Enric Sopena, o la insoportable gravedad de ser un miserable

Que un ser despreciable como usted confunda la agradable sensación de pasear rodeado de banderas nacionales - aunque esto lo diga Blas Piñar - con ser camaradas, ultras o derechistas radicales no debería sorprenderme. Es una deducción lógica de quien no puede entender la españolidad - el deseo de pertenecer a una casa común histórica, ética, cultural y sobre todo, de proyecto universal - sino como un símbolo de fascismo, en la peor de sus modernas acepciones. Es, por qué no decirlo, el reconocimiento de que eso que su panfleto llama progresismo no es sino odio visceral a lo español y reconocimiento de que quienes amamos a España, aunque no nos guste, somos los demás y en especial los falangistas, a quien usted dedica sus peores insultos. Que colocarse a la cabeza de la AVT y de las víctimas del terrorismo, frente a las maniobras del presidente que llegó a la Moncloa en cercanías y que pública y notoriamente negoció la rendición de España hasta la extenuación, vertiendo por las alcantar...