cualquier otro chaval de mi edad, en cualquier otra generación. 35 años desde entonces, levantando odios, rencillas y pasiones y reabriendo heridas cerradas ya varias veces por todos los que quisieron hacerlo.

Por eso estamos hoy aquí. Porque en la cima de ese grotesco despertar de odios, un gobierno - el de Rodríguez Zapatero - de la misma generación de la que estoy hablando - y una oposición, la del Partido Popular, que no sólo es de esa misma generación sino que sus padres fueron los protagonistas directos del régimen al que nos hemos venido refiriendo, decidieron hurgar, mentir, violar toda ley, inventar un pasado a su antojo con la única finalidad de reconstruirlo de la forma que les hubiera gustado a sus padres y abuelos – unos - y para desligarse de su propio estigma, los otros, devolviéndonos a tiempos pasados que creímos abandonados.

Porque fue Zapatero, cuando aún no llevaba un año en el gobierno, el que regaló por su maldito cumpleaños al asesino de Madrid, Santiago Carrillo, el derribo de la estatua de Nuevos Ministerios. Porque fue el Congreso de los Diputados, con mayoría absoluta del Partido Popular, en tiempos de Aznar, el que permitió una condena del Régimen Anterior en sede parlamentaria; porque fueron ambas formaciones las que en 2007 permitieron con su voto casi unánime sacar adelante una ley que ha sido denominada de Memoria Histórica, y que es la que está sirviendo para cerrar y derruir el Valle de los Caídos, arrancar nombres, estatuas, plazas y honores y arrojar sobre las espaldas de muchos falangistas todas las supuestas vilezas que en el mundo ha habido. Lo mismo ha dado que fueran civiles o militares, monárquicos o republicanos, anteriores o posteriores a la guerra, víctimas o verdugos, héroes de la división azul o ministros del régimen. ¡Todos fuera! ¡Hasta Alfonso XIII! ¡No por rey, que ya nos parece bien a algunos, sino por franquista!.

La ley de indulto total de la guerra, fue promulgada por Franco 6 años después de acabada ésta en octubre de 1945. Merced a este indulto total, regresaron a España, a morir de viejos y sin que nadie les molestara, 50.000 exiliados entre los que se encontraban, por ejemplo, el General Vicente Rojo, Jefe del Estado Mayor del Ejército rojo, o Eduardo Iglesias Portal, presidente del tribunal que condenó a muerte a José Antonio Primo de Rivera. Hemos visto cómo incluso ese supuesto poeta rojo que se hace llamar Marcos Ana - asesino convicto y confeso desde su más tierna infancia, que se acogió a las bondades del régimen para abandonar la cárcel con apenas 20 años de prisión, también indultado - cerraba puño en alto los actos de acompañamiento del juez titiritero Baltasar Garzón. Seis años para el perdón… Los mismos que lleva gobernando Zapatero para el rencor, el odio y para travestir “buenos y malos”, según sus propios usos lingüísticos.

No soy franquista. No puedo serlo; no tengo edad para ser ni franquista, ni isabelprimerista, ni felipesegundista, ni carlosprimerista, ni pelayista. Soy falangista, porque al contrario que los otros que acabo de mencionar, y que constituyen elementos inseparables de nuestra memoria colectiva como pueblo, de nuestra historia como nación, he bebido en sus fuentes doctrinales e ideológicas, he admirado sus propuestas, he asumido sus postulados y he deseado y deseo para España, unos modos y unas maneras que derivan de aquel cuerpo de doctrina fresco y escueto que tanto tiene todavía que aportar a la convivencia justa y pacífica de los españoles.

Pero junto a ese sentimiento y a esa forma de ser y de vivir, iban, en un mismo paquete, conceptos que no puedo separar y que incluyen la lealtad, el amor a la verdad, el orgullo de mi raza y de mi historia, el deber, el patriotismo….

Y me los han venido a quebrantar. De repente me han convertido en una especie de franquista a la fuerza, en un demonio vestido de azul, heredero - cuando no responsable directo - de las mayores tropelías de la historia reciente y hasta de genocidios incalculables.

