lunes, 27 de febrero de 2012

Último programa de La Voz de la Falange, ya disponible

Último programa de La Voz de la Falange en el que, bajo la dirección de Carlos Chinchilla comentamos los últimos acontecimeintos de este circo romano en que se ha convertido la actaulidad española. Téngase en cuenta que la velocidad con la que se cometen canalladas en España, se dicen memeces de un nivel representativo, se abordan reformas de carácter cinematográfico, se producen acontecimientos en los tribunales ... es tan grande que no hay programa de radio amateur que aguante el ritmo. ¡Siempre estamos comentando hechos superados por la actualidad! Aún así, merecerá la pena...

Wikio

viernes, 17 de febrero de 2012

Cómo cambia el cuento....

El Ministro del Interior Popular, que tan diligente ha sido a la hora de cambiar de un plumazo la cúpula de su Ministerio en todos los frentes, siendo tachado de eficaz, valiente y oportuno, se ha encontrado con que, pese a todo, tiene el índice de valoración popular más bajo, no sólo del gabinete al que pertenece, sino de, en general, el que suele corresponder al Ministro del Interior de cualquier gabinete y que, normalmente es de los mejores.
La razón es que los Ministros de Interior españoles han tenido que gestionar siempre, como principal asunto, el del terrorismo de ETA y en ello, el pueblo español, hastiado, ha sido siempre muy comprensivo con las acciones de los Ministros, preferiblemente si se trataba de desmantelar y detener criminales en horas bajas de popularidad de sus respectivos gabinetes, al margen del resto de trapicheos o incluso conociéndolos.
Pero héteme aquí que la última añagaza envenenada de Zapatero al nuevo gobierno fue, precisamente, dejar sobre la mesa, pero sin resolver, un sí pero no de la banda  de asesinos, una retirada parcial (sin entrega ni renuncia pero sin matarnos por el mero hecho de existir), que le complicara la gestión a cualquiera que viniera detrás.
Era fácil, dado que, como ha quedado acreditado, valor, lo que se dice valor, no han tenido jamás los denominados gobiernos democráticos, y han preferido siempre mantener abiertas vías de renuncia, negociación, y traición a la víctima en su conjunto (España) y a las víctimas individuales, en particular, en vez de actuar con diligencia y decisión en acabar con las causas, los argumentos, las políticas y los criminales de un tirón y para siempre. Y en eso, como a todo, siempre hay quien gane  y, hasta ahora, Zapatero era el campeón.
Era fácil, por tanto, determinar en qué momento había que soltar el notición para, de un lado, intentar paliar la debacle electoral que se les avecinaba – e incluso invertirla si hubieran sabido – y de otro dejar un patatón caliente al entrante, caso de no ser ellos, como era más que probable.
Y así, llegamos a que Fernández se encuentra sin popularidad, sin una ETA a la que perseguir y encarcelar porque, una vez más, no hay ni voluntad, ni decisión, ni pelotas y con un campo de acción un tanto deteriorado.
¿Qué hacer pues, es semejante situación?: ¡Una traición más grande que las habituales, y ponerse por delante en la carrera por las canalladas más gordas, las insensateces más graves y las intervenciones más perversas!
A lo que se ve, Zapatero va a tener que apretarse desde el cómodo Consejo de Estado para mantener su actual posición de líder de la estulticia, porque la generación de los blanditos de Rajoy viene dando fuerte.
¡Así que no es lo mismo un escenario con una ETA matando que una ETA derrotada!, ¿no?
Déjame que te haga una preguntita, Ministro: ¿Tú eres imbécil, o es a propósito lo de hacer semejante valoración?
Oía hace un par de días a uno de esos sectarios comentaristas radiofónicos una frase en la que, pese a su condición, tenía más razón que un santo: “si esto lo dice un ministro sociliasta, se lo comen con patatas acompañando a un faisán al horno”. Cierto.
¿Qué ha cambiado Fernández? ¡Qué ha cambiado! ETA ha entrado en las instituciones, vive del erario público, ha instrumentalizado varios organismos internacionales, ha internacionalizando el conflicto, gobierna en la práctica totalidad de Vascongadas y lo hará aún más ferozmente en las próximas autonómicas, ha vinculado Navarra, no ha renunciado a uno solo de sus principios, no ha entregado ni las armas ni a los criminales, mantiene choteándose de nosotros a bestias inmundas como De Juana, o Ternera con la connivencia de tu departamento, ve y pide excarcelaciones y acercamientos a troche y moche, mientras los coríferos de la derecha como Ramón Pí, mienten en antena explicando lo triste pero inevitable que es...  y ha logrado que nada menos que el Ministro del ramo, afirme en sede parlamentaria la “dimensión política del conflicto”, anunciando además, lo generoso que va a empezar a ser el Ejecutivo, en materia de política penitenciaria.
Cientos de casos está sin resolver; miles de víctimas esperamos su derrota real: la moral, la política, la civil, la social, la militar, la más total y absoluta de las derrotas y usted decide que el conflicto ha cambiado de escenario y ahora tiene únicamente “una dimensión política”.
No les han hecho falta ni los cien días de gracia para demostrar que no tienen ustedes ninguna gracia o, en todo caso, la tienen ustedes en el bazo.
Es perverso, cobarde y traidor, afirmar siquiera de pasada lo que usted ha afirmado y arremeter con quienes le demuestran su repulsa, como no arremeten contra quienes ahora sólo tienen dimensión política.
Rosa Díez, una vez más, les ha enseñado un espejo y una vez más no les gusta lo que han visto en él: su propia cara macabra de traición repugnante. Sus diputados han afirmado que lamentan ver cómo el Partido Popular coincide más con Bildu o Amaiur que con UPy D. A ella le han respondido que fue Consejera de los gobiernos de Ardanza. La diferencia es que lo correcto es lo que hace ahora y lo despreciable, lo que hace Fernández hoy. No cabía mejor resumen.

