Memoria histórica, individual y colectiva (Editorial número 33 de LGE)

La memoria, como no puede ser de otro modo, es, por definición, individual, personal, intransferible, selectiva. Se cuida, se ejercita, se domestica, se provoca, pero nada podemos hacer por cambiarla, por sustituirla, por modificarla o por eliminarla, de manera colectiva. La Historia, por su lado, tiene un problema similar. La podemos aprender o ignorar, la podemos investigar o inventar, la podemos obviar e incluso podemos tratar de sustituirla por otra; podemos arrancar las páginas de los libros o ni tan siquiera escribirla, pero la historia es la historia y está ahí, terca, impasible, inamovible, inalterable, por mucho que haya quienes se empeñen en ello por revanchismo, odio e imprudencia. Por eso, ya pueden otorgar subvenciones a supuestos historiadores, para encontrar a Lorca donde les gustaría, que si no está, no está. Ya pueden abrir fosas del franquismo que si sólo hay animales, sólo hay animales. Y en cambio, ya pueden tapar con toneladas de cal, escombro y piedras, las minas ...