martes, 26 de abril de 2011

LGE Nº 59 (AUDIO): Trabajo y Derechos Sociales, para los españoles también


LIBERTAD PARA PEDRO VARELA

Iniciamos este programa de alcance, y por tanto el editorial que le corresponde, reivindicando derechos básicos - como siempre - que además se encuentran amparados por la Constitución española pero que, también como siempre, se incumplen con una desfachatez y una falta de ética - al menos en lo que a algunos españoles se refiere – de dimensiones ciclópeas.

Si habitualmente iniciamos estas líneas reivindicando el derecho a la Libertad de Expresión, a la Libertad de Publicación, a la Libertad de la Libre Difusión de Ideas y Pensamientos; a la Libertad, en definitiva, de Pedro Varela y reivindicando también el archivo de las causas seguidas contra “los libreros” por idénticos motivos, hoy no será distinto - como ya saben nuestros habituales - mientras continúe la injusta situación de prisión de Pedro y se balancee sobre los demás la espada de Damocles que les pueda llevar a seguir parecidas suertes; pero hoy añadiremos otro buen puñado de derechos constitucionales básicos, que afectan a todos los españoles y cuyo incumplimiento se han encargado de evidenciar, Jesús y Oscar.

EDITORIAL: TRABAJO Y DERECHOS SOCIALES PARA LOS ESPAÑOLES... TAMBIÉN

Escribimos este editorial cuando Jesús está a punto de culminar su vigésimo segundo día de huelga de hambre – y Oscar ha abandonado la huelga tras 15 - en reivindicación de unos derechos que, por básicos, no deberían requerir jamás de una reivindicación explícita y cuando hace ya otros diez que estuvimos allí con nuestras cámaras, frente al Ministerio de Trabajo e Inmigración, en el Paseo de la Castellana de Madrid.

Quienes se han ocupado inicialmente de informar sobre esta protesta no han dudado en calificarla ya de racista, xenófoba e intransigente. Jesús y Oscar han acampado junto al Ministerio, en demanda de la Prioridad Nacional, es decir, del reconocimiento de los derechos constitucionales al trabajo, a la vivienda digna, a los servicios sociales de calidad, propios del primer mundo en el que vivimos, consecuencia de decenas de generaciones de esfuerzo, trabajo, sacrificio y construcción de un supuesto Estado del Bienestar que todos los españoles – esos a los que se refiere precisamente la Constitución – nos hemos ganado colectivamente sin sombra de duda.

Pero Jesús ha tenido que recorrer 400 kilómetros a pie, desde Córdoba a Madrid, solicitando sin éxito, ser recibido por algún ejecutivo del Ministerio, que atendiera sus justas reivindicaciones.

Un auténtico calvario, un viacrucis de discriminaciones, vejaciones, insultos y mentiras, cada vez que solicitaba un albergue donde pasar la noche, un comedor social donde comer un plato caliente o un lugar donde refugiarse las frías noches del invierno cordobés, mientras pasaba el día pateando cada polígono, cada acequia, cada empresa - currículo en mano - en demanda de un trabajo que no conseguía porque, de haberlos, estaban ya en manos de los nuevos esclavos, aquellos que ateridos de frío han pasado el estrecho en condiciones infrahumanas buscando la libertad y encontrando, cuando no la muerte, siempre la explotación.

Pobres desgraciados en busca de un mundo mejor, dispuestos a trabajar a cualquier precio, durmiendo bajo los plásticos de las explotaciones agrícolas, pagándose las herramientas que gastan y dejando en prenda a sus mujeres, sus hijos, sus familias allá donde los nuevos traficantes de ambos lados de la frontera comercian con el sufrimiento humano, el hambre y la necesidad.

La consecuencia es que el empleo no existe – cinco millones de parados así lo acreditan – y que los que existen están ocupados y son de pésima calidad.