Y cuando uno se pone a leer, a interesarse a la fuerza, a estudiar, porque todo esto se cura leyendo – siempre lo digo – descubre que están arrojando sobre uno mismo y sobre nuestros inmediatos predecesores, toda la basura, la mentira y las barbaridades de las que la historia sí ha hecho verdaderos responsables a quienes ahora escupen en todas direcciones tratando de arrancar las páginas de los libros, de las calles y plazas, y si les dejáramos, de los últimos rincones de nuestro pensamiento. Quieren ganar una guerra ahora, que sus padres y abuelos perdieron hace más de 70 años.

Me dicen a menudo: pero ¿a ti que te va en esto? ¡Esta no es tu guerra! ¡Deberíais estar en otras cosas!... No podéis estar siempre en el pasado….

Y tienen razón. Eso es lo que quisimos muchos falangistas y otros que no lo eran, cuando amanecimos a la política y queríamos, como queremos, cambiar el mundo. Pero no fuimos nosotros quienes levantamos a nuestros muertos. No fuimos nosotros, que tanto sufrimiento acumulamos, a veces vivo todavía, cuando uno se asoma a tertulias y televisiones y descubre que el asesino de tus mayores se pavonea señalándote con el dedo.

No fuimos nosotros los que levantamos cadáveres y lo que es peor, no somos nosotros los que seguimos sembrando de muertos las calles con los mismos argumentos que hace un siglo.

Son estos insensatos, estos miserables que no saben nada, que creen que pueden olvidar la historia sin riesgo de repetirla, los que han logrado que chavalitos de corta edad, todos los “josues” y todos los “pollos” de España, se maten a navajazos y patadas en el metro, se ataquen con violencia feroz por una guerra que vivieron sus bisabuelos y de la que ellos no saben nada, absolutamente nada, pero que los ha alineado en uno u otro supuestos bandos, gracias a esa insensatez, a ese virus frentepopulisa que sus mayores han vuelto a inocular en todos nosotros obligándonos a pelear o condenándonos a callar y asumir como verdaderas, la mentiras que han lanzado sobre nosotros.

Y lo acompañan de leyes que les permiten borrar, arrancar de los libros, adoctrinar a las nuevas generaciones, atentar contra todo lo que significamos para que no lean, para que no aprendan, para que sientan vergüenza de sí mismos y de sus mayores.

Y no es casual, porque reiteradamente, a lo largo de la historia, periódicamente lo vuelven a intentar: Abajo con nuestra civilización occidental; abajo con nuestra cultura, con nuestro credo, con nuestras señas de identidad, con nuestro ordenamiento jurídico, con todo lo que hizo posible esta unidad de convivencia que se llama Europa y en particular, con esta unidad de destino en lo universal que se llama España.

Y nos persiguen y perseguirán por ello, y nos vituperan y vituperarán, y no tardarán en encerrarnos y empezar a perseguirnos por las calles, no por lo peligrosos o importantes que seamos, sino porque viene bien a su estrategia, porque no dan un paso que previamente no esté medido, que no hayan madurado durante años de rencor y de odios condensados.

Y nosotros sólo tendremos dos opciones: callar, aguantar, desprendernos de ese pasado según sus normas; renegar de nuestros credos, de nuestros ancestros, de nuestras cultura….olvidar a nuestros muertos, viejos y recientes….. O luchar, resistir y atacar incluso, con todas nuestras fuerzas, sean cuales sean. Porque me enseñaron ya en el pecho materno que las cosas hay que hacerlas cuando hay que hacerlas simplemente, porque hay que hacerlas

Las pocas o muchas organizaciones e iniciativas más o menos políticas que hoy estamos aquí, no siempre coincidimos en los postulados, ni en las estrategias ni en las tácticas. No siempre asumimos como comunes determinados asertos. Los falangistas, por ejemplo, frecuentemente no somos franquistas, unos por lo que ya expliqué al principio; otros incluso, por oposición ideológica.

