sábado, 1 de noviembre de 2008

La Hemeroteca de La Vanguardia


Un buen amigo – de hecho mi compadre, pues soy padrino de su hijo menor – me ha hecho un curioso regalo hoy. Un periódico de tirada nacional ha tenido la buena idea de digitalizar todos sus fondos y crear una hemeroteca virtual, en la que se pueden consultar y reproducir los ejemplares del diario, publicados desde febrero de 1881. Me consta que otros periódicos están trabajando en ello y hay que felicitarse, pues disponer, de forma sencilla, de estas fuentes, agiliza las búsquedas de información y enriquece los estudios y ensayos. No cabe duda de que, como periódicos que son, estarán evidentemente influenciados por sus correspondientes líneas editoriales, pero con sesgo y todo, recuperar estas páginas de la historia de España, consultar opiniones de columnistas y analizar sus discursos o los acontecimientos más relevantes, dejará en evidencia a más de uno.

Sin ir más lejos, el regalo consistió en obsequiarme con la portada del diario del 30 de octubre de 1964; el día en que yo nací. Me lo entregó con sorna, pues añadió la siguiente frase: “como no podía ser de otra manera”. Cuando abrí el documento me llevé la agradable sorpresa de que la portada de La Vanguardia – pues de éste diario es la hemeroteca virtual – titulaba: “Inauguración en Barcelona del monumento a José Antonio”, y lo documentaba con un amplio reportaje fotográfico en el que podían verse aspectos del monumento, así como planos de los oradores: el alcalde, José María de Porcioles, el secretario General del Movimiento, José Solís, El Gobernador Civil, Ibáñez Freire y la hermana del fundador, Pilar Primo de Rivera.

En el artículo central, que reproduzco por su curiosidad, se decía lo siguiente:
“Ayer vivió nuestra ciudad unas horas de sincera emoción y auténtica solemnidad durante la celebración de la ceremonia inaugural del monumento a José Antonio. El pueblo de Barcelona se sumó a esta efemérides, con la que nace el homenaje permanente a este español excepcional que legó a las generaciones de hoy una de las más altas lecciones de nobleza y de sacrificio que registra la historia contemporánea de España. Como decíamos en nuestro editorial de ayer: «José Antonio quiso ante todo y sobre todo, y por esa causa murió en olor de heroísmo a los treinta y tres años de edad, la conciliación de España, la reconciliación de los españoles, empobrecidos y trágicamente desangrados en la fanática pugna de las discordias civiles, en la tenaz e irracional entrega a la causa de las mutuas intolerancias. Que nadie olvide que la única forma viva y actual de fidelidad al gran ejemplo de su vida y de su muerte, es la de recordar que, por encima de todo lo pasajero, circunstancial y anecdótico, que en la política es siempre mucho, lo que define esta personalidad impar es esa su profunda y nobilísima voluntad conciliadora.

»Se ha recordado en estos días, por ilustres oradores que fueron sus amigos y sus compañeros en la ambición y en la empresa de salvar a España, el profundo y clarividente amor de José Antonio Primo de Rivera a Cataluña. Es demasiado conocida, sincera y verdadera, tal predilección, para que necesite nuevas puntualizaciones. Es, por otra parte, la actitud lógica y natural de un español de una sola pieza, de un español inteligente y sensibilísimo como él era. Pues amor con amor sé paga. Y el testimonió perpetuo, para siempre, de esa gratitud, es el monumento a su memoria que ha erigido, y hoy inaugura, Barcelona. Que tal monumento sea el primero que con tal rango y dimensión se alza sobre las tierras de España es, para satisfacción de todos, orgullo de la ciudad y honor de Cataluña.»”

Lo dicho, en estos tiempos de desmemoria histórica, en los que se obliga a arrancar placas y borrar nombres de calles; en los que unos y otros expiden carnés virtuales de demócratas y de luchadores por las libertades y contra el franquismo; en los que los periódicos se rasgan las vestiduras y se alinean con los postulados del nacionalismo rancio de derecha o de izquierda, disponer de estas informaciones sirve, entre otras cosas, para poner a cada uno en su sitio.

Vaya, vaya con los periódicos de CiU; Vaya, vaya con las autoridades barcelonesa y catalanas. Amor con amor se paga, decían los tíos. Ni que decir tiene, que el monumento ya no existe. Al fin y al cabo, José Antonio, que fue apresado cuatro meses antes del Alzamiento y asesinado cuatro después, es otro de esos nombres a desterrar de la historia de España.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Apreciado Martín. Sientro contradecirte, el monumento sigue en pie, si bien hace décadas que le retiraron el yugo y las flechas así como demás simbología falangista, dejándolo en un monumento desconocido para la mayoría de ciudadanos. Parece mentira pero ha sobrevivido a casi 30 años de ayuntamiento socialista, en coalición con comunistas y ERC en las últimas legislaturas. Sin embargo, no creo que tarden mucho en retirarlo, de hecho está ya programado el que no pase esta legislatura sin desmontarlo. De momento, cada vez que aparece con pintadas extremaizquieristas denunciándolo, los servicios municipales de limpieza lo dejan de nuevo como los chorros del oro. Paradojas de la memocracia.

Martín Ynestrillas dijo...

Estimado y anónimo amigo: gracias por tu rectificación. Sin duda quienes me informaron de su destrucción debieron referirse al hecho simbólico, es decir al de retirarle todos los símbolos externos de lo que significacba y conmemoraba, más que al de la demolición concreta que ahora tú, tristemente, anuncias como decisión tomada. Era de esperar y, es ese sentido, está escrito el artículo, saliendo a ilustrar tanto las cambiantes voluntades de los pueblos como su absoluta ignorancia. Ignorancia que ahora tú confirmas con un dato más: Ignorancia por confundir un monumento a José Antonio con un símbolo del régimen - José Antonio, como toda persona medinamente ilustrada sabe, fue apresado antes del inicio de la contienda y murió asesinado al poco de empezar ésta - e ignorancia porque no haberlo destruido ya no es un signo de bondad, es una muestra de desconocimiento. Al margen de una canallada. Un agrazo fuerte y gracias por la corrección.