viernes, 26 de septiembre de 2008

Pánico escénico

Bien, pues ha llegado el momento. Lo fácil ha sido, como ya dije, crear el espacio, diseñar la página y "subir" algunas imágenes que den razón de lo que la misma contendrá. Lo dificil empieza ahora, cuando te enfrentas al espacio en blanco, a la ventanita donde se crean los nuevos textos y esperas que afloren las ideas. Imagino esa sensación del folio en blanco de los escritores en general y de los novelistas en particular. Sí, porque son estos los que han de aportar, además de un saber hacer, una historia propia, probablemente irreal, pero con principio, desarrollo y desenlace. Debe ser eso que los actores de treatro denominan pánico escénico. Los columnistas y los periodistas, al fin y al cabo sólo tienen que mirar alrededor y comentar lo que encuentran. Y he de decir que en tales circunstancias, es muy facil escribir. Y si no presten atención a los periódicos. Sí, a cualquiera de ellos. ¡Ah, perdón! Que tengo que especificar también la edición, claro, pues esta noche pasada los americanos – siempre los americanos, hay que fastidiarse – han decidido tomarle el pelo a El Mundo sin piedad. Sí, lo he escrito con mayúscula y con el artículo a propósito. La intención de los americanos era tomarle el pelo al mundo entero con minúsculas, pero Pedro J., el de El Mundo, con mayúsculas, ha decidido hacer el ridículo él solito de manera destacada. Y es que si leen ustedes la editorial histórica de la primera edición, cuando republicanos y demócratas acababan de consumar uno de los atracos intelectuales y económicos más importantes del siglo – la nacionalización de la deuda bancaria estadounidense – y el segundo editorial, una vez que el candidato republicano se presentó con 40 firmas a llamar mentecato a todo el mundo e impedir el acuerdo, se da uno cuenta de la memez que alumbra al editorialista. Lo mismo da ocho que ochenta. Sirve para un roto y para un descosido; tanto si lo hacen como si no, si nacionalizan como si tampoco, lo cierto es que el acuerdo es histórico y la decisión estupenda. ¡Cómo no va ser fácil escribir una columna!

Así que, vencido el pánico y cubiertas las primeras etapas de este artículo, déjenme que opine al respecto y, de paso, que siga mirando en derredor, en busca de más caricaturas de políticos sin vergüenza – junto o separado, que tanto da – que permitan terminar sin demasiada extensión esta entrada. Y es que el Club de la Comedia, ya no necesita guionistas para sus monólogos de payasadas.

Así que la decisión histórica, la lección inapelable, la conducta a seguir ahora es, precisamente, la nacionalización de la deuda putrefacta de las entidades bancarias más capitalistas del mundo, de la economía putrefacta de la nación más capitalista del globo, para paliar los desastres que, por un lado el putrefacto imperialismo económico americano desplegó en medio mundo – en formato de invasión de países petrolíferos – y por otro consumó a base de crear las fortunas personales más inmensas de la tierra (salvando, quizá, las de Fidel Castro y Juan Carlos I), mientras construía el sistema de desigualdades sociales más injusto del planeta (salvando, quizá, el de José Luis Rodríguez Zapatero, aquí, en nuestro país y en la actualidad).

Pero cuando los locos del yugo y las flechas hablamos de la nacionalización del crédito, cuando hablamos del necesario cumplimiento de la función social de los capitales y de la propiedad privada; cuando exigimos el acceso a la financiación estatal por parte de los emprendedores que conforman el tejido básico de cualquier sociedad - y desde luego de la nuestra - en condiciones que permitan no sólo la subsistencia de los negocios sino la creación de empleo, siempre aparece algún ignorante que, mirándose en el espejo americano – el de ayer, claro, no el de anoche – te mira por encima del hombro con aires de liberal mientras exclama – bajito, por supuesto, y en tono displicente - : ¡estos fascistas ignorantes….!

Claro que hay una diferencia y es que nosotros pretendemos hacer beneficiarios de los rendimientos del capital y de las propiedades a los emprendedores, y a los trabajadores partícipes de los medios de producción y ellos – los nuevos socialistas, los nuevos liberales de pacotilla como Pedro J., Rajoy, Zapatero, Miguel qué? o el mismísimo presidente de la CEOE – pretenden seguir siendo capitalistas en las Caimán (Losantos dixit), con los rendimientos personales ya obtenidos, mientras socializan y nacionalizan la deuda y acuden en socorro de los bancos privados, con los dineros de los bancos públicos – los nuestros - que debieron poner a nuestra disposición, para seguir creando tejido real y no imaginario.

Y mientras tanto nos invitan a comprar juguetes españoles (proteccionismo fascista), nos recuerdan que los españoles primero (¿dónde habré oído esto yo antes?), nos alertan de la quiebra de los sistemas públicos de protección, merced a la avalancha de inmigrantes desocupados que “gastan seguridad social y cobran el paro” (Rajoy dixit) o nos plantean la “suspensión temporal del sistema de libre mercado”.

¿No es para desternillarse de risa?. Histérica, por supuesto; risa boba, pero risa al fin y al cabo. Cierto es que tras la reunión del “Primer Ministro” español con el presidente de Malawi, y la interesantísima charla acerca de la instalación de los pilotos verde, naranja y extraordinariamente rojo (Zapatero dixit), como su corazón y su cerebro, en las tribunas de oradores, amén de la saneadísima situación del sistema financiero español (que por lo visto es independiente del resto del planeta) que supera ya al de Berlusconi y, próximamente, al francés, yo me he quedado mucho más tranquilo. Por lo de mi blog, digo; porque me voy a hartar a temas de opinión.