viernes, 17 de junio de 2011

Editorial nº62: Del asesinato de Carrero a la entrega del Sáhara (In memoriam)



La reciente sentencia absolutoria de los cuatro integrantes del denominado por nosotros “grupo de los libreros”, nos da pie para cumplir con nuestro compromiso de empezar este programa como con el título de aquella película basada en África: Grita Libertad.
Porque gritando libertad hemos permanecido desde que Pedro Varela ingresara en prisión, el pasado otoño y gritando libertad permaneceremos hasta que la recupere.

Oscar, Carlos, Ramón y Juan Antonio han recuperado la suya, definitivamente, y han abierto una nueva esperanza a Pedro. Porque, insistimos una vez más, no se persiguen nazis, se persiguen derechos: el de expresión, el de discrepar, el del pensar libremente y el de comunicar tus ideas sin miedo a la censura, la persecución y la cárcel. Se persigue la libertad y por ella peleamos. ¡Enhorabuena libreros! Pero la lucha continua. Seguimos exigiendo para Varela LIBERTAD.
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El 17 de junio de 1986 – hoy hace 25 años – cayeron asesinados, por Dios y por España, El Coronel Carlos Vesteiro, el soldado conductor Francisco Casillas y el Teniente Coronel Ricardo Ynestrillas, mi padre.

Aquellos años de plomo  se llevaban por delante, entre la incomprensión, el miedo y el silencio de la mayoría, a muchos de los mejores hombres y mujeres que España daba: militares, guardias, policías, y junto a ellos algunos civiles que también supieron morir por España sin saberlo.

He mantenido siempre que la Transición – que precisamente terminaba en aquellos años, tras la cadena de traiciones que la hicieron posible – ha sido un proceso medido en el que nada, absolutamente nada de lo que pasó en ella, fue casual.

No seré yo quien desvele en su conjunto a sus responsables, aunque mucho quedará apuntado, pero desde luego nadie me convencerá de que la casualidad mató a mi padre, como tampoco me convencerán de que la casualidad mató a Carrero Blanco.

Hoy hablaremos de aquella etapa de la transición y de aquellas “casualidades”. Lo haremos - nuestros teleoyentes nos lo permitirán – en homenaje a mi padre y a los que con él regaron de sangre nuestro solar, aquella tarde.

Lo haremos repasando dos episodios, a modo de prueba del nueve de que nada es lo que parece, íntimamente relacionados con lo que la Transición traería, y por tanto, en gran medida, con la muerte de mi padre.

Lo haremos repasando la triste historia de La Traición, así, con mayúsculas, que supuso cada paso, que el régimen agonizante, ya corrompido hasta el tuétano, y sobre el régimen naciente del anterior, perpetró desde el mismo momento de su alumbramiento.

Lo haremos recordando a otro hombre del Régimen, que como mi padre, tampoco fue asesinado por ETA por casualidad. A ambos los ejecutó la banda asesina, es cierto, pero ambos entraron en otros cálculos.

Carrero Blanco, que ni fue falangista ni quiso saber nunca nada de nosotros, era sin embargo, el hombre en que Franco confiaba para dar continuidad a su propio plan, a su propia transición. Era - es innegable - la viva imagen de la fidelidad a un hombre, a una idea y a un proyecto, y por ello fue asesinado cuando Franco le cambió el paso a todos los que hacían quinielas postmortem, nombrándolo Primer Jefe de Gobierno del franquismo.

Descubriremos hoy, que quizá una de esas “causas casuales” de su muerte, fue la resuelta traición al pueblo español de la provincia saharaui – y con ellos a todos los demás españoles, europeos o africanos, que vivieron la gran  mentira del abandono del Sahara – por parte de quienes tenían la obligación moral, y la promesa formal, de velar por la integridad de España entera, y por el honor y la dignidad del Ejército que representaba la autoridad española en la provincia. Una traición que fue posible porque Carrero había muerto dos años antes en atentado.

Descubriremos también cómo lo vivieron aquellos militares africanistas hasta el tuétano, que adoraban África, que hubieran dejado allí hasta la última gota de sangre y que tuvieron que vivir la ignominia silenciosa de su última arriada en febrero de 1976, dejando abandonados a su suerte a sus compatriotas del sur.

Mi padre era africanista. Desde que con 16 años recién cumplidos ingresara en el Cuerpo de Regulares de Caballería Melilla II, como soldado de  segunda, el 1 de julio de 1951 y hasta que regresara, recién licenciado de Teniente con el Batallón de Infantería Independiente Lanzarote LIV a finales de 1960, agregado al Estado Mayor del Sahara, sólo pensó en una cosa: Ingresar en la Legión y clavar sus sandalias en aquella española África que mamara de su padre, también africanista.

En febrero del 61 logró su ilusión: El Tercio Alejandro Farnesio IV de la Legión, donde permanecería hasta bien entrado el 64, en que fuera trasladado al Batallón de Cazadores de Montaña de Barbastro, en Huesca.

Llegó por tanto tras la guerra de Ifni, y marchó antes de la ignominiosa entrega ante La Marcha Verde. Eso que se ahorró en el cuerpo, pero no en el alma.

Villacisneros, Smara, El Aaiun, Hagunía, forman parte de mis recuerdos paternos más profundos, y sin embargo yo no había nacido. Y es que aquella África española les dolía tanto en el alma, que hablábamos de ella con pasión, con cariño, con el amor que se tiene a la patria chica y a la grande. Y se sentían las traiciones como puñaladas en el alma.

Nuestro invitado de hoy nos llevará de la muerte de Carrero a la ignominia del Sáhara. Dos acontecimientos que nos unen con mi padre. Con el agradecimiento de todo el equipo que hace este programa, que me ha permitido este homenaje, vaya pues, para mi padre, allá en los insondables cielos tan inabarcables como el Sahara; Allá, en la Guardia de los Luceros donde forma con los mejores, si esperar ya relevo.

Y nada mejor, para unir ambos episodios que un poema de mi abuelo Alfredo, su padre y africanista también - de caballería - que no pudo ser más certero, allá en enero de 1978:

Letrilla del Rey inútil

Si del miedo no se salva
nadie de quien vive aquí
y nunca se sabe si
va a verse la luz del alba;
si hay un muerto en cada esquina
y en cada portal un caco
y entre secuestro y atraco
se arma la tremolina;
y si no sirve la ley
y sólo impera el terror…..
os compadezco, Señor
¡qué horrible debe ser Rey!

Si rompéis el juramento
que solemnemente hicisteis
y a todo un pueblo mentisteis
sin ningún remordimiento;
si para vos fue sencillo
de olvidar, ¡el heredero!
con la muerte de Carrero
la gratitud al Caudillo;
y si estuche de Carey
guarda vuestro deshonor…
os compadezco, Señor
¡que horrible debe ser Rey!

Si asco, repulsa ni nada
le produjo al soberano
poner su mano en la mano
de Carrillo, ensangrentada;
cuando la misma bandera
que Vos jurasteis ha sido
por manos de un mal nacido
hecha jirones y hoguera;
y cuando la hispana grey
no encuentra amparo ni amor….
os compadezco, Señor
¡que horrible debe ser Rey!

Yo bien comprendo a fe mía
que en Grecia, como en España
perder el trono no extraña
ni a Vos, ni a doña Sofía.
Pero la patria es el suelo
de nuestro ilustre solar
y no se puede olvidar
como el que olvida un pañuelo;
y si os gobierna un traidor
con su pezuña de buey….
Os compadezco, Señor
¡que horrible debe ser Rey!

Con tal detestables gentes
siempre os quedaréis corto
autorizando el aborto
o amnistiando delincuentes;
se arranca el Cristo en la escuela,
se mata a un Guardia Civil,
a un policía o a mil, y vos….
allí… en la Zarzuela

Risa y coba al populacho,
al vasco y al catalán;
y dais con artero afán
a la bestia de Camacho
palmadas halagador
en la espalda del jersey…
os compadezco, Señor
¡que horrible debe ser Rey!

Y cuando España se estrella
rota en doscientos pedazos
y vos, cruzado de brazos,
no intentáis nada por ella;
siempre vacuo, siempre fútil,
habláis mal, leéis peor,
y sois príncipe, el mayor
modelo de rey inútil.

Fuerais zar o emperador,
Califa, Kaiser o bey….
Os compadezco, Señor,
¡que horrible debe ser Rey!


Wikio

6 comentarios:

Ramiro Semper dijo...

Estimado Martín:

En un día como éste de tan dolorosos recuerdos, recibe un fuerte abrazo y mi apoyo de camarada. La lucha continúa.
Comparto punto por punto lo que expones en tu artículo, por lo que, con tu permiso, paso a difundirlo (facebook, twitter, etc) Un saludo a nuestro estilo.

José Manuel (LOBO_IBERO) dijo...

CAMARADA MARTIN:

Tan magistral como siempre. Y como ya he puesto en mi humilde Lobera, asi como en otros lares,..

¡¡NI OLVIDO NI PERDON!!!
¡¡¡SIEMPRE PRESENTE!!!

Un cordial saludo como siempre.

¡¡¡ARRIBA ESPAÑA!!!

Anónimo dijo...

Mi apoyo y mis respetos por quienes dieron la vida por España.

Aun recuerdo con amargura algo que me ocurrió en el año 1995, fondeados con el mercante en la bahía de Dakla en faenas de trasvase de caballas congeladas de los pesqueros rusos, aquello que mi capitán poseía en el puente de unas cartas de navegación en las que ponía Villacisneros nombre que tenia aquel puerto en otras épocas, recuerdo como el oficial marroquí que subió a bordo gritaba en cólera, y de como por no provocarle ya que con la escusa de algún documento podría retener el barco los dias que le biniese en gana, como echaba fuego por la boca el maldito moro, aun asi nos tubo retenidos dos dias mas con la excusa de los papeles de la carga.

Anónimo dijo...

Magnífico programa. Estupendo editorial. Como siempre, Martín. Un abrazo fuerte,
Miguel Menéndez

A.J dijo...

Un saludo Matín, eres un tipo excepcional.

Un imaginaria (bis.) dijo...

La letrilla es sencillamente, excepcional, y de plena actualidad treinta y tres años después. Ay, si su señor abuelo hubiese conocido a la nieta del taxista metida a futura reina consorte divorciada, al trapisondista y zoquete del Urdangarin (que le tuvieron que regalar la carrera de Empresariales) y al mariconazo de turno de los pantalones estampados (y cocainómano antes del íctus).