jueves, 9 de febrero de 2012

Visto para sentencia...probablemente absolutoria

Gonzalo Martínez Fresneda y Luis Navajas han dado, con sus argumentaciones, la justa medida de lo que se dirime, en realidad, en el Tribunal Supremo y de la naturaleza humana de sus protagonistas.
 
 
Uno y otro - el primero en calidad de defensor, pero no por ello libre de la obligación de mantener un inmenso respeto hacia las víctimas de las brutales matanzas que el marxismo asesino que socialistas y comunistas han venido practicando en España, en nuestro pasado reciente, y el segundo, mucho más grave, como fiscal, es decir como Ministerio Público representante supuesto de la sociedad frente al presunto criminal, en cualquier juicio – han dado en declarar, en sus alegatos finales de uno de los tres juicios que se siguen contra el presunto delincuente Baltasar Garzón (cohecho y prevaricación son las imputaciones, no lo olvidemos), que la insistencia en resolver los asesinatos masivos de Paracuellos – nombre genérico empleado para referirse al terror rojo en España, a fin de no tener que listar la enorme cantidad de checas, cárceles, cunetas, fosas, poblaciones y demás lugares donde los predecesores de Zapatero y Lara se esforzaron en su particular aquelarre de sangre “facista”, pero que incluiría lugares como Torrejón, Majadahonda, Aravaca, Pozuelo, y un sinfín de tapias de cementerio – es “machacona”, “incomparable”, “sin parangón”, “puntual de sacas en Barcelona y Madrid” y que, en todo caso, las víctimas y sus deudos fueron “identificadas, indemnizadas y reparadas”.

No me sorprenden los argumentos. Antes al contrario, me certifican de qué iba esta historia de Garzón, que por fin ha declarado abiertamente su pretensión de “abrir una causa general a la dictadura franquista” para que no se produjese “el olvido y la falta de memoria sobre las víctimas”.

