lunes, 6 de febrero de 2012

Educación, cualificación y empleo

Hay voces que afirman que en Europa - al menos en la Europa que denominamos Occidental y que no ha mucho, incluía a España antes de que ésta caminara por la senda de la debacle económica y del desempleo de los ¿seis millones de parados? - nunca, jamás, se va a recuperar el empleo total para los segmentos profesionales menos cualificados.
Parecía obvio, pero durante mucho tiempo, los esfuerzos han venido centrándose en crear puestos de trabajo de rápido impacto, (construcción, servicios, turismo) que minimizaran las escalofriantes cifras que primero el gobierno Zapatero y ahora el de Rajoy, han ido presentando – y seguirán haciéndolo, desgraciadamente - al margen de reformas laborales, contenciones del gasto, represión del déficit y de sus extralimitaciones, corrupción, etc. con las que los políticos tratan de detener el desplome del Sistema y, con él, el de sus propios medios de vida.
Y es que podrá flexibilizarse el mercado laboral, prolongar la edad de jubilación, entrenar fórmulas de copago, regularse o desregularse el despido, contratar por horas e incluso por minutos discontinuos, sin consecuencias ni gastos asociados; se podrá reconfigurar el denominado Estado del Bienestar, poniendo límites donde esta Sociedad - como sociedad occidental que es - nunca antes los puso y – añado  - donde el esfuerzo colectivo se lo ganó a pulso, como meta razonable a todos los sinsabores y horas de trabajo invertidos por los europeos, en general y los españoles de toda condición, en particular…. que Europa y España, nunca volverán a recuperar los anteriores niveles de empleo únicamente con oferta de trabajadores sin cualificar.
Y es que para nosotros todo tiene límites y, por bajos, estables y flexibles que sean los salarios, los contratos y los empleos, los occidentales no parece que estemos dispuestos a permitir – sobre el papel y en nuestros territorios al menos, que otra cosa es la voracidad capitalista del “ojos que no ven corazón que no siente” - el trabajo infantil, la emisiones de CO2 por encima de determinados niveles, la falta de elementos de control de la calidad y de la trazabilidad de los productos, la seguridad y la higiene en los procesos de fabricación y en los productos terminados, las falta de mecanismos de control de la privacidad y la protección de los datos de carácter personal o la confidencialidad empresariales, la falta de mecanismos de garantías laborales y de tutela efectiva de la justicia y la falta de unos servicios sociales, unas ayudas al desempleo, a la jubilación, a la salud, etc. todas ellas características que añaden incómodos costes a cualquier proceso de fabricación convencional.
Otro día hablaremos, no obstante, de lo que influyentes e híper valoradas compañías de prestigio mundial hacen para poner a disposición del consumo desmedido de nuestra sociedad voluntariamente ciega, los frutos de sus maravillosos diseños, tecnologías y demás artículos de amplia demanda, pues nos sorprenderíamos - todos - de cuántas cosas portamos encima, construidas con sudor, cuando no con sangre, que apenas ha tenido tiempo de coger color, por su juventud. Pero esto no lo queremos oír, a riesgo de tener que deshacernos de nuestro Iphone, por ejemplo.
Sin embargo no nos equivoquemos: muchos de esos otros lugares “no occidentales” ya invierten en procedimientos y tecnologías que garantizan, en sus países también, que buena parte de lo anterior – especialmente en lo relativo a calidades, que es de lo que depende la subsistencia del modelo - se cumpla a rajatabla, sabedores de las dificultades que podemos crear los occidentales con nuestra manía de extender el Estado garantista y del Bienestar al mayor número posible de personas (sobre el papel, insisto, y a ser posible cuando las vemos cerca de casa)
No sólo eso, sino que en algunos de esos países "no occidentales" nos llevan la delantera, frecuentemente, en las inversiones en I+D+I, nuevas tecnologías aplicadas, modelos de diseño…
Son tantos miles de millones de población, son tantas las calamidades que pasan en muchos de esos lugares, son tan peculiares sus culturas y su forma de responder al trabajo que, por más esfuerzos que realicemos los occidentales, siempre habrá una capacidad productora - de perfil teóricamente menos cualificado (y ya ni siquiera eso) pero seguro que, en todo caso, de bajo coste - infinitamente mayor que en Occidente, en todos esos lugares a los que los propios empresarios occidentales, europeos y españoles, se están llevando sin recato sus fabricaciones, en la batalla por el precio (de coste, no de venta) y la alta capacidad productiva que aquí, para no llamar a las cosas por su nombre, hemos dado en denominar como competitividad y productividad.
