domingo, 10 de octubre de 2010

Editorial y programa 48 de LGE: La casta parisitaria



Editorial nº 48: LA CASTA PARASITARIA

Era cuestión de decidirnos a arrancar. En cuanto lo hemos hecho, los acontecimientos, los personajes y el comic permanente en que nos encontramos en la política española, nos alcanzan y ya no dan tregua.

Si despedíamos el anterior programa dejando en el aire el resultado incierto de una huelga de plastilina, y el sometimiento diplomático y de política internacional del gobierno Zapatero a Mohammed VI, recibimos e
éste con la certeza del gran fiasco que fue la jornada de trabajo para los liberados - que ese día acudieron a trabajar como un solo hombre, en su función de piqueteros, con la garantía de que a ellos no se les descuenta la jornada - y la nueva tomadura de pelo de otro sátrapa uniformado, al frente de un país hastiado, cansado, dominado por el terror rojo y que ampara, prepara, diseña y entrena las mafias asesinas de ETA, ante el que también nos inclinamos.

Con todo, lo peor no es esto - que ya se conocía y lo han practicado, una vez más, todos los gobiernos de la "corruptocracia" que padecemos, fuere cual fuere su color - lo peor es que en esta ocasión, comprendida la debilidad española como nación soberana del gobierno Zapatero y a la vista internacional de su memez congénita, ésta vez nos mandan a una versión de gorila que antes fue fiscal, torturador y, según parece - y en opinión de los venezolanos - presunto asesino, a explicarnos la fiabilidad de nuestras instituciones, de nuestra judicatura, de nuestras policías y de, en general, todo lo que España representa en el mundo actual: choteo.

No me entiendan mal. Los que hemos padecido persecución policial y judicial o conocemos a Garzón en propia carne, tenemos cierta tendencia natural a comprender también las acusaciones del gorililla diplomático. Y es que algunos bien podemos acreditar que la policía, cuando se pone, sacude unos zurriagos en los calabozos y centros de internamiento que tiembla el orbe. Al menos a los "facistas", que con estos está todo permitido, no estamos contados y, sobre todo, tenemos muy mermada nuestra capacidad de respuesta. Dicho de otro modo: sale gratis.

Tampoco puedo poner la mano en el fuego por los jueces, porque si valoramos al efecto las actuaciones del mencionado y presuntamente prevaricador Garzón, no podremos sino concluir que los procedimientos de la Audiencia Nacional, al menos parcialmente, apestan a chirigota, a apaño, a pacto político a cualquier precio y, en general a engañifa con "lodos del camino".

Pero dicho esto conviene aclarar dos cosas más:

Primero: en nuestra casa, en el salón de nuestra casa y de nuestra familia, hablamos mal nosotros, en privado y sin testigos. Jamás se lo permitiremos a un energúmeno, enemigo de España por convicción, ideológicamente perverso, personalmente macabro y psicológicamente trastornado que además miente como el bellaco que es, ciscándose, una vez más, en nuestra soberanía.

Segundo: a esas babosas a las que, entrenadas por el bastardo Cubillas y su mujer, les soplas en la nuca y cantan "La Traviatta" en versión original a dos voces, no les han puesto una mano encima ni la policía ni la Guardia Civil, ni su... propia madre, y no porque aquellos no lo desearan o no pudieran hacerlo, sino porque no hizo falta. Porque los valientes "gudaris" de la ametralladora y el tiro en la nuca, lo único que necesitan en dependencias policiales es una torunda de algodón lo suficientemente gruesa como para... ¡hacerlos callar! Y es que el que nace sabandija cobarde, muere sabandija cobarde, así sea de viejo.

Ello, por no entrar en el pequeño detalle de que escriben, redactan y coleccionan todo tipo de informaciones en los ordenadores que se les incautan, y que no hacen sino poner sobre la pista de lo que, por otro lado, ya les han dicho en seis idiomas.

Y qué decir de los sindicatos de clase... de primera clase. En su viaje en el tiempo, cambiaron su cóctel Molotov por su cóctel de champán... y de nuevo al Molotov. Pero ya no les pilla entrenados. Ya no les acompaña la razón, ni la convicción de lo que hacen. Ya no son las famélicas legiones a las que dicen representar y que de nuevo existen merced a sus políticas miserables. Ya no creen en lo que hacen porque son partícipes y corresponsables de las mismas.

No nos equivocamos un ápice y, gracias a Dios, nos ahorramos el bochorno de participar en una patochada que ni fue huelga, ni atacó a los responsables, ni buscó, nunca, nada.

Una huelga a tiempo tasado, en la que los liberados cobran; que no paraliza el país; que se dirige contra las víctimas y no contra los verdugos y, sobre todo, que acaba en un rato sin esperar a dar la batalla y a pretender ganarla es, sencillamente, un fraude burgués.

Una huelga es la expresión de la desesperación, de la razón frente a la injusticia; es decir: ¡no puedo más! ¡No aguanto más! ¡Hasta aquí hemos llegado! Y razones había para ello, sin duda. Por ello no necesita de permisos, ni de mínimos, ni de pactos. Es la desesperación y la batalla o no es. Es vencer o perder ante el poder, luchando.

Jamás fue esa la intención; jamás contaron con la firmeza y la convicción de sus huestes; sólo tenían matones entrenados, no por el hambre, sino por el poder. ¡Qué bien hicimos en no acudir, a pesar de las razones tremendas que había para ello!

Es parte de lo que nuestro invitado de hoy, polémico donde los haya, ha llamado la casta política. Con él hemos analizado una parte de la realidad española a la que, como catalán de cepa que es, no renuncia y, una vez más, creemos que nos les dejaremos indiferentes con su testimonio. Acomódense y escúchennos.

Wikio

3 comentarios:

el acrata dijo...

¿ Cómo Sabe Ud. si los liberados cobran? ¿Sabe que es un liberado sindical? ¿Le molesta que existan sindicatos libres que doblan en afiliación al de todos los partidos politicos juntos ? ¿Vió Ud las manifestaciones del día 29 ?¿Diría que caben en sus iglesias ? Me encanta saber que los seguidores de sus tesis son tantos como los comentarios a sus artículos.

Martín Ynestrillas dijo...

A mi me alegra ver que le interese lo que opino, que se moleste en leer el artículo y que, precisamente, sea usted el primero en formular una pregunta, que, por primera vez, trata del contenido. Gracias por hacerlo.

En lo que respecta a los liberados, créame, lo sé, lo he contrastado, se ha publicado (esta es la peor de las fuentes, lo se)y en todo caso se deduce de una simple condición: para que a un trabajador le resten su salario del día o días de la huelga ha de estar trabajando, anunciar que hara huelga y no justificarlo por otros medios (algo que, desgraciadamente, muchos han hecho también sin necesidad de estar liberados). No pueden hacer huelga los parados, ni los pensionistas, ni las amas de casa, ni los autónomos, ni los miembros del gobierno, ni de las cámaras, ni de los parlamentos regionales, ni, por supuesto, los liberados. No puedenn hacerla, tampoco, aunque por otras razones, los pequeños y medianos empresarios y, por último, no la hacen ni los grandes empresarios, ni los funcionarios ni, todo hay que decirlo, los maquinistas del metro de Madrid (poco sospechosos a mi entender). La segunda pregunta ya es más molesta, pues presupone que no estoy en el mundo o que pretende ustede negarme el conocimiento de algo tan simple dentro del mundo laboral, así que me limitaré a responderle que sí, que sé lo que son los cientos de miles de liberados sindicales que en su inmensa mayoria son parásitos de la sociedad. Conozco decenas de ellos que lo son, símplemente, porque se aseguran para sí lo que son incapaces de asegurar para aquellos a los que dicen defender, como por ejemplo el empleo. Se bien la tarea que se han dado a sí mismos frente a la que deberían representar en realidad y se también, que son la principal fuente de desamparo de los trabajadores convencionales que ven en los liberados a los provilegiados del nuevo régimen, en decenas de empresas a las que tengo la suerte de conocer. No, no me molesta que haya sindicatos libres como UNT, TNS, e incluso USO y algún otro. Lo que me molesta es qe haya instituciones subvencionadas, cautivas del amo que expropia propiedades para ellas, que condona deudas bancarias, que se reparte píngües beneficios de todo tipo, que usan los despojos de los ERE's para su propia financiación, que son incapaces de plantarse ante el poder y que fabrican huelgas de mentira que sólo perjudican al panadero. Claro que creo en el sindicalismo libre al que pertenezo, pero usted, como anarquista presunto, debería saber y compartir conmigo que ninguno de esos dos son ni sindicatos, ni libres, ni decentes.
(continua)

Martín Ynestrillas dijo...

(Continuación)
No voy a valorar las afiliaciones (mínimas por cierto tanto en los partidos como en los sindicatos), que sabe usted tan bien como yo, que son condición sine qua nom, para que al pobre desgraciado que de verdad tiene un problema, le hagan puñetero caso previo pago de su importe. Nada me dicen el número de afiliaciones excepto para lo dicho anteriormente, para garantizarse el acceso al poder. No creo que un verdadero anarquista crea de verdad que UGT y CC.OO no son copartícipes de la funesta política socialista y aún antes de la de Aznar. Por si le sirve de algo, yo creo que los medios de producción tienen que estar en manos de quienes los explotan, que el capital tiene que cumplir una función pública obligatoria, que las empresas se componen de todo su capital humano, desde el trabajador menos cualificado hasta el dirigente más sesudo; que la propiedad tiene un límite muy claro que es el cumplimiento de una función social y la creación de riqueza colectiva y que todo lo que no sea eso es una avería en el sistema; que los medios hay que ponerlos para generar empleo y que hay que transformar a esta sociedad en un cuerpo que quiera de verdad participar de la producción y no discutir acerca de cuantos son los días adecuados para que a uno le puedan despedir. Porque 15, 22 o 45 son todos tremendamente injustos por sus dos extremos y, sobe todo, generan cualquier cosa menos empleo, tejido social y responsabilidad colectiva.

Vi las manifestaciones, quizá la mejor foma de expresión de ese día, dado que la huelga era una pura falacia de corte burgués y lamenté que no sirviera para derrocar al derechista presidente Zapatero, pero era de esperar, puesto que no fue convocada para eso. Lo que no le puedo decir es cuantas iglesias me hacen falta meterlos a todos, porque yo no tengo más que una Iglesia, que es inmaterial y estoy seguro de que muchos, muchísimos de los allí presentes, pertenecen a ella. De otro modo estaría haciendo usted una terrible acusación que es que para ser tabajador o estar harto, no se puede tener Iglesia. Lo que sí le propongo es que de un vistazo a los comedores de Cáritas, que acompañe a los repartos de comida de mis camaradas de Poesía que promete o que se venga conmigo un sábado al Banco de Solidaridad y Alimentos de mi localidad. Verá dónde ya no caben las víctimas de este gobierno, de los anteriores y de los sindicatos comparsas subvencionados. Y moriré pensando estas y otras cosas en el convencimiento de que el día que se conviertan en tesis representativas de la mayoría, probablemente habrá que abandonarlas porque quizá se habrán vuelto injustas. Es precisamente la soledad en mis tesis la que me reafirman en su bondad. Un saludo cordial. Vuelve cuando quieras, pero vuelve sin prejuicios; Verás que son muchas las cosas en las que coincidimos aunque te cueste aceptarlo por el patrón de los viejos clichés.