martes, 17 de mayo de 2011

¿Puede japón volver a levantarse?, Por Patrick J. Buchanan

Artículo publicado en la Web del autor, Patrick J. Buchanan, traducido al español por los servicios de apoyo de la Agencia Nacional de Noticias Hisponaomérica y por el autor de este blog
"Demos gracias a la Providencia de que el terremoto no ocurriera 150 millas más cerca de Tokio, o los muertos, en Japón, podrían sumar millones.
El Primer Ministro Naoto Kan lo llama la peor crisis desde la segunda guerra mundial. Sin embargo, aunque horrenda, esta crisis por ahora no se compara con aquella. Los muertos en el terremoto no llegan al 1% de los que perecieron en aquella guerra.
Entre 1942 y 1945 Japón fue despojado de un imperio que abarcaba Formosa, Corea, Manchuria, toda la costa de la China, toda la Indochina francesa (Vietnam, Laos, Camboya), Tailandia, Birmania, Malasia, Singapur, las Indias Orientales Holandesas (Indonesia), Filipinas y la región occidental del Pacífico hasta Guam y por al Sur hasta Guadalcanal.
Sus fuerzas armadas sufrieron 2 millones de muertos y entre 500.000 y un millón de muertos civiles por los bombardeos en alfombra norteamericanos que convirtieron sus grandes ciudades en escombros humeantes, y a Hiroshima y Nagasaki en cenizas atómicas.
Sin embargo, 25 años después de la más devastadora derrota en la historia moderna, Japón pudo ufanarse de ser la segunda en magnitud y la más dinámica economía del mundo.
Bajo el proconsulado del general MacArthur, Japón se levantó, renunció a la Guerra, y alcanzó una tasa anual de crecimiento del 10% en los años sesenta, 5% en los setenta, 4% en los ochenta. Con menos territorio y menos recursos que el estado norteamericano de Montana, Japón creó una economía equivalente a la mitad de la de EE.UU. y en muchos sentidos tecnológicamente superior.
Un logro extraordinario de un pueblo extraordinario.
A fines de los años ochenta, Japón parecía aprestarse para superar a Estados Unidos.
Pero no fue así.  Las dos últimas décadas fueron décadas perdidas, y la economía japonesa se redujo a un tercio de la de Estados Unidos. El año pasado, China lo dejó atrás como la segunda economía del Asia. Beijing produce ahora más automóviles y tiene un superávit comercial que deja muy atrás al de Japón.
En 1988, ocho de las 10 compañías más grandes del mundo eran japonesas. Hoy, ninguna de las 20 mayores compañías es japonesa, y sólo seis figuran entre las 100 mayores. La deuda nacional del país equivale al 200% de su producto bruto interno.
¿Podrá Japón recuperarse de este terremoto y de 20 años de estancamiento económico y decadencia política, y recuperar el dinamismo de que dio muestras en las décadas que siguieron a la segunda guerra mundial?
Lograrlo requerirá un milagro mucho más portentoso. La razón de ese pesimismo puede resumirse en una sola palabra: Demografía.
Japón tiene 127 millones de habitantes, la población más numerosa en su historia. Sin embargo, las proyecciones de la ONU indican que de aquí a 2050 habrá 25 millones de japoneses menos. ¿Por qué? Japón es el país más viejo del mundo, con un promedio de edad de 45 años y una tasa de fertilidad por debajo del nivel de crecimiento demográfico cero desde hace 40 años.
Para que el número de habitantes de un país se mantenga, la tasa de fertilidad de la mujer debe ser de 2,1 hijos. La tasa de Japón, 1,27 hijos, no llega a los 2/3 de la necesaria para sustituir a la población actual.
En 1960, cuando Japón daba grandes pasos hacia la superación de Alemania Occidental como segunda economía mundial, el 49% de su población tenía menos de 25 años de edad. Menos del 8% superaba los 60 años de edad.
Hoy, sólo el 23% de la población del Japón tiene menos de 25 años de edad; más del 30% tiene más de 60, y el promedio de edad de los japoneses saltó a 45 años. Según las proyecciones, en esta década la población del país disminuirá en 3 millones de personas y en casi seis millones en los años 2020s.
Para decirlo duramente: Japón está envejeciendo, reduciéndose y muriendo.
En 2050, menos del 19% de los japoneses tendrán menos de 25 años de edad, y el 44% tendrán más de 60. El promedio de edades será de 55 años. Y esas cifras se basan en que mejoren las proyecciones de la ONU sobre la tasa de fertilidad, lo que no se ve por ninguna parte.
Escribiendo acerca de la disminución de los estudiantes japoneses en universidades americanas, The Washington Post informa: (…) “El número de estudiantes menores de 15 años [en Japón] ha venido disminuyendo durante 28 años consecutivos. La cifra de bachilleres graduados en las escuelas de secundaria del país se redujo un 35% en las últimas dos décadas”… (Blaine Harden, 11 de abril de 2010)
¿Adónde se han ido todos esos jóvenes? Y lo que está pasando en Japón no es exclusivo de ese país.

La población de Rusia disminuye a un ritmo dos a tres veces más rápido que la de Japón. El país pierde medio millón de personas por año. Alemania y Ucrania vienen siguiendo de cerca a Japón. Sólo la inmigración de África, Asia meridional y el Medio Oriente permite a Gran Bretaña prever un crecimiento demográfico. Los británicos de nacimiento se están yendo del país y se están muriendo.
De hecho, todas las naciones de Asia Oriental y Europa que obtuvieron más altas puntuaciones en las pruebas internacionales de Matemáticas y Ciencias tienen tasas de fertilidad que garantizan el envejecimiento y la reducción de la población.

¿De dónde provendrá el crecimiento mundial de la población?

De aquí a 2050, la población de África se duplicará y llegará a 2.000 millones de personas. La de América Latina y Asia aumentará en más de 1.000 millones.
Se prevé que la población de tan sólo seis naciones –mahometanas y pobres --Bangladesh, Egipto, Indonesia, Nigeria, Pakistán y Turquía—aumente, en conjunto, en casi 500 millones de personas de aquí a 2050.

Si la demografía es el destino, el sol no sólo se está poniendo en el País del Sol Naciente. Se está poniendo en el Oeste."

1 comentario:

Ramiro Semper dijo...

Con la tasa de crecimiento demográfico más baja del mundo, España no tiene un futuro muy halagüeño. Ni el resto de Europa tampoco. Si no cambiamos la política de inmigración y las ayudas que hasta ahora acaparan los inmigrantes se las damos a las familias españolas para fomentar la natalidad, estamos condenados a la extinción.