Pero eso no nos convierte en ciegos. No nos impide adivinar que no es específicamente a nosotros solos a los que se quiere perseguir, desactivar y hasta aniquilar. Que va mucho más allá. Que es toda una civilización, toda una forma de vida la que está en juego y no podemos permanecer callados.

Hemos elegido pelear junto a quienes en otras ocasiones a lo mejor no serán compañeros de viaje. Pero eso no nos impide, no nos puede impedir, sentirnos herederos de toda nuestra historia y sobre todo, no nos puede impedir ver que no se trata sólo de borrar nuestro pasado, sino de borrar nuestro futuro, de aniquilar nuestra forma de pensamiento, de eliminar toda capacidad de revolucionar sus sistemas caducos de derecha e izquierda, para, algún día, sustituirlos por otros más limpios, más justos, mejores. Es nuestro presente y nuestro futuro el que está en juego con la persecución de nuestro pasado.

Por eso no podemos faltar en esta plataforma nosotros y por eso creo firmemente que no podéis faltar ninguno. Sois muchos los que, con frecuencia, os preguntáis, nos preguntáis a quienes estamos en la política activa, que por qué no nos unimos, que por qué no vamos juntos, que por qué no hacéis, no decís, esto y lo otro.. y lo dejáis así, colgando, como si la responsabilidad fuera siempre de otros.

Hay quien incluso dice que se marcha a casa hasta que nos unamos porque, con tanta desunión, no se puede hacer nada… Y en vista de eso recogen a los niños, a sus mujeres y se van a dar un paseo, o a misa o a pasar el día mientras otros, por lo visto, se unen para ellos, para que estén más cómodos.

Ayer, en el programa de radio que tengo el honor de dirigir, conversábamos sobre el Valle de los Caídos y su más que probable conversión en un centro de interpretación de la memoria histórica, con muchos especialistas. Y nos hacíamos una reflexión acerca del abad, de la Iglesia, de los poderes públicos y hasta de la Casa Real. A todos les exigíamos responsabilidad, un paso al frente, una actitud decidida… Hasta que comenté algo importante, a mi modo de ver…:¿Ellos? ¿Los demás? ¿Los otros son los obligados? ¿Nosotros no? ¿Nosotros no estamos incluidos en esta responsabilidad común? Los católicos, los falangistas, los herederos de aquella sociedad, o los simples españoles de bien, ¿no estamos obligados también a revelarnos? ¿A hacer algo? ¡Claro que sí!. Podemos despistarnos y sacudir la cabeza; podemos cerrar los ojos y los oídos a nuestra conciencia, pero sabemos que sí. Y esta plataforma pretende ser un vehículo para ello.

Que nadie pretende encontrar aquí, así, de entrada, ni un partido común, ni un frente electoral, ni un cuerpo doctrinal homogéneo. Que nadie pretenda aquí la famosa unidad de los patriotas como supuesta medicina para el caos, porque se equivocará. Porque nos estará empujando hacia otro intento fallido, a otra derrota. Esto es lo que es, está muy claro.

Pero es un principio embrionario para comenzar a recuperar el diálogo entre nosotros, para aprender a poner en común lo que de común tenemos y para asumir ante los demás que ni renunciamos a nada, ni les permitiremos que nos juzguen ideológicamente por nada. Que no tenemos nada de lo que arrepentirnos y que aún nos quedan arrestos para alzar la voz, plantar los pies y pelear.