En estos tres rosarios de barbaridades personales, sociales, jurídicas y políticas, se resume el primero de los juicios a Garzón por prevaricador presunto. Por dictar resoluciones injustas a sabiendas de que lo son.

Para estos tres canallas – canallas puntuales, ocasionales y en absoluto comparables con los asesinos de Paracuellos, pero canallas de tomo y lomo, al fin y al cabo – el asesinato sistemático y sistematizado de supuestos adversarios ideológicos, de miles de inocentes -12.000 en las denominadas sacas de Paracuellos - de familias enteras algunas de las cuales tuvieron que fusionar sus apellidos para poder conservarlos, como los Sicluna, porque todos los varones fueron asesinados; de religiosos, monjas, católicos en general, falangistas en particular, líderes de las organizaciones “faciosas” en su totalidad (Calvo Sotelo, José Antonio, Ramiro..); responsables de las más horrendas violaciones, torturas, escarnios; de la apertura y profanación de sepulturas; de las barbaridades que, esas sí, se recogieron en una terrible Causa General - perfectamente fotografiada - llevada a cabo con rigor por los tribunales de la época, tan sólo para que quedara constancia, pues apenas tuvieron consecuencias jurídicas, merced a la tolerancia de los Tribunales de Justicia de la época y la legislación de concordia y punto final* del denostado “régimen dictatorial” son, léanlo y óiganlo bien, “puntuales”, “incomparables” y “ya fueron reparadas”.

Incluso el fiscal se permite el lujo de mencionar, directamente, a Santiago Carrillo como “dudoso autor” de aquellos hechos de los que “todavía hoy se sigue discutiendo”.

Y tiene toda la razón, aunque haya pretendido decir todo lo contrario. No son comparables, efectivamente.

Porque mientras los que “machaconamente” nos acordamos de nuestros muertos de Paracuellos – algunos de ellos hoy enterrados en ese monumento que, precisamente porque les recuerda su estulticia, pretenden derruir, y que no es otro que el Valle de los Caídos, donde también se encuentran los suyos – fuimos víctimas directas de un terror sin provocación previa y sin necesidad de una guerra fratricida de por medio, fuimos después – decía - capaces de crear y construir una nueva España en concordia y en paz, legislando para el olvido y el perdón, rememorando para el común de los combatientes sin distinción de bando, ellos, los de la “memoria y el olvido” – los de la prevaricación – son además los del rencor cierto, los de la memoria distintiva, los que cierran y abren períodos a su antojo, retiran honores, placas, calles, nombres y cualquier otras cosa, rescribiendo la historia sin recato, sin taquígrafos, sin oposición alguna – pues los herederos de aquel régimen de concordia prefirieron quitarse la piel que empezaba a putrefactarseles y hacerse un democrático y cómodo lavado de cara – y son, sobre todo, los que encuentran tan natural y tan mono, que se trate de manera diferente a unos y otros. Y fueron también los que asesinaron a mansalva y pretenden hoy presentarse como víctimas en lugar de como verdugos.

Pero en su intento han quedado claras las cosas: Sí se pretendió un juicio al Franquismo – una vez muerto y desaparecido, eso, si –. No les importó nunca otra cosa que el Régimen, y no las hipotéticas víctimas del mismo; No son, para ellos, iguales y además No albergan ninguna duda acerca de los criminales actos de Franco y su régimen – que ya no puede defenderse – y sí  muchas, acerca de los autores materiales de aquellas otras matanzas que sí pueden hacerlo porque, tristemente, aún viven, pero que, en realidad, consideran como “pelillos a la mar”.

