jueves, 30 de octubre de 2008

En el Infanta Isabel



Quizá fue porque no hubo sentimentalismos, sino sentimientos y emociones; quizá porque no hubo protagonismos, sino protagonistas; porque no hubo falangismos, sino falangistas o porque no se pretendió enseñar a los demás, sino aprender de otros. Quizá porque “aquí no puede haber aplausos ni vivas para Fulano o para Mengano. Aquí nadie es nadie, sino una pieza, un soldado en esta obra nuestra y de España”. Lo cierto es que la noche pasada, en un pequeño teatro de la calle Barquillo, de Madrid, asistí a uno de los encuentros políticos más entrañables y hermosos de cuantos he vivido en los 44 años de vida que cumpliré mañana.

Hace 75 años, tres cuartos de siglo, un 29 de octubre de 1933, en el Teatro de la Comedia, se ponían los primeros cimientos del Nacional-Sindicalismo. Nacía la Falange, de la mano de García Valdecasas, Ruíz de Alda y José Antonio Primo de Rivera y se pronunciaba el conocido discurso de la fundación, que anoche tuvimos la oportunidad única e histórica de revivir, de saborear, de paladear palabra por palabra, expresión por expresión, merced a la extraordinaria lectura compartida de los periodistas Alfredo Amestoy y Eduardo García. Y, pese a las diversas advertencias de que la lectura debía ser puesta en contexto temporal e histórico, ni una sola palabra, ni una sola de las ideas emanadas de aquel discurso han perdido, 75 años después, la menor vigencia en la actualidad. Nos sentimos transportados, elevados a la Comedia, integrados en aquel momento histórico que quizá uno o dos de los presentes en el teatro tuvieron la oportunidad de vivir y los demás tuvimos que soñar, cuando lo bebíamos de las Obras Completas. Por momentos hervía la sangre, se comprometía el gesto y se alzaba el vello sobre la piel, al transfigurarse los periodistas en aquel José Antonio de la fundación. Nos hablaba del liberalismo, de la falsa representación del sufragio universal, de la pérdida de valores, de la falsa libertad. Nos habló de la justificación histórica de un socialismo solidario, obrero, necesario ante la esclavitud y pervertido, en su mismo nacimiento, por la lucha de clases, por su concepción materialista de la vida y de la historia, por su dictadura económica y material, por ser constructor de odios, de represalias, de enfrentamientos insalvables. Y sobre todo nos habló de esperanza, del nacimiento de un Movimiento desalineado con todo lo anterior, enfrentado a las concepciones de izquierda y derecha. Habló de principios, de patria, de espíritu, de servicio, de unidad indiscutible, permanente e irrevocable de destino. Nos habló de poesía y de luceros. Con todas sus fuerzas. Nos habló de compromiso y de misión, de sacrificio y sentido ascético y militar de la vida, de señoritos y de señores; abandonando falsas correcciones políticas y llamando a las cosas por su nombre; sin complejos. Y nos habló de amaneceres, de primaveras, de noches de vigilia y de alegría en las entrañas.

Por momentos todo nos pareció posible. En el auditorio gente de todo tipo, clase y condición; Respeto, mucho respeto flotaba en el aire.

Y qué decir de la primera intervención. Desapasionado, ideológicamente distante, preciso, riguroso, erudito, exacto y cabal, Arnaud Imatz desgranó punto por punto, la vida, la obra y el pensamiento joseantonianos. Quizá su pronunciado acento francés, su dictado docente o su ensayo, otorgaban aún más, si hubiera cabido, la nota de pulcritud académica, para acercarse a la enorme figura de José Antonio no sólo con el mayor de los respetos, sino con la más absoluta de las certezas. Y nuevamente tuvo el historiador en su mano traernos la figura humana actual, imperecedera del fundador. Punto por punto estableció el paralelismo de sus ideas de entonces con las discusiones actuales más habituales. Otra vez la actualidad nos arroyó de golpe, como un mercancías sin frenos, ante cada tema, ante cada postulado.