Uníos a la plataforma Memoria y Lealtad. Andad con nosotros el camino. Caminemos juntos esta vez y veamos hasta dónde llegamos. Con lealtad, con objetivos próximos y concretos, con una memoria común y una lealtad inquebrantable. Porque con el pasado se decide el presente y nos jugamos el futuro. Porque juntos, seremos MYL. Gracias


Wikio

miércoles, 5 de mayo de 2010

martes, 4 de mayo de 2010

El domingo, en Madrid, seremos MYL

Nunca pensé que me vería obligado a tener que pelear por la memoria de mi pueblo, de mi raza, de mis ancestros en mi propia casa; Nunca pensé que tuviera que hacerlo contra otros miembros de ese pueblo, de esa raza y quizá con ancestros comunes. Nunca pensé que en 2010 tuviera que dedicar buena parte de mi tiempo a defender la memoria y la dignidad de mis muertos, la memoria y la dignidad de los muertos de otros, que pelearon en el pasado ya lejano - hace más de 70 años - por construir para nosotros una España mejor y que, sin ninguna duda, lo lograron aún con todos sus defectos. Nunca pensé que el territorio político en que tendríamos que defendernos sería el de exigir el respeto a la reconciliación, el derecho al perdón que muchos ya dimos, el necesario ejercicio de reivindicación de los valores de la civilización por la que murieron nuestros hermanos de sangre - padres, hermanos, abuelos, hijos - y la exigencia de una justicia que no permita transmutar la historia, pervertir el pasado, revolver las tibias y los cráneos de todos, con objetivos políticos cotidianos y perversos que nada tienen que ver ni con la paz, ni con la memoria, ni con la historia.

Aunque bien mirado, no es nuevo. Los que hemos sufrido la muerte marxista de antes y de ahora, los que nos dejamos nuestros "Ricardos" en cada generación de sangre, deberíamos habernos acostumbrado a que la memoria es un ejercicio subjetivo y, cuando se pretende como ahora, perverso.

La historia, en cambio, es otra cosa. Es el relato de los hechos objetivos, estudiados en profundidad, de los cuales se obtienen enseñanzas; pero es una disciplina que se ha de practicar con voluntad, sin odio, sin rencor, con rigor, con afán de superación y con interés por aprender y por comprender.

Nada más lejos de las intenciones de quienes parieron este engendro nada más llegar al poder -Zapatero- y de quienes se autopracticaron un nuevo "harakiri" político-histórico en época de la mayoría absoluta del PP - Aznar - aprobando una resolución suicida de condena del Alzamiento, del 18 de julio y del régimen anterior - el de sus papás - en el corral de las vergüenzas ese al que llaman Congreso de los Diputados.

Es ese extraño ejercicio de parálisis mental, de enajenación transitoria, de memoria selectiva, por el cual los asesinos de Carrero o el miserable Santiago Carrillo gozan de libertad sin cargos. Ese ejercicio por el que se nos pide a las víctimas del terror de todos los tiempos - el de Paracuellos, abuelo Ricardo, o el de ETA, padre - que nos demos por satisfechos, que pelillos a la mar, que ya es hora de pasar página, mientras se pretende cavar España de arriba abajo en busca de nuevos odios con los que alimentar a los chavales que, en el metro, matan o tratan de matar sin saber muy bien por qué.

Ese ejercicio que consiste en "hacerse el loco" con Ternera, con De Juana, con el hijo pródigo de la anciana venerable - no de una anciana, no, de LA anciana, la única que existe entre la población reclusa - en pactar el final negociado de eso que llaman "la violencia" tan dulcemente calificada, en exigirnos a las víctimas que no interfiramos en "el proceso", pues estamos demasiado involucradas y apasionadas, mientras seguimos desenterrando sólo algunos cadáveres de hace un siglo, en virtud de no sé que derecho selectivo a la memoria. Curioso hecho este de olvidar la memoria reciente y dejarla sin castigo y desenterrar la que duerme el sueño del pasado para tratar de castigarla.
Así que una vez más este domingo tendremos que vernos dando y pidiendo explicaciones sobre nuestros caídos, sobre nuestros muertos, sobre nuestra memoria, sobre nuestra historia... y desde luego con todo el dolor de una obligación desagradable, por cuanto me parece absurdo pero irrenunciable. Es de ley.

Allí estaré el domingo, compartiendo con quienes nos acompañéis, nuestra voluntad de mirar hacia adelante, pero sin renunciar a un ápice de nuestro pasado. Mis muertos se revolverían en sus sepulturas y tienen derecho a la paz que ya ganaron con su sangre.

Wikio