Ya he escrito mucho acerca de esto y me aburre soberanamente. Sólo quería volver a constar que Nüremberg no fue una casualidad. Que los regímenes social-democráticos-conservadores se caracterizan por legislar hacia atrás, por condenar - incluso a muerte – al enemigo, por rescribir la historia y arrancar y quemar las páginas molestas, por condenar a los muertos y encumbrar a los vivos, por culpar de los crímenes propios a los contrarios – ya sea en Katin o en Extremadura – y sobre todo, por tener una enorme tendencia al olvido de los propios “errores de juventud” arrojados en la mar cual molestos pelillos.
Pero las páginas arrancadas, quemadas y rescritas no alteran la historia. Esa sigue ahí, peremne, real, incombustible, y termina, con el tiempo, señalando a cada cual por lo suyo. La historia, al final, es como el toro, que a todos pone en su sitio.
Juan Blanco* tuvo la amabilidad de compartir conmigo un programa especial de La Gran Esperanza que dedicamos al Valle de los Caídos y en el que charlamos acerca de su última obra, escrita precisamente con ese motivo. En su libro se leían con claridad cuales fueron las medidas legislativas y las fechas de aplicación de la legislación del dictarial régimen acerca del perdón y el olvido. Son historia.
Nada de ello me asombra. Pero no me queda más remedio que recordar que el asesino de mi abuelo vive, que fue amnistiado, que jamás hemos sido ni reparados, ni reconocidos, ni indemnizados por ello, que descansa junto a los que combatieron en el lado donde se cometieron esos crímenes horrendos, y sobre todo, no me queda más remedio que volver a recordar que a Garzón no le juzgan ni le han juzgado jamás por esto, pese a su pretendida intención de última hora, que por lo que le juzgan es por golfo, por sinvergüenza, por injusto, por todo lo que debería repugnar a un juez, a un fiscal y hasta, si me apuran, al abogado defensor.

*Nota: Juan Blanco ha fallecido el 6 de febrero pasado en su casa de Madrid tras afrontar, con una entereza encomiable, un terrible cáncer que finalente terminó venciéndolo. Veía mal y se estaba sometiendo continuamente a los tratamientos feroces que estas patologías requieren, pero siempre sostuvo el humor propio de quien sabe que le espera el Altísimo al otro lado de la puerta. Cuando fue invitado a La Gran Esperanza, con un par de meses de antelación a la grabación, me dijo irónicamente: "hijo, cuenta conmigo, pero no te puedo asegurar que yo siga aquí para entonces. Si estoy iré". Aguanrtó todavía una año más para, finalmente, ir a reclamar también para él, su sitio en la Guardia Perpétua. Juan Blanco tuvo una larga trayectoria periodística desde sus inicios en el Arriba hasta la subdirección de "El Alcazar", en sus tristes momentos finales y fue, precisamente esa obra acerca de la Verdad sobre el Valle de los Caídos, la última que publicó, aunque tenía terminada y sin publicar una biografía no autorizada. Fue también autor de uno de los mejores libros acerca del conjunto de traiciones e implicaciones del 23-F. Descansa en paz, viejo amigo.


