lunes, 28 de marzo de 2011

No a la Guerra (la señora de don Alfonso)

Libertad Pedro Varela


Un programa más y - no lo van a creer nuestros video oyentes - a pesar de nuestra insistencia, de nuestras pruebas evidentes, y del esfuerzo de sus defensores, Pedro Varela sigue en prisión. Por genocida, ya saben. Es la clasificación penitenciaria que le han otorgado. Por simplificar. Así que nosotros seguimos exigiendo su libertad, hasta el hartazgo. Como cooperadores necesarios de genocidio, supongo. Eso sí, que no se le olvide a nadie que el genocidio de Pedro Varela consiste en publicar, editar, prologar y vender libros. Y nuestra cooperación necesaria, en reivindicar su libertad. Lo dicho, Pedro, seguimos exigiendo tu libertad inmediata.

Editorial al programa nº 57


Pero si de titular la semana se trata hoy, como suele ocurrir con los editoriales, sin duda el motivo no puede ser otro que el del conflicto del Líbano. Bueno, quien dice conflicto, dice, intervención, misión, acción, actividad, acampada, excursión, sobrevuelo, predisposición, o cualquier otro eufemismo para evitar decir la palabra clave: Guerra.

¿Qué se creían, que era la guerra lo que preocupaba a los progres de Zapatero, el viajero ferroviario y sus corifeos? ¡Quiá! ¿Los derechos humanos de los Iraquíes y sus libertades?, ¡nada hombre! Pensaron a lo mejor, que se trataba de la soberanía iraquí... pues tampoco; Bien; pudo ser también que sus desvelos vinieran por los riesgos corridos gratuitamente por nuestros nacionales sobre el terreno... Pues no acertamos; quizá sobre el resto de los nacionales, en nuestra propia casa... No. O quizá la opinión de los ciudadanos... Tampoco.

Porque si así fuera, ni estaríamos en plena “misión”, con barcos, aviones, submarinos y tropas, ni habríamos obviado el exterminio kurdo, ni estaríamos hoy haciéndonos los locos con los “aliados” saudíes – cuna de las libertades – ni habríamos permitido las matanzas de Tianamén, ni seguirían en el perpetuo poder los hermanos Castro. Tampoco estaríamos hoy invadiendo territorio soberano, aéreo o terrestre, libio - tan soberano como el iraquí por lo menos – ni estaríamos enviando al territorio 500 soldados como antes los habíamos mandado a Afganistán para pagar nuestra deuda de “mequetrefe” con el amigo americano.

Desde luego, si hubiera sido evaluando los riesgos que corremos hoy en las costas mediterráneas, incluidas las españolas, o los derivados de volver a viajar en tren - si hemos de creer su propia doctrina - tampoco habríamos sido tan entusiastas de nuestra “intervención”.

Y si de seguir la opinión mayoritaria de los españoles fuese, no tienen más que leer los periódicos para ver que los ciudadanos anónimos – los anónimos, no los del sindicato subvencionado de la ceja – seguimos tan en contra de la guerra como lo estuvimos entonces. Los de verdad, los que no hablábamos de ello por razones torticeras sino por convicción personal y política.

En el Partido Popular tampoco andan a la zaga. Han entrado como polluelos de los que señalan con frecuencia los jugadores de mus, detrás del Ejecutivo, con la cabeza alta y la expresión del “ya te lo dije” o “ahí te quería yo ver”. Y en verdad era fácil esperar, habida cuenta de que a este gobierno le das media hora y dice una cosa y su contrario tan ricamente y sin sonrojo, pero con la misma vehemencia, la primera vez y la siguiente. Lo mismo da que sea la OTAN de antaño o la guerra de hoy, los recortes a la protección social, las reformas laborales, las rebajas a los funcionarios, las edades de jubilación... es lo mismo, vale todo.

Pero a pesar de ello el PP se retrata también; porque de aquella guerra, la razón, además de poner los pies sobre la mesa junto a los de Bush, era la evidente, incontrovertible y absolutamente probada posesión de armas de destrucción masiva. No las hubo, y quizá a todos les engañaron, pero es que esta vez no las hay, de antemano, y ahí estamos, de paladín selectivo, no porque nos importe una higa, sino por acreditar el pasado.

De verdadero asco, es nuestra clase política. La única razón es ponerse a las órdenes de otro, ya sea Obama o Bush, el inglés o el francés, para salir en la foto y pretender ser alguien en el mundo. Eso, y el petróleo, claro, pequeño asunto sin importancia que, ¡oh, casualidad!, se da en los dos territorios.

No tienen vergüenza, señores políticos de toda clase y condición. No tienen vergüenza ni respeto alguno por su pueblo; mucho menos por el libio, el iraquí o el de los oprimidos de medio mundo. Me los imagino dando instrucciones a ver si podemos recuperar parte de los dos mil millones de euros en armamento que les hemos vendido en pocos años. A ver si podemos evitar que nos maten soldados con armamento español; a ver si está todavía en buen estado y se lo vendemos a otro sátrapa maduro para ser derrocado... siempre que tenga petróleo.

Y no tienen vergüenza sus “hooligans” subvencionados; He llegado a la conclusión de que a la única guerra que le tomaron ustedes manía debió ser a la señora de don Alfonso, pobrecita ella – que les habría hecho - que ni petróleo, ni posibles, ni “ná” de “ná”. Otra cosa es sencillamente incompatible con la mínima dosis de coherencia intelectual y moral.

Acomódense y escúchennos.


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