jueves, 7 de octubre de 2010

De nuevo con todos ustedes: 3ª temporada de LGE

Efectivamente, tras el parón del verano y las lógicas dilaciones producto de la puesta en marcha, aquí estamos de nuevo. Con intención de permanecer, con intención de debatir, con intención de aprender, con intención de enseñar, con intención de combatir, con intención de trasladar a nuetros queridos videoyentes, las más varidas versiones del patriotismo español y la especial interpretación que del mismo, y de la realidad española, hacemos los falangistas. Sin corsés, sin más planteamientos previos que nuestra propia causa y nuestras propias creencias morales, políticas y filosóficas. Sin más límite que nuestra obligación y nuestra conciencia. Bienvenidos de nuevo a La Gran Esperanza: acomódense y escúchennos.


 
EDITORIAL

Comenzamos donde lo dejamos. Si la pasada temporada dedicábamos una buena parte de nuestros programas al recuerdo, a la historia, al saber la verdad sobre algunos de los acontecimientos que jalonan nuestra reciente historia, en contraposición a ese concepto zapateril que ha sido denominado "memoria histórica" y que es la antítesis de la objetividad, de la verdad y del aprendizaje, comenzamos esta tercera temporada con un nuevo capítulo dedicado a enderezar entuertos, a asumir errores y a reivindicar verdades frente a las mentiras atroces de la propaganda que, en la mayoría de las ocasiones, nos convierten en dobles víctimas: de la barbarie y de la mentira.

Es cierto que este programa y su genio de España estaban programados desde hace meses y que hubo de ser pospuesto por diversas razones, y es cierto que nos habíamos comprometido a poner nuestro punto de mira en acontecimientos más cercanos - una vez cumplimos con nuestro deber histórico - para esta tercera temporada.

Pero no es menos cierto que de no haber estado programado ya, lo habríamos incluido de nuevo, a pesar del compromiso. Y es que dan igual los días, los meses y los años que transcurran para este gobierno. Dan igual los ejemplos ilustrativos de memoria real en que nos apliquemos unos y otros; dan igual los esfuerzos de algunos por cerrar heridas y mirar hacia delante, que mientras la falacia histórica cumpla con objetivos electorales escondiendo abyectas intenciones políticas y propagandísticas, nuestros políticos se aplicarán sañudamente en ellas y nosotros en combatirlas.

Y si no que se lo digan a los andaluces, que van a asistir a uno de los espectáculos tragicómicos más relevantes de los últimos tiempos:

"Se buscan víctimas femeninas de vejaciones franquistas entre 1936 y 1950. Se recompensará con 1800 euros de vellón que previamente se habrán robado a los trabajadores y pensionistas mediante sendos decretazos de reforma laboral y congelación de pensiones".

Si no fuera tan terrible, daría para reírse.

En la misma línea, este veranito de huelgas de plastilina, programadas a la carta, con la que "el Chiquilicuatre" nos deleitará la semana próxima mientras el desempleo desaparece paulatinamente bajo el paraguas protector de la formación patriótica (Zapatero dixit), nos ha dejado también algunos ejemplos de perversión política e incapacidad intelectual, de los más sonado: los acontecimientos recurrentes en torno a nuestras españolísimas ciudades de Ceuta y Melilla, con el desprecio y abandono de nuestras mujeres policías incluido; la indefinición y enésimo bandazo respecto a la posición española en el Sahara; el intento de eliminación del "chapiri" en nuestra heroica fuerza legionaria y el encuentro de un indigente intelectual y moral como es José Luis Rodríguez Zapatero, con el monarca Alaui - versión moderna del tirano africano -que, sabedor de la estupidez congénita y debilidad política y moral de su oponente, se ha orinado en nuestras costillas, y se la limpiado en los cortinones del abuelo, mientras Zapatero decía querer hacerse una foto con él a cualquier precio.

Y todo ello, por supuesto, mientras nuestra Legión cumplía nada menos que 90 años, con la ausencia total de todos los miembros y representantes del gabinete en tan importante acontecimiento.
Así que no había otra. No podíamos hacer menos que dedicar nuestro particular homenaje al África española, a sus plazas, a sus gentes y a sus fuerzas militares. Pese a quien pese.

Y de paso contribuiremos a esclarecer algunos de los típicos tópicos que sobre La Legión, sobre el estado nacido el 18 de julio y sobre los falangistas, la propaganda marxista - entonces como hoy - se ha encargado de distribuir por el mundo a través de su enorme aparato de propaganda y difamación.
Por tercer año les pedimos, una vez más, que nos acompañen en este viaje; acomódense y escúchennos.

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