Wikio

lunes, 6 de febrero de 2012

Educación, cualificación y empleo

Hay voces que afirman que en Europa - al menos en la Europa que denominamos Occidental y que no ha mucho, incluía a España antes de que ésta caminara por la senda de la debacle económica y del desempleo de los ¿seis millones de parados? - nunca, jamás, se va a recuperar el empleo total para los segmentos profesionales menos cualificados.
Parecía obvio, pero durante mucho tiempo, los esfuerzos han venido centrándose en crear puestos de trabajo de rápido impacto, (construcción, servicios, turismo) que minimizaran las escalofriantes cifras que primero el gobierno Zapatero y ahora el de Rajoy, han ido presentando – y seguirán haciéndolo, desgraciadamente - al margen de reformas laborales, contenciones del gasto, represión del déficit y de sus extralimitaciones, corrupción, etc. con las que los políticos tratan de detener el desplome del Sistema y, con él, el de sus propios medios de vida.
Y es que podrá flexibilizarse el mercado laboral, prolongar la edad de jubilación, entrenar fórmulas de copago, regularse o desregularse el despido, contratar por horas e incluso por minutos discontinuos, sin consecuencias ni gastos asociados; se podrá reconfigurar el denominado Estado del Bienestar, poniendo límites donde esta Sociedad - como sociedad occidental que es - nunca antes los puso y – añado  - donde el esfuerzo colectivo se lo ganó a pulso, como meta razonable a todos los sinsabores y horas de trabajo invertidos por los europeos, en general y los españoles de toda condición, en particular…. que Europa y España, nunca volverán a recuperar los anteriores niveles de empleo únicamente con oferta de trabajadores sin cualificar.
Y es que para nosotros todo tiene límites y, por bajos, estables y flexibles que sean los salarios, los contratos y los empleos, los occidentales no parece que estemos dispuestos a permitir – sobre el papel y en nuestros territorios al menos, que otra cosa es la voracidad capitalista del “ojos que no ven corazón que no siente” - el trabajo infantil, la emisiones de CO2 por encima de determinados niveles, la falta de elementos de control de la calidad y de la trazabilidad de los productos, la seguridad y la higiene en los procesos de fabricación y en los productos terminados, las falta de mecanismos de control de la privacidad y la protección de los datos de carácter personal o la confidencialidad empresariales, la falta de mecanismos de garantías laborales y de tutela efectiva de la justicia y la falta de unos servicios sociales, unas ayudas al desempleo, a la jubilación, a la salud, etc. todas ellas características que añaden incómodos costes a cualquier proceso de fabricación convencional.
Otro día hablaremos, no obstante, de lo que influyentes e híper valoradas compañías de prestigio mundial hacen para poner a disposición del consumo desmedido de nuestra sociedad voluntariamente ciega, los frutos de sus maravillosos diseños, tecnologías y demás artículos de amplia demanda, pues nos sorprenderíamos - todos - de cuántas cosas portamos encima, construidas con sudor, cuando no con sangre, que apenas ha tenido tiempo de coger color, por su juventud. Pero esto no lo queremos oír, a riesgo de tener que deshacernos de nuestro Iphone, por ejemplo.
Sin embargo no nos equivoquemos: muchos de esos otros lugares “no occidentales” ya invierten en procedimientos y tecnologías que garantizan, en sus países también, que buena parte de lo anterior – especialmente en lo relativo a calidades, que es de lo que depende la subsistencia del modelo - se cumpla a rajatabla, sabedores de las dificultades que podemos crear los occidentales con nuestra manía de extender el Estado garantista y del Bienestar al mayor número posible de personas (sobre el papel, insisto, y a ser posible cuando las vemos cerca de casa)
No sólo eso, sino que en algunos de esos países "no occidentales" nos llevan la delantera, frecuentemente, en las inversiones en I+D+I, nuevas tecnologías aplicadas, modelos de diseño…
Son tantos miles de millones de población, son tantas las calamidades que pasan en muchos de esos lugares, son tan peculiares sus culturas y su forma de responder al trabajo que, por más esfuerzos que realicemos los occidentales, siempre habrá una capacidad productora - de perfil teóricamente menos cualificado (y ya ni siquiera eso) pero seguro que, en todo caso, de bajo coste - infinitamente mayor que en Occidente, en todos esos lugares a los que los propios empresarios occidentales, europeos y españoles, se están llevando sin recato sus fabricaciones, en la batalla por el precio (de coste, no de venta) y la alta capacidad productiva que aquí, para no llamar a las cosas por su nombre, hemos dado en denominar como competitividad y productividad.
