martes, 30 de junio de 2009

Enric Sopena, o la insoportable gravedad de ser un miserable

Que un ser despreciable como usted confunda la agradable sensación de pasear rodeado de banderas nacionales - aunque esto lo diga Blas Piñar - con ser camaradas, ultras o derechistas radicales no debería sorprenderme. Es una deducción lógica de quien no puede entender la españolidad - el deseo de pertenecer a una casa común histórica, ética, cultural y sobre todo, de proyecto universal - sino como un símbolo de fascismo, en la peor de sus modernas acepciones. Es, por qué no decirlo, el reconocimiento de que eso que su panfleto llama progresismo no es sino odio visceral a lo español y reconocimiento de que quienes amamos a España, aunque no nos guste, somos los demás y en especial los falangistas, a quien usted dedica sus peores insultos.

Que colocarse a la cabeza de la AVT y de las víctimas del terrorismo, frente a las maniobras del presidente que llegó a la Moncloa en cercanías y que pública y notoriamente negoció la rendición de España hasta la extenuación, vertiendo por las alcantarillas de nuestra patria la sangre de más de un millar de víctimas, con tal de pasar a la historia – aún no sabemos en calidad de qué - signifique para usted militar en la extrema derecha no es, de nuevo, sino certificar lo que usted mismo representa, ya que si oponerse a la traición es ser de extrema derecha, no hacerlo le coloca a usted y a sus progresistas seguidores del panfleto digital, en la más aberrante de las izquierdas radicales, por ende copartícipes de la entrega y la rendición. El toro pone a cada uno en su sitio.

Bueno, es eso y no tener ni pajolera idea de lo que significa ser de derechas, de extrema derecha, falangista, fascista o nazi, o peor aún – sabiéndolo - tratar de vender un “totum revolutum” a las siempre fieles bestias que colaboran con sus vómitos a comentar sus artículos y noticias, arrogándose el derecho de ciscarse en las víctimas del terror marxista, en función de las preferencias personales. Aunque ello sea un delito, por cierto.

Si Alcaraz siguió entonces las directrices del partido Popular lo sabe responder él solito muy bien y no seré yo quien le prive del placer de hacerlo, pero nuevamente el subconsciente le traiciona, señor Sopena, y cae usted en la grave acusación de aproximar la nueva dirección de la AVT a lo que usted representa, y por contraposición con lo anterior, acusarla de plegarse a los intereses del Partido Socialista, todavía en el gobierno, y actuar conforme a sus intereses. Estoy seguro de que el señor García Casquero y su junta se llevarán las manos a la cabeza con semejante insinuación y sabrán contestarle también en tiempo y forma.

Sin embargo, debería tener cuidado con lo que dice, so pena de caer en su propia trampa. Y es que si Alcaraz resucitó entre falangistas el pasado viernes, antes lo hizo - y por dos veces - la actual vicepresidenta de la AVT Ángeles Pedraza, con el apoyo institucional del propio señor García Casquero, que nos honró con su presencia en cabina, y que si no participó en la tertulia fue por ceder el protagonismo a las víctimas del 11 de marzo, a quienes dedicamos los dos programas. Nada más lejos de la intención de los falangistas que hacemos este programa, que azuzar, alimentar, encender o provocar enfrentamientos entre víctimas por las que sentimos un profundo respeto y admiración, en tanto que víctimas comprometidas con la causa que las convirtió en lo que son, y que no es otra que la de ser españoles orgullosos de serlo.

Pero además, señor Sopena, algunos de nosotros somos víctimas de atentado también y miembros de la AVT, aunque usted parezca ignorarlo y aunque seamos falangistas. Es más, no lo somos ni por la democracia, ni por la Constitución, ni por tal o cual autonomía o gobierno, pues nadie nos preguntó la filiación. Lo somos porque somos profundamente españoles, amamos a España y lucharemos por mantenerla unida, grande y sobre todo libre. Muy libre. Justo la causa por la que mataron a los nuestros.

Se ha permitido usted, a un tiempo, babear sobre los contertulios del programa, entre los que nos encontrábamos el señor Alcaraz y yo - que somos víctimas directas de atentado – mientras proclamaba el reconocimiento y el respeto que la sociedad española debe a la víctimas en su conjunto. Tampoco me extraña; ustedes son maestros en afirmar una cosa y su contraria sin temblarles ni el pulso ni los dedos del gatillo.

Tratar de hacerle comprender la diferencia entre ser víctima de un atentado y ser víctima del terrorismo, es tan dificil que no lo intentaré siquiera. Para los demás lectores, solo les aclararé que las víctimas del terrorismo somos todos aquellos que creemos en un proyecto político llamado España, contra el que ETA impone su terror. Casi dos millones de españoles lo entendieron estupendamente con Alcaraz al frente. 17.000 personas además somos víctimas de un atentado. Ignoro si todas estamos en los dos conceptos.

Sin embargo lo que más me molesta no es nada de lo anterior. Lo que más me desagrada es la mentira, el uso desvergonzado y miserable de la mentira, para alcanzar sus objetivos putrefactos. Su artículo se ha permitido cuestionar, con apelativos que no tendría el valor de espetarnos en vivo y en directo, nuestras afirmaciones en relación con las declaraciones de la valiente viuda de Puelles y de su hijo - que así reconocimos en antena todos los presentes - como se puede averiguar tan sólo con escuchar el programa que está disponible en internet.

Pero ni nos amedrentan ni nos despistan sus coces. La viuda de Puelles, gracias a descerebrados como usted y sus progresistas seguidores, identificó - sin ser consciente de ello - el principal mal del terror con la propia muerte – que es una consecuencia terrible, pero sólo una consecuencia – y no con la causa, que es la bastarda intención de segregarse de España a cualquier precio. Eso es lo que los mueve a matar: lograr sojuzgar las voluntades de los españoles a través del miedo. La valiente viuda de Puelles no necesitó sentir miedo - no lo sintió - pero reconocía – implícitamente - que si en lugar de matar por la espalda hubieran venido a hablar de la independencia en los sillones de Ajuria Enea, la cosa hubiera sido distinta. La valiente viuda de Puelles pedía, sin darse cuenta, que las cosas se discutan en paz y no a tiros, evidenciando el hastío propio del que soporta casi cinco décadas de terror. Habló de la voluntad de España y de sus policías de acabar con los asesinos, pero entreabrió, acuciada por el típico lenguaje "peneuvista" ya usado por todos, la puerta al diálogo. El mismo diálogo que tras el asesinato, en directo, de Miguel Ángel Blanco, terminó con los pactos de Estella.

Y su valiente hermano - quizá en un intento de arrebatarles sus propios vocablos independentistas - también cayó en el error de identificar a los valientes con los gudaris. Porque gudari es el término que se usa para denominar a los miembros de los batallones del PNV (Euzko Gudarostea) que se escondieron de unos y de otros durante la guerra española – nada menos valiente desde luego – y significa soldado (de guda, guerra) referido a los “soldados vascos”.

Nada más lejos de un policía nacional español, especializado en capturar asesinos etarras. Para decir héroe, hubiera bastado decir “gizuren”.

Pero el señor Sopena sabe de sobra todo esto y a que nos referíamos, pero no le importa. No hay principios en sus acciones, en sus frases, en sus diatribas. Hay venganza, hay poder, hay revancha. Contra los que sí tenemos principios y sabemos defenderlos. Contra los que te ganan los juicios por miserable, y le devuelven cada vómito con un gesto alegre y decidido. El que da la razón con todas sus fuerzas.

Tenga cuidado, señor Sopena; nunca se sabe lo que puede costar “la vileza de estos fachas”.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola Martín: Si te fijas bien, la cara de asco y estreñimiento con la que nos "obsequia" la rata albina (que es como se conoce a este personaje en los ámbitos informativos), creo que es producto de las felaciones que María Albóndiga Iglesias le hace los fines de semana.

Ahora se comprenden sus fobias, su odio a la Iglesia, su odio a la historia de España, su odio a su (aunque le disguste) Patria.