martes, 17 de mayo de 2011

A propósito de la concentración contra Bildu, el TC y el gobierno que los parió

He dejado pasar unos días, consciente de que la efervescencia del momento podría haberme llevado por derroteros indeseados, de los que quizá hubiera tenido que arrepentirme; ahora, con la temperatura corporal y anímica en valores corrientes, puedo emitir un juicio de valor que quiero compartir con el resto de las víctimas del terrorismo individuales, como yo, y también con las colectivas, que son el resto del pueblo español, como tantas veces he declarado ya, donde quiera que se me ha preguntado. No mucho la verdad, porque resulto incómodo, pero cierto es que, especialmente con ocasión de los atentados específicos del comando Madrid y de los diversos movimientos de presos negociados – léase aceptación social de supuestos etarras arrepentidos, excarcelación de miserables o acercamiento de alimañas con ojos de víbora – alguna vez se me pregunta y hasta ahí llega el conocimiento de nuestras opiniones al respecto.
El sábado, como no podía ser de otra manera, acudí a la decepcionante manifestación convocada por Voces contra el Terrorismo junto a mi organización política. Lo hice bajo la bandera Roja y Negra de la Falange, y tras la pancarta que, firmada por Fe-La Falange y por la Asociación Comandante Ynestrillas, reza “Eta, ni olvido ni perdón”. Eso es todo.
Faltó tiempo para que los selectos miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, bajo el uniforme azul de la policía nacional, se apresuraran colectivamente a impedir nuestro paso, bajo la especie jurídica de nuevo cuño policial de que “no se puede asistir a título colectivo sino a título individual”.
Y se quedaron tan frescos. Bueno no. Primero intimidaron a los asistentes, luego un policía calvo y con cara de mala leche ofreció a un fotógrafo de la organización, que daba cuenta del acto, “patearle y romperle la cabeza” a un centímetro de su cara, “si le sacaba alguna foto” para, al instante, aparecer el que parecía el jefe de la jauría – más parecían eso que una unidad policial – al que me hubiera gustado ponerle número y empleo, pero al que tras solicitárselo amablemente, se unió al coro del calvo en lo que a argumentos convincentes se refiere. En cuanto al empleo, reconozco que cuando no eran civiles y se comportaban como unidades militares, me costaba poco trabajo saber si eran policías, cabos, suboficiales u oficiales, pero ahora, lo único que reconozco son un indeterminado número de hojitas de lechuga o similar, que soy incapaz de relacionar con su empleo.
El caso es que allí, entre las banderas de organizaciones tan peculiares como “COLEGAS” que para los poco duchos son las siglas de un colectivo de lesbianas y gays , pero, según dicen, conservadores, o las de otras organizaciones como los tradicionalistas de las cruces de San Andrés, amén de varios medios de comunicación, organizaciones de víctimas diversas, sindicatos, y otras organizaciones mínimamente representadas, eso sí, se plantó el que más hojas de lechuga llevaba en las hombreras para requerir, y filiar, a los jefes de las organizaciones sindical y política y algún otro que también estaba por allí tras nuestra pancarta, los carnés de identidad, mientras observaban la bandera enhiesta de la pólvora y la sangre.
Es verdad que delante de la nuestra llevaban los COLEGAS una pancarta contra el terrorismo y dos banderas arcoíris – una de ellas con una extraña estrella de David en el centro – que, al menos por los colorines y la extraña asociación de conceptos que habían logrado, debió llamarles la atención, pero no. Era la nuestra la que les preocupaba. Tanto, que durante unos largos veinte minutos y tras radiar los datos de los carnés por los comunicadores, todo se les iba en preguntar a voz en grito “pero entonces, ¿Qué hacemos con los de La Falange?”.
Tuve que explicarles de nuevo lo de los diversos colectivos e individuos, en tanto que víctimas y lo de que el monopolio colectivo no lo tiene, ni harto de vino, el Partido Popular, pero como estamos en campaña y por ello, esta vez, el PP se había descolgado de la convocatoria, pues, por lo visto, esta vez, no cabía dar visibilidad a las organizaciones que siempre estamos y hemos estado desde antes del advenimiento de la democracia, con las víctimas, contra el terror y contra los intereses bastardos que alientan sus organizaciones, sin importarnos nunca ni el convocante - mientras no sea un bastardo asesino - ni el momento político, ni la oportunidad electoralista.
Por eso esta vez la manifestación fue mucho menos numerosa que otras veces: porque sólo estábamos los que jamás hemos buscado réditos electorales.
Como quiera que debieron quitarles la ilusión de detenernos, a través de la radio, los de las hojitas de lechuga, el calvo de la cara de mala leche y el resto de la jauría se retiraron discretamente y nos dejaron en paz para poder escuchar a los oradores.
Y ahí empezó mi desazón, mi pena, mi decepción. Porque que la cantidad de gente que apoye a las víctimas dependa del cansancio por la reiteración, del enfrentamiento entre las organizaciones de víctimas, de la lluvia o del apoyo institucional de los partidos mayoritarios, a nosotros, que siempre hemos luchado entre las minorías, no sólo no nos afecta, sino que nos reafirma en la coherencia y bondad de nuestros postulados.
Pero que gentes a las que admiro, que han pasado tanto y con tanta gallardía, que se han mostrado siempre firmes en los planteamientos básicos, caigan en las mismas trampas, en los mismos errores y en las mismas perversiones lingüísticas y de fondo que los asesinos y sus defensores de todo pelo, me entristece y me desazona.
Que los representantes de alcaldías gobernadas por el Partido Popular tengan que aclarar públicamente y a toda prisa que no están allí en nombre del partido sino en nombre propio, para no perjudicar la cobarde estrategia del PP, con la excusa del lema de la traición a España, ni me sorprende, ni me inquieta. Es más, me trae sin cuidado.
Pero que tenga que oír a mi admirado Salvador Ulayar, a José Antonio Ortega Lara o al propio José Alcaraz, entre otros, repetir una y otra vez que la razón por la que mataron a los nuestros es la defensa de la democracia y del Orden Constitucional, para rendir un tributo a lo políticamente correcto, me entristece, me enfada, me apena... me turba.
No camaradas de condición particular y colectiva. No amigos de la rebelión cívica y de la infatigable lucha sin cuartel contra el terror: A nuestros muertos, a nuestros heridos, a nuestros mutilados, a sus familias y, en definitiva, al conjunto del pueblo español, nos mataron, hirieron, mutilaron y agredieron únicamente por una condición: la de ser españoles.

Sin apellidos, sin edulcorantes, sin necesidad de justificarse ante nadie. Únicamente porque representaban, desde sus diversos estamentos – el Ejército, la Policía, la Guardia Civil, la Política, la Judicatura o los civiles rebeldes, colaterales y/o valientes – la España unida, grande y libre que se niega a ser sojuzgada por nadie, ni de dentro ni de fuera, a lo largo de su historia.
A los asesinos les importó una higa su condición política, su respeto al orden establecido o cuál sea este y, desde luego, jamás los eligieron con estos condicionantes.
Decir lo contrario - camaradas de fatiga - es admitir que la muerte de Carrero, o la de Melitón Manzanas o la del Presidente del Fuerza Nueva en Navarra o la de mi padre – militar y falangista hasta la médula - o las de los del Corona de Aragón o la de tantos y tantos otros, estaba justificada porque entonces, el orden Constitucional no era tal y había otro Ordenamiento Jurídico distinto y hasta opuesto al actual.
Sería tanto como reconocer que el régimen actual ya "no da excusas pero el anterior sí" – vieja aspiración de esa otra falacia a la que ya nos hemos acostumbrado, de llamar a los asesinos abertxales – por su condición democrática aparentemente deficiente.
Sería tanto como obligar a morir, a quienes se entregaron a una causa política distinta a una Constitución que puede ser cambiada, a un régimen que de hecho cambia con la historia, por causas contra las que incluso lucharon y estuvieron en su derecho de hacerlo.
La Constitución Española se votó y las formaciones pidieron voto favorable o desfavorable según sus propias convicciones. Se aprobó y es obligatorio acatarla y vivir conforme a sus postulados hasta que por la vía del Derecho – aunque ya nos han demostrado que no siempre es así – se cambie, se derogue, se sustituya o se destierre al olvido. Pero eso no hará peores o mejores las vidas y las muertes de las víctimas.
No fue por eso por lo que cayeron. Lo fue por una causa que no depende de los hombres, ni de los tiempos, ni de los regímenes, ni del respeto de sus gobernantes o de sus sociedades a tales o cuales postulados políticos. Lo fueron por la España eterna, por la que seguirá ahí cuando esta casta política putrefacta haya desaparecido, cuando esos miserables asesinos hayan sido derrotados por esta, o por la siguiente, o por la siguiente generación de españoles de todo cuño, pero españoles al fin.
Mi padre, Salvador, José Antonio, José, se revolvería en la tumba si alguien le dijera que murió por el Orden Constitucional vigente. Mi padre – y con él unos cuantos – mora en la Guardia Azul de los luceros, la guardia sin relevo. Murió por España y por su concepción de la misma, que nadie le preguntó.
Por ninguna otra causa, como el resto, tuvieran o no respeto y consideración por la democracia y la Constitución.

5 comentarios:

Ramiro Semper dijo...

Totalmente de acuerdo contigo, Martín. Tanta manipulación da asco. Un abrazo.

José Manuel (LOBO_IBERO) dijo...

Reafirmo mi total acuerdo con este articulo, asi como el camarada Ramiro.

http://www.youtube.com/watch?v=5hl64UVUzxw

Un cordial saludo como siempre.

¡¡¡ARRIBA ESPAÑA!!!

Anónimo dijo...

Como sabes muy bien, no es las primera vez que pretender retirarnos de una concentración,marcha, manifestación o similar, de apoyo a las Víctimas del Terrorismo. Si todas dueles, si todas ofenden y si todas desconciertan y estremecen, recuerda la marcha por Miguel Angel Blanco dónde la policía alentaba a los asistentes, que sin incorporarse a la misma,permanecían en las aceras observándo cómo algunos energúmos nos lanzaban botellas de agua y botes de cerveza, y como en lugar de protegernos , la misma policía nos cercaba, nos arrinconaba y nos sacaba de la manifestación, negándonos ese derecho porque al parecer no teníamos el "pedigree" de demócratas de toda la vida. Creo recordar que el Alcalde era Alvarez del Manzano y el presidente de la comunidad ...¿Ruiz Gallardón ? También recuerdo la complacencia con la que se comentaba el hecho en la Cope. ¿ No son los mismos que nos piden que les votemos para seguir gobernando en Madrid? En fin, no quiero seguir recordando el daño, no sólo físico, sino moral, y social que nos han causado durante los casi 25 años que han transcurido. Aquí se le pide perdón a todo bicho viviente, a los rojos, a los verdes, a los irisados, a los judios. ¿Acaso no hay una Ley de Protección a las Victimas del Terrorismo? o también ha sido derogada. .¡Qué más da, para lo que sirven las leyes con unos y con otros!! Un fuerte abrazo.

Ilegalización YA dijo...

Yo apoyo la ley de partidos. Deberían ilegalizar todas las falanges, por nacionalistas extremos y genocidas.

Martín Ynestrillas dijo...

Tu, ilegalización ya, eres el prototipo de demócrata. Por eso y para dejar constancia de tu idigencia moral e intelectual, he permito colgar aquí tu comnetario ofensivo, cobarde y falso. Cobarde, porque como todo en este ciberespacio, se pude hacer bien y con dignidad o mal y con estulticia. Y tú has elegico la segunda: el insulto gratuito desde el anomimato. Ofensivo y falso porque las mentiras son siempre ofensivas. Indigente, porque ignoras de cabo a rabo, lo que son y plantean las falanges. Te cuesta menos trabajo insultar que leer o formarte una opinión acreditada. Y porque crees que genocida es el que aporta los muertos en un persecución. de otro modo no se puede entender que pretetendas acusar de genocidio a quien se dejó en el terreno, asesinados por las hordas marxistas de las cuales probablemente formas parte, 3 de cada 4 militantes. Genocida el comunismo, responsable de cien millones de asesinatos en el mundo desde la UERSS hasta Cuba. Genocidas los liberal capitalistas, que al amparo de la gendarmería mundial, acaba con la vida de todo bicho viviente por apenas unos barriles de petróleo; Genocida SAntiago CArrillo, el genocida de Paracuellos entre otros lugares y RAfael Alberti y otros muchos.. Genocida político e intelectual, tú mismo, por pretender ilegalizar las ideas de los demás, asesinar políticamente ya no a los que no piensan como tú, sino a quienes no han hecho otra cosa que aportar poesía a este mundo de corruptelas y miserias