Lo único bueno es que oigo, cada vez con más frecuencia, a empresarios y patronales, sindicatos y empleados, hablar de la necesidad de elevar los niveles globales de nuestra capacitación técnica, de competir por los puestos y responsabilidades de mayor cualificación, de invertir necesariamente en convertir nuestro tejido productivo en un invernadero de altas capacidades en todos los segmentos profesionales y de hacer serios esfuerzos para ello.
En definitiva, de apostar decididamente por la carrera profesional y la formación continua, como únicos resortes para lograr y mantener estándares de calidad y cualificación con los que no pueda competirse únicamente por precio - como si el trabajo humano fuera simple materia prima que se puede adquirir bajo el viejo mecanismo capitalista de la oferta y la demanda – sino con cualificación, cualificación y más cualificación.
No obstante conviene encender las alertas: cada vez que los agentes y la sociedad en general han afirmado categóricamente que ésta es la única salida para la recuperación de los anteriores niveles de empleo, ante la alta competencia global, terminamos suspirando por una formación de carácter estatal – frecuentemente tamizadas por la manita interventora de sindicatos y patronales - gratuita, masiva, a distancia y de autoestudio (demasiadas veces inútiles) que conlleva, frecuentemente, un mayor número de horas de dedicación lectivo-profesional, una más que probable ruptura de los mecanismos racionales de conciliación familiar – otra de esas manías occidentales del Estado del Bienestar - y de igualdad, una baja o nula calidad en la enseñanza y/o en los mecanismos de verificación del aprendizaje y una deficiente, por no decir inexistente, capacidad de introducción en la vida real, en el puesto de trabajo, de lo aprendido.
Y es que no se trata de hacer millones de cursos de naturaleza incierta, en los que sólo se verifica la presencia, para salir favorablemente en las estadísticas: se trata de apostar por la formación profesional, académica y laboral como un todo continuo, con iniciativa pública, especialmente en la cualificación para la generación de nuevo empleo de valor, y con iniciativa privada – empresarial - para el mantenimiento y ensanchamiento de los horizontes de cualificación de aquellos que ya gozan de él.
El nuevo Ministro de Educación tiene trabajo y espero que la de Trabajo tenga este concepto de la Educación. No sólo deberían cumplir sus compromisos con el electorado, eliminando de cuajo la asignatura de adoctrinamiento moral – también el nuevo adoctrinamiento cívico, constitucional y democrático que nos propone – de Educación para la Ciudadanía. Tiene sobre todo por delante el reto de entender que el empleo de baja cualificación, en España, será ya para siempre extraordinariamente minoritario, antes, durante y después de la crisis, y que los esfuerzos que nos tiene que pedir a empresarios y trabajadores consisten, antes que ningún otro, en concienciarnos, en esculpir en nuestro ADN que la formación continua, profesional y de calidad, lejos de basura de adoctrinamiento ideológico y de estadísticas políticas, es la única forma de recuperar nuestro potencial empleo, sin perder nuestros derechos y nuestras capacidades de Sociedad Occidental.
Agustín de Foxá, antes de pasarse a su último trilema revolucionario (café, copa y puro) se refirió durante una conferencia a “los tiempos en que en España se moría por honor”. Uno de los presentes, muy airado, le espetó: “aquí nosotros morimos por la democracia”. El de Foxá le miró como sólo saben hacerlo los intelectuales que están de vuelta de todo y le respondió: “Me parece magnífico, pero eso es como morir por el Sistema Métrico Decimal”.
Señores ministros, déjense de pastelear con las asignaturas que nos pretenden obligar a amar y morir por el Sistema Métrico, y ocúpense de hacer de nuestra sociedad una sociedad moderna, cualificada y sana, que pueda seguir teniendo criterios y modos de vida occidentales, donde la orientación moral - y también las razones por las que morir - la enseñamos en casa, y se encuentra  - o se encontraba y debería seguir encontrándose - en el Ordenamiento Jurídico, y se basaba en la interpretación cristiana del Orden Natural.
Y dedíquense a comprender que, hasta en las tareas más sencillas, debemos tener a los trabajadores y empresarios más cualificados, porque nunca más volverá el empleo no cualificado, a ser suficiente en España.