Y si desapasionado resultó ser el ensayo de Imatz, el contrapunto lo puso el joven abogado Fernando Anaya, copromotor de la preciosa iniciativa, no adscrita a organización alguna. Vaya desde aquí mi más cordial enhorabuena y mi más rendida admiración por haberse propuesto y logrado la tarea de congregarnos a todos. Poeta, dijo de él Imatz que era, y poesía fue su breve intervención. Con elegidas palabras, ordenadas, precisas, no quiso que el espejismo fuera malinterpretado, pero sin quererlo - o quizá queriéndolo - nos recordó a todos que el nacionalsindicalismo es posible, hoy, ahora, con todos.

Hacía tiempo que las estrofas de un Cara al Sol no me brotaban desde tan profundo. Que no sonaban en el auditorio, no como una canción, sino como un himno de amor y guerra. Como un solo cuerpo con una sola alma. Con tanto pasado, tanto presente y tanto futuro. Con tanto orgullo de ser y sentirme falangista.

lunes, 27 de octubre de 2008

Dos tardes de economía: la nueva esclavitud

Las dos tardes de economía que le iban a dar a Zapatero al principio de la primera legislatura se debieron quedar en nada. Es lógico: si a este presidente de coeficiente intelectual nulo le cuesta levantar las nalgas del asiento ante las enseñas de las naciones invitadas a nuestros desfiles, precisamente para conmemorar la hispanidad -por muy americanos que éstos sean - o si la cantante de opereta con la que convive le tiene prohibido dormir fuera de casa, aunque para ello haya que dar plantón a otros líderes europeos, parece razonable pensar que las clases de economía se las fumó del todo y así nos luce el pelo.

La consecuencia de los primeros ejemplos, unidos a alguna que otra chirigota más que “los primeros ministros se gastan entren sí”, según este mequetrefe, es que el mundo entero - el de los cuatro, el de los ocho, el de los veinte y el de los trescientos veinte mil, si los hubiere - se están desternillando de risa al ver como este “clown” se desgañita meneando la manita de marioneta, pidiendo a unos y a otros que nos sienten junto a Bali, a Trinidad y Tobago y a Sierra Leona, en el concierto internacional de las Naciones que pretende reunirse el mes que viene en Washington.

El problema es que la patada en la boca que le han pretendido propinar a él en lo alto del cielo del paladar por bocazas, se la han terminado dando, en el lugar donde la espalda pierde su casto nombre, a todos los españoles. Por su culpa. Por su culpa, por su idiotez, por su majadería y por su permanente sensación de temporalidad que siempre le ha acompañado porque, en realidad, él jamás se creyó que llegase a gobernar, ni mucho menos que pudiese repetir. Claro que no sabía que el autodenominado jefe de la oposición iba a ser el mejor remedo de Chaplin de los últimos 100 años y que se lo iba a poner tan fácil. Es grotesco.

Cuando, en la “férrea dictadura genocida” que acabamos de descubrir - merced a las “rigurosas investigaciones” del Juez de la farándula y de la ley de memoria histórica propugnada por su jefe de filas en el circo – hubo también otro intento de participación activa de España en el concierto de las naciones sin renunciar ni a su esencia, ni a su ser ni a su dignidad e independencia, que se saldó con un desplante menos escandaloso pero igual de desagradable que fue el rechazo de España en la ONU, ese pueblo sometido al “tirano”, seguramente a punta de pistola, bajo amenazas de exterminio colectivo, se lanzó a la calle como un solo hombre - de muchos colores, razas, sexos e ideologías, pero como un solo hombre – para decirle al mundo en general y a los americanos, en particular, que si América tenía ONU, España tenía dos.

Y es que no se trataba de que el “férreo dictador” fuera o no el culpable de tales desatinos; se trataba de que nuestro pueblo tenía a flor de piel y muy presente un concepto, hoy olvidado, porque ni figura en la Educación para la Ciudadanía ni en la Ley de Memoria Histórica: La dignidad nacional. España, roja, azul, verde o amarilla, era, ante todo, España, y ningún norteamericano, venezolano, francés o británico podía venir a orinar sobre nuestro suelo sin respuesta.

