martes, 6 de octubre de 2009

Piaratas del Índico

Decía El Mundo de ayer, nada menos que en su editorial - opinión del diario, por tanto - que los pescadores deben actuar con cabeza en el índico. Se refería el artículo al hecho de que el atunero secuestrado habría abandonado la zona de seguridad pactada por los propios armadores para, asumiendo el riesgo de ser objeto de un ataque, intentar acceder a mejores caladeros.
La editorial, que previamente se deshacía en elogios hacia el Ejecutivo en esta ocasión, contraponiéndo la actuación a la realizada con motivo del secuestro del Playa de Bakio, continuaba calificando al Alakrana de temerario y explicando cómo, por un lado la legislación impide la protección militar a bordo de la flota atunera y, por otro, se escandalizaba de que, por esa regla de tres, todo aquel particular que trabajara en zonas peligrosas del planeta podría reclamar escolta oficial para su seguridad (sic).

¡Y se quedaba tan fresco! ¡Hace falta ser majadero y lameculos - ya quisiera yo entender por qué éste intercambio de papeles entre El País y El Mundo, en sus afectos y castigos - para tildar de rápida respuesta española la persecución del Canarias y atribuirle el éxito de la incorporación del barco francés - que está a las órdenes del dispositivo europeo Atalanta - al endeble, blandengue, ineficaz, inoportuno y aberrante gobierno Zapatero.

Ese gobierno que como todo método, ha empleado el pago de un 1,2 millones de dólares por el rescate del primero de los barcos, a unos animales, armados hasta los dientes, a bordo de una patera de cartón piedra y cuyo embajador en Kenia ya anuncia que también esta será la vía para lograr la pronta liberación de los rehenes actuales. Y todo ello haciendo mención específica triunfal al establecimiento previo del contacto con los clanes dedicados al secuestro.


Son tantas las burradas que no se por dónde empezar y me temo, pese a las advertencias de algunos de mis lectores, que volveré a excederme de los límites razonables para este artículo.

Vamos a ver: Artículo 92 del Convenio Internacional del Derecho del Mar: "todo buque navegará bajo pabellón de un solo estado y quedará bajo la protección de dicho estado que deberá garantizar su seguridad en alta mar".

¿Alguien ha leido algo acerca de una zona de seguridad libremente pactada? ¿Algo acerca de que los barcos particulares no merezcan protección? ¡NO! Bestias de periodistas de El Mundo, escandalizadas: ¡Claro que los estados soberanos están, por definición, obligados a proteger en todo momento a sus naturales en situaciones de peligro! Especialmente si desarrollan tareas tan duras como traer el pescado a casa desde el último rincón del mundo, porque las políticas pesqueras desarrolladas a lo largo de los gobiernos de la democracia, e incluso antes, han dejado en pelotas nuestros propios caladeros. Pero en este caso, además, lo dice expresamente la ley que tanto os gusta interpretar.


La ley, en cambio - siguen diciendo - impide dotar de protección militar a las tripulaciones, como sí han hecho los italianos y los franceses. ¡Claro! ¡Este sí es un problemón! ¡Cambiar una ley para hacer lo que les salga de los rincones del alma, incluso votándola con los pies o más de una vez si no sale bien a la primera, para conceder derechos de radio y telvisión a los amiguetes sí se puede! ¡Modificar la ley del aborto - aprobar incluso su primera versión - a pesar de haber perdido varias votaciones en el Congreso - y permitir que las menores que no pueden comprar tabaco y alcohol puedan abortar sin conocimiento paterno sí se puede! ¡Crear una brecha intelectual, histórica, enfermiza, con la Ley de Memoria Histórica, para enfrenter a unos con otros, sí se puede! Y una de Educación para la Ciudadanía y todas las que ya he venido mencionando en artículos anteriores... pero modificar una ley con el consenso unánime de los partidos en España y de la Comunidad Internacional, eso, por Dios, eso ¿no se puede? ¡Vayanse ustedes a ...!


Lo que en cambio es seguro que no se puede, al menos en España, es pagar rescate alguno por nadie en ninguna situación, porque eso implica alimentar y dotar mejor a los piratas - ¡he dicho piratas y no corsarios como dicen ustedes, animales! - pagarles armamento y, sobre todo, incitarles a repetir. ¿Cuál es el precio? Si sale bien, 1 kilo; si sale mal ¡nada!


Lo que no se puede es prestar asistencia a buques sin nacionalidad, que es lo que son la mayoría de los atuneros españoles en el Índico, merced al mismo Convenio Internacional, pues la bandera obligatoria que han de portar es la española y ¿cuál llevaban el Playa de Bakio y el Alakrana?: ¡La bandera inventada por Sabino Arana, al amparo de la cual se han cometido los terribles asesinatos terroristas que jalonan nuestra historia reciente y que, gracias a nuestra imbecilidad congénita hemos convertido en bandera autonómica, es decir, regional!: La Ikurriña.


Y lo tampoco se puede es decir que la irresponsabilidad de la violada consiste en meterse en zona de violadores líbremente pactada, donde lo menos que te puede pasar es que te violen por tu culpa. ¡Eso es lo que viene a decir el animal del editorialista!
¡No existen zonas no protegidas! Lo que existen es ejércitos de juguete a las órdenes de "ministras" y de gabinetes llenos de cobardes que no asumen las responsabilidades que les corresponden aunque ello pueda costar desgraciadamente algún muerto. El delito y su respuesta tienen este inconveniente.


Pero además, es que se lo han puesto "a güevo", que diría un castizo. Mientras el independentismo vasco clamaba recientemente por la coronación de unos ejercicios militares en vascongadas con la bandera nacional, tildándolo de provocación, invasión y no se cuantas fantasías más, ahora se rasgan las vestiduras pidiendo protección militar - de esos u otros militares parecidos - para la flota pirata que faena en el índico con base en Vascongadas.


El Ejecutivo lo tiene chupado y sé que me pondrán a caer de un burro cuando escriba esto, pero es lo que toca, duela lo que duela: La Armada tiene la obligación de rescatar con vida - asumiendo los riesgos de alguna o todas las bajas - a los tripulantes del barco pirata español con base en Vascongadas. Tiene que hacerlo por las armas o por el medio que considere oportuno excepto por uno, que es pagar rescate alguno. Tiene que hacerlo para demostrar a los piratas somalíes que atacar a la flota española no sólo no es rentable, sino que cuesta vidas, a ser posible todas las vidas de los piratas, al menos la primera vez.

Y luego tiene que poner a disposición de la justicia al capitán del barco, al armador y cuantos responsables tenga el atunero, para, primero, pagar la factura por la intervención del rescate cuando navegaban sin bandera (haya o no éxito en lo que a las vidas de los pobres pescadores se refiere, por duro que parezca esto) y segundo, para exigir el cumplimiento de la normativa naval internacional en lo a que banderas se refiere, bajo las penas que el incumplimiento lleve aparejadas. Tiene también que llevar un registro de los barcos que la incumplen por segunda vez, para no volver a rescatarlos jamás y tiene que exigir de las autoridades somalíes las medidas oportunas y el compromiso férreo de no dar cobijo a sus piratas, bajo apercibimiento de acciones militares, económicas y políticas. Y es que España tiene también la obligación de rescatar a sus propios delincuentes, aunque ellos no quieran. Es el peso de la púrpura de los Estados Soberanos.

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