jueves, 17 de junio de 2010

Tendrías 75 años, padre

Apenas haría un par de meses que habrías cumplido 75 años. Cuando veo hoy a la mayoría de hombres de esa edad, todavía lozanos, mentalmente frescos, acumulando toda esa sabiduría que sólo dan la edad bien empleada y transmitiéndola a sus hijos, a sus nietos y - quién sabe - si hasta en algún caso a los bisnietos, te echo de menos.

Cuando hoy rebusco en mis recuerdos y todos se pierden hace ya casi un cuarto de siglo, sin haber podido disfrutar las conversaciones propias de padres e hijos ya de mayores - no de chavales, que son otra cosa - compartiendo café, memoria y, por qué no, discutiendo de política como tú hacias con el abuelo Alfredo, aquel jonsista primigenio, te echo de menos.

Cuando mis dos hijas menores te rezan sin haberte conocido y para las mayores eres una fotografía a la que se encomiendan porque saben que estás allá arriba, cuidando de todos, jugando con Fernandito, nuestro hermanillo, que enseguida quiso acompañarte, te echo de menos.

Y lo hago tantas veces que a menudo charlamos de forma inconsciente. A veces me pregunto qué hubieras hecho o dicho tú, en tal o cual circunstancia, y me río, o me enfado, o discuto contigo imaginando tus respuestas, porque te echo de menos...

Pero Dios sabe que es sólo en lo cotidiano, en las pequeñas cosas, en las que ni siquiera puedo saber cómo hubieras reaccionado porque no alcanzaste a verlas; hablar por el móvil, escribir en internet, hacer radio y TV con medios propios... ¡lo que hubiera dado por que tu mente inquieta y tu preclara inteligencia hubieran opinado de todo esto...!

Pero en lo demás, padre, no te echo de menos. No puedo hacerlo porque no hay un día en que no respire, en que cada poro no transpire lo que me enseñaste con tu actitud resuelta y tozuda, con tu compromiso extremo, con tu lealtad permanente.

No hay día en que no sepa que no hago las cosas por lo que a ti te hicieron unos y otros, sino por las causas por las que te lo hicieron. No hay día que no sienta tu mano apoyada en el hombro, tu voz serena, pero recia; tu consejo, tu crítica, tu felicitación....

Porque si de algo tuviste tiempo en tus 51 años de vida, fue de enseñarme a ser un hombre, padre. Tú, que detestabas el if de Kipling porque lo asumieron como credo los "umedos" de la UMD, encontraste, sin duda, la manera de hacernos hombres, de creer, de querer, de llorar, de reir, de pelear, de luchar, de perder y volver a empezar...

Y noto tu aliento, tan cerca, que apenas te echo de menos. Y veo tan fuerte, tan luminoso tu lucero azul, que es fácil sentirte a mi lado. Y en el fondo sé que tú no querrías que yo permitiese a tus alimañas la más mínima satisfacción.

Me viene a la memoria una vieja canción vikinga que cantábamos cuando estábamos de guasa:

"¡Muertos, pero no vencidos, lograremos al fin, en el cráneo de nuestros enemigos, beber hidromiel! "

Asi que, padre, ¡feliz aniversario! ¡Hoy hace 24 años que inauguraste tu lucero! Sólo aspiro a que cuides de nosotros lo justo para asegurarte que nos ganamos el eterno descanso, como corresponde a los falangistas; como lo ganaste tú; con la escueta frase del fundador, dedicada a matías Montero que, - con el laconismo propio de nuestro estilo - obligaba a ganar para España, la cosecha que sembró tu muerte. Un abrazo, padre

Wikio


5 comentarios:

27 puntos dijo...

¡¡¡SIEMPRE PRESENTE!!!

Soldado Vikingo dijo...

Algún día nos encontraremos con él, camarada, en otra vida mejor que esta. Lo que espero es que hayamos dejado resueltos todos nuestros asuntos antes de partir.
¡Ynestrillas presente!. ¡Arriba España!.

Felipe Carlos dijo...

Siempre Presente!!!

Marisa L. Alonso. dijo...

Querido Martín, un beso muy fuerte.

Alvaro Romero Ferreiro dijo...

Impresionante como siempre,Martin.
Te acompaño en el pesar de un dia como hoy, a ti y a tu familia.Un abrazo