Hoy, se despepitan de nosotros, nos burlan, nos ofenden y además, cuentan con la satisfacción interna y la risa, entre bobalicona y estúpida, de todos los opositores y separatistas de España que creen que con esto perjudican a Zapatero.

La consecuencia de lo segundo, lo de fumarse las clases de economía que le prometió Jordi Sevilla (si no recuerdo mal), es todo este disparate al que nos está sometiendo estos días sin que ni oposición, ni empresarios, ni sindicatos, ni ciudadanos, ni inmigrantes legales se hayan enterado aún.

Así que - a ver si lo he entendido bien - la gente que como yo, por ejemplo, llevamos cotizando a la Seguridad Social desde el año 1982 ininterrumpidamente y aún nos quedan otros 21 años más, antes de jubilarnos; que hace once años hemos montado una pequeña empresa que da trabajo a más de 150 empleados , con sus correspondientes familias ; que estamos sufriendo lo que no está en los escritos porque las entidades bancarias, presas del pánico que ellas mismas han provocado con sus especulaciones de alto riesgo, están retirando el crédito del mercado en lo que los analistas llaman “crisis de confianza”, primero y “crisis de solvencia” dentro de un cuarto de hora; que tenemos, en definitiva, menos de 50 años, no vamos a poder disfrutar de nuestra jubilación, en el futuro, aunque por ley tengamos que seguir alimentando ese sistema durante más de 20 años.

Tampoco vamos a poder sostener nuestras empresas hoy, porque el crédito y el riesgo destinado al fomento del tejido empresarial, por parte de la Banca, se retira, como gato que huye del agua, mientras con nuestros ahorros, otra vez, se les garantiza el 15% del PIB de todos los españoles, para asegurar sus pérdidas.

Y ello, gracias a que Zapatero ha descubierto una nueva forma de esclavitud, que se llama inmigración y que consiste en dar papeles para todos, para que todos coticen y sostengan el actual sistema de pensiones, a sabiendas de que en 2020 ni ellos, ni nosotros, podremos recuperar nuestras ansiadas cotizaciones por la vía de la prestación. De hecho, si no fuera por la llegada masiva de inmigrantes, el caos en la Tesorería alcanzaría ya a los jubilados actuales. ¡Y veremos a ver qué hace ahora que sus cotizantes esclavos se quedan sin trabajo y con derecho a paro!

Y mientras tanto, ¿en qué ha empleado su poder y nuestros recursos Zapatero el neoesclavista?: ¡En dárselo a la banca que cierra sus grifos, aprieta las hipotecas, retira el riesgo y el crédito y huye a Bermudas con los pingües beneficios! No se le ha ocurrido hacer una medida de prevención con las familias, con sus hipotecas, con sus subsidios de desempleo o con el sistema de pensiones. ¡No! Prefirió arruinar el sistema en forma de compra de votos por 400 euros, llenarnos de pobres almas desesperadas llegadas en patera, jugándose la vida para competir por un pedazo de pan a precio de tercer mundo con los españoles, hacerlos cotizar a latigazos para sostener el sistema otro ratito y ¡darle la pasta a los bancos!

Como decía el chiste, debidamente parodiado: ¿es para fusilarlo, o no es para fusilarlo?

jueves, 23 de octubre de 2008

Me declaro competente

Esto de pasarse 15 días por esos mundos de Dios tiene sus ventajas – no cabe duda – pero también sus inconvenientes. Entre las ventajas está la nada despreciable oportunidad de mirar más allá del ombligo propio, de comparar cómo son las cosas en otros lugares, en otras culturas, bajo otros credos y con éstas o aquellas formas de gobernarse. Cómo discurre la vida en países de cultura musulmana o hinduista; cómo se genera riqueza o pobreza en tales o cuales lugares y cómo la corrupción – esta sí, internacional, globalizada, estándar – traspasa todo credo para instalarse siempre en los mismos mecanismos de poder y ejercitarse siempre sobre los menos favorecidos. Sirve para ver cómo algunos pueblos, aún en tales circunstancias, son capaces de sonreír continuamente, de mostrar su cara amable y de compartir con el visitante algunos de sus momentos espontáneos más hermosos: sus canciones, sus bailoteos, sus desgarrados y vetustos instrumentos musicales dejando discurrir, por entre los minutos de descanso de una tripulación, sus notas melodiosas mejor o peor interpretadas.