Lo único bueno es que oigo, cada vez con más frecuencia, a empresarios y patronales, sindicatos y empleados, hablar de la necesidad de elevar los niveles globales de nuestra capacitación técnica, de competir por los puestos y responsabilidades de mayor cualificación, de invertir necesariamente en convertir nuestro tejido productivo en un invernadero de altas capacidades en todos los segmentos profesionales y de hacer serios esfuerzos para ello.
En definitiva, de apostar decididamente por la carrera profesional y la formación continua, como únicos resortes para lograr y mantener estándares de calidad y cualificación con los que no pueda competirse únicamente por precio - como si el trabajo humano fuera simple materia prima que se puede adquirir bajo el viejo mecanismo capitalista de la oferta y la demanda – sino con cualificación, cualificación y más cualificación.
No obstante conviene encender las alertas: cada vez que los agentes y la sociedad en general han afirmado categóricamente que ésta es la única salida para la recuperación de los anteriores niveles de empleo, ante la alta competencia global, terminamos suspirando por una formación de carácter estatal – frecuentemente tamizadas por la manita interventora de sindicatos y patronales - gratuita, masiva, a distancia y de autoestudio (demasiadas veces inútiles) que conlleva, frecuentemente, un mayor número de horas de dedicación lectivo-profesional, una más que probable ruptura de los mecanismos racionales de conciliación familiar – otra de esas manías occidentales del Estado del Bienestar - y de igualdad, una baja o nula calidad en la enseñanza y/o en los mecanismos de verificación del aprendizaje y una deficiente, por no decir inexistente, capacidad de introducción en la vida real, en el puesto de trabajo, de lo aprendido.
Y es que no se trata de hacer millones de cursos de naturaleza incierta, en los que sólo se verifica la presencia, para salir favorablemente en las estadísticas: se trata de apostar por la formación profesional, académica y laboral como un todo continuo, con iniciativa pública, especialmente en la cualificación para la generación de nuevo empleo de valor, y con iniciativa privada – empresarial - para el mantenimiento y ensanchamiento de los horizontes de cualificación de aquellos que ya gozan de él.
El nuevo Ministro de Educación tiene trabajo y espero que la de Trabajo tenga este concepto de la Educación. No sólo deberían cumplir sus compromisos con el electorado, eliminando de cuajo la asignatura de adoctrinamiento moral – también el nuevo adoctrinamiento cívico, constitucional y democrático que nos propone – de Educación para la Ciudadanía. Tiene sobre todo por delante el reto de entender que el empleo de baja cualificación, en España, será ya para siempre extraordinariamente minoritario, antes, durante y después de la crisis, y que los esfuerzos que nos tiene que pedir a empresarios y trabajadores consisten, antes que ningún otro, en concienciarnos, en esculpir en nuestro ADN que la formación continua, profesional y de calidad, lejos de basura de adoctrinamiento ideológico y de estadísticas políticas, es la única forma de recuperar nuestro potencial empleo, sin perder nuestros derechos y nuestras capacidades de Sociedad Occidental.
Agustín de Foxá, antes de pasarse a su último trilema revolucionario (café, copa y puro) se refirió durante una conferencia a “los tiempos en que en España se moría por honor”. Uno de los presentes, muy airado, le espetó: “aquí nosotros morimos por la democracia”. El de Foxá le miró como sólo saben hacerlo los intelectuales que están de vuelta de todo y le respondió: “Me parece magnífico, pero eso es como morir por el Sistema Métrico Decimal”.
Señores ministros, déjense de pastelear con las asignaturas que nos pretenden obligar a amar y morir por el Sistema Métrico, y ocúpense de hacer de nuestra sociedad una sociedad moderna, cualificada y sana, que pueda seguir teniendo criterios y modos de vida occidentales, donde la orientación moral - y también las razones por las que morir - la enseñamos en casa, y se encuentra  - o se encontraba y debería seguir encontrándose - en el Ordenamiento Jurídico, y se basaba en la interpretación cristiana del Orden Natural.
Y dedíquense a comprender que, hasta en las tareas más sencillas, debemos tener a los trabajadores y empresarios más cualificados, porque nunca más volverá el empleo no cualificado, a ser suficiente en España.


