lunes, 20 de diciembre de 2010

La transición de plomo. Homenaje a Juan gnacio

Extracto de un corto de Filmoteca NR, con fondo musical de Axis Mundi

Editorial nº 51: La trasición de Plomo.
Homenaje a Juan Ignacio

Dice el autor de las primeras páginas del libro que la editorial ENR tuvo el acierto de publicar hace 5 años, que cuando asesinaron a Juan Ignacio éramos tan jóvenes, que ahora, 30 años después aún seguimos sin ser viejos. No es literal, porque él hablaba de los 25 años transcurridos entonces, pero sí suficientemente ilustrativo.

Los que conocimos a Juan Ignacio – algunos entramos a sus órdenes en Fuerza Joven con apenas 13 años – veíamos en él y quizá también en toda nuestra militancia temprana, la aventura propia de la milicia. La oportunidad de participar en nuestra propia historia; quizá la de emular a nuestros abuelos, o a veces incluso a nuestros padres... cuando eran jóvenes, es decir cuando caían acribillados en los primeros años treinta o marcharon a los frentes con la mirada y el corazón limpio, con la convicción íntima del que tiene razón, del que lucha por un ideal, del que está dispuesto a morir por él y por cambiar las cosas.

Era la época y la edad en que aquello que habíamos leído o que nos habían contado nuestros mayores con un regusto heroico en sus palabras, se podía hacer realidad empezando a militar, a vestir un uniforme - prácticamente el mismo que vistieron ellos – saliendo a la calle a gritar a los cuatro vientos que éramos las juventudes de España y que haríamos su revolución.

Era la militancia intuitiva, la que no necesita de razones sesudas sino de principios y valores generales mamados de nuestros ancestros, o aprendidos de otros camaradas. Pero era sobre todo una aventura de libros y de historia, en la que estar dispuesto a morir por un ideal eran sólo deseos que hicieron ciertos otros...

No parecía que cupiera la muerte en aquellos finales de los setenta por vestir la camisa azul y las boinas rojas o negras. Todos nos imaginábamos nuestra propia militancia emulando a Ramiro Ledesma, muriendo cuando él quiso y no cuando lo desearon sus verdugos; a José Antonio deseando ser la última gota derramada en el paredón; a Matías Montero vendiendo la prensa falangista y esperando que todos fuéramos capaces de ganar para España la cosecha de su muerte; a Alejandro Salazar.... a tantos y tantos otros que son nuestros caídos, nuestros héroes, nuestros combatientes.... más imaginarios que reales, pues sólo estaban en los libros y en las historias de nuestros mayores, que no obstante sabíamos ciertas.

Y sin embargo - a penas teníamos 16, 17, 18, 20 o 22 años a los sumo - tres balazos asesinos nos despertaron violentamente, sin piedad, sin poder volver atrás y nos dijeron: Estás donde se busca la revolución y se obtiene la muerte. ¿No la habías soñado? ¿Creías que nunca llegaría? Pues llega; está aquí, es el precio de la dignidad, de la lucha sin cuartel, de los más altos ideales y la mayor de las entregas y no está en los libros de historia ni en las charlas del abuelo. Está en el portal, en la puerta de tu sede, en la esquina donde pones los puestos o repartes propaganda; porque tú la has elegido; porque decidiste, como Eugenio, dar un paso más y elegir la muerte de voluntad, la que se logra por la convicción de que la buscas tú y te la impones con voluntad. Es aquella por la que miles de gargantas gritan para siempre, mirando a tu lucero, ¡Presente!, porque es la muerte en combate perpetuo contra el sistema. Y dos horas más tarde estábamos encarcelados...

Lo sabíamos. De repente fuimos conscientes de que lo que hacíamos era de verdad. Era la comisaria, la cárcel y la muerte. Y aquel hombre joven al que muchos mirábamos al pasar desde la distancia de la edad y el prestigio y susurrábamos su nombre – es Juan Ignacio, viene Juan Ignacio – se hizo de carne y de alma para siempre y nos enseñó que nuestra batalla también era real.

No todos estuvimos con él en el Frente. Las milicias de Primera Línea y las de Fuerza Joven y la Guardia de Hierro copábamos con ellos el espacio de la batalla. Pero su muerte nos regaló una conciencia falangista única a todos nosotros, como hacía generaciones que no se lograba. Su féretro fue custodiado, trasladado, protegido o enterrado por todos nosotros, sin distinciones de militancia, entre cargas policiales y botes de humo, frente a un Sistema que logró su muerte, pretendió nuestro silencio y buscó permanentemente nuestra aniquilación.

Un sistema que desarticuló todas las Organizaciones, nos encarceló y persiguió obsesivamente a las órdenes de miserables que habían vestido camisas azules y guerreras blancas, y que tanto se emplearon en crear el Gal como en acabar con la resistencia falangista. Era la época de Martín Villa y, sobre todo, de Juan José Rosón, que Dios confunda, ¡y vive el Cielo que casi lo lograron!

Lo recuerdo; eran los tiempos en que nacían himnos y canciones de guerra y hacías tuyos los de tus abuelos... y dos horas después estabas detenido, torturado, preso o muerto y silbabas un Envío entre las celdas contiguas, o cantabas “Yo tenía un camarada”, con el recuerdo puesto en tus muertos, en tus caídos, que no eran de papel, sino de carne y de alma, como las de Juan Ignacio, que nos enseñó que se lucha y se muere, y se grita ¡Presente! Y se sigue luchando y se sigue muriendo...

Treinta años hace que nos privaron de su presencia y de su lucha. Y si cualquier adolescente recién nacido a los libros sabe hasta la saciedad quiénes fueron los abogados de Atocha, y quiénes sus ejecutores, nada saben, en cambio, de Juan Ignacio. No les dice nada su nombre, jamás han oído hablar de él, no saben, en todo caso, si murió, cómo lo hizo y porqué. Y desde luego lo que nunca podrán averiguar es quien lo asesinó.

Porque el sistema que nos aniquila, aniquiló también su recuerdo; las investigaciones policiales, lejos de servir para esclarecer los hechos, sirvieron para detener, encerrar y encarcelar a sus milicias bajo cualquier excusa, para terminar extirpándolas de la sociedad. Pero nadie acusó jamás a autor alguno ni se conoce su identidad. Jamás nadie investigó su muerte y hoy, 30 años después, sigue siendo una incógnita... para el Sistema, que no para los falangistas.

Pero a algunos nos enseñaron - Juan Ignacio también - que esta lucha es para siempre, y que se lucha y se muere, y se grita ¡Presente! Y se sigue luchando y se sigue muriendo... Hoy, este programa, quiere ser un recuerdo emocionado, una reivindicación de Justicia, un homenaje permanente hacia su figura y una acusación a sus asesinos. Porque seguimos luchando y muriendo, y gritando ¡Presente! Acomódense y Escúchennos.


viernes, 10 de diciembre de 2010

Editorial y programa 50 de LGE: El cielo puede esperar

Como pollos sin cabeza, dando paseos en todas las direcciones yendo a todos lados sin ir a ningún sitio. Ya no saben si son de derechas, de izquierdas o de centro reformista. Si neoliberales, democratacristianos o socialdemócratas, que tanto les da. Ya no saben si les conviene hacer o dejar de hacer. Y hacen lo que les dicen. Y empeoran. E insultan la inteligencia. Y acaban con las esperanzas de todos. Y cuando más hacen falta sus últimos resquicios de moral social - si alguna vez la tuvieron - más capitalistas, más derechoides, más desvergonzados, mas anacrónicos e hipócritas resultan. Más incoherentes. Rezan, al dios de los capitales o al del ateísmo radical - por supuesto – no al Dios de los Cristianos ¡faltaría más! -porque algún organismo oficial, ya sea nacional o internacional, les obligue a hacer algo. Y no porque ello les libere - según creen - de la responsabilidad y de las consecuencias de hacerlo, sino porque si alguien no les dice algo, no saben qué hacer. Pero no se van. Tuercen y retuercen su estulticia con tal de agarrarse a sus escaños, a sus poltronas, al poder retribuido hasta el más allá.

Esta semana nos han sorprendido con sus últimas reformas sociales para sacarnos de la crisis. Destacan, por miserables, por cobardes, por injustas, por indecentes, al menos tres, que no obstante, como no podía ser de otra manera, han sido aplaudidas íntimamente por la oposición del PP y externamente criticadas con esa boca pequeña que arrastra la ese, de Mariano Rajoy. ¡Trabajo que nos dan resuelto! Han debido pensar los politicastros de derechas mientras acuden a sus cuentas corrientes a cuantificar sus posibilidades inversoras, en tanto que sus ojos se desdibujan bajo el símbolo del dólar.

Si las medidas las hubieran siquiera propuesto – ya no aplicado - los peperos desde el poder, ardería España a manos de bestias disfrazadas de sindicalistas compungidos, encantados de tener la oportunidad de congratularse con las bases, con los trabajadores, con los verdaderas víctimas de esta clase política que no produce sino náuseas. Pero las ha propuestos el camarada ZP, bastión del socialismo, guerrero de las libertades y de la protección social. Artificio incomprensible ya ni siquiera para sus bases, que no alcanzo a comprender como no lo derrocan por la fuerza y lo arrojan al mar, para que busque algún aliado civilizado de los suyos, que le de comer hasta el final de sus días en la más absoluta de las indigencias y los anonimatos.

El cerebro del sanedrín ha dicho – aunque no se haya notado, porque ha usado siglas retóricas que la mayoría no conoce – que se carga el plan de apoyo a los más desfavorecidos por la crisis. Que les retira el último subsidio de resistencia y que se lo cambiará, seguramente, por ayudas a la formación, de esas que a ZP le sirven para descontar parados, pasándolos a estudiantes.

No ha encontrado otro sito del que recortar que el plato de sopa y el vaso de leche que le queda a dos millones de españoles que ya no cobran nada.

Pero en cambio, sí ha encontrado el mecanismo para obtener pasta rápida de la de pan para hoy y hambre para mañana. 9000 millones. La antaño tan derechoide, temida, discutida, anatemizada privatización de servicios esenciales y de otros que no los son, pero que roza el escándalo igualmente: Los servicios aeroportuarios y la Lotería del Estado.

La magnitud del escándalo pasa, sin embargo, sin pena ni gloria, ante un pueblo dispuesto a comerse ya a su perro, de pura hambre.

Resulta que el mecanismo de las loterías, que reporta probablemente la fuente de ingresos irregulares más importante del Estado por la vía confiscatoria, antes y después del premio; que goza del privilegio del monopolio y que comercia históricamente con las esperanzas de la gente, va a ser puesto en manos privadas para uso y disfrute de las fortunas que, en cambio, dejan que caigan, una tras otra, las verdaderas empresas generadoras de empleo, creadoras de riqueza, y para las que, por lo visto, no existe crédito suficiente en el mercado, ni banco que las sostenga, ni empresario dispuesto a aguantar el temporal, manteniendo empleos aunque suponga ceder unas décimas de sus pingües beneficios y lanzando ERES que son la antesala de más paro, más pobreza y más hambre.

Para la lotería sí. Riesgo pequeño, pasta segura. Y para los aeropuertos también, que además servirán para colmar, por la vía capitalista empresarial, las esperanzas de algunas naciones estatutarias, de esas de nuevo cuño constitucional, que ahora sí, se harán con el control de los aeropuertos por la pasta, que tanto han reivindicado con escaso éxito por la vía de las concesiones políticas.

Resulta extravagante ver, de un lado, la privatización; de otro, la militarización de los empleados de estas nuevas empresas privadas a golpe de corneta. ¡Si lo hubiera hecho cualquier otro que no fuera el indigente intelectual de Blanco!

A partir de ahora, los aviones entrarán y saldrán de España, ya no si les apetece a los pilotos o a los controladores, que evidentemente también, sino si le da la gana a los 37 huéspedes de la Moncloa que, esta semana, le debieron dar un par de consignas en su reunión en la cumbre y que, naturalmente, serán los futuros dueños del espacio aéreo, ¡con la asistencia de una fuerza gratuita, que será el Ejercito!

Cuando creíamos, sin embargo, que ya no cabría más asombro esta semana, apareció Blanco debajo de su atril, y anunció su órdago. Con entrada inmediata en vigor. En la víspera del puente más largo del año. ¡Con dos bemoles!

Los que hemos defendido siempre que la huelga es el último reducto del desesperado, que no cabe hacerla de plexiglás y que sólo tienen dos salidas - ganarlas o perderlas - no podemos sino contemplar con respeto la actitud de los controladores. No me entiendan mal. No es por las razones que tengan o les puedan asistir. No es por la oportunidad o la inoportunidad de la huelga. Ni siquiera significa que no crea que el Estado deba responder con contundencia, que por supuesto tiene que hacerlo y que deba proporcionar una alternativa, que tiene que hacerlo.

Es el respeto que me merecen los que están dispuestos a jugárselo todo, por aquello que creen que son sus derechos. Espero que no nos defrauden. Que peleen por aquello que creen que merecen y aguanten hasta el final. Como lo hicieron los 5 americanos que fueron ajusticiados en el siglo XIX por conseguir la jornada de 8 horas. Porque estuvieron dispuestos a todo.

Porque lo de menos es si tienen o no tienen razón. Si fastidian las vacaciones a los demás, o si generan situaciones de riesgo o de injusticia - que probablemente sea así- Lo importante es que le enseñen un camino al resto de los españoles para la rebelión.

Porque esto no aguanta más y sólo cabe despertar la conciencia de lucha de este pueblo aletargado, pendiente sólo de llegar a fin de mes, al que cada día le meten la mano en la cartera, en el corazón y en el cerebro y se lo convierten en amoniaco. Todo menos aquella falacia de la huelga contra la reforma del desempleo de Aznar o la más estúpida todavía del pasado mes de septiembre, contra la reforma laboral, que, a la vista está, fueron simples escusas para dar continuidad a los sindicatos chaperos.

Pero hablemos de ellos y de 10 años en la reciente historia de España a través de sus escritos. Veamos que nada es por casualidad y que nadie puede alegar desconocimiento, ignorancia, o falta de información. Son muchos los que desde sus diversas trincheras intelectuales advirtieron con sus voces lo que se nos venía encima. Eduardo, el de la Inter, con más claridad que ninguno. Verán como nos lo había dicho. Acomódense y escúchennos.
Nota: El presente editorial que ahora se publica coincidiendo con la edición de la versión radiofónica del programa fue eleborado el mismo día del plante de los controladores y, por tanto, cuando aún no había sido abierto el espacio aéreo, aún no se había decretado el estado de alarma y, mucho menos, se había obligado a volver al trabajo a los controladores, a punta de pistola, con amenazas de cárcel (hasta 8 años) y con amenazas de embargo de sus bienes. Por ello nos referimos al deseo, evaporado poco después, de que fueran capaces de aguantar. Nadie imaginaba que, con las que han caído en España - desde los intentos de golpe de Estado, hasta los mil muertos de ETA; desde la masacre de Atocha y las otras estaciones hasta los cinco millones de parados - fuera precisamente el plante de los controladoresel que supusiera el primer decretazo de los 35 años de ¿democracia?.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Discurso pronunciado el 20 de noviembre de 2010, ante la casa natal del fundador

Un año más, aquí estamos los falangistas. Frente a la casa del fundador, en el centro de Madrid, en la capital de España. Una vez más la fecha de su sacrificio, de su asesinato a manos de quienes - entonces como hoy – gobiernan en nombre del socialismo, sirve de punto de inflexión, de cierre de un curso político y de inicio del curso siguiente. Una vez más acudimos con la intención de hacer examen de conciencia política, de revisar nuestros compromisos y de tomar otros nuevos, para esta sempiterna lucha a la que estamos abocados los falangistas.

Ha llegado el momento de preguntarse. ¿Estáis satisfechos? ¿Estáis verdaderamente satisfechos con nosotros, y sobre todo, estáis verdaderamente satisfechos con vosotros mismos? ¿Ha sido éste un buen año? ¿Ha sido un año falangista, en cada una de vuestras vidas?

Hace un año proclamé desde esta misma tribuna que soy falangista. Y dije por qué lo soy - por qué los somos - y cómo debíamos serlo, en mi opinión, todo el tiempo. Os emplacé a hacer gala de vuestro falangismo día a día, en vuestros lugares de trabajo, en vuestros hogares, en vuestras actividades cotidianas, en vuestros centros de culto. Os animé a participar en la actividad política constante, a rebelaros contra la injusticia, a participar de los problemas sociales de vuestro alrededor y a hacerlo - todo el tiempo - como falangistas; sin escondernos, sin pseudónimos, sin disfraces. Sin disfraces de facha de 20-N, ni disfraces tampoco de señor apolítico que no se mete en nada o que hace cosas supuestamente válidas, en nombre de no se qué siglas u organizaciones menos identificadas, más homologadas por lo políticamente correcto.

En definitiva os pedí que fuéramos auténticos falangistas. ¿Cómo nos ha ido? ¿Lo hemos logrado? ¿Se nos ha visto? ¿La gente interpreta que ser falangista es, al menos, una opción limpia y poética? Yo os contestaré: en general no.

En general, seguimos sumidos en nuestras luchas intestinas, en el análisis de falangina en sangre, en nuestra pureza ideológica y en la evaluación de nuestra capacidad o incluso derecho, de hablar, de pensar, de sentir en falangista. En general, seguimos ajenos al mundo corrompido que nos rodea; ajenos a la oportunidad de crear una alternativa, allí donde el sistema fracasa una y otra vez. ¿Por qué - me pregunto - por qué somos tan tozudos?

Nunca como ahora, el sistema capitalista fracasó tan estrepitosamente. Nunca como ahora, en tiempos modernos y de paz, en el supuesto primer mundo, hubo tanta hambre, tanto paro, tanta pobreza.

Nunca como ahora, la banca abdicó de la única función legítima que cabría adjudicarle en un sistema justo, que es la creación de riqueza y de tejido industrial mediante el crédito; nunca como ahora, los comedores sociales se desbordaron antes; nunca antes los centros de Cáritas Diocesanas y de otras organizaciones cristianas se vieron obligadas a hacer los esfuerzos actuales en el corazón mismo del primer mundo, mientras, para más INRI, son vapuleadas las instituciones y principios que las inspiran y retirados los símbolos que marcan a fuego su naturaleza. Nunca antes la cultura de la muerte reinó como ahora en el ordenamiento jurídico.

Nunca antes como ahora, fueron atacados los derechos fundamentales del pueblo trabajador; nunca como ahora se recortaron servicios, prestaciones, jubilaciones, salarios y derechos, ante la hipócrita mirada condescendiente de un derecha que afirma que las reformas son escasas e insuficientes y que se opone a ellas, precisamente por cortas, porque en su opinión, aún habría que ir más lejos en las autodenominadas reformas sociales. ¿Pero qué les falta? ¿Fusilar desempleados al amanecer?

Pero lo que es aún más grave es que nunca antes, como ahora, la izquierda supuestamente social, el socialismo gobernante y el comunismo títere de ese socialismo, habían hecho una dejación de funciones tan flagrante, una acompañamiento tan feroz de políticas de derecha reaccionaria, una deserción ante el pueblo trabajador de esta magnitud, como protagonizan cada día, los poderosos nuevos ricos del poder socialista, y los dos mamarrachos políticos que son los dos líderes sindicales de CC.OO. y UGT. ¡Bonito papelón!

Antes, como ahora - en esto no hay cambios - se negocia vergonzantemente con el terrorismo, como si fuera una ideología con la que debatir diversos extremos. Saben que no lo es, que es una herramienta bastarda y cobarde para imponer por la fuerza - y por la espalda – su imperio marxista independiente, pero les da igual, si con ello compran de nuevo, tiempo. Tiempo para engañar a los hambrientos que pronto habrán de volver a votar.

Nunca, como ahora, la proyección política de España en el exterior fue tan decadente, tan vergonzante y tan criminal como lo es en este momento. La pérfida nos orina en los blasones, los llanitos se trepan a nuestras barbas, el gorila se desternilla con el asesino Cubillas en su gobierno; Evo se descaraja de risa mientras recibe nuestra pasta gansa de manos de la nueva títere de exteriores, mientras convalece de su rodilla, suponemos que de alguna de esas prácticas deportivas que todos le hemos visto realizar con sus rivales.

Y todo ello, mientras la que fuera la quincuagésimo tercera provincia española, con representación en las Cámaras, el Sáhara, - más sola y abandonada que nunca -es arrasada por el criminal primo marroquí, causando centenares de muertos y desaparecidos a sangre y fuego, en un territorio – debéis saberlo – que se encuentra bajo tutela española, por mandato de esa cuadrilla de sinvergüenzas que es la Organización de las Naciones Unidas. ¡Y nuestro gobierno mirando para otro lado!

Dicen los polisarios que tienen hombres, armas y sobre todo, decisión para resistir la invasión y luchar por sus derechos. ¡Quien fuera saharaui, Dios, quien fuera saharaui!

Por si esto fuera poco; por si la situación no fuera suficientemente propicia para proclamar alternativas falangistas - de manera constante - al sistema demo-liberal marxista y anticlerical, tenemos aún toda una serie de acontecimientos que van directamente dirigidos al corazón del patriotismo en general, y del falangismo en particular.

Derechas e izquierdas se disputan el dudoso honor de negarnos el pan y la sal, y la mera falta de publicación de una esquela se convierte en carta de naturaleza democrática para quien ejerce tan brutal agresión a la libertad de culto, la de pensamiento y la de expresión.

Las autoridades pasan por encima de toda ley y arrancan de las entrañas de la tierra en la que reposan los huesos martirizados de nuestros caídos, muestras ilegales y sin permiso... de su propia estulticia, pues es lo único que logran probar.

Los benedictinos son encerrados en su basílica y aislados del resto del mundo tras un nuevo muro de Berlín, prohibiéndose el culto por supuestos y falsos motivos de seguridad, cerco sólo roto por la afluencia de fieles y patriotas. La misma falsa seguridad - esta vez vial - que impedirá esta noche, por primera vez en 71 años, rendir el habitual y merecido homenaje a José Antonio – quizá el hombre más limpio de todo el siglo XX – al que este gobierno - con la anuencia del Partido Popular, que ha mostrado su conformidad con los extremos de la Ley de Memoria Histórica que lo hace posible – ha puesto todo tipo de trampas legales e ilegales para que unas docenas de falangistas no podamos trasladarle a pie, como siempre, una simple corona de laurel hasta su tumba.

Pero no es suficiente. En esa obsesión por destruir todo vestigio de nuestra existencia, por ganar una guerra que perdieron hace 70 años, por incluirnos en la marginalidad política y social y mantenernos donde les gusta tenernos...- y hay que decir que donde nosotros nos dejamos - mañana, cuando hayamos forcejeado durante un buen rato con ese órgano de la represión gubernamental que es la Guardia Civil, para tratar de acceder al templo donde se oficiará la misa de 11.00, cuando hayamos tenido que mantenernos, probablemente, bajo el azul de la cúpula celestial mientras dura el oficio, y tengamos que abandonar a trompicones el recinto, recordaremos que la autodenominada Federación de Foros por la Memoria ha acudido hoy a la puerta de la Basílica, a provocarnos, a insultarnos y, si hubieran podido, a agredirnos, con todos los parabienes y permisos en regla, mientras han propuesto, nada menos, que la voladura del Valle de los Caídos.

Algunos pueden pensar que no tienen reaños para hacerlo. Otros, quizá se conformarían con volarle los brazos a la Cruz, en señal de triunfo, para así dejar erigido en su lugar el más grande obelisco de Europa: el símbolo masón por excelencia... ¿Verdad Rubalcaba? ¿Verdad Fernández de la Vega, hija del falangista Wenceslao?

Pues se equivocan los que creen que no tienen reaños para hacerlo... simplemente porque no los necesitan. Hace unos meses, a pocos metros de este lugar y desde otro atril, durante la denominada garzonada, afirmé que estamos en el irreversible camino de la ilegalización y de la clandestinidad. Y hoy lo reafirmo de nuevo.

Dije también que no era por nosotros, que no se trata de que nos presten más o menos atención o que les importemos una higa. Es, simplemente, por dos razones: por rencor y por debilidad. Por su rencor hacia nosotros y por nuestra debilidad frente a ellos.

Rencor, porque es el único líquido que recorre sus venas y además porque es la única herramienta que sirve para mantenerles unidos, ahora que su barco socialdemócrata liberal va a la deriva y a punto de caer en cascada por el desagüe. Porque sorprendentemente a ellos sí les une el rencor y el odio - por encima de cualquier consideración - hacia nosotros, los patriotas en general y los falangistas en particular.

A ellos, todas esas distinciones que nosotros hacemos, todas esas tonalidades de azul, todas esas paletadas de escombro que vertemos sobre nosotros mismos, no les hacen distinguir lo más mínimo, no les hacen considerarnos diferentes, no permiten que alcancemos las más mínima consideración social o política, ni mucho menos, nos homologa en su sistema. Así, ya abjuremos de franquismo, ya prometamos ser más demócratas que los griegos y ya asumamos ese texto infumable y aberrante que es la Carta Magna, cuna de todos nuestros males, para ellos seremos siempre la misma cosa.

Para ellos, somos únicamente fascistas. Y, ¡tiene mandanga! ¡Compartimos el tratamiento con la más asquerosa y recalcitrante derecha gacetaria! ¡La misma que no sabe cómo escenificar su distancia con nosotros con todo tipo de humillaciones! ¡No hay distinciones! ¡Todos contra el facista!

Debilidad, por tanto, porque enfrente no hay prácticamente nadie para impedirlo. Porque pasamos el día despojándonos de pedazos de piel para ser admitidos por el Sistema caduco al que solíamos querer destruir.

Porque nuestro tiempo se dirime, falangistómetro en mano, dando explicaciones públicas de cómo congratularnos con el Sistema: “Nosotros no somos esto, no hacemos lo otro, no consideramos que..., quizá deberíamos reformar nuestros mensajes en..., nuestras formas no son las más adecuadas...”

Porque la mayoría somos incapaces de aprovechar las oportunidades que nos brinda el sistema y porque nos falta voluntad para ser una verdadera opción política y no un club de montaña o de amigos ideológicamente afines.

Hay quien cree que estamos a punto de atravesar la línea roja. Yo lo niego. La línea roja ya no se ve en el retrovisor, de tanto que hace que fue sobrepasada. Pero muchos no se han dado cuenta, entretenidos en el ciberespacio, en el desprecio de propios y ajenos, en la necromanía que a todos nos aqueja.

Pues bien, con todo este escenario propicio, con todo este cúmulo de oportunidades de mostrar a los españoles otra forma de hacer política, de crear sociedades más justas y cohesionadas, ¿Hemos avanzado este año? ¿Tenemos sindicatos más fuertes? ¿Representación en empresas? ¿Candidatos a las alcaldías? ¿Concejales? ¿Presencia en los medios? ¿Más voz en algún sitio? ¿Más prestigio personal y colectivo, por lo menos?.

Podemos desaparecer, si no hacemos nada. Es más, afirmo: debemos desaparecer, si seguimos sin hacer nada. Si no somos capaces de construir alternativas nacional-sindicalistas, de relanzar nuestros sindicatos, ahora que la deserción de los de clase es tan evidente, si no pueden nuestros compañeros de trabajo contar con nosotros para luchar, codo a codo, con ellos, si no podemos defender nuestra memoria o depositar una simple cinta rojinegra sobre la tumba de nuestros muertos, porque no tenemos capacidad; si no somos capaces de gritar a todo el mudo que efectivamente somos falangistas, somos distintos, tenemos una visión distinta a la de su mundo caduco y putrefacto y si no hacemos que todo ello sea realmente cierto y verdad, tenemos la obligación moral de desaparecer tras los pseudónimos que tanto nos gustan, para preservar nuestras cobardes y anodinas identidades reales.

Ahora bien, yo no creo que haya llegado la hora de desaparecer. Algunos nos resistimos a desaparecer. Cometiendo errores de bulto, sin duda. Cayendo con frecuencia en los mismos errores anteriores y contra los cuales intelectualmente nos revelamos, pero peleando. Probando, ensayando, copiando o acompañando buenas iniciativas de otros patriotas, creando otras, peleando siempre... ¡Aún estamos a tiempo! ¡Aún hay sitio para combatir y oportunidades para mostrarnos a la sociedad!

Leí hace unos días en el semanario Alba, un magnífico artículo de mi buen amigo y camarada Santiago Milans del Bosch, a propósito de los acontecimientos del Valle. Santiago, Magistrado y Fiscal en excedencia y abogado en ejercicio venía a decir, entre otras cosas, algo elemental: nuestro ordenamiento jurídico se tiene que basar en la interpretación del Derecho Natural. Y ese Derecho Natural manda, taxativamente, la resistencia ante las leyes y normativas injustas. Todo ser humano está obligado a rebelarse contra ellas a riesgo de ser considerado cómplice por acción u omisión, de las mismas, de no hacerlo. Tenemos ejemplos.

El 23 de febrero de 1981, un buen número de oficiales fueron condenados a penas de prisión por no haber ejercido su obligación moral de desobedecer órdenes de sus superiores, supuestamente injustas o ilegales, desacreditando así el concepto de la obediencia debida y dejando a la libre interpretación moral de cada uno, la validez de la norma.

Instauraba así, este Sistema, una norma moral de mayor calado que la propia letra de la ley: El derecho a rebelarse, la obligación de no cumplir mandatos injustos por imperativo moral. ¡Ya lo creo que hay tiempo de combatir y oportunidades para hacerlo! Es sólo una cuestión de disposición y de voluntad.

Porque nunca antes, como ahora, se había legislado de manera tan profundamente injusta, en materias fundamentales como el derecho a la vida, al trabajo, a la libertad de culto, a la libertad de expresión, al libre tránsito, a la libre difusión de ideas y pensamientos.

Nunca como ahora se habían encarcelado libreros, retirado, confiscado y quemado libros, cerrado templos, propuesto medidas terroristas de voladura de monumentos, retirado crucifijos, retenidos salarios y pensiones, legalizados el asesinato de inocentes, perseguido por causa de ideas políticas... ¿Hemos o no hemos cruzado la línea roja? ¿No ha llegado el momento de plantar cara y rebelarse? ¿Queremos ser juzgados por la historia como cómplices por omisión?

Vuelvo, finalmente, al principio de mi intervención. ¿Estamos satisfechos? ¿Podemos hacer más? ¿Queremos hacer más, o dejaremos que nos aplasten hasta desaparecer?

Es una pregunta que tenemos que respondernos cada uno de nosotros. Empecemos hoy mismo, dentro de un rato, en la manifestación falangista que nos llevará al Arco de la Victoria; y mañana en Guadarrama; y después en el Valle; pero sobre todo pasado mañana y al otro y al otro, tras los fastos del 20-N, tendréis que responderos a vosotros mismos. Yo estaré allí, junto a Manuel Andrino, mi jefe político, y el resto de esta Falange nuestra, en la que no nos resignamos a desaparecer.

¡Hace tiempo que llegó la hora. Solo hace falta voluntad! ¡Arriba España!

martes, 2 de noviembre de 2010

martes, 26 de octubre de 2010

Editorial y Genio de España nº 49: Enrique de Diego



EDITORIAL AL PROGRAMA Nº 49: Una de Cal y otra de Arena

Una de cal y otra de arena; así pueden calificarse las distintas acciones y decisiones, de unos y de otros en la últimas semanas.

Una de cal, con Grande Marlasca arremetiendo contra SEGUI, una vez más, y otra de arena, excarcelando a la “pobre criatura” de Álvarez Santacristina “Txelis”, en un vergonzoso nuevo capítulo de capitulación, conducido, una vez más, por “El Gran Timonel”.

Una de cal, con el duro varapalo sobre el ilegal y recaudatorio canon digital, y otra de arena, agarrándose a la silla, sin piedad, la “Sindescagas” mientras envía al matadero a su mano... ¿izquierda, derecha?, Ignacio Guardans.

Una de cal, acometiendo la peor y más perjudicial reforma laboral y de pensiones que vieran los tiempos, y otra de arena, encargando su ejecución a otro miembro destacado del sindicato que supuestamente se opone a ellas, con la boca chiquinina, Valeriano Gómez, que como su propio nombre indica, - ahora que la cosa del género es un tanto neutra y se usa la arroba “@” para referirse al conjunto – será como aplicar un bálsamo de Valerian@ a la enfadadísima clase trabajadora - a la que mantiene el empleo y a la que no - y que de puro harto, ni acude a las huelgas, ni traga a sus políticos, ni les otorga más credibilidad que la que daría a una rana leyendo el Corán.

Una de cal, con la defenestración supuesta de algunas de sus ministras de cuota, especialmente de aquellas con cuyas barbaridades ha hecho bandera, y otra de arena, premiando su trabajo esforzado al son de la reingeniería social y dejándolas, como Secretarias de Estado, lejos del primer término de la crítica acerada de toda la sociedad, pero con tanto poder o más – y más pasta, por supuesto, siempre más pasta – que antes.

Una de cal, enviando al matadero de las primarias a la “Srta. Trini”, y una de arena, premiando de nuevo con un ministerio, no sólo la incapacidad política evidente de la susodicha, sino la incapacidad profesional, como tantos y tantos propios y ajenos le explicaron en tiempos de sus vacunitas de la Gripe A. En realidad, no es sino el mantenimiento de la cuota, por un lado y el premio a la devoción, a la entrega sacrificada al Zapaterismo militante, sin condición. ¿Qué importa que la diplomacia española requiera de una mano sensata y firme ante los alarmantes desplantes de Marruecos, Gran Bretaña, Gibraltar independiente o Venezuela, entre otros? ¿Qué importa que en sus dos intentos por acceder a la carrera diplomática la suspendieran sin más? Al fin y al cabo, sustituye a Moratinos y pensarán... ¿qué puede hacer peor?

Una de cal, liberándonos, pues, de una Ministra de Sanidad que se debía alborozar por lo baratita que le iba a salir la sanidad una vez que hubieran acabado, por un lado, con todos los niños antes de nacer – merced a la “salud sexual y reproductiva” de la nueva Secretaria de Estado, que se practica en las clínicas privadas y que, en Sevilla, han decretado el “paraíso fiscal” del asesinato de inocentes – y por otro lado, tras acabar también con todos los ancianos antes de morir (de viejo, me refiero), gracias a esa otro prenda del derecho que es la “muerte digna”. Y otra de arena, nombrando al efecto... ¡A Leire Pajín en Sanidad! ¡Dios nos coja confesados!

Una de cal, en definitiva, para el superministro, para el incombustible Pérez Rubalcaba, para el último portavoz de los dos gobiernos socialistas que en España ha habido. Una de cal, en este caso, porque nadie como él – químico de formación - para encontrar las miles de aplicaciones que la sustancia tiene. ¿No fue, a fin y al cabo, el portavoz del Gobierno socialista que tan bien manejaba estas sustancias mientras se llenaba la boca de democracia, secuestraba inocentes y aplicaba con rigor, una pena de muerte sin garantías, mientras abominaba de ella en público, como todos los hipócritas? Sí, sí, recordarán algunos: era cuando La Ministra de Sanidad era casi pequeñita, que diría ella. ¡Eso sí es tener morro y no lo que el Alcalde de Valladolid le adjudica, sabe Dios con qué aviesas intenciones!

Una de cal, decíamos, que hará temblar al mismísimo Satanás, y que no preocupa a Dios, porque al fin y al cabo Él sí que es Todopoderoso de verdad, pero que lo vigilará con recelo, sin duda, ahora que “el químico”, todopoderoso, del todo, no es, pero omnipresente y ubicuo, cada vez más.

Y es que no se nos debe despistar que el triple ministro – hasta ahora sólo habíamos logrado la doble cartera con el nombramiento del todavía alcalde de Zaragoza – aúna en su mano toda, absolutamente toda la información que los servicios secretos, de seguridad, nacionales e internacionales puedan producir por y para España. Todo el espionaje español, desde el que produce Defensa hasta el que maneja Interior, desde Asuntos Exteriores a Economía, desde el que recibe por la Vicepresidencia del Gobierno al que adquiere por el Secretario General de Presidencia, desde la dirección del CNI a la Secretaría de Estado de Seguridad¸ del SITEL a todos los faisanes habidos y por haber, recaen en la Comisión Delegada del Gobierno sobre inteligencia de “Fredy el Químico”.

Pero naturalmente, es ser muy mal pensado, quizá un antipatriota, por supuesto un extremista derechoide y fascista, un desleal con la acción del gobierno y un indeseable respecto de las nobles intenciones del superministro, pensar que esto tenga nada que ver con la nueva etapa de negociaciones, comunicados, treguas y excarcelaciones a las que venimos asistiendo desde hace ya muchos meses.

Y es que la única causa que ha movido todo; no la principal, sino la única, es lograr controlar un año más el gobierno y presentarse a la reelección con algún éxito. Cueste lo que cueste, entregue la cuota de dignidad que entregue e incumpla los mandatos morales y políticos que incumpla. Todo por un sillón azul en el Congreso y una pista de tenis en la Moncloa.

No, nos hemos olvidado de la de arena que compite con la cal de Fredy. La de arena se la adjudicamos a María Teresa Fernández de la Vega, la hija de Wenceslao, el hombre fuerte de Sanz-Orrio, y Girón, de los Sindicatos Verticales. Esa que se tragó un bote de sosa cáustica en su más tierna infancia y, estreñida crónica, no ha vuelto a encontrar razones para sonreír por nada del mundo.

Arena, porque es lo que le va a hacer falta, no sólo para volver a cerrar las tumbas profanadas ilegalmente en nuestro Campo Santo del Valle de los Caídos, que tanto la obsesiona. Le va a hacer falta para taparse, para esconderse de nosotros, para eludirnos, porque La Falange y con ella este medio con su director al frente, van a perseguir judicialmente este despropósito; porque algunos sí tenemos a nuestros muertos allí dentro, tratando de descansar.

Pero también hoy tendremos una de cal y otra de arena para nuestro invitado. Porque como invitado que es y por su gesto de acompañarnos en el programa, le trataremos bien, pero le entrevistaremos críticamente. Porque le pediremos que nos explique de islamismos y de “negros”, de complejos y de parabienes, de falanges y de falangistas... Acomódense y escúchennos

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domingo, 10 de octubre de 2010

Editorial y programa 48 de LGE: La casta parisitaria



Editorial nº 48: LA CASTA PARASITARIA

Era cuestión de decidirnos a arrancar. En cuanto lo hemos hecho, los acontecimientos, los personajes y el comic permanente en que nos encontramos en la política española, nos alcanzan y ya no dan tregua.

Si despedíamos el anterior programa dejando en el aire el resultado incierto de una huelga de plastilina, y el sometimiento diplomático y de política internacional del gobierno Zapatero a Mohammed VI, recibimos e
éste con la certeza del gran fiasco que fue la jornada de trabajo para los liberados - que ese día acudieron a trabajar como un solo hombre, en su función de piqueteros, con la garantía de que a ellos no se les descuenta la jornada - y la nueva tomadura de pelo de otro sátrapa uniformado, al frente de un país hastiado, cansado, dominado por el terror rojo y que ampara, prepara, diseña y entrena las mafias asesinas de ETA, ante el que también nos inclinamos.

Con todo, lo peor no es esto - que ya se conocía y lo han practicado, una vez más, todos los gobiernos de la "corruptocracia" que padecemos, fuere cual fuere su color - lo peor es que en esta ocasión, comprendida la debilidad española como nación soberana del gobierno Zapatero y a la vista internacional de su memez congénita, ésta vez nos mandan a una versión de gorila que antes fue fiscal, torturador y, según parece - y en opinión de los venezolanos - presunto asesino, a explicarnos la fiabilidad de nuestras instituciones, de nuestra judicatura, de nuestras policías y de, en general, todo lo que España representa en el mundo actual: choteo.

No me entiendan mal. Los que hemos padecido persecución policial y judicial o conocemos a Garzón en propia carne, tenemos cierta tendencia natural a comprender también las acusaciones del gorililla diplomático. Y es que algunos bien podemos acreditar que la policía, cuando se pone, sacude unos zurriagos en los calabozos y centros de internamiento que tiembla el orbe. Al menos a los "facistas", que con estos está todo permitido, no estamos contados y, sobre todo, tenemos muy mermada nuestra capacidad de respuesta. Dicho de otro modo: sale gratis.

Tampoco puedo poner la mano en el fuego por los jueces, porque si valoramos al efecto las actuaciones del mencionado y presuntamente prevaricador Garzón, no podremos sino concluir que los procedimientos de la Audiencia Nacional, al menos parcialmente, apestan a chirigota, a apaño, a pacto político a cualquier precio y, en general a engañifa con "lodos del camino".

Pero dicho esto conviene aclarar dos cosas más:

Primero: en nuestra casa, en el salón de nuestra casa y de nuestra familia, hablamos mal nosotros, en privado y sin testigos. Jamás se lo permitiremos a un energúmeno, enemigo de España por convicción, ideológicamente perverso, personalmente macabro y psicológicamente trastornado que además miente como el bellaco que es, ciscándose, una vez más, en nuestra soberanía.

Segundo: a esas babosas a las que, entrenadas por el bastardo Cubillas y su mujer, les soplas en la nuca y cantan "La Traviatta" en versión original a dos voces, no les han puesto una mano encima ni la policía ni la Guardia Civil, ni su... propia madre, y no porque aquellos no lo desearan o no pudieran hacerlo, sino porque no hizo falta. Porque los valientes "gudaris" de la ametralladora y el tiro en la nuca, lo único que necesitan en dependencias policiales es una torunda de algodón lo suficientemente gruesa como para... ¡hacerlos callar! Y es que el que nace sabandija cobarde, muere sabandija cobarde, así sea de viejo.

Ello, por no entrar en el pequeño detalle de que escriben, redactan y coleccionan todo tipo de informaciones en los ordenadores que se les incautan, y que no hacen sino poner sobre la pista de lo que, por otro lado, ya les han dicho en seis idiomas.

Y qué decir de los sindicatos de clase... de primera clase. En su viaje en el tiempo, cambiaron su cóctel Molotov por su cóctel de champán... y de nuevo al Molotov. Pero ya no les pilla entrenados. Ya no les acompaña la razón, ni la convicción de lo que hacen. Ya no son las famélicas legiones a las que dicen representar y que de nuevo existen merced a sus políticas miserables. Ya no creen en lo que hacen porque son partícipes y corresponsables de las mismas.

No nos equivocamos un ápice y, gracias a Dios, nos ahorramos el bochorno de participar en una patochada que ni fue huelga, ni atacó a los responsables, ni buscó, nunca, nada.

Una huelga a tiempo tasado, en la que los liberados cobran; que no paraliza el país; que se dirige contra las víctimas y no contra los verdugos y, sobre todo, que acaba en un rato sin esperar a dar la batalla y a pretender ganarla es, sencillamente, un fraude burgués.

Una huelga es la expresión de la desesperación, de la razón frente a la injusticia; es decir: ¡no puedo más! ¡No aguanto más! ¡Hasta aquí hemos llegado! Y razones había para ello, sin duda. Por ello no necesita de permisos, ni de mínimos, ni de pactos. Es la desesperación y la batalla o no es. Es vencer o perder ante el poder, luchando.

Jamás fue esa la intención; jamás contaron con la firmeza y la convicción de sus huestes; sólo tenían matones entrenados, no por el hambre, sino por el poder. ¡Qué bien hicimos en no acudir, a pesar de las razones tremendas que había para ello!

Es parte de lo que nuestro invitado de hoy, polémico donde los haya, ha llamado la casta política. Con él hemos analizado una parte de la realidad española a la que, como catalán de cepa que es, no renuncia y, una vez más, creemos que nos les dejaremos indiferentes con su testimonio. Acomódense y escúchennos.

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jueves, 7 de octubre de 2010

De nuevo con todos ustedes: 3ª temporada de LGE

Efectivamente, tras el parón del verano y las lógicas dilaciones producto de la puesta en marcha, aquí estamos de nuevo. Con intención de permanecer, con intención de debatir, con intención de aprender, con intención de enseñar, con intención de combatir, con intención de trasladar a nuetros queridos videoyentes, las más varidas versiones del patriotismo español y la especial interpretación que del mismo, y de la realidad española, hacemos los falangistas. Sin corsés, sin más planteamientos previos que nuestra propia causa y nuestras propias creencias morales, políticas y filosóficas. Sin más límite que nuestra obligación y nuestra conciencia. Bienvenidos de nuevo a La Gran Esperanza: acomódense y escúchennos.


 
EDITORIAL

Comenzamos donde lo dejamos. Si la pasada temporada dedicábamos una buena parte de nuestros programas al recuerdo, a la historia, al saber la verdad sobre algunos de los acontecimientos que jalonan nuestra reciente historia, en contraposición a ese concepto zapateril que ha sido denominado "memoria histórica" y que es la antítesis de la objetividad, de la verdad y del aprendizaje, comenzamos esta tercera temporada con un nuevo capítulo dedicado a enderezar entuertos, a asumir errores y a reivindicar verdades frente a las mentiras atroces de la propaganda que, en la mayoría de las ocasiones, nos convierten en dobles víctimas: de la barbarie y de la mentira.

Es cierto que este programa y su genio de España estaban programados desde hace meses y que hubo de ser pospuesto por diversas razones, y es cierto que nos habíamos comprometido a poner nuestro punto de mira en acontecimientos más cercanos - una vez cumplimos con nuestro deber histórico - para esta tercera temporada.

Pero no es menos cierto que de no haber estado programado ya, lo habríamos incluido de nuevo, a pesar del compromiso. Y es que dan igual los días, los meses y los años que transcurran para este gobierno. Dan igual los ejemplos ilustrativos de memoria real en que nos apliquemos unos y otros; dan igual los esfuerzos de algunos por cerrar heridas y mirar hacia delante, que mientras la falacia histórica cumpla con objetivos electorales escondiendo abyectas intenciones políticas y propagandísticas, nuestros políticos se aplicarán sañudamente en ellas y nosotros en combatirlas.

Y si no que se lo digan a los andaluces, que van a asistir a uno de los espectáculos tragicómicos más relevantes de los últimos tiempos:

"Se buscan víctimas femeninas de vejaciones franquistas entre 1936 y 1950. Se recompensará con 1800 euros de vellón que previamente se habrán robado a los trabajadores y pensionistas mediante sendos decretazos de reforma laboral y congelación de pensiones".

Si no fuera tan terrible, daría para reírse.

En la misma línea, este veranito de huelgas de plastilina, programadas a la carta, con la que "el Chiquilicuatre" nos deleitará la semana próxima mientras el desempleo desaparece paulatinamente bajo el paraguas protector de la formación patriótica (Zapatero dixit), nos ha dejado también algunos ejemplos de perversión política e incapacidad intelectual, de los más sonado: los acontecimientos recurrentes en torno a nuestras españolísimas ciudades de Ceuta y Melilla, con el desprecio y abandono de nuestras mujeres policías incluido; la indefinición y enésimo bandazo respecto a la posición española en el Sahara; el intento de eliminación del "chapiri" en nuestra heroica fuerza legionaria y el encuentro de un indigente intelectual y moral como es José Luis Rodríguez Zapatero, con el monarca Alaui - versión moderna del tirano africano -que, sabedor de la estupidez congénita y debilidad política y moral de su oponente, se ha orinado en nuestras costillas, y se la limpiado en los cortinones del abuelo, mientras Zapatero decía querer hacerse una foto con él a cualquier precio.

Y todo ello, por supuesto, mientras nuestra Legión cumplía nada menos que 90 años, con la ausencia total de todos los miembros y representantes del gabinete en tan importante acontecimiento.
Así que no había otra. No podíamos hacer menos que dedicar nuestro particular homenaje al África española, a sus plazas, a sus gentes y a sus fuerzas militares. Pese a quien pese.

Y de paso contribuiremos a esclarecer algunos de los típicos tópicos que sobre La Legión, sobre el estado nacido el 18 de julio y sobre los falangistas, la propaganda marxista - entonces como hoy - se ha encargado de distribuir por el mundo a través de su enorme aparato de propaganda y difamación.
Por tercer año les pedimos, una vez más, que nos acompañen en este viaje; acomódense y escúchennos.

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lunes, 2 de agosto de 2010

domingo, 1 de agosto de 2010

Editorial y audio LGE nº 44: Salud sexual y reproductiva o el derecho a matar a tu hijo



El pasado 5 de julio quedará inscrito en la historia de nuestro país como uno de los más tristes de toda nuestra existencia. Entre las bromas y las risas de todas las ministros del gabinete Zapatero, capitaneadas por la más ignorante - y por tanto más peligrosa de todas ellas, Bibiana Aído - se había aprobado cuatro meses antes la denominada con verdadera cobardía Ley de Salud Sexual y Reproductiva y de Interrupción voluntaria del embarazo, que desde el lunes pasado es una realidad.

Una ley que, como la anterior, no lo olvidemos, la que defiende el Partido Popular por boca de su Secretaria General María Dolores de Cospedal, consagra la muerte por voluntad de la madre – y ahora como derecho - de más de 100.000 criaturas cada año y que acumula ya en 25 años de barbaridad jurídica, más de un millón de muertos: tantos como los que se produjeron en el conflicto civil español del que tanto gusta recordar Zapatero.
Una ley que inició su recorrido hace ya muchos años, perfectamente planificada, para avanzar lenta, pero inexorablemente al aborto libre que ya era de facto y hoy lo es de iure.

Una ley que nace para amparar lo que todos los órganos consultivos y jurisdiccionales preguntados o involucrados en el proceso, reconocieron como grave defecto de la anterior, que permitió que el 98 % largo de los abortos lo fueran por la sospechosa causa de poder generar un problema social para la madre.

Una ley que fue engendrada para impedir que los casos de Morín, Isadora, Dator y tantos y tantos otros criminales abortorios, que pisoteaban la ya miserable letra de la ley pasándola por el forro de sus caprichos, pudieran comportar responsabilidades penales o pérdidas económicas de tan lucrativos negocios y tan vinculados, en algún caso, a los mismos que han tenido que votar la ley, incluso haciendo valer un peculiar carácter retroactivo a favor de los que deberían ser reos por asesinato y que no son otros que los facultativos que los practicaban.

Nadie ha mirado en el interior del útero materno. Nadie ha mirado esas pequeñas vidas que sospechosamente y de un renglón a otro de los dictámenes, pasaban de ser personas a bienes – o sea cosas – y por tanto a poder ser discutidos en materia de derechos. Nadie ha querido mirar al final de ese cordón umbilical y fijarse en esas criaturas que para Aído son "vivas pero no humanas" y que, a pesar de todo, cuentan con menos derechos y protección que las vidas del lince ibérico o de la mayoría de las especies de escarabajo europeas.

Nadie ha querido darse cuenta de que, cuando se usan los manidos argumentos de la violación salvaje como causa de la sentencia de muerte para el chiquillo, sin posibilidad de defensa alguna, se otorga más valor a la vida del responsable de esa violación, al que no se puede condenar a morir porque se ha rechazado la pena de muerte en nuestra garantista legislación, que al producto dulce, independiente, distinto y sobre todo inocente de esa violación que es el nasciturus al que se condena a la más penosa y salvaje de las muertes.

Pero tampoco nadie ha querido mirar en el interior del corazón y de la cabeza de la madre, arrastrada por los consejos, por el miedo, por la falta de alternativas y de ayuda eficiente, por la costumbre, por la miseria moral de nuestra sociedad, por la mentira, por el engaño y por el negocio, a acabar - en un momento de extrema debilidad - con la vida de un hijo que ellas, las madres y también muchos padres, saben ya para siempre que eran sus hijos y que ya no los verán más. Nadie se ocupará después de ver la realidad, el tremendo daño causado también a la madre que, sistemáticamente, como veremos hoy, termina en una espiral de dolor y de asco autoinculpatorio que difícilmente logran superar.

Hoy tendremos ejemplos valientes, veraces y suficientes y verán ustedes que si alguna vez lo hicieron, nunca más, en el futuro, podrán volver a olvidar la historia del fracaso social y moral que resulta del aborto. Acomódense y escúchennos.
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Editorial especial nº 46: Acercamientos, negociación y elecciones: "La tigresa"

Ayer se ha sabido que la asesina miserable Idoia López Riaño ha sido beneficiada con el acercamiento, desde Granada, a la prisión de Nanclares de Oca.

Es decir que, en palabras de Pérez Rubalcaba, Idoia López Riaño no es etarra, ha pedido perdón a sus víctimas, las está resarciendo conforme a sentencia y con ella, como con todos los demás casos, se está cumpliendo la ley y nada más que la ley.

Idoia López Riaño asesinó a 23 personas a sangre fría. Fue expulsada de todas las maras - me niego a llamarlo comandos - a las que perteneció, precisamente porque, en opinión del resto de las alimañas de cada mara, era una bestia inmunda de gatillo fácil.

Esto, dicho por excrementos humanos como Antonio Troitiño Arranz o el propio Soares Gamboa, pone el vello de punta. Si en opinión de quienes no tienen el menor escrúpulo para asesinar cobardemente a todo el que se cruza en su camino, la autodenominada “Tigresa” es una mala bestia, ¿qué imagen podemos tener de ella el resto de la humanidad y especialmente sus víctimas?

López Riaño se reía de sus víctimas durante su juicio. Pateo los cristales de su cubículo hasta que fue expulsada por el magistrado; negó la legitimidad del tribunal que la juzgaba y jamás ha mostrado el más mínimo arrepentimiento, sencillamente porque esa es una característica humana de la que este sapo lleno de bilis carece.
López Riaño fue juzgada en 2006, tras su extradición a España en 2001 y condenada a miles de años por su crueldad, por su miseria moral, y por su repugnante asociación con el resto de delincuentes descerebrados y sin más vísceras que las necesarias para no morir.

Pero Idoia López Riaño es una etarra y va en su condición de etarra ser el último excremento de la cadena trófica y comportarse como tal. Como el escorpión, es imposible que no se inocule a sí misma todo su veneno mortal, si con ello puede causar mal a otros seres. Y es imposible que se arrepienta de nada porque para eso hay que tener alma, conciencia, sentimientos, cerebro y corazón, más allá del órgano mecánico que la mantiene tristemente con vida. A nadie engaña López Riaño.

Es, en cambio, un delito de magnitud incalculable, la actitud del Ministro del Interior. Personalmente no le adjudico más alma que a “la tigresa”, ni siquiera más humanidad, pero como representante del Ministerio encargado de velar por la seguridad, por la libertad y por la integridad de los españoles, le adjudico una responsabilidad que debieran tenerlo ya en el banquillo de los acusados.

Porque Pérez Rubalcaba miente cada vez que abre la boca. Traiciona a todo el que le rodea, se cisca en la sangre de las víctimas y viola todo principio de legitimidad. Porque Pérez Rubalcaba sabe que si hubo algo en la legislatura pasada que hizo, siquiera por un momento, tambalear el gobierno del que forma parte fue, precisamente, su negociación abierta y declarada – cuando lo fue – y soterrada y oculta la mayor parte del tiempo, con la banda asesina de criminales etarras.

Por eso ahora niega, miente, insulta, y ofende a todas y cada una de las víctimas.

Señor Pérez Rubalcaba. Yo le desafío. Las víctimas del terrorismo le desafiamos a demostrar que Idoia López Riaño nos ha pedido perdón a nosotros, a sus víctimas directas, y a la sociedad en su conjunto, como víctima colectiva.

Le desafío a demostrar el arrepentimiento público con la misma publicidad con que cometió sus tropelías. Con los mismos testigos, con las mismas cámaras y las mismas fotos con las que España supo de sus muertes y de sus sonrisas.

Le desafío a demostrar cómo ésta canalla está cumpliendo sus obligaciones con el Estado para resarcirlo por las compensaciones que las víctimas recibimos de los fondos públicos de todos los españoles de bien y no de los procedentes de estas alimañas, de estos indigentes morales, intelectuales y sociales.

Y cuando lo haya hecho – si alguna vez llega a ocurrir – aún faltarán dos cosas que ni usted ni nadie, Pérez Rubalcaba, puede conceder: el perdón de las víctimas y la satisfacción por sus crímenes.

Yo no les perdono, señor Pérez Rubalcaba. Y usted no puede suplirme en esto. No les perdonamos y si, llegado el caso real, tras su arrepentimiento real, después de colaborar con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado para lograr la condena de otros asesinos y destripar la banda de manera fehaciente llegáramos a la conclusión de que merecen nuestro perdón, de lo que puede estar seguro, señor Ministro, es de que nunca les exoneraríamos del cumplimiento íntegro de sus penas.

El perdón es para salvar el alma o la conciencia, señor Rubalcaba, no para eludir el castigo y la reposición.

Por eso usted, Ministro, tiene que marcharse. Tiene que huir de este país. Porque su responsabilidad va más allá de la miseria moral de sus protegidos. Usted nos ha mentido a las víctimas una y otra vez. Nos ha engañado y ha comerciado con la sangre de los nuestros para apuntarse un tanto político que les mantenga en el poder entre tanto desastre cotidiano. Y tampoco a usted le perdono ni le perdonaré nunca por ello.

La política penitenciaria de acercamientos y negociaciones ha sido una constante en los gobiernos populares y socialistas. Y es cierto que fueron decenas los “acercados” y excarcelados en tiempos de Aznar; tampoco a él se lo perdonaré nunca.

Pero ustedes repiten una y otra vez los mismos pasos que ya le hemos prohibido explícitamente los españoles en general y las víctimas en particular, sólo para permanecer en el poder. Y en todo caso, ahora, este es su baile, Rubalcaba, no el de Aznar, y las comparaciones no le libran de su culpa.

Se lo diremos una vez más hoy y desde aquí. Se lo prohibimos, señor Rubalcaba. Se lo prohibimos por mil razones que va a tener la oportunidad de escuchar nuevamente aquí, si es que entre sus ocupaciones encuentra un momento para las víctimas.

Es, probablemente, la única cosa que la sociedad le ha prohibido sin tener que atender a sus colores políticos. Y no le perdonaremos otra traición. Será usted responsable y terminará pagando un alto precio por ello. Acomódense y escúchennos.

miércoles, 28 de julio de 2010

Editorial y programa LGE nº 45: Estalinismo o la libertad de prohibir



En Libertad; así es cómo nos sentimos hace ahora un año. En Libertad para pensar, en libertad para decir, en libertad para trabajar y para pelear por un mundo nuevo, desde nuestra humilde tribuna. Han pasado ya 20 programas de La Gran Esperanza desde entonces y 45 desde el inicio; 20 sesiones de televisión y de radio en Libertad, con nuestros propios medios y sin apoyo ni espacio libre que no provenga de nuestros camaradas.

20 entrevistas, 20 “Verdades como Puños” y decenas de “Genios de España” que, en Libertad, decidieron acompañarnos durante todo este curso político que hoy terminamos, en total y absoluta Libertad e independencia.

Nada ha podido el silencio, el desánimo, el cerco de los poderosos, porque en nuestro proyecto había y sigue habiendo, un deseo incontenible de Libertad y un espíritu de lucha que no ha fallado en todo el año. Hoy nos hemos consolidado como un medio serio, comprometido, amplio, abierto; radical en los conceptos y en las ideas, pero educado, imparcial, atrevido y sobre todo Libre en los modos y en las formas.

Por eso hoy nos sentimos especialmente orgullosos de haber comenzado aquella andadura y haberla traído hasta aquí, entre el respeto de los más, la indiferencia de algunos, y los insultos de los menos.

Hoy, apenas a unas horas del Santo Patrón de España, seguimos fieles a nuestro estilo y hablaremos de ayer, de hoy y de mañana.

Hoy, una vez más, impediremos que la mentira y la falacia que algunos llaman Memoria Histórica, avance sin oposición entre las nuevas generaciones. Y que quienes se presentan ante el mundo como “verdaderos” demócratas, muestren sus aristas más ocultas, sus pecados más profundos, su inexistente arrepentimiento, su negación de la verdad.

Estos que se llenan la boca de “reparación”, de “reconciliación” y de “restitución”; estos que pasean sus nauseabundos huesos por emisoras de radio y televisión y que lucen sobre sus frentes los distintivos de la más alta magistratura universitaria, están podridos por dentro, llenos de rencor, quizá porque no pueden olvidar que no han sido decentes y fieles ni consigo mismos.

Y es que quien traiciona a su propio padre, vende a sus propios compañeros, hace asesinar a sus camaradas siguiendo las directrices soviéticas a las que prestó servidumbre, ¿qué impedimento puede encontrar en mandar asesinar a miles de víctimas inocentes? ¿Quién le puede impedir mentir, reinventar, negar y volver a escribir su vida y su obra?

Nosotros, de la mano de nuestro invitado, una vez más mostraremos a Santiago Carrillo como lo que es. Y una vez más retaremos a las instituciones de la Memoria Histórica a que se enfrenten, con nosotros, cada uno con nuestros fantasmas. Porque a nosotros ya no nos queda rencor, pero sí una inmensa sed de Justicia.

Pero si de hoy hemos de hablar, sin duda hablaremos, de nuevo, de Libertad con mayúsculas; hablaremos de ejemplo, de dignidad, de valentía, de constancia, de lucha, de exilio, de pasión, de prisión y de destierro.

Porque cuanto más adentro, más abajo, más lejos han sido encerrados, más libres han sido por dentro; más ejemplo para un mundo enajenado, tibio, cobarde, silencioso y de mirada esquiva.

Ellos son la resistencia, la libertad y la admiración del mundo. Hoy, ahora, en el siglo XXI, las mismas doctrinas, los mismos miserables que inspiraron el terror rojo en España, lo hacen hoy, con los mismos métodos, en otro lugar del mundo hispano.

Cuando ellos padecen prisión, cuando ellos durante décadas, generación tras generación se plantan, sus mujeres, sus damas se visten de blanco y luchan, luchan y luchan sin descanso por la dignidad de su patria, de sus hombres y por la Libertad de Cuba.

Hoy viviremos y beberemos su ejemplo. Y quizá oyéndoles, podamos entender mejor porqué el proyecto de ingeniería social que, lenta pero inexorablemente, lleva adelante Zapatero, es tan perverso y tan peligroso. Porque Zapatero, que inocula su plan desde la Educación para la Ciudadanía, que dinamitó la familia tradicional con las leyes de matrimonio homosexual, que acaba de aprobar la ley de asesinato infantil más perversa de la historia de España aún no se ha dado por satisfecho y viene ahora a por la libertad religiosa.

Parafraseando a Albert Leo Schlageter en su célebre frase “Cuando oigo hablar de cultura quito el seguro a mi Browning”, cabrá decir aquí, “Cuando oigo a Zapatero hablar de Libertad, otro cerrojo se cierra sobre nuestras celdas”.

Ni los Carrillo de ayer, ni los Castro de hoy, ni los Zapatero de mañana, doblegarán nunca nuestra enorme sed de justicia y nuestra lucha en libertad y por la libertad. Acomódense y escúchennos.


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