Entre los inconvenientes –menores, comparados con las ventajas – está el hecho de que se te acumula el trabajo a tu regreso, que no te da el tiempo para ponerte al día y que lo cotidiano, además, acude a martirizarte cuando aún no has logrado resolver lo atrasado. Por ello, llevaba yo días dándole vueltas a un asunto que mereció mi más severa reflexión, pero que aún no había podido escribir. Pero como estos asuntos no prescriben y sobre todo, se perpetúan cada día, merced a la canallesca acción de quienes los protagonizan, me puedo permitir el lujo de estar un año desconectado y seguir de actualidad al regreso. Es lo que tiene esa cucaracha con puñetas que, según parece, cursó la carrera de derecho y logró después una oposición, aunque no por ello haya practicado jamás la Justicia. Da igual el tiempo que dejes transcurrir que ahí está él para proporcionarte motivos para vomitarle encima sin sentimiento de culpa alguno.

Me refiero a esa sabandija con voz de pito que se oculta bajo una toga para, por una lado, lograr el protagonismo propio de las estrellas de Hollywood pero sin rodaje, por otro, ocultar sus manifiestas incompetencias profesionales que a cualquier otro costarían la pérdida de la carrera, cuando no el procesamiento y condena por prevaricación – continuada además – y finalmente, en tercer lugar, tratar de forrarse indecentemente impartiendo y dictando conferencias de todo tipo, clase y condición, previa campaña de difusión de sus “heroicos actos”, a través de la escandalizada opinión pública y sus medios de difusión.

Me refiero a ese escarabajo con mangas ribeteadas de blanco, que acaba de decidir ciscarse en mis muertos y acusarlos de criminales contra la humanidad.

Si, sí, a mis muertos. Resulta que mi abuelo Alfredo – como tantos otros, por otro lado – era un joven y prometedor Perito Agrónomo que en los primeros años de la siniestra República se dejó cautivar hasta el tuétano por Ramiro Ledesma y Onésimo Redondo. Se alistó a las JONS en la primerísima hora y desde allí a la Falange de José Antonio, con el cual, según mi propio abuelo contaba, tuvo el privilegio de compartir persecución y celda en los años previos al Alzamiento. Tanto, que la anécdota que nos refería siempre era que afilió a su recién nacido hijo Ricardo – mi padre – a la Falange, en una de aquellas celdas. No sé si es cierta, pero desde luego es verosímil y en todo caso, acorde con los tiempos y los caracteres de ambos.

Incluido por tanto en las vanguardias falangistas, fue nombrado enlace con el norte de España – Asturias, para más señas – para explorar las posibilidades y predisposición de los falangistas de allí, ante un más que inminente Alzamiento. Tan inminente era, que le sorprendió en aquellas tierras con su mujer y mi padre – de un año de edad – en lo que enseguida fue Zona Roja – que no republicana, que esas lo eran las dos merced al abandono de la cobarde casa de los Borbones unos años antes – y por tanto, en territorio enemigo. Decidió entonces alistarse a la FAI, pedir destino en el frente y en la primera patrulla, pasarse con su compañero a la Zona Nacional, a la que llegaría pronto en Burgos. Tras las distintas vicisitudes propias de estas situaciones, aún tuvo tiempo de combatir en prácticamente todos los frentes hasta el final de la guerra, en la que se fue dejando pedacitos de pierna, ojo, brazo etc. Zaragoza, Ebro, Brunete, Belchite, Madrid y tantos otros lugares míticos y heroicos tuvieron como combatiente voluntario a Alfredo Ynestrillas que acabaría la guerra como Comandante de Caballería y Caballero Mutilado de Guerra.

En los primeros meses, además, se había tenido que dejar en Zona Roja a mi abuela y a mi padre, que finalmente lograron también pasarse, y al resto de su familia en Madrid, donde su padre – el primer Ricardo Ynestrillas - sería asesinado en las tapias del cementerio de Aravaca, y trasladado después a las fosas de Paracuellos del Jarama – por orden del asesino Santiago Carrillo - hasta su definitivo descanso en el Valle de los Caídos, en tanto que la turba capitaneada por grajos como el del que hablo, no decidan derribar el santuario y esparcir sus restos por el Valle de Cuelgamuros.

Es uno de esos miles de casos de hombres y mujeres de fe, de honor, de principios y de convicciones, con el valor suficiente para llevarlos a término o dejarse la piel en el intento, que protagonizaron el glorioso Alzamiento Nacional. Otros, voluntarios siempre, se dejaron la vida en el Cuartel de la Montaña, en el Alcázar de Toledo, en el Santuario de Santa María de la Cabeza, en Oviedo, en los barcos prisión, en la Sierra del Guadarrama y el Alto de los Leones de Castilla, en miles de cunetas, de altares, de conventos, de frentes, de sitios o de checas.

Todos convencidos de pelear por su fe y contra la barbarie, compartieran o no un único ideal político, que de hecho la historia demostró que de único no tuvo nada. Pelearon por cambiar, por sobrevivir, por acabar con la injusticia, por la revolución, por la fe cristiana, hasta por determinados modelos de República y por determinados modelos de restauración monárquica. De todo hubo y todos ganaron una guerra que luego algunos creyeron haber perdido hasta que la víbora de negro les ha venido a explicar lo que es perder una guerra de verdad, aunque sea 70 años después de terminada.

Y ahora llega ese repugnante personaje, ese excremento del socialismo militante y resentido y declara que esos hombres y mujeres, voluntarios y por tanto cómplices y partícipes, fueron, en realidad, criminales y genocidas.

Poco importa que, el muy animal, se salte a la torera la Historia, los principios básicos de Justicia, las distintas legislaciones, incluida la presente y que prevarique de forma manifiesta cada vez que respira. Poco importa que invente e impute situaciones y delitos que fueron además construidos – por cierto igual de vergonzantemente que ahora pretende la sabandija negra – concluida la segunda guerra mundial mediante la ley del vencedor.

Poco importa la sangre derramada de mi abuelo, de los abuelos de todos los españoles que con mayor o menor éxito hemos llegado hasta hoy, dejando que grandísimos asesinos como Santiago Carrillo se encamen impunemente con él, con tal de cerrar un capítulo de la historia que fue muy doloroso. Él se ha declarado competente para llamar genocida a mis abuelos y tratar de juzgaros por ello; para ciscarse en mis muertos.
Pues bien, letrina con patas y voz desafinada, yo me declaro tan competente como tú, para ciscarme en los tuyos, en tu estirpe y en tu mismísima calavera - el día en que, afortunadamente para la humanidad, Dios decida que dejes de contaminar el mundo con tu presencia - tanto como tú te declaras competente para hacerlo con los míos.

Pero a diferencia de lo que tú haces, yo no necesito asegurarme que están muertos. Tú sí, porque eres incapaz de juzgar a un solo vivo sin que se te escape entre los dedos por incompetente. Tu sí, porque quieres estar seguro de que ninguno de ellos pueda removerse en la tumba, siquiera por un temblor de tierra, y a ti te tengan que ir a buscar al fondo de cualquier alcantarilla cubierto de excrementos hasta los ojos.

Yo no lo necesito. Yo puedo esperar a que me proceses o a que tus escoltas me persigan por los comercios del barrio para pedirme la filiación, mientras gritas como una mesosoprano que tú haces lo que te da la gana. Puedo hacerlo porque para eso sólo hace falta valor y convicciones; justo lo que tú no tienes. ¡Ay, perdón! He dicho que podrías procesarme por esto y no es verdad. En esto, como en todo lo demás eres incompetente, aunque siempre encontrarás algún amiguete de partido, oculto bajo alguna de esas togas impregnadas del polvo del camino, dispuesto a hacerlo por ti. Es lo que hacen los cobardes.

jueves, 16 de octubre de 2008

Toska y los animales sin alma

Solo quien ha tenido la fortuna de compartir su vida con uno de esos bichejos llamados "animales de compañía", o más extensamente, "domésticos", saben a que me refiero. Da igual que se trate de un enorme y tozudo caballo o de un diminuto perrito. Yo siempre he tenido perro. He vivido otras veces la pérdida del fiel compañero, del animal que si no está dotado de alma es porque cabe que el alma se eche a perder. Se me marchó Zar - zaruco, en casa - el enorme Dogo azul por el que mi hermano y yo éramos reconocidos a cualquier distancia en el barrio de nuestra infancia. La foto de su enorme cabeza, llena de bondad, de cariño, de amistad, de lealtad, con una medio sonrisa permanente que sólo nosotros sabíamos interpretar aún cuelga en la pared de casa, en memoria de todo lo que nos dio sin pedir jamás nada. Decidió irse cuando me encontraba asistiendo a mi hermano y a otros dos camaradas durante una de sus innumerables fugas, hace ya muchos años, en el corazón de los Montes de Toledo. Era como si no desease turbar la paz, como si ni siquiera cuando se estaba muriendo hubiera querido desviarnos de nuestras obligaciones. Lo encontré en casa, tumbado, aún caliente y con aquella sonrisa perenne en sus enormes maxilares. Entonces supe cómo se quiere a un animal y cuánto se le echa de menos cuando falta.

También se fue el pequeño Golfo, aquella pelota de pelo meona que se ganaba el cariño de cuantos le conocieron en los primeros diez minutos. Lo elegimos de entre su camada, precisamente por golfo, porque se hizo notar desde el primer momento. Ni mi mujer ni yo dudamos un instante a la hora de decir al propietario cual de los cachorros nos llevábamos: tenía que ser el que colgaba de mi pierna desde que llegamos. Un verano aciago, cuando nuestra pequeña era aún muy pequeña, decidimos dejarlo unos días en una magnífica residencia canina, para no tener que viajar como los argelinos en agosto. Era la primera vez que lo hacíamos y también sería la última. Aquel revoltillo vivaracho de inquietud, de dinamismo, de alegría que todo lo revolucionaba dejó de existir en apenas unos días. Nunca supimos porqué, pero también aprovechó cuando no estábamos, como si no quisiera hacer ruido.

Y ahora se nos ha marchado Toska. La viejita, como la llamábamos en casa desde hacía algún tiempo ya - pues era muy mayor - tuvo que marchar cuando yo me encontraba en los antípodas. Sin darme la oportunidad de abrazarla una vez más. Quizá para no verme llorar, quizá para no hacerme sufrir, quizá porque estos animales sin alma no la necesitan, porque la suplen con un enorme corazón.

Toska llegó a casa hace 15 años. Por fea, decía el dueño de la tienda, no la vendía. Por rebeldía, dijo mi mujer, se vino a casa. Y acompañó todas las cosas buenas y pocas malas que han pasado en nuestra vida juntos. Como testigo silencioso y fiel. Como son ellos, con amor, con calor, con el gesto adecuado en el momento adecuado; retirándose cuando el horno no estaba para bollos; reapareciendo cuando su presencia podía cambiar el humor de los demás. Le salvamos la vida muchas veces. Era delicada y las enfermedades de distinta índole la fueron persiguiendo media vida, pero era rebelde, como su ama, y se negó a dejarse vencer. Al final ya no le quedaron fuerzas y se nos escapó entre los dedos. En realidad fue ella la que, si no nos salvó la vida, nos la hizo siempre mucho más bonita. Sé que Dios tiene que tener reservado un lugar muy hermoso para estos bichitos sin alma. Un fuerte abrazo, Toskita; siempre en mi corazón.

Se que después de tantos días sin escribir y con la que está cayendo, hay mucho a lo que dedicar un artículo, pero no me hubiera perdonado no escribir éste. Perdonadme la debilidad. Mañana será otro día.