3 comentarios:

A.J dijo...

Ni con mayor cualificación cualitativa y cuantitativa reduciremos el paro.

España ya llega tarde a todo y sufre las graves consecuencias de la globalización.

Sobran inmigrantes que jamás fueron necesarios(aunque al sistema le interesara engañarnos con numerosos mantras), sobra gasto público, sobran privilegiados, sobran políticos y falta soberania, protección y visión por el bien común.

Llegamos 15 años tarde a la globalización entretenidos con la burbuja especultativa ladrillera, en los 80 se cargaron nuestra industria(por ordenes de los globalizadores capitalistas de la incipiente UE), se privatizó la riqueza del estado y se compensó alimentando el funcionariado hasta crear un estado mastodóntico de las autonosuyas inviable, luego está el tema de la finanza y su poder respecto a los políticos¿Quien controla a quien? La respuesta es obvia...


España jamás saldrá de la crisis, para salir de la crisis tendría que volver al año 1982 y deshacer todo lo que han hecho todos los gobiernos y hacer lo contrario, como eso es imposible, utópico y el tren ya lo hemos perdido lo que nos va a quedar es un país lumpenizado y tercermundializado(hecho que se observa hace ya años).





Lo de que el paro es consecuencia de la falta de cualificación es una verdad a medias, si eso fuera la causa no habría 1 millón de universitarios en el paro como hay,además si todos fueramos cualificados¿En que empresas trabajariamos si no se crea ni una por la falta de crédito , consumo etc?La finanza sigue teniendo la llave...



España solo ha elegido(como buen país de Lazarillos) lo peor de la globalización(deslocalizaciones, inmigración masiva...)dejando lo bueno de la misma pasar u ofreciendolo a intereses que no abarcan al bien común.



Siento ser tan agorero pero o en España hay algún tipo de revolución regenerativa y sin complejos(cosa que viendo los resultados de las elecciones y el aborregado populacho es imposible), o España jamás saldrá de la crisis.

Falla el sistema, no solo el modelo.

Un saludo.

Martín Ynestrillas dijo...

No te falta razón en tus plantemaientos, especialmente en lo de la llegada tarde y la pérdida del tren, aunque a diferencia de lo que tu manifiestas, yo sí creo que las cosas tienen solución si nos empeñamos en ello.

Un matiz: yo no he dicho que la causa del paro sea la falta de cualificación, porque eso ni siquiera es una verdas a medias, sino más bien falso. Lo que he dicho es que, dado el escencario que tu describes y el que describo yo, algunos de cuyos extrremos son incuestionables y sus variaciones están fuera de nuestro alacance, la única capacidad de respuesta pasa, necesariamente, por la cualificación, porque efectivamente la deslocalización es ya un hecho, probablemente irreversible. Sin embargo, no es una fórmula infalible, porque tambiñen se ha deslocaclizado mucho talento, a precios cuando menos, segundomundistas. ¿sabes cuanta gente tiene IBM trabajando en India, donde se encuentran algunas de las mejores universidades del mundo, especialmente en ingenierías? 100.000. Y sólo he hablado de IBM, pero tambiñen están presentes el resto de los gigantes de la industria como Microsoft y otros. No, no es la panacea universal, pero sí hay una realidad incuestionable: el empleo sin cualificar no fue el causante, pero serta condición sine qua nom para recuperar, o intentarlo al menos, tasas de empleo previas al gran despilfarro pseudo ideológico que tan bien describes

A.J dijo...

Hola Martín.

Si, supongo que la única salida" si o si" pasa por la cualificación aunque tarde en dar sus frutos, otra cosa es que los de, pero no hay otra...

El tono agorero y matizador de mi opinión anterior no era una crítica hacía lo que exponías, simplemente era una reflexión personal agorera(porque el escenario actual, siendo realista, no da para mucho positivismo)

Un saludo, eres un gran tipo .