viernes, 17 de febrero de 2012

Cómo cambia el cuento....

El Ministro del Interior Popular, que tan diligente ha sido a la hora de cambiar de un plumazo la cúpula de su Ministerio en todos los frentes, siendo tachado de eficaz, valiente y oportuno, se ha encontrado con que, pese a todo, tiene el índice de valoración popular más bajo, no sólo del gabinete al que pertenece, sino de, en general, el que suele corresponder al Ministro del Interior de cualquier gabinete y que, normalmente es de los mejores.
La razón es que los Ministros de Interior españoles han tenido que gestionar siempre, como principal asunto, el del terrorismo de ETA y en ello, el pueblo español, hastiado, ha sido siempre muy comprensivo con las acciones de los Ministros, preferiblemente si se trataba de desmantelar y detener criminales en horas bajas de popularidad de sus respectivos gabinetes, al margen del resto de trapicheos o incluso conociéndolos.
Pero héteme aquí que la última añagaza envenenada de Zapatero al nuevo gobierno fue, precisamente, dejar sobre la mesa, pero sin resolver, un sí pero no de la banda  de asesinos, una retirada parcial (sin entrega ni renuncia pero sin matarnos por el mero hecho de existir), que le complicara la gestión a cualquiera que viniera detrás.
Era fácil, dado que, como ha quedado acreditado, valor, lo que se dice valor, no han tenido jamás los denominados gobiernos democráticos, y han preferido siempre mantener abiertas vías de renuncia, negociación, y traición a la víctima en su conjunto (España) y a las víctimas individuales, en particular, en vez de actuar con diligencia y decisión en acabar con las causas, los argumentos, las políticas y los criminales de un tirón y para siempre. Y en eso, como a todo, siempre hay quien gane  y, hasta ahora, Zapatero era el campeón.
Era fácil, por tanto, determinar en qué momento había que soltar el notición para, de un lado, intentar paliar la debacle electoral que se les avecinaba – e incluso invertirla si hubieran sabido – y de otro dejar un patatón caliente al entrante, caso de no ser ellos, como era más que probable.
Y así, llegamos a que Fernández se encuentra sin popularidad, sin una ETA a la que perseguir y encarcelar porque, una vez más, no hay ni voluntad, ni decisión, ni pelotas y con un campo de acción un tanto deteriorado.
¿Qué hacer pues, es semejante situación?: ¡Una traición más grande que las habituales, y ponerse por delante en la carrera por las canalladas más gordas, las insensateces más graves y las intervenciones más perversas!
A lo que se ve, Zapatero va a tener que apretarse desde el cómodo Consejo de Estado para mantener su actual posición de líder de la estulticia, porque la generación de los blanditos de Rajoy viene dando fuerte.
¡Así que no es lo mismo un escenario con una ETA matando que una ETA derrotada!, ¿no?
Déjame que te haga una preguntita, Ministro: ¿Tú eres imbécil, o es a propósito lo de hacer semejante valoración?
Oía hace un par de días a uno de esos sectarios comentaristas radiofónicos una frase en la que, pese a su condición, tenía más razón que un santo: “si esto lo dice un ministro sociliasta, se lo comen con patatas acompañando a un faisán al horno”. Cierto.
¿Qué ha cambiado Fernández? ¡Qué ha cambiado! ETA ha entrado en las instituciones, vive del erario público, ha instrumentalizado varios organismos internacionales, ha internacionalizando el conflicto, gobierna en la práctica totalidad de Vascongadas y lo hará aún más ferozmente en las próximas autonómicas, ha vinculado Navarra, no ha renunciado a uno solo de sus principios, no ha entregado ni las armas ni a los criminales, mantiene choteándose de nosotros a bestias inmundas como De Juana, o Ternera con la connivencia de tu departamento, ve y pide excarcelaciones y acercamientos a troche y moche, mientras los coríferos de la derecha como Ramón Pí, mienten en antena explicando lo triste pero inevitable que es...  y ha logrado que nada menos que el Ministro del ramo, afirme en sede parlamentaria la “dimensión política del conflicto”, anunciando además, lo generoso que va a empezar a ser el Ejecutivo, en materia de política penitenciaria.
Cientos de casos está sin resolver; miles de víctimas esperamos su derrota real: la moral, la política, la civil, la social, la militar, la más total y absoluta de las derrotas y usted decide que el conflicto ha cambiado de escenario y ahora tiene únicamente “una dimensión política”.
No les han hecho falta ni los cien días de gracia para demostrar que no tienen ustedes ninguna gracia o, en todo caso, la tienen ustedes en el bazo.
Es perverso, cobarde y traidor, afirmar siquiera de pasada lo que usted ha afirmado y arremeter con quienes le demuestran su repulsa, como no arremeten contra quienes ahora sólo tienen dimensión política.
Rosa Díez, una vez más, les ha enseñado un espejo y una vez más no les gusta lo que han visto en él: su propia cara macabra de traición repugnante. Sus diputados han afirmado que lamentan ver cómo el Partido Popular coincide más con Bildu o Amaiur que con UPy D. A ella le han respondido que fue Consejera de los gobiernos de Ardanza. La diferencia es que lo correcto es lo que hace ahora y lo despreciable, lo que hace Fernández hoy. No cabía mejor resumen.