El sistema capitalista – ese sistema que no es económico sino de subordinación y dominio - al que estos desgraciados que llegan día tras día, se incorporan felices de haber sobrevivido, ha convertido el empleo en un producto más, sometido a la presión sin control de la oferta y la demanda. Cualquier trabajo puede hacerse por menos: sin derechos, sin protestas, sin papeles, sin explicaciones, sin convenios. Y siempre hay un oprimido dispuesto a hacerlo por menos.

¿Es casualidad que el 90% de los empleos de la restauración, el hogar, la construcción, los centros de atención telefónica, los comercios, las plantaciones, etc. etc. etc. estén ocupados por inmigrantes venidos de otros lugares?

¿Es casualidad que zonas enteras de nuestra tierra estén cambiando sus costumbres, su idioma, su cultura, su religión, para dar paso a la inexorable invasión numérica de los venidos de fuera? ¿Es, siquiera, cuestionable cualquiera de estas afirmaciones? Naturalmente que no.

Decir esto en voz alta jamás puede ser racismo. Primero porque no es culpa suya. Menos, cuando nosotros reivindicamos para ellos los mismos derechos que para nosotros, pero nunca en lugar de los nuestros. No es contra esos pobres desesperados contra los que alzamos la voz, sino contra quienes han convertido la política migratoria en un elemento más de la lucha política del bipartidismo al uso.

Unos a otros se tiran a la cabeza, regularizaciones masivas, papeles, políticas de acogida; unos y otros legislan de forma tan incomprensible que un ilegal es detenido por las fuerzas del orden sin papeles, filiado y vuelto a dejar en libertad, campando por sus respetos, optando a la asistencia sanitaria universal y gratuita, a los albergues, a los comedores, a los colegios y a los censos, pero aquellos que les facilitan los medios de vida - con empleos ilegales y miserables las más de las veces, por supuesto – incurren en delitos y son multados por las administraciones, sin que por otro lado tampoco pase nada más.

Pero cuando Jesús quiso usar alguno de aquellos servicios, encontró siempre la misma respuesta: Discriminación positiva; “si no vienes derivado de un centro de toxicómanos, de un centro penitenciario o eres inmigrante, no puedes quedarte, no puedes alojarte, no eres mi problema”.

La España de las Españas, como la ha definido el propio Jesús, está pensada para los profesionales de la indigencia, para los marginados y los marginales; para eso hay siempre recursos y sobre todo, administraciones no dispuestas a ser calificadas de racistas, que ponen lo que tienen y, por supuesto, lo que no tienen, con tal de salir bien en la foto. Han transferido las competencias en materia de empleo y se lo tiran a la cara unas a otras; pero ninguna tiene solución para los casos, cada vez más frecuentes, de los millones de Jesuses y Oscares.

Les han invitado a trasladar sus tiendas de campaña frente a las Consejerías de cada Comunidad Autónoma; han provocado su hambre con comida; les han puesto toda clase de trabas, pero Jesús sigue allí, megáfono en mano, reivindicando algo elemental: Trabajo y derechos Sociales; acceso a los servicios universales y gratuitos, para los españoles... también.
Esta es su historia, y también puede ser la de cada uno de nosotros.

Oigamos lo que tienen que decirnos y reflexionemos mientras esta misma tarde nos concentramos junto a ellos en el ministerio. Hoy les pido que no se acomoden y que les escuchen.


Wikio

2 comentarios:

José Manuel (LOBO_IBERO) dijo...

Mis felicitaciones, nuevamente al camarada Martin, por la emisión de este programa, LGE, del cual soy seguidor desde sus comienzos. Y lamentando asi mismo no poder acompañar a Jesus y Oscar, dado la distancia que nos separa.

Mis mejores deseos para ambos, como siempre, seguimos en La Lucha. Quedo a la espera de la emision en video, para su expansion en mi humilde lobera.

Un cordial saludo, como siempre.

¡¡¡ARRIBA ESPAÑA!!!

WWW.INFOCONTINENTAL.COM dijo...

Una vez la gente decida informarse podremos optar por una sociedad mas evolucionada. Pienso que lo más importante a tratar en el panorma nacional actual es la inmigración, pero siempre es bueno estar alerta de cualquier otro tema.

Por cierto, magnifico blog!!