miércoles, 26 de noviembre de 2008

¡Demócratas!

Ya lo vaticiné en mis primeros artículos: No siempre podré acudir con puntualidad a la cita, porque no siempre dispongo del tiempo y la disposición de ánimo para escribir lo que me viene a la cabeza de una forma cabal y sosegada. Está la cosa muy malita – y peor que se va a poner todavía – y eso hace que los negocios y los asuntos personales acaparen toda la atención. Al fin y al cabo los días duran lo que duran y a las noches ya les robo lo bastante para sobrevivir la mañana siguiente.

Hubiera querido escribir en caliente sobre un montón de asuntos. Hubiera querido referirme a la bochornosa Sarkosilla – tal y como la denomina Losantos en un alarde de ingenio compatible con su repugnante liberalismo derechoide – y especialmente a la actuación del memo de la Moncloa en semejante escenario.

Hemos tenido que acudir a la cumbre del G-20’01 disfrazados; bajo la bandera europea y en el taburete que nos cedió el francés. ¿Para qué?, para continuar con la ceremonia de la imbecilidad pública y de la desvergüenza política. Nos llevó allí el paladín de las causas vacuas – el cambio del clima climático, la alianza de civilizaciones, el hambre del mundo – y no porque no merezcan la debida atención, cada una en su justa medida, sino porque no son sino las cortinas de humo que el personaje usa para ocultar su absoluta incompetencia y falta de ideas, nos llevó, digo, primero para conseguir, in extremis, la foto que hasta ahora no había logrado con Busch, que lo despreció a él y con él a todos los españoles. Y después para mendigar veinte segundos en los que decir su acostumbrado y falso discurso de que esto se resolverá con más socialismo y con menos capitalismo.

De no ser porque ya le conocemos, hasta podría habernos engañado y, por una vez, creerle. Pero para ello él tendría que ser socialista. De verdad, no de pacotilla. No socialista para ser desenterrador de muertos, abortista y anticlerical. Socialista para impedir que la riqueza se concentre en manos de unos pocos, para asegurar el control de los recursos energéticos en manos estatales, para nacionalizar el crédito y los servicios públicos, y no la deuda y la basura secesionista de la que luego hablaré. Pero como no es socialista – que es tan liberal y capitalista como todos los demás – y además es un títere analfabeto, habló de refundar el capitalismo.... con más capitalismo y habló de no olvidar a los más desfavorecidos en el mundo, como si fuera la recién elegida Miss Universo, mientras de forma canallesca y bajo fraude de ley, sufragaba la cúpula de no sé qué organismo de la ONU en Suiza – uno de los países más ricos y menos comprometidos del mundo – con veinte millones de euros de las arcas españolas, de los cuales seis fueron a parar al socialista bolsillo de su autor – de esos que acompañaron su campaña con el gesto de los sordomudos, el de la ceja – y 500.000 euros salían de la partida presupuestaria de cooperación que España dota para, precisamente, paliar el hambre en el mundo y pagar vacunas.

Lo explicó el ínclito ministro Moratinos: “Es legal usar una partida presupuestaria de cooperación, para colaborar con organismos internacionales que tengan entre sus funciones la cooperación”. Legal sí, porque vuestra legalidad es un cubo de basura en esto y en todo lo demás, pero lícito no. No puede ser lícito pagar a un arquitecto de la cuerda, sus diseños estrambóticos en Suiza con pasta para vacunas. Lo cuente como lo cuente el ministro, se llama fraude de ley. Suyo y de la oposición del PP que pregunta, recibe respuestas estúpidas y delictuosas y... otorga.

Pero no es nuevo. Al fin y al cabo todo obedece al mismo proyecto, con distintos frentes abiertos. Volvamos, si no, al plan de rescate de la gran banca socialista (por lo visto) del refundador sociata: Ha tenido que forzar – casi a punta de pistola telefónica – que las entidades bancarias acudieran a la gran subasta de dinero público para poder hacer lo que realmente está detrás de todo este oscuro barullo: la refinanciación de las Cajas de Ahorro. Y es que los grandes bancos son muchas cosas; todas menos idiotas. Y esos grandes bancos no van a dejar que ningún socialista reconvertido meta mano en sus cocinas, con el riesgo de que mañana pudieran hacer lo que realmente deberían hacer, que es nacionalizar el crédito y no la deuda.

Pero si no acudían a la subasta pasaban dos cosas: que Zapatero, una vez más, fracasaba con sus planes de bombo y platillo y – y esto es lo importante – que se haría muy evidente su plan secesionista. Y es que al mismo tiempo que se lanzaron a “rescatar a la banca” se nos introdujo por salva sea la parte, la idea de que el gobierno vería con buenos ojos las fusiones entre cajas de ahorros regionales y autonómicas que, como todo el mundo sabe, son de carácter público y están dirigidas y manejadas por los mismos que desean a toda costa la desmembración nacional: los llamados nacionalistas y realmente independentistas.

Este es el verdadero plan: No puede ser casual que la ofensiva territorial, la ofensiva cultural - incluido el desastre que supone el plan Bolonia para las humanidades (ya saben, la desaparición de las asignaturas que requieren pensar y forjarse una opinión propia y que incluyen dos pilares básicos de la cultura occidental: el derecho romano y la cultura griega) – la ofensiva anticlerical – enfocada a acabar con el tercer pilar, el cristianismo – la ofensiva idiomática de erradicación del castellano, el español por antonomasia, de Vascongadas, Galicia, Aragón, Baleares, Valencia, Cataluña ... la ofensiva energética y de recursos, poniendo en manos de gobiernos secesionistas, primero y, ante el fracaso, en manos extranjeras, después, la electricidad, el petróleo .... la ofensiva económica que permite la creación de esa suerte de nuevos bancos centrales nacionales a las cajas de ahorro reconstruidas en manos del poder, etc. etc. etc.... y que hayan coincidido todas en el tiempo. Definitivamente no puede ser casual.

Pero como dije, debería haber escrito de muchas cosas. Cómo no acordarme de coincidir, por una vez, con la sabandija con puñetas: él, ha dicho de sí mismo lo que el resto de la humanidad ya sabía y yo le recordé en un artículo anterior: que es un incompetente. Y un hijo de mala madre, añado yo, que certifico cómo se lanzó a la campaña de difamación, distracción propia y de terceros y desenterramientos para hacer lo de siempre: captar la atención y delinquir. Delinquir, sí, prevaricando hasta la carótida con sus actuaciones, sin que nadie haga nada. Han tenido que ser tipos como Joaquín Leguina, los que lo hayan tenido que definir como lo que realmente es: un cáncer putrefacto de la judicatura. Sólo que esta vez no lo he tenido que decir yo. Me congratulo.

Y también me quedó pendiente – este ya más reciente – el escándalo de la financiación, por parte del ICO, de la operación de Luis de Rivero, amparada nuevamente por el ejecutivo de ZP, para la adquisición de las acciones de Repsol. Se me amontonan las palabras para definir a toda esta gentuza, mientras vivo en carne propia y en carne inmediatamente próxima, los efectos de la falta de liquidez, de la falta de confianza y de la falta de financiación, en definitiva, de las pequeñas y medianas empresas que no han tenido la suerte de que le presten, como han hecho el ICO - y con él y con su aval, el resto de los bancos – cinco mil millones de euros, con la única garantía de las acciones adquiridas en la propia operación. Mucho menos necesitan las familias para hacer frente a sus hipotecas. Mucho menos necesitan las PYMES para salir del bache y lo que encuentran es justamente lo contrario: restricción en el riesgo, disminución en el índice tolerable de endeudamiento, garantías infinitas para operaciones más que lógicas y.... el maldito plan de rescate de la banca. Es para echarse a llorar.

Y también me quedó recoger una buena noticia que no quería dejar pasar sin comentar, porque, en primer lugar ya casi no quedan y, en segundo lugar, me llena de satisfacción que aún quede gente decente dispuesta a pensar en solucionar problemas y luchar por la vida, cuando lo que impera es la cultura de la muerte del nonato o del demasiado viejo y molesto. Bien sabe Dios que no es santo de mi devoción la presidenta de la Comunidad de Madrid, fundamentalmente por ser el mayor exponente político de liberalismo en estado puro, pero cuando acierta, acierta y de buena gente es reconocerlo: la iniciativa de poner en marcha una unidad especial de asistencia a la natalidad, con carácter inmediato y anónimo, desplazando la unidad móvil a donde sea necesario, con el equipo más avanzado para la asistencia al parto, sin preguntas para la madre, sin información comprometida y garantizando la confidencialidad es, sin duda, una grandísima noticia que salvará vidas - de madres y de hijos – evitará el contrabando de neonatos y proporcionará oportunidades a esas criaturitas que son, sin duda alguna, una verdadera bendición de Dios, que vendrán también a cambiar la existencia de potenciales padres adoptivos que puedan y quieran ejercer la paternidad. Felicidades por ello.

Sin duda me quedaron muchas más cosas que debieron llamar mi atención y provocar mi comentario, pero hubo una serie de acontecimientos que me llenaron de tanta indignación, de tanta tristeza, de tanta derrota interior, de tanta rabia, que he necesitado deglutirlos pausadamente antes de sentarme frente al ordenador a expulsar mis sentimientos en oleadas.

Los últimos nueve o diez días han supuesto la representación de la victoria roja sobre el resto de los españoles. Al amparo de la Memoria Histórica y de su miserable y fraudulenta ley, los falangistas - y con nosotros otros muchos españoles y extranjeros - hemos sido humillados, maltratados, cacheados, insultados y despreciados, utilizando para ello a la Benemérita, que de esta manera recupera el papel que históricamente le ha correspondido y que sólo personalmente algunos hombres de bien han roto para verdadera gloria de la Guardia Civil: la de doblegarse al poder y actuar como su brazo ejecutor sin atender a la naturaleza de las vilezas que se le pidan. Hubo entre los números hasta quien, evidentemente, disfrutaba.

Desde que hace dos fines de semana, las delegaciones extranjeras empezaran a llegar a Madrid, con motivo de la celebración del aniversario de la muerte – asesinado el primero, en la cama el segundo – de José Antonio Primo de Rivera y de Francisco Franco, con la intención de rendirles homenaje, se han sucedido las vejaciones. Obligados a guardar sus banderas, sus estandartes, sus insignias, sus colores; obligados a quitarse abrigos y jerséis para verificar lo que había debajo, sobre sus camisas, los italianos, por ejemplo (he podido constatar la presencia en Madrid de italianos, franceses, flamencos, balones, rumanos, alemanes ...) que no aceptaron plegarlas, guardarlas o desnudarse, simplemente no pudieron acceder al recinto donde reposan los restos de muchos combatientes que acudieron en defensa de la cristiandad a luchar con el lado nacional. ¡Qué contraste con el recibimiento en la Moncloa de los Brigadistas, en su día, o con la concesión de la nacionalidad española a ellos y sus descendientes!

En días sucesivos he vivido, sabido y/o conocido, cómo eran retirados los lazos con los colores nacionales, de la Virgen del Pilar, tan típicos de los automovilistas que visitan a la patrona (la de España y de toda la hispanidad y la de la Guardia Civil, que ya tiene delito); he sufrido cómo me impedían el paso al recinto porque el llavero de mi vehículo es un águila de San Juan, o cómo se referían a “las putas rosas”, los guardias encargados de impedir que pasaran ramos de 5 rosas con los colores rojinegros de la Falange. He sabido cómo un adhesivo con la palabra CAFE (que significa Camaradas Arriba Falange Española, pero no lo dice en ningún sitio) era motivo suficiente para impedir el acceso, o cómo se retiraban insignias de ojal con el yugo y las flechas, o con el laurel de la casa militar del Caudillo. He visto registros minuciosos de coches y autobuses y verdadera saña en lograr los objetivos.

He conocido cómo a la salida de la Santa Misa en la Basílica, y en la propia explanada de Armas del templo, se desplegaban las unidades antidisturbios de la Guardia Civil, calzadas con sus cascos y sus porras, en previsión de que se intentara homenajear a los camaradas fallecidos. ¡Dios los confunda y nosotros podamos juzgarlos alguna vez por esto!

La madrugada del sábado al domingo, La Falange, como siempre, recorrió las calles de Madrid, desde Génova hasta el Arco de la Victoria, con ocasión de acompañar en su salida la corona de laurel que tradicionalmente portan los falangistas a pie, hasta el Valle. Lo hicieron, por supuesto. Con sus uniformidades, sus banderines y sus estandartes. Pero el precio fue la imposibilidad de hacer la ofrenda en el lugar correspondiente: la sepultura de José Antonio, asesinado por los correligionarios de los autores de la Ley de desmemoria.

Se celebró a cambio una misa en El Escorial, donde aún permanece un pequeño monumento a los caídos que – lo sabemos – la democracia se encargará de eliminar inmediatamente. Y allí se hizo la ofrenda. No me cabe la menor duda de que será casi imposible repetir.

Me vino entonces a la cabeza una escena de una película, de esas americanas, de negros, que vi hace algunos años, en la que el actor blanco, tras despreciar e insultar al actor negro esperaba a que éste encontrara las palabras con las que pensaba contestar su agresión. Antes de que lo hiciera, el blanco le espetó de nuevo: “ ¿qué vas a hacer, vas a llamarme negro?”, le dijo con sorna. El hombre negro, recubierto de una enorme dignidad, arrojó sobre el blanco, y con él, probablemente, sobre todos los blancos por aquél individuo representados, una frase que entonces me pareció feroz: “No. Voy a llamarte blanco”. Y deletreó con tanto asco las seis letras, traspasó tanto desprecio la pantalla del televisor, que no pude por menos que sobresaltarme. Aquel hombre le había llamado lo que él creía que podía despreciarlo más: su propia condición.

Pues bien, yo hoy, desde aquí, con la misma actitud y el mismo sentido en el que él lo hizo mirando a su oponente, quiero dar las gracias a todos los miserables responsables de la funesta ley, de su aplicación y de todos los acontecimientos que he descrito. Quiero darles las gracias por recordarme cada día, cuando a veces uno se siente imbuido por el deseo de participar de sus instituciones, de sus formas, de sus intereses, por qué soy falangista, por qué desprecio sus leyes, por qué desprecio su sistema y por qué lucharé por destruirlo. Y quiero, en definitiva, como aquél negro, decirles una sola cosa: ¡Demócratas!

1 comentario:

Alvaro Romero Ferreiro dijo...

Pues visto lo visto y leido lo leido,es una verdadera pena que no le puedas dedicar mas tiempo